CONSEJOS DE VIDA SALUDABLE (27).

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en hello Valencia. Nº 222, agosto 2019

El concepto de empatía fue introducido en 1905 por Edmund Husserl entendida como la experiencia de las vivencias ajenas. No fue hasta 1916 cuando Edith Stein leía su tesis doctoral sobre el enfoque fenomenológico de la empatía. Es al trabajo de esta gran filósofa alemana a quien debo la inspiración para escribir este artículo.

Una sociedad afectivamente sana es aquella en la que las personas son capaces de manejar unos niveles adecuados de empatía. Saber expresar y compartir los sentimientos propios ayuda a generar empatía, es decir, ayuda a las personas que nos rodean a entender nuestros estados de ánimo y nuestros sentimientos. De esta forma nos situaríamos en la dimensión social de los sentimientos.

Conseguir esto requiere un adecuado trabajo interior y mucho entrenamiento mental porque ante los estímulos estresantes de la vida, nuestro cerebro tiende, con una facilidad pasmosa, a generar reacciones inútiles y destructivas que dificultan generar empatía. Es bueno entrenar a nuestro cerebro a que ante estos mismos estímulos estresantes diseñe respuestas útiles y constructivas capaces de restaurar la armonía social.

La empatía nos permite comprender la vida anímica de las personas con las que convivimos y nos permite participar de su vida interior, de sus propias vivencias. En cierta forma, el yo propio y el yo ajeno se funden en un solo yo.

Para llevar una vida anímicamente sana debemos tomar consciencia de la dimensión trascendente de los sentimientos que generamos ya que tienden a transmitirse y contagiarse. Nuestra confianza, nuestra seguridad, nuestra alegría, nuestra paz interior, serán percibidas por las personas con quienes interactuamos y podrán contagiarse por ellas. Seguro que en alguna ocasión en la que has sentido tristeza, buscaste la compañía de personas alegres para animarte.

Si nos centramos únicamente en nuestro yo personal, nos convertimos en personas soberbias, codiciosas, egoístas y ególatras, manipuladoras y amargadas. De esta forma iremos consolidando un estado de creciente aislamiento y soledad alejándonos de una vida anímicamente sana.

La empatía nos convierte en espejos que reflejan los sentimientos ajenos. Y los sentimientos son construcciones activas de nuestro cerebro y nuestra mente. Es por esto por lo que podemos guiarlos con un adecuado entrenamiento mental. Te invito a que entrenes a tu cerebro a generar en cualquier situación, sentimientos de gratitud, compasión, serenidad, optimismo, alegría, paz interior. Te invito a que en cualquier situación te entrenes a mantener tu mente concentrada y en calma.


Q.S.D. N.S.D.

Contacto email: promociondelasalud.sepis@gmail.com

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