La meditación transforma la realidad.

La práctica de la meditación va acompañada por algunos signos tales como el progresivo amor a la naturaleza, la afición a la montaña, la cada vez más imperiosa necesidad de retirarme algunos días en soledad, la significativa disminución de la lectura -una afición que se había convertido en vicio-, el mayor cuidado de la alimentación, algunas nuevas amistades…BIOGRAFÍA DEL SILENCIO001

En cuanto comenzamos a juzgar los resultados, la magia de la vida se disipa y nos desplomamos; y ello con independencia de lo alto o bajo que haya sido nuestro vuelo. Esto es, en esencia, lo que enseña la meditación: a sumergirse en lo que estás haciendo.

La meditación es una disciplina para acrecentar la confianza.

Cuanto más se medita, mayor es la capacidad de percepción y más fina la sensibilidad, eso puedo asegurarlo. Se deja de vivir embotado, que es como suelen transcurrir nuestros días. La mirada se limpia y se comienza a ver el verdadero color de las cosas. El oído se afina hasta límites insospechados, y empiezas a escuchar -y en esto no hay ni un gramo de poesía- el verdadero sonido del mundo. Todo, hasta lo más prosaico, parece más brillante y sencillo. Se camina con mayor ligereza. Se sonríe con más frecuencia. La atmósfera parece llena de un no se qué, imprescindible y palpitante.

Desde esta perspectiva podría definir la meditación como el método espiritual (y cuando digo “espiritual” me refiero a búsqueda interior) para desenmascarar las falsas ilusiones.

La tarea de quien se sienta a meditar es, fundamentalmente, la limpieza interior.

Basta un año de meditación perseverante, o incluso medio, para percatarse de que se puede vivir de otra forma. La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser, agrieta la estructura de nuestra personalidad hasta que, de tanto meditar, la grieta se ensancha y la vieja personalidad se rompe y, como una flor, comienza a nacer una nueva. Meditar es asistir a este fascinante y tremendo proceso de muerte y renacimiento.

Bibliografía: Pablo D’ors, Biografía del silencio, Siruela, Madrid 2015.

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Un pensamiento en “La meditación transforma la realidad.

  1. La resistencia a la práctica de la meditación es la misma que la resistencia a la vida.
    Meditar es sentarme y no hacer otra cosa que estar en contacto conmigo mismo, presente a mi presente, porque normalmente vivimos dispersos, es decir, fuera de nosotros.
    La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser.
    La meditación es una práctica de la espera, ¿qué se espera realmente? Nada y todo.

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