Artes escénicas: más allá de los escenarios.

Por:  María Pilar Gómez Villena, Graduada en Nutrición Humana y Dietética.

Los artistas como músicos, actores, bailarines, cantantes…al igual que los deportistas –pero en distintos espacios-, son un grupo de población con riesgo de sufrir diferentes afecciones fisiológicas tales como lesiones musculares, osteoarticulares, y hasta de origen cerebral, algo que suele ignorarse por la mayoría de la población. Además, estos intérpretes están sometidos a presiones emocionales que pueden provocar estrés y desgaste durante los ensayos, y en situaciones como audiciones, exámenes, conciertos, exposiciones, llevándoles a un desequilibrio psicológico que deben tratarse con especial cuidado.

En las artes escénicas, es imprescindible mantener una concentración rigurosa para conseguir una correcta ejecución de las obras. Vencer los obstáculos mentales es una barrera difícil de abordar para los artistas, que les impide alcanzar su máximo potencial y la expresión plena de su talento. Lograr un adecuado equilibrio psicológico parece especialmente complejo en la danza, en cualquiera de sus especialidades. Esto es algo que pude experimentar durante mis años de preparación y estudio en el Conservatorio Profesional de Danza de Valencia, los cuales me dieron la disciplina y madurez que ahora conservo, y que a pesar de no estar actualmente ejerciendo la danza, son valores que me ayudan y están siempre presentes en mi esfuerzo y labor diaria.

Por ello, el trabajo de estos artistas no es únicamente a nivel físico, sino que también precisan de una preparación mental desde las clases y los ensayos, hasta el día de la actuación –me atrevo a decir que un bailarín, además de artista, es deportista-. Todo este proceso requiere de un aprendizaje que implica la puesta a punto del bailarín a nivel mental y corporal con el trabajo de un equipo multidisciplinar de profesionales con formación especializada en distintos ámbitos, que además de profesores y/o instructores deberían estar formados a su vez por médicos traumatólogos, dermatólogos, podólogos, psicólogos, fisioterapeutas, además de nutricionistas, ya que la alimentación juega un papel fundamental para conseguir el máximo rendimiento psicofísico del bailarín.  Pero para que este rendimiento sea efectivo, también es imprescindible un sueño adecuado y respetar los periodos de descanso –tanto físico como mental-, para desconectar y «recargar pilas», y evitar así posibles lesiones.

EQUILIBRIO ESCÉNICO

Haciendo referencia a la alimentación del bailarín, cabe destacar que los requerimientos energéticos generalmente son elevados puesto que la práctica de la danza lleva implícito un gasto significativo de nutrientes para producir la energía que requiere el esfuerzo. Si estos no son repuestos pueden causar dolor muscular, fatiga o más hambre después del ejercicio. Pero estas necesidades de nutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) van a diferir en función de la situación y/o del tipo de ejercicio que se esté realizando –aeróbico o anaeróbico-, es decir, estas necesidades energéticas van a ser diferentes y dependerán de si el bailarín está haciendo clase, un ensayo, o de si está en una actuación, porque la demanda de energía es distinta en cada circunstancia. Por ejemplo, un Adagio -movimiento de una pieza musical de tiempo lento-, en danza es una serie de movimientos realizados sobre un tiempo lento –y por tanto, prolongados en el tiempo- (ronde jambe, developpé, fondu, etc.). Estos corresponden a ejercicios de tipo aeróbico (de media a larga duración), que consume glucógeno muscular.

En cambio, un Allegro, es una sucesión de movimientos realizados sobre un tiempo rápido (frappé, battu, flic flac, etc.), principalmente saltos, los cuales requieren de rapidez y fuerza muscular, por lo que destruyen fibras de este tejido que deben ser reparadas.

En todo caso, las necesidades energéticas tienen que ser las suficientes para mantener el peso del individuo, y proporcionarle la energía requerida para el correcto rendimiento físico, y prevenir la fatiga y el desgaste. Por lo que su alimentación debe estar basada en alimentos que proporcionen la energía necesaria en cada momento, sin olvidar una adecuada hidratación y reposición de minerales que se eliminan a través del sudor y la respiración, mecanismos que regulan la temperatura corporal.

Los alimentos más indicados para recuperar la energía consumida y reponer fuerzas tras el ejercicio, son aquellos ricos en hidratos de carbono y proteínas con un aporte bajo de grasa, sobre todo, durante las dos horas siguientes al esfuerzo, ya que es cuando el cuerpo está más receptivo y asimila mejor los alimentos. Y tanto si el ejercicio es aeróbico como anaeróbico, estos nutrientes son imprescindibles.

A continuación, y por último, me gustaría indicar algunos consejos útiles de alimentación para bailarines,  demostrando junto con lo anteriormente expuesto, que los profesionales de la alimentación son necesarios también dentro del arte escénico, ya que una adecuada nutrición  de base favorece enormemente el éxito de la representación, pero estos tienen que estar en equilibrio con el resto de expertos que formen parte del equipo multidisciplinar con tal de prevenir y tratar lesiones, y evitar además el desarrollo de trastornos de la conducta que a menudo aparecen debido a una imagen distorsionada del propio individuo y en cierto modo por los prototipos impuestos del modelo de bailarín «ideal», en este caso .

 

Al terminar las clases, es conveniente comer un pequeño tentempié para evitar llegar a las comidas principales con un hambre extrema. Combinaciones como pan integral con queso fresco o pavo; frutos secos; barritas de cereales integrales; o fruta fresca con requesón serían una buena opción.

Prescindir de alimentos ricos en grasa y azúcar, como la bollería, que puede ser muy apetecible después de los ensayos, pero van a dar sensación de pesadez y además, pueden neutralizar o contrarrestar parte del trabajo realizado durante el ejercicio.
En las comidas principales (comida, y cena), no deben faltar cereales como el arroz, pasta o legumbres, y la proteína procedente principalmente de la carne y pescados magros, y huevo.
Se debe evitar el consumo elevado de grasa, ya que retrasa la digestión de las proteínas, y por tanto, la recuperación del músculo.
Para relajar los músculos tras el ejercicio, es esencial consumir alimentos ricos en potasio, como la fruta (sobre todo el plátano, pero también uva, ciruelas), y las verduras.

La hidratación antes, durante y después del ejercicio es fundamental para evitar una posible deshidratación. Además, la reposición de líquidos y minerales al terminar la actividad ayuda al organismo a recuperar el equilibrio.

 

Bibliografía:

Taylor, J., Taylor, C. Psicología de la Danza; Gaia Ediciones. Madrid, 2008.

Chmelar, Robin D. Fitt, Sally S. Diet for Dancers. Princeton Book Company Publishers, Hightstown, 1990.

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