¿Qué es el Personalismo?

Por: Juan Manuel Burgos

El personalismo surgió en la Europa de entreguerras con el objetivo de ofrecer una alternativa a las dos corrientes socio-culturales dominantes del momento: el individualismo y el colectivismo. Frente al primero, que exaltaba a un individuo autónomo y egocéntrico, remarcó la necesidad de la relación interpersonal y de la solidaridad; y frente al segundo, que supeditaba el valor de la persona a su adhesión a proyectos colectivos como el triunfo de una raza o la revolución, el valor absoluto de cada persona independientemente de sus cualidades.

Corresponde a Emmanuel Mounier (1905-1950) el mérito de haber dado voz y forma a este movimiento a través de sus escritos y de la revista Esprit, convertida en hogar y punta de lanza del personalismo. Mounier, en efecto, fue capaz de agrupar a numerosos intelectuales en este proyecto innovador y especificó las claves filosóficas fundamentales que debí­an regir la filosofí­a personalista. El punto central giraba en torno a un renovado concepto de persona que asumí­a la larga tradición que se remonta a la aparición del cristianismo pero modificada y actualizada por la asunción de muchos elementos de la filosofí­a moderna y por un repensamiento del mensaje antropológico cristiano. Además, y desde una perspectiva más especí­fica, Mounier definió los parámetros de lo que después se ha conocido como personalismo comunitario, que insiste fuertemente en la acción y transformación social.

En ese mismo periodo, bajo la influencia de Mounier o de forma independiente, surgió un importantí­simo grupo de pensadores que se plantearon problemas similares y les dieron una solución también similar aunque modulada por la idiosincrasia personal. En Francia destacan Jacques Maritain, Gabriel Marcel o Maurice Nédoncelle. En Alemania el grupo de fenomenólogos realistas -con nombres como Scheler, von Hildebrand, Edith Stein-, Romano Guardini y la filosofí­a del diálogo o personalismo dialógico, ligada al judaí­smo y representada principalmente por Buber, Ebner, Roszenweig y Lévinas. En Polonia destaca Karol Wojtyla, lí­der de la Escuela de Lublin. En España Zubiri y Julián Marí­as; en Italia, Luigi Stefanini y Luigi Pareyson, etc. La aportación filosófica de este impresionante conjunto de personalidades, a las que se podrí­an añadir muchas otras, contribuyó de forma decisiva a transformar el movimiento personalista en una filosofí­a poderosa, creativa y con mucha potencialidad.

Las caracterí­sticas esenciales comunes a este conjunto de filósofos han sido identificadas por Juan Manuel Burgos del siguiente modo. En primer lugar, el elemento clave que define a toda filosofí­a personalista es que el concepto de persona constituye el elemento central de la antropologí­a, lo cual significa no solo que se utiliza o menciona -algo común a muchas otras filosofí­as-, sino que toda la estructura de la antropologí­a depende intrí­nsecamente del concepto de persona. En segundo lugar, los temas y perspectivas presentes habitualmente en las filosofí­as personalistas son los siguientes:

  1. Insalvable distinción entre cosas y personas que implica que las personas deben ser analizadas con categorí­as filosóficas especí­ficas y no con categorí­as elaboradas para las cosas.
  2. La afectividad se considera una dimensión central, autónoma y originaria que incluye un centro espiritual que se identifica con el corazón.
  3. Importancia decisiva de la relación interpersonal y familiar en la configuración de la identidad personal.
  4. La cualidad más excelsa de la persona no es la inteligencia sino la voluntad y el corazón, lo que implica una primací­a de la acción y permite dar una relevancia filosófica al amor.
  5. Recuperación de la corporeidad como dimensión esencial de la persona que, más allá del aspecto somático, posee también rasgos subjetivos y personales.
  6. Existen dos modos de ser persona: hombre y mujer. La persona es una realidad dual y el carácter sexuado afecta al nivel corporal, afectivo y espiritual.
  7. La persona es un sujeto social y comunitario, y su primací­a ontológica está contrapesada por su deber de solidaridad.
  8. Los filósofos personalistas no conciben su filosofí­a como un mero ejercicio académico sino que buscan la transformación de la sociedad.
  9. El personalismo postula una visión trascendente de la vida que se inspira culturalmente en la tradición judeocristiana pero siempre dentro del marco filosófico.
  10. El personalismo entiende que la filosofí­a moderna ha conducido a errores relevantes como el idealismo pero también ha aportado novedades antropológicas irrenunciables como la subjetividad, la conciencia el yo o la reivindicación de la libertad.

Teniendo en cuenta la gran riqueza de perspectivas y enfoques dentro del personalismo, esta descripción no debe considerarse ni exhaustiva ni única. De hecho, dentro de este marco general se pueden resaltar tres aproximaciones diferentes: el personalismo comunitario, que prima la dimensión social; el personalismo dialógico, que prima la relación interpersonal, y el personalismo ontológico, que prima a la persona singular. Pero, en cualquier caso, esta descripción proporciona un marco muy útil para una identificación relativamente precisa de las filosofí­as personalistas y constituye, por otro lado, la base teórica principal sobre la que trabaja la Asociación Española de Personalismo.

En la actualidad el personalismo se encuentra en un periodo de expansión.  Después del periodo de formación y consolidación (1930-1970) y de la crisis o debilitación propiciada por los movimientos culturales de los años 70 -mayo del 68, predominio del marxismo, crisis posconciliar- se asiste hoy a un creciente interés por la filosofí­a personalista que se manifiesta de múltiples maneras: aparición de nuevas revistas y sociedades dedicadas a su estudio y difusión, aumento del número de publicaciones, de tesis doctorales, etc. En este momento, las principales líneas de trabajo se centran en un esfuerzo de difusión de los contenidos antropológicos descubiertos y propuestos por la primera generación de personalistas; en la fundamentación y sistematización de esos contenidos antropológicos y, por último, en la aplicación a nuevas áreas de conocimiento como la bioética, la educación, la psicologí­a, la filosofí­a del derecho, etc .

Fuente: ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PERSONALISM0


Q.S.D. N.S.D.

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El consumo de alcohol y la salud.

El Dr. Juan Martínez, experto en Salud Pública e investigación clínica y director de la Fundación para la Formación de la OMC, aborda en un artículo el consumo de alcohol y la salud, a raíz de la reciente polémica creada en Castilla y León por la realización de unas Jornadas para difundir la cultura del vino entre los jóvenes.

El pasado 9 de abril se celebraron en Segovia las Jornadas Di-Vino Tesoro, en las que se promociona el consumo de vino entre los jóvenes, eventos que cuentan con el respaldo de la Administración Autonómica, puesto que fueron clausuradas por la Consejera de Agricultura y Ganadería de la Junta de CyL.

Con este motivo, el Dr. Juan Martínez España alerta en el artículo de los riesgos del alcohol en la salud de la población y pone de relieve que España tiene un problema grave si no sabe distinguir bien y proteger por igual su sector primario y la salud de sus ciudadanos.

Es probablemente inútil decirle a los jóvenes que el consumo reiterado de alcohol, bien de forma diaria o bien en forma de atracones (binge drink), acorta la esperanza de vida en unos 10 años, por alguna de estas causas, juntas o por separado, a saber, cánceres de boca y aparato  digestivo (1), pancreatitis (2), cirrosis, hipertensión, cardiopatía, enfermedad cerebrovascular, accidentes laborales, deportivos y de tráfico (3), depresión, suicidio, metabolopatías, neumonía, hemorragia digestiva, interacciones medicamentosas, disminución del desarrollo cognitivo, malformaciones fetales, y muchas otras. Es inútil.

Tampoco es creíble que esos mismos jóvenes vayan a leer el demoledor informe citado al pie (4), o cualquiera de las citas de este escueto texto. Pero lo que no es de recibo, lo que es inadmisible es que las administraciones públicas, en su lícito compromiso de promover la industria agroalimentaria, se constituyan en lobby del sector, para promover el consumo entre los jóvenes.

El alcohol es una sustancia psicoactiva que induce tolerancia, dependencia, multitud de enfermedades somáticas y altera profundamente el comportamiento.

En este sentido, poco importa que el vehículo de ese alcohol sea una u otra bebida alcohólica.  El argumento de la legalidad del producto no es válido.

Imaginemos que esas mismas administraciones decidieran promover el uso del tabaco, por ejemplo. El argumento de la supuesta acción promotora de salud da para mucho, excede este post y, como pincelada, solo decir que gran parte de esos resultados beneficiosos hallados y publicados en revistas científicas han sido financiados directamente por la industria.

Recientemente se describió en Nature que el supuesto efecto beneficioso del resveratrol, el antociano del hollejo de la uva de acción antioxidante y antienvejecimiento, solo podría observarse a dosis farmacológicas, muy superiores a las del producto original, o se debía a errores de los controles (5).

España tiene un problema grave si no sabe distinguir bien y proteger por igual su sector primario y la salud de sus ciudadanos. Ambas cosas son posibles. Han de ser posibles. Para evitar conflictos, lo primero, es eliminar las campañas publicitarias sectorizadas, con los jóvenes en la diana (6).

 

1. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4322512/

2. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/25845855/?i=11&from=alcohol consumption review

3.http://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/25871945/?i=1&from=alcohol consumption risk

4. http://www.who.int/substance_abuse/facts/alcohol/en/

5. http://www.nature.com/news/2011/110921/full/news.2011.549.html

6. http://castillayleondevinos.elnortedecastilla.es/actualidad/las-nuevas-tecnolog-o-c-mo-acercar-los-j-venes-el-apasionante-mundo-del-vino-10042015.html

Fuente: medicosypacientes

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Gates y Bloomberg, contra la industria del tabaco.

Son dos de las personas más poderosas del planeta y, por tanto, dos grandes actores del cambio a través de sus extensas redes de contactos y su inmensa influencia. El cofundador de Microsoft, Bill Gates, y el ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, otra de las grandes fortunas del mundo,  han decidido plantar cara a la industria del tabaco por sus malas prácticas en los países en vías de desarrollo.

FUMAR PUEDED MATAR

“Los países con recursos limitados no deberían ser intimidados para que hagan malas políticas sanitarias”. En estos términos se expresaron tras anunciar la creación del Anti-Tobacco Trade Litigation Fund.

El objetivo de este fondo, que nace con una inversión inicial de cuatro millones de dólares (unos 3,7 millones de euros) -y que se prevé que crezca a medida que más donantes se vayan sumando a la causa-, es contrarrestar lo que los expertos en salud consideran que ha sido una estrategia de las compañías de tabaco para bloquear, a través de medidas legales, las leyes anti tabaco en los países de bajos y medios ingresos.

Uruguay, por ejemplo, ha pasado los últimos cinco años litigando con una compañía por la inclusión de advertencias sanitarias en las cajetillas de tabaco. Mientras tanto, países como Namibia, Gabon, Togo o Ugandahan recibido avisos de grupos anti tabaco que denuncian que sus leyes chocan con los tratados internacionales.

Fuente: ethic

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Contra la desazón, la pasividad y el negacionismo ambiental “¿Podemos actuar sobre las causas ambientales del enfermar? Podemos”.

Por: Miquel Porta i Serra, coautor del Manual de Epidemiología y Salud Pública

Muchos compuestos químicos artificiales usados en la agricultura y la ganadería en las últimas décadas han rendido numerosos y legítimos beneficios humanos, sociales y económicos. Pero ¿se han utilizado sin producir efectos adversos? Nuestra intuición nos dice que no. Y los conocimientos científicos también nos dicen que tantas ventajas no nos han salido ‘gratis total’. Nuestra intuición –y un cierto sentido del deber– también nos dicen que n­o tenemos derecho a negar la factura que pagamos por utilizar tantos compuestos químicos artificiales. Y que no tenemos derecho a no trabajar para rebajar esa factura.

“Nuestros hallazgos y sus implicaciones fueron rápidamente escondidos bajo la alfombra. Los hechos que ponen en duda asunciones básicas –y que por tanto amenazan el modus vivendi y la autoestima de la gente– simplemente no son absorbidos. La mente no los digiere.”

Daniel Kahneman

El maravilloso libro de Daniel Kahneman (psicólogo, premio Nobel de economía), Pensar rápido, pensar despacio, presenta un fascinante abanico de experimentos e ideas sobre la capacidad humana de sustituir las preguntas difíciles y desagradables por preguntas más fáciles y llevaderas, o sobre nuestra tendencia a orillar el análisis más racional en favor de otras aproximaciones más intuitivas, emocionales o agradables, con todos los errores que ello conlleva, aunque también con algunas ventajas. “Somos buscadores de patrones creíbles, creyentes en un mundo coherente”, dice Kahneman.

También por ello nos impresionan las investigaciones valientes de los periodistas sobre alimentación, medio ambiente y salud. Muchas de ellas describen hechos literalmente espeluznantes.

¿Podemos de verdad convencernos a nosotros mismos de que no hay para tanto? A menudo el buen periodismo de investigación nos presenta hechos de estremecedora dureza. Reales como la vida misma. Esa de la que tan a menudo solo queremos ver la parte amable. Periodismo que habla de “hechos reales” en “personas humanas” que sufren un dolor insoportable, lacerante. Que sucumben ante la enfermedad y la muerte misma.

La investigación periodística rigurosa nos sacude y nos aleja del negacionismo con el que muchos reaccionamos ante las informaciones. Informaciones acerca de –por ejemplo– el funcionamiento de la megaindustria ganadera y agrícola. Fascinante pues y, a ratos, increíble periodismo. Increíble no porque los hechos que narra no parezcan veraces, que lo parecen y lo son. O porque los periodistas exageren los riesgos; más bien al contrario, sospecho que muchos profesionales de la investigación ejercen una considerable prudencia ante hechos que resquebrajan algunos de nuestros mitos (sanitarios, alimentarios y ambientales, por ejemplo).

Si creo que a veces el buen periodismo parece increíble es a causa de la natural tendencia humana a no creer lo que con todo rigor se nos cuenta si es desagradable; a causa de la inclinación que solemos tener a negar las causas más plausibles, a negar lo evidente cuando nos pone de bruces ante nuestro consumismo, derroche, hábitos tóxicos, falta de educación y conciencia; a causa de nuestro desprecio hacia la naturaleza y hacia nosotros mismos, hacia nuestra salud y nuestra dignidad.

También puede dar alas a las actitudes e ideologías más negacionistas o cobardes que, a veces, los procesos narrados en los medios de comunicación transcurren en otros países. Mas ¿alguien puede pensar cabalmente que las cosas son muy distintas en España? En lo referente a los daños que las industrias más obsoletas infligen a los animales o al medio ambiente, es evidente que no son muy distintas. Para responder de forma reflexiva a la pregunta podemos, en primer lugar, repensar lo dicho en el párrafo anterior.

En segundo lugar, podemos pensar si las causas estructurales y los agentes responsables de lo que ocurre en otro país (Francia o Alemania, por ejemplo) –intereses económicos, cultura profesional y procedimientos de las organizaciones agrícolas, procesos de asignación de subvenciones, hábitos de los consumidores…– son muy distintos en España. Lo cierto es que muchos no lo son.

Y podemos, en tercer lugar, pensar si en nuestro país somos más independientes que en otros de los centros y redes de producción y decisión económica internacional; los que cada día atizan la desregulación global de los sistemas económicos y, entre éstos, de los gigantes agentes agrícolas y ganaderos… Cuando leemos las prácticas perversas de algunas cooperativas francesas podemos perfectamente pensar en sus colegas leridanos, castellanos o extremeños, y en los chinos, indios o argentinos, entre muchos otros. Tampoco las razas de animales y los piensos parecen hoy tan distintas en los distintos países, por poner otro ejemplo. Las cosas en España son dramáticamente similares a las que ocurren en otros países, no nos engañemos. Claro que hay diferencias, solo faltaría.

Tras investigar lo que ocurre –en conexión con los hechos que descubren–, quienes pueden practicar el buen periodismo ponderan posibles explicaciones, significados y conclusiones. Por ejemplo, que “existe una relación entre las tierras quemadas de nuestros campos y las células inflamadas de nuestros cuerpos, entre lo que ocurre en el suelo y en las células de nuestro organismo”, o que “lo que comen los animales que comemos tiene una incidencia directa sobre nuestra salud”. ¿Cómo es posible que tengamos que recordarlo, que no sea algo importantísimo para todos los españoles cada día? Pues sí, tenemos que recordarlo… probablemente porque es demasiado doloroso tener conciencia de ello. Y probablemente también porque tenemos conciencia de lo difícil que es hacer algo práctico para mejorar el problema, actuar sobre las causas y paliar sus consecuencias (para la salud, por ejemplo).

Pues, en efecto, “a pesar de su coste prohibitivo, la agricultura actual no respeta ni el pacto social que la vincula a los campesinos, ni el pacto ambiental que la vincula a las generaciones futuras, ni siquiera el pacto de salud pública que la vincula a todos nosotros. Además de la factura alimentaria y ecológica, el consumidor paga también, y a un precio muy elevado, la factura de la salud. De la manzana a los tomates, del trigo a las patatas, todos los sectores de la agricultura, todo lo que compone nuestra comida diaria se produce prescindiendo del sentido común. Resultado final: un agricultor agotado y desesperado, un consumidor justamente desconfiado y una astronómica factura social, ambiental y de salud pública”.

Mantener la calidad de vida y disminuir la ‘factura’ que los tóxicos nos cobran

Es evidente –debería ser evidente para todos– que muchos compuestos químicos artificiales usados en la agricultura y la ganadería en las últimas décadas han rendido numerosos y legítimos beneficios humanos, sociales y económicos. Pero el debate no puede quedar enmarcado (aprisionado) exclusivamente en esta constatación, nuestra reflexión debe incorporar también otros hechos y preguntas. Una de ellas es: ¿se han utilizado tales compuestos sin producir efectos adversos, sin ningún perjuicio humano o ambiental, sin que nos hayan pasado ‘factura’ alguna? Nuestra intuición nos dice que no. Y los conocimientos científicos también nos dicen que tantas ventajas no nos han salido ‘gratis total’. Nuestra intuición –y un cierto sentido del deber– también nos dicen que n­o tenemos derecho a negar la factura que pagamos por utilizar tantos compuestos químicos artificiales. Y que no tenemos derecho a no trabajar para rebajar esa factura.

Entre los compuestos químicos artificiales o de síntesis, a los investigadores médicos nos preocupan especialmente ciertos compuestos tóxicos persistentes (CTP). Pues, hoy, un considerable cuerpo de conocimientos científicos indica que los CTP tienen una fuerte relación con algunas de las enfermedades más frecuentes y graves que afectan a los seres humanos. Pesticidas y residuos industriales tienen efectos inmunosupresores, oxidativos, proinflamatorios, neurotóxicos, endocrinos, metabólicos, genotóxicos indirectos y epigenéticos. Tanto los conocimientos sobre los mecanismos de acción de los CTP como las observaciones en animales y seres humanos indican que contribuyen a causar transtornos y enfermedades como la infertilidad y ciertas anomalías congénitas, problemas de aprendizaje y otros transtornos de la conducta, diabetes tipo 2 y quizá obesidad, diversos tipos de cáncer, o las enfermedades de Alzheimer y Parkinson.

Los CTP y otros contaminantes se encuentran en muchos alimentos que ingerimos a diario, circulan por nuestra sangre y se almacenan en nuestro organismo. Suelen llegar hasta nosotros en dosis bajas, sobre todo a través de las partes más grasas de los alimentos. Se disuelven en las grasas, y el organismo no los puede excretar. Así que los vamos acumulando a lo largo de nuestra vida en el hígado, el páncreas, el sistema nervioso… Si ahora dejáramos de estar expuestos a ellos, su concentración en nuestro cuerpo tardaría de diez a treinta años en reducirse a la mitad.

Son ejemplos de CTP el plaguicida DDT y su principal producto de degradación, el DDE; el hexaclorobenceno (HCB) y los hexaclorociclohexanos (HCH) (el lindano, entre ellos); las dioxinas y los policlorobifenilos (PCB); o los compuestos polibrominados. Está ampliamente demostrado que la principal vía de entrada de estos contaminantes en nuestro organismo es la ingesta de alimentos ricos en grasas, principalmente de origen animal, y que la contaminación por CTP no es un fenómeno minoritario ni aislado, sino un hecho generalizado en la mayoría de países postindustriales del mundo; así, por ejemplo, compuestos como el p,p’-DDE, HCB, β-HCH y PCB se detectan habitualmente en la casi totalidad o en la totalidad de la población general, a menudo a concentraciones elevadas. 

Aunque es común pensar lo contrario, los estudios científicos coinciden en que la contribución de la alimentación a las concentraciones de CTP de los adultos de la población general sana es muy superior a la contribución de la profesión y el lugar de residencia; se calcula que más del 97% de los niveles corporales de CTP del ciudadano medio occidental se deben a la contaminación alimentaria.

La contaminación humana por compuestos químicos es un conflicto socioecológico, político y sanitario inherente, en buena medida, a nuestros modelos de economía y cultura, a cómo vivimos. Es el resultado de nuestras actuales estructuras económicas y nuestra organización social y cultural, de hábitos individuales y colectivos. Consecuencia de las políticas públicas y privadas que promovemos o aceptamos pasivamente.

No es pues razonable, ni moralmente correcto pretender que demos un “cheque en blanco” a quienes venden, utilizan o aceptan contaminantes en los procesos de fabricación de alimentos presumiblemente aptos para el consumo humano. O a quienes no consiguen controlar la presencia de tóxicos en las cadenas alimentarias de los animales y las personas. No es razonable que aceptemos la propaganda superficial que difunden quienes nos quieren hacer creer que los CTP y otros agentes químicos ambientales solo han tenido efectos positivos y no tienen impactos trágicos en la salud de las personas, el bienestar de los animales y el equilibrio de la naturaleza.

Esas formas de negacionismo salubrista y ambiental son de otras épocas. Ya no son propias de las personas con educación, criterio propio y principios éticos. Hoy podemos aceptar que muchos agentes químicos de síntesis producen efectos beneficiosos y efectos adversos. Podemos analizar y detectar a los contaminantes tanto en nuestro interior como en el exterior. En teoría, nada impide que miremos afuera y adentro de nosotros mismos; pero a menudo nos falta practicar más esa mirada reflexiva y serena, crecer en la experiencia de mirar y ver de otro modo: de adentro afuera y de afuera adentro. También podemos ser más exigentes con nosotros mismos, a la vez que lo somos con las empresas y con las administraciones responsables de desplegar políticas más eficientes de control del riesgo químico. Cayó ya el Muro de Berlín –¡pronto se cumplirán 25 años!– y con él deben de continuar cayendo otros muros mentales de parecido valor simbólico e ideológico. Se acabó el mundo bipolar, maniqueo y simplón de la Guerra Fría, tan bien descrito en las novelas de John Le Carré o, recientemente, de Ian McEwan.

Sobre todo, hoy debemos trabajar –periodistas, epidemiólogos– con mayor amplitud, intensidad y celeridad para disminuir los impactos negativos de los agentes químicos artificiales que contaminan lo que continuamente respiramos, bebemos y comemos. Podemos evitar buena parte del impacto negativo que muchos tóxicos están teniendo sobre nuestra salud y calidad de vida. Podemos, y muchas personas y organizaciones están en ello. En los últimos años, la difusión social de numerosos estudios españoles está ayudando a alcanzar nuevas cotas de información, conocimiento y conciencia sobre la contaminación “interna” o “interior” de la población general española, es decir, sobre la acumulación de compuestos tóxicos en nuestros cuerpos. Esa difusión también ha propiciado actuaciones realmente innovadoras. Sin ir más lejos, en numerosas escuelas de España las asociaciones de madres y padres han conseguido mejorar la calidad del menú de los comedores escolares, retirando comida basura e incorporando alimentos con las máximas garantías posibles. Por cierto, lo han hecho trabajando con las organizaciones de maestros y con responsables políticos de Educación, Sanidad y Agricultura.

Hay pues que pensar con matices y visión global. No hay un solo problema, no existe el problema de la ganadería o el problema de los tóxicos o el problema del agua…. Existen múltiples problemas, conflictos y contradicciones, factores interrelacionados… Físicos, químicos, culturales, económicos… No hay conclusiones simples. No se trata solo de alimentación o economía, no se trata sólo de ganadería o salud, no se trata sólo de agricultura o medio ambiente; en realidad, lidiamos con múltiples causas y consecuencias políticas, económicas, culturales y emocionales, educativas, prácticas… Con múltiples incertidumbres e interrogantes: científicos, clínicos, económicos…

Los ‘cócteles’ de contaminantes ambientales contribuyen a que acumulemos alteraciones genéticas y epigenéticas

Basándonos en los resultados obtenidos por los mejores estudios científicos podemos concluir que, a día de hoy, la inmensa mayoría de las personas nos encontramos expuestos a múltiples tóxicos (un trágico cóctel de contaminantes) desde los primeros momentos de vida embrionaria y hasta la muerte; “desde la barriga materna hasta la tumba”, como suele decirse (from womb to tomb, en los eficaces monosílabos del inglés).

Uno de los escenarios causales con el que trabajamos muchos investigadores médicos es que numerosos contaminantes ambientales –cada uno, y las interacciones que resultan de su mezcla en nuestro cuerpo– contribuyen a la acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas en nuestro organismo. Este proceso es característico de muchos cánceres, enfermedades cardiovasculares, metabólicas y endocrinas, trastornos neurodegenerativos y otras enfermedades. La acumulación crónica de alteraciones genéticas y epigenéticas es un proceso causal clave entre el medio ambiente y el enfermar de las personas, entre la exposición y la contaminación humana por compuestos tóxicos ambientales y el desarrollo de las enfermedades que más nos afligen. 

Este proceso causal todavía tiene poco peso en medicina, poca visibilidad en los medios de comunicación, y a veces hasta es negado por una parte influyente de la profesión médica y otros expertos. No siempre tales expertos tienen una visión amplia sobre las causas de las enfermedades, y no siempre están libres de ataduras: a menudo tienen intereses no declarados. Así, por ejemplo, la manipulación ideológica de ciertos conocimientos sobre genética y biología molecular ayuda a producir discursos negacionistas de las causas ambientales y sociales del enfermar. Son discursos cándidos, complacientes y cobardes que amputan partes incómodas del conocimiento científico existente. Y que contribuyen a preservar los intereses de poderosas organizaciones agrícolas y empresas del agrobusiness, así como muchos hábitos de consumo de casi todos nosotros, ciudadanos a menudo también demasiado cándidos, complacientes y cobardes.

Las narraciones no imparciales de algunos divulgadores y de algunos expertos legitiman, amplifican y difunden una visión simplista, reduccionista y acientífica de cómo funcionan los genes y de las propias bases genéticas y epigenéticas de las patologías humanas. Su fundamento biológico, clínico y epidemiológico es a menudo pobre; por ejemplo, es pobre o nula su conexión con los conocimientos científicos sobre fisiopatología humana, toxicología genética o epidemiología molecular, clínica y ambiental.

A pesar de todo ello, el elevado número de mezclas de compuestos químicos y la insólita variedad de sus efectos adversos genera una preocupación razonable en científicos, médicos y ambientalistas, así como en muchas personas y organizaciones genuinamente interesadas por la salud, el medio ambiente y la justicia social, o por desarrollar otras formas de economía y otros modelos de consumo. ¿Debería esa preocupación por los efectos de los tóxicos afectarnos más a todos, deberíamos estar más preocupados? Creo que sí; sin alarmismo ni angustias, sin miedo, con información, reflexión, conciencia y responsabilidad, todos tenemos la obligación moral de hacer más visible (y de ayudar a controlar) un proceso que en España y muchos otros países es excesivamente invisible: la relación causa – efecto que a menudo existe entre la contaminación de las personas por ciertos agentes ambientales y la incidencia de determinadas enfermedades graves.

Entre todas las fases de la vida, las más susceptibles a los efectos biológicos y clínicos de los contaminantes son las etapas embrionaria y fetal, y la primera infancia. Los embriones, fetos y niños se ven expuestos a los contaminantes a través de la placenta, y posteriormente a través de la lactancia. Subrayemos además que muchas de tales exposiciones pasan desapercibidas: los CTP, en particular, son indetectables para los sentidos. Solo los buenos sistemas de vigilancia (de salud pública y ambiental) nos ofrecen imágenes válidas y exhaustivas de su presencia y distribución en la sociedad. Y sólo los buenos periodistas tienen la capacidad de contarnos cosas muy delicadas con honestidad, rigor y persuasión. Luego, la información, la reflexión y la concienciación hacen posible que las personas, mediante las organizaciones sociales y ciudadanas, promovamos cambios de suficiente calado para disminuir nuestra contaminación interior.

La ubicuidad de los CTP y las limitaciones que las personas tenemos para realizar acciones individuales que prevengan nuestra exposición otorgan un papel fundamental a las políticas públicas y privadas. Estos contaminantes son menos susceptibles a las acciones individuales que otros factores de riesgo como el tabaquismo, el colesterol o el sedentarismo, los cuales, aunque están influidos de forma intensa por procesos y factores económicos y socioculturales, sí dejan un margen importante para las decisiones individuales (no fumar, comer razonablemente, hacer ejercicio físico, etc.).

De modo que, o cambiamos partes fundamentales de nuestros actuales modelos de sociedad, o no cambiará nada sustancial de lo que afecta a nuestra salud. Entre otras cosas, no cambiará nuestra contaminación por tóxicos. Los contaminantes tóxicos son sistémicos: son una de las principales características del sistema e impregnan a redes fundamentales del sistema. Nuestra generalizada contaminación interna es el resultado de nuestra organización social y de nuestros hábitos individuales y colectivos; consecuencia de las políticas públicas y privadas que promovemos o aceptamos. Políticas sobre agua, piensos, ganadería y agricultura, políticas de la industria alimentaria y sobre seguridad alimentaria, sobre riesgos químicos, energía, medio ambiente, residuos, reciclaje, educación, industria, transporte, impuestos, salud pública, sanidad… La contaminación generalizada de las personas, los animales, los piensos y grandes componentes de las cadenas alimentarias es el resultado tanto de los agentes más activos de esas políticas como de los agentes más pasivos y negligentes, de sus inacciones y omisiones, de las inercias y rutinas cómplices o interesadas, de quienes elegimos no visualizar los muertos, el sufrimiento y el gasto que los contaminantes contribuyen a causar.

En algunos casos hoy existe un mayor control en la fabricación y empleo de ciertos compuestos químicos que hace algunas décadas; en otros casos, la globalización y la desregulación de los mercados han ido en detrimento de normas y controles que protegen a los ciudadanos. Por ello, los actuales niveles de exposición a tóxicos de la población humana son, probablemente, tan o más importantes como al final de la Segunda Guerra Mundial. Sin olvidar la elevada persistencia ambiental de estas sustancias (incluyendo su persistencia en piensos y alimentos), el uso en regiones donde se utilizan compuestos prohibidos en Europa, las importaciones de piensos y alimentos desde tales regiones, o su empleo fraudulento. Además, algunos tóxicos, como los endosulfanes, aún se emplean en las tareas agrícolas en España.

En algunos estudios españoles los niños y niñas son quienes presentan mayores niveles de compuestos como el lindano, la aldrina y la dieldrina. Otros estudios han hallado una mayor contaminación en embarazadas jóvenes que en embarazadas de mayor edad. Algunos estudios empiezan a detectar otros compuestos cuyas concentraciones van en aumento. Incluso se han detectado tóxicos (dioxinas, PCB) en alimentos de la agricultura ecológica, subrayando las dificultades que supone producir alimentos libres de contaminantes. Pocas veces las autoridades competentes han ofrecido una explicación de hechos como esos. En España sigue siendo habitual que las Administraciones den la callada por respuesta ante hallazgos científicos incómodos; y es raro que alguna organización ciudadana exija una respuesta. La “sordera científica” de las autoridades, empresas y organizaciones sociales es preocupante.

Por cierto, tengo la impresión de que algunas de las cosas que los periodistas nos cuentan por escrito que han visto no sería posible filmarlas. Dudo mucho, por ejemplo, que los responsables de que se maten lechones de las fábricas (que no “granjas”) porcinas con un golpe en la cabeza autorizasen que una cámara lo filmase. Hay hechos cuya narración exige utilizar los recursos más ancestrales: los ojos, el coraje y la palabra. Un recordatorio de que el periodismo de verdad no tiene por qué desaparecer ante las nuevas tecnologías, al contrario. Ni puede basarse tanto en notas de prensa.

Tanto a periodistas como a epidemiólogos –y al resto de la sociedad, por supuesto– analizar las relaciones entre alimentación, medio ambiente y salud nos exige practicar un pensamiento integrador, equilibrado en su abordaje de la complejidad. En concreto, debemos integrar al menos siete dimensiones de tales relaciones: la dimensión ambiental, la de salud pública, la agrícola-ganadera, la de salud laboral, las dimensiones culturales, las económicas y las políticas.Todo ello, en un “mercado internacional sin alma donde se venden y se compran indistintamente esperma, embriones, animales, piensos, toneladas de carne o de «mineral» (es decir, lechoncitos)”.

Nunca es tarde para vivir de otro modo

La proliferación de intervenciones médicas ineficientes y el alienante consumismo sanitario no son ni cultural, ni política, ni económicamente ajenos a la burbuja inmobiliaria y a otras prácticas perversas del sistema financiero. Y también guardan estrecha relación con los problemas analizados en esta Jornada sobre periodismo y epidemiología. Mientras tanto, las iniciativas dirigidas a mejorar realmente la salud y el bienestar de la población –las políticas ambientales, laborales, educativas, alimentarias y sociales– están siendo atenazadas o cortadas a hachazos (que no “recortes”). Todavía no hemos asumido que una clave de la sostenibilidad del sistema de salud consiste en reducir el flujo de entrada: en conseguir que enfermemos menos. En lugar de quedarnos presos entre las paredes del sistema asistencial, entre las paredes de la medicina curativa o paliativa, podemos exigir que se desarrollen más las políticas que rinden auténticos beneficios humanos, y que se supriman las actuaciones médicas innecesarias, ineficaces o dañinas –perjudiciales tanto para la salud como para la economía “real” (pues ya quedado que existe otra, la economía ficticia y especulativa de latrocinio y paraísos fiscales).

La dependencia económica y cultural que nuestra sociedad tiene de ciertas industrias tóxicas debe disminuir, para que ganen peso nuevas estructuras y empresas que generen –además de beneficios económicos reales– beneficios sociales y ambientales. Puesto que las causas fundamentales de nuestras enfermedades son sociales y ambientales, cabe preguntarse: ¿podemos crear modelos de negocio honestos que actúen sobre esas causas, prevengan enfermedades y rindan más beneficios sociales y empresariales? La respuesta a la actual crisis del sector sanitario no puede consistir solo en atender a más pacientes que sufren las enfermedades que el propio modelo económico causa. Hay salidas verdaderas a la crisis sistémica que pasan por que la economía esté más al servicio del ser humano, de la naturaleza, de la educación… Y, por lo tanto, sectores como la agricultura y ganadería ecológicas, la movilidad, la salud pública, las energías renovables, el consumo responsable… son buenas vías para superar de verdad la crisis. España puede innovar en estos sectores, sin duda. Cuantificar y valorar mejor los beneficios sociales y económicos de las inversiones en alimentación, salud y medio ambiente les dará más visibilidad, propiciará que sean más apreciadas, y nos dará más confianza para seguir mejorando.

Para superar los graves problemas que nos acucian necesitamos otros valores, comportamientos, conocimientos, políticas… y medios de comunicación. Para transformar nuestros valores éticos, hábitos de consumo, relaciones sociales y organizaciones ciudadanas necesitamos más autocrítica, conocimiento, creatividad, valentía y pragmatismo. Todo ello es fundamental para controlar la contaminación interna y externa, para poner en práctica otras formas de entender la alimentación, la salud pública, el medio ambiente, la información, la riqueza y la vida… para vivir de otro modo.

Muchas personas en el mundo intentamos llevar una vida más sana, razonable, coherente, ética, respetuosa con la naturaleza y feliz. Tenemos razones y tiempo. Podemos lograr avanzar. Podemos disfrutar viviendo de otro modo.

Este texto se basa en parte en el siguiente: Porta M. Epílogo: Es tiempo de vivir (de otro modo). En Saporta I.Comer puede matar. Barcelona, Debate / Random House Mondadori, 2013. 177-195, 204-205. 

Miquel Porta i Serra (Barcelona, ​​1957) es médico y epidemiólogo especializado en estudiar las interacciones entre los genes y el medioambiente. Es investigador de l’Institut Municipal d’Investigació Mèdica (IMIM) de Barcelona, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat Autònoma de Barcelona y profesor adjunto en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (EEUU).  

Fuente: Agencia SINC

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Algún día todos vestiremos moda limpia.

Un cuento futurista sobre la moda sostenible 

Estas son las prendas que utilizaban hace 50 años-explicaba la guía del Museo del Traje, dirigiendo su dedo hacia la ropa que se exponía tras unos cristales- Hoy han desaparecido, sólo podemos verlas en museos como este. Ya no nos vestimos así. En aquellos tiempos, usaban prendas perecederas, de baja calidad, cuya fabricación suponía un tremendo impacto ambiental y social. Se compraban ropa, aunque no la necesitasen, había un consumo acelerado y masivo, y uno de los pasatiempos en su tiempo libre era ir de compras. Para que os hagáis una idea, os contaré que, para producir el algodón de una simple camiseta, hacían falta 2.700 litros de agua.

Estas empresas textiles emitían el 20% de las sustancias tóxicas a los ríos y mares y provocaban el 10% de las emisiones de dióxido de carbono global, debido a la deslocalización de la industria. Además de ser una industria contaminante, empleaba mano de obra de allende sus fronteras, a la que pagaba un salario injusto, fomentando una cadena de esclavitud en los países pobres. Había mujeres y niños que trabajaban de 12 a 20 horas al día sin salir de un cuarto. Por eso surgió un movimiento que se llamó Slow Fashion.

– ¿Moda lenta? -preguntó uno de los jóvenes del grupo.

-Fue un movimiento de pioneros que abogaba por hacer las cosas de otra manera-respondió la guía- Hablaban de innovación, de cambios en la producción y el consumo de ropa. Unas personas que querían algo nuevo, buscaban un despertar de los consumidores y la industria para que todo fuera más humano, menos agresivo con el planeta y más real -puntualizó con su voz clara y potente, dejando entrever un leve tono de entusiasmo – Gracias al ingenio asombroso de unos cuantos, floreció un concepto nuevo, más evolucionado, que exploraba ideas y soluciones en todo el mundo, para acabar con esos impactos glocales. Gracias a ellos hablamos de esto en pasado.

Mientras seguían la explicación de esa historia de la moda, muchas cabezas dirigían sus ojos a los cristales que protegían aquellas prendas que portaban toxicidad y dolor. Los jóvenes alumnos de la escuela de diseño iban mirando las vitrinas y alguno comentó: “entonces la humanidad se vestía con sustancias químicas adheridas a su cuerpo”. La guía sonrío para sí y se dirigió a una gran pantalla.

-En está pantalla podéis ver alguna de aquellas acciones que provocaron los cambios, y qué permitieron, que hoy, la ropa que llevamos esté limpia de sustancias químicas, no contamine y se haga de una forma justa. Vosotros, futuros diseñadores, debéis conocer cómo ha sido la historia de la moda, y cómo un día, felizmente, despertamos; al principio los cambios fueron lentos, parecía que tardaría mucho en producirse, pero al final, fue más rápido de lo que ellos creían y todo se ordenó y armonizó. En este Museo se celebraron unas jornadas que se titulaban Moda +Sostenibilidad innovación = Evolución, organizadas por una plataforma que se llamaba Slow Fashion Spain, creada por una de esas pioneras de las que os hablé antes, Gema Gómez. Realizaron una serie de conferencias llenas de términos que hoy ya no utilizamos porque no los necesitamos: Ecodiseño, Economía Humanizada, Tejidos Ecológicos Certificados, Innovación en Procesos y en Ideas, Nuevos Modelos de Consumo, Mujer, Creación de Redes, etc., Querían crear nuevas formas de encarar el mundo, de contribuir al bien común por el camino de la creatividad, el ingenio y el valor para no darse por vencido.

-Al final lo lograron-dijo una chica del fondo.

-Como he dicho, fue un camino de pequeños pasos, de lucha por cada logro, pero ellos se empeñaron en dar lo mejor de sí mismos y luchar por lo que creían, era una alternativa que buscaba crear un mundo mejor. Sabían que la moda, como se entendía entonces, estaba obsoleta, y que había que inventar algo nuevo, un sistema que generará riqueza para todos, marcas, trabajadores y consumidores, y que nadie tuviera que sufrir para el beneficio de unos pocos, y con ese esfuerzo se levantaban todos los días. Hubo un doctor que dijo “Somos exploradores en busca de ampliar el espacio de las soluciones que todo diseñador ha de encontrar”. Se llamaba Manuel Quirós y hablaba de biomímesis, y, además era profesor de diseño.

Si quieres ver cómo contribuimos entre todos a que este cuento se haga realidad no te pierdas la III Jornada de Moda Sostenible que organiza Slow Fashion Spain en el Museo del Traje de Madrid los próximos 25 y 26 de abril. Un evento anual que pretende seguir despertando el interés y la acogida que lograron las pasadas ediciones. Para ello Slow Fashion Spain ha reunido a un elenco de profesionales y expertos del sector, tanto nacionales como internacionales, que debatirán sobre los caminos que debe tomar la industria de la moda sino quiere devorarse a sí misma.

¿Te parecen razones suficientes para no perderte la jornada?
 
Sigue lo que se cuece en las semanas previas al evento y todos los acontecimientos en tiempo real en twitter con el hashtag #ModaSostenibleMT en @slowfashionsp y el evento en Facebook
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El engaño de los suplementos de omega 3.

  • La Fundación Española del Corazón  (FEC) respalda un anuncio de suplementos que no cuentan con el suficiente aval científico.

  • No está demostrado que los suplementos de omega 3 prevengan las cardiopatías.

  • Lo que sí es útil es consumir alimentos ricos en omega 3, como el pescado o las nueces.

Por: Cristina G. Lucio

El anuncio lleva varios días emitiéndose en televisión. En él, alguien que dice representar a la Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda tomar suplementos de omega 3 para complementar la dieta y “ayudar a cuidar el corazón”. En concreto, el respaldo lo recibe una marca concreta, la única que, según la publicidad, “está reconocida” por el organismo que depende de la Sociedad Española de Cardiología.

El mensaje que trasciende es que estas pastillas son una buena opción para cualquiera que quiera prevenir las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, el argumento no coincide con lo que dice la evidencia científica.

Distintos especialistas consultados por EL MUNDO señalan que no está demostrado que los suplementos de omega 3 sirvan para mantener alejados los problemas de corazón, sobre todo entre la población general.

“Si quieres prevención con omega 3, toma pescado. Hay muchos estudios que demuestran que tomar tres raciones a la semana, principalmente de pescado azul -caballa, atún, arenques, sardinas- reduce el riesgo de cardiopatía isquémica. Pero el suplemento desvinculado de la matriz es otra cosa. Los estudios que se han hecho sobre sus beneficios muestran resultados dispares”, apunta Miguel Ángel Martínez, director del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y uno de los principales investigadores de nuestro país sobre dieta mediterránea y enfermedad cardiovascular.

“No está validado el empleo de estos suplementos en personas sanas ni se ha demostrado comparativamente que sea igual tomar pescado que tomar esos omega 3 en suplementos”, coincide Francisco Pérez Jiménez, Jefe de Servicio de Medicina Interna y Director de la Unidad de Lípidos del Hospital Reina Sofía de Córdoba que ha llevado a cabo distintos estudios sobre el papel de los omega 3 para la salud.

Según explica, hasta la fecha los ensayos realizados en personas sanas han arrojado tanto resultados positivos como negativos, por lo que antes de sacar una conclusión definitiva al respecto es necesario continuar con la investigación.

El último trabajo sobre el tema se publica precisamente esta semana en la revista JAMA Internal Medicine y sus resultados -limitados a ancianos- no apoyan la utilidad de los suplementos de omega 3 para reducir el riesgo cardiovascular.

En enfermos cardiópatas, su utilidad está más afianzada, si bien algunos artículos, como el metaanálisis que publicó la revista ‘New England Journal of Medicine’ en 2012, también han puesto en entredicho sus beneficios.

Carlos Macaya, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Clínico Universitario de Madrid señala que no prescribe este tipo de suplementos entre sus pacientes, sino que aconseja “seguir una dieta adecuada, que incluya productos ricos en omega 3, como el pescado o las nueces”.

Confusión

Para Aitor Sánchez, dietista-nutricionista del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada y miembro de la iniciativa Dietética sin Patrocinadores, “que un organismo que dice velar por la salud pública recomiende este tipo de productos a la población general, por delante del ejercicio físico y una adecuada alimentación, desviando la atención del origen del problema es, cuando menos, una irresponsabilidad”.

“El anuncio dice que el propósito de la FEC es fomentar los hábitos cardiosaludables, pero se contradicen a sí mismos y lo que recomiendan es un parche para el problema. Resulta confuso para la población, porque puede interpretarse que puedes tomarte una píldora y así no hacer cambios en tu dieta”, señala.

En letra pequeña sobreescrita sobre el margen inferior del anuncio, la FEC recuerda que “los complementos alimenticios no son sustitutivos de una dieta equilibrada y variada y de un estilo de vida saludable”, si bien cuesta leer este mensaje a simple vista.

Además, otro mensaje de las mismas características señala que “la ingesta diaria de 250 mg de EPA/DHA [ácidos grasos omega 3 de cadena larga que precisamente contiene el producto recomendado] contribuye al normal funcionamiento del corazón”. Esta declaración es la clave de la publicidad.

Después de años de confusión y abusos, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés) decidió hace pocos años regular las declaraciones de salud que realizaba la industria alimentaria y prohibir cualquier mención que no contara con el suficiente respaldo científico.

La revisión, tal y como explica Andreu Palou, catedrático de Biología Molecular y Nutrición de la Universidad de las Islas Baleares, investigador del CIBERobn y uno de los expertos participantes en el proceso, autorizó, entre otras medidas, que los productos que contuvieran 250 mg de los citados ácidos grasos en su composición podrían incluir en su etiqueta la alegación de que “contribuyen al normal funcionamiento del corazón (también puede hacerse la misma referencia con el cerebro o la visión)”.

Sin embargo, la elección de las palabras no es baladí. “Si no se dice que el producto previene las enfermedades cardiovasculares es porque no hay evidencia suficiente para hacerlo“, subraya Palou, quien recuerda que el reglamento de la EFSA recoge alegaciones de tipo genérico y otras que tienen que ver con la reducción del riesgo de enfermedad.

“El mensaje es ambiguo, y si a eso le unes una puesta en escena adecuada, lo que le llega al espectador es que es necesario tomar esos suplementos, cuando la realidad es que esto no es cierto y puede suponer un importante gasto”, señala un catedrático de Nutrición que prefiere no dar su nombre y quien considera especialmente grave que una entidad científica apoye de esta manera una determinada marca comercial “cuyas propiedades no son distintas a las de otras presentaciones”.

Cada bote de este producto -denominado Megared- cuesta unos 20 euros en la farmacia y contiene 20 unidades, por lo que sería necesario comprar más de uno al mes para cumplir con la recomendación de tomar una cápsula diaria.

José Luis Palma, vicepresidente de la FEC, ha reconocido a EL MUNDO que el anuncio, que es una iniciativa de la marca comercial con quien mantienen un acuerdo comercial, «se podría haber hecho de otra manera» ya que el mensaje que trasciende «se puede prestar a equívocos». Sin embargo, no cree que, a la postre, el anuncio resulte engañoso. «Se han publicado muchos estudios sesgados sobre el tema», ha afirmado. «Hay evidencias de que son beneficiosos y mucha experiencia que muestra que daño no hacen».

Por su parte, Leandro Plaza, presidente de la citada entidad, ha anunciado que “la FEC ya se ha puesto en contacto con la empresa anunciante para matizar el mensaje“.

El objetivo de la asociación, señala el cardiólogo, es “promover los hábitos cardiosaludables” y, en este caso, “debería haberse hecho distinción entre la información científica y la información comercial”.

“Que no piense nadie que le va a curar la enfermedad. Porque la enfermedad cardiovascular no se cura. La única manera de combatirla es la prevención”, concluye.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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ACAPARAMIENTO DE TIERRAS.

Por Francisco Mata Rabasa, médico, especializado en alimentación vegetariana.

Valencia, 26 de febrero de 2014.

En el Reino Unido de finales del siglo XVIII principios del XIX fueron muchas las personas que, tras escuchar las palabras de Ottobah Cugoano explicando la situación y el trato de los esclavos en las colonias inglesas del Caribe, así como por la acción política de William Wilberforce  en el parlamento británico en pro de la abolición de la esclavitud en todos los territorios bajo el dominio del R.U., se animaron a no consumir azúcar que hubiera sido producida por esclavos en el Caribe.

Dos siglos más tarde, una situación similar (tal vez no tan extrema pero si muy preocupante) se está dando en todo el mundo, principalmente en los países menos favorecidos económicamente. La campaña “TRAS LA MARCA”,  lanzada por OXFAM a nivel mundial, pone en evidencia dicha situación:

“Durante más de cien años, las empresas de alimentación y bebidas más poderosas se han servido de tierra y mano de obra baratas para elaborar productos a bajo coste y obtener enormes beneficios. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos beneficios se han generado a expensas del medio ambiente y del bienestar de comunidades de todo el mundo y han contribuido a la crisis del sistema alimentario.

Ninguna de las 10 grandes (empresas analizadas) dispone de políticas adecuadas para proteger a las comunidades locales del acaparamiento de tierras y de agua… y ninguna de ellas se ha comprometido a garantizar que reciban (los pequeños agricultores) un precio justo por sus productos.

Tras la marca forma parte de la campaña CRECE, cuyo objetivo es construir un sistema alimentario mejor que alimente de manera sostenible a una población creciente y que fortaleza a las personas que viven en la pobreza para que puedan ganarse la vida, alimentar a sus familias y progresar”.

Para poder percibir el significado de esta campaña, nada mejor que una imagen, como la del video divulgador de la noticia lanzado por OXFAM:

Acaparamiento de tierras

https://www.youtube.com/watch?v=GyqKOYtnbDo&feature=player_embedded

¿En qué consiste el acaparamiento de tierras?

Se trata del arrendamiento o compra de grandes extensiones de tierra por parte de grandes corporaciones que invierten en agricultura para producir alimentos y agrocombustibles, orientado principalmente a la exportación. Es un fenómeno difícil de localizar exactamente, pero que está teniendo lugar principalmente en países económicamente menos favorecidos (África, América latina, Sudeste asiático…), intentado presentar las inversiones como proyectos agrícolas de desarrollo que darán lugar a puestos de trabajo y riqueza, pero que en la mayoría de los casos supone desplazar a los agricultores y pastores originarios o los propietarios de sus tierras tradicionales, con su consecuente empobrecimiento y pérdida de recursos.

En general se acompaña de secretismo y de falta de transparencia, encontrándose detrás de ellos gobiernos locales, inversos privados o grandes fondos de inversión.

Es difícil resumir en una noticia breve una realidad tan compleja como es el acaparamiento de tierras y sus consecuencias, pero podría esclarecernos un poco una noticia reciente aparecida en el periódico mensual LE MONDE diplomatique, en español, de enero de 2014, en la que Maurice Lemoine, periodista y especialista de la situación política en América latina, nos describe la situación en Paraguay. “Campesinos expulsados de sus tierras. Paraguay, un país devorado por la soja:

Comunidades enteras migran a causa de los estragos que provoca la deforestación (para plantar soja)… El 60% de la soja se envía a Europa para alimentar ganado y producir biocarburantes… Desde 1989 se han registrado 116 casos de asesinatos o desapariciones de líderes o militantes de organizaciones campesinas… La gente tiene miedo, se alarma Victoria Sanabria (una campesina). No confiamos en la justicia ni en las instituciones que deberían proteger nuestros derechos (de los campesinos). Pensamos que el fondo del problema es nuestra tierra. … El poder llamado democrático se escandaliza y criminaliza, ante todo, a los movimientos sociales, para mayor provecho de los sojeros”.

En la revista “SOBERANIA ALIMENTARIA, Número 4: LA TIERRA QUE HEMOS DE CUIDAR” (http://revistasoberaniaalimentaria.files.wordpress.com/2010/08/sabc4.pdf) se destaca: “Hablamos de una concentración de la tierra en pocas manos, auspiciada por las multinacionales, algunos estados y los lobbies de la especulación, que ponen gravemente en riesgo la supervivencia de miles de millones de familias campesinas”. “La experiencia y la información disponible señalan que el acaparamiento de la tierra solo va a empeorar la crisis alimentaria”.

¿Cómo reaccionar para evitar el acaparamiento de tierras y sus consecuencias sociales? Reflexión para el cambio.

Ante este acaparamiento, las organizaciones campesinas y sociales se organizan para defender sus intereses y los de la sociedad en general (Declaración de la III Asamblea Internacional de Jóvenes de La Vía Campesina, 16 Julio 2013):

“…, con el fin de recuperar la dignidad de los campesinos y de la propia agricultura y de fomentar  un concepto completo  de soberanía alimentaria a través de la agroecología, nosotras y nosotros, jóvenes campesinos, seguiremos luchando contra: 

  • La agricultura industrial y el acaparamiento de tierras dirigido por las corporaciones transnacionales y los gobiernos nacionales y locales que destruyen los medios de vida y la herencia cultural campesina, y provocan el desplazamiento forzoso de la juventud campesina  de las áreas rurales. 
  • Todo tipo de tratados de libre Comercio (TLC’s)…
  • Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM’s) y las patentes sobre las semillas, especies y la diversidad biológica. 
  • La privatización de los bienes naturales como el territorio, la tierra, los bosques, y el agua que fuerza el desplazamiento de los campesinos y pueblo originarios poniendo en riesgo su sustento.
  • Pongan fin al acaparamiento y reconversión de tierras en nombre del desarrollo del modelo de la “Economía Verde” de la producción agro-alimentaria, de los agro-combustibles y del monocultivo, que son las causas estructurales del cambio climático y de la crisis energética. 
  • Cesen la criminalización de la protesta, la represión de los movimientos sociales, los asesinatos, exterminios de jóvenes campesinos y  que respeten los derechos humanos y a sus defensores, condenen la militarización que está empeorando las condiciones de vida de los pobres en nuestras regiones”.

Por otro lado, como personas y ciudadanos, podemos actuar desde lo personal. Para ello un primer paso es apostar por una gran reducción del consumo de alimentos de origen animal: carnes, lácteos, huevos de la ganadería industrial, así como pescados de acuicultura. No nos olvidemos que una gran parte de estos acaparamientos están detrás de la soja y el maíz que se utiliza en la cría de animales dentro de la ganadería industrial o la acuicultura. Una posibilidad para reducir la cantidad de alimentos animales utilizados sería que estos estén presentes en algunos platos como condimentos, para dar sabor, en pequeñas cantidades.

Por otro lado, la alimentación vegetariana es una opción interesante que reduce en gran medida este tipo de fenómenos negativos. En especial si los alimentos son producidos dentro de los principios de la agro-ecología y comprados en proximidad a agricultores locales. De este modo evitamos la desaparición de la agricultura local y reducimos el precio de dicho alimentos. Al mismo tiempo, comprando local pasamos a ser protagonistas del consumo de alimentos, rompiendo la dependencia de las grandes corporaciones y grandes cadenas de distribución y venta, como es el caso de los supermercados. Hoy en día son múltiples las ofertas en esta línea en los alrededores de cualquier ciudad o pueblo. Es tan solo darle prioridad y buscarlos. La alimentación vegetariana se basa en el consumo de verduras, frutas legumbres y cereales integrales. El paso más sencillo para iniciar el cambio es “veganizar” nuestros platos habituales, sustituyendo los alimentos de origen animal por legumbres y/o cereales.

Desde la industria de la alimentación se está intentando monopolizar las semillas y su producción a gran escala, intentándolo transformar en un negocio más de las grandes corporaciones, con el consecuente distanciamiento de sus productores tradicionales. Nos quieren hacer creer que esto es en beneficio de la mayoría de la población y de los países,  pero nada más lejos de la realidad. Es importante y urgente que tomemos conciencia de estos movimientos excluyentes y pasemos como ciudadanos a jugar un papel activo en la defensa de nuestra salud, nuestra economía, nuestra gente y de la sostenibilidad del planeta.

El primer paso: la información.
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