Nutrición y salud mental.

La relación fisiopatológica entre nutrición y neurodesarrollo es muy compleja, y motivo de constante investigación. El neurodesarrollo comienza en épocas muy tempranas de la vida y se completa casi en la época adulta. . Por ello, los efectos de la nutrición en este proceso tienen una importancia fundamental. Es decir, una carencia nutricional en un momento clave del neurodesarrollo (p. ej., mielinización, establecimiento de sinapsis o quimioneurotransmisores) puede originar un problema de disfunción neurológica de carácter definitivo. Pero no sólo los déficits generan alteraciones en el neurodesarrollo: también los problemas de exceso en periodos críticos pueden conducir a graves problemas.

Algunos nutrientes, como los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LC-PUFA) y, entre ellos, el ácido araquidónico (AA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), están involucrados doblemente en el desarrollo sensorial (sobre todo de la vista y el oído) y en el neuronal. Teniendo en cuenta las estrechas y complejas interrelaciones entre los sentidos y el cerebro, se ha llegado a decir que el principal órgano de percepción no es ni el ojo ni el oído, sino el cerebro, capaz de procesar hasta un gigabyte por segundo de la información procedente de los sentidos. De modo que, aunque éstos funcionen bien, la tarea de ordenar y procesar la información procedente de los diferentes estímulos externos es enorme para el cerebro. Luego estas carencias conllevarán problemas en el procesamiento y la percepción de estímulos.

También el déficit  de la ingesta de estos ácidos grasos se relaciona con la mayor aparición de trastornos mentales como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el trastorno por déficit de atención  o la depresión postparto.

Otros estudios demuestran la relación entre el consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega 3 y el mejor estado cognitivo y retiniano  en adultos. También destacan la relación entre la disminución del DHA cerebral y el desarrollo del Alzheimer  o la demencia senil así como la degeneración macular asociada a la edad.

Actualmente se sospecha que la carencia de nutrientes específicos como los ácidos grasos  nombrados o micronutrientes como el hierro o el ácido fólico   tiene una repercusión realmente importante en la aparición de las enfermedades mentales.

Por ello la recomendación práctica desde la Sociedad Española para la Promoción Integral de la Salud (SEPIS 2010) para contribuir a la prevención de las enfermedades mentales desde un punto de vista nutricional sería aumentar el consumo de ácidos grasos omega 3 presentes en pescados azules, algas marinas, semillas de calabaza, sésamo, nueces… Evitar la deficiencia de hierro en individuos susceptibles (adolescentes, embarazadas, tercera edad, deportistas, mujeres perimenopáusicas,…) aumentando el consumo  de alimentos como la carne roja, las vísceras, las legumbres, los cereales enriquecidos, las espinacas,…Y por último mantener un adecuado consumo de ácido fólico que  encontraremos en vegetales de hoja verde, legumbres, espárragos, brócoli, naranja.

FUENTE: Acta Pediatr Esp. 2008; 66(8): 399-408

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

Contacto email: promociondelasalud.sepis@gmail.com

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