La salud debe ser la máxima prioridad de los urbanistas.

Dra. María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS.

Las ciudades albergan actualmente a más de la mitad de la población mundial, una proporción que puede aumentar hasta dos tercios en 2050.Vivimos en las ciudades para estar más cerca del empleo, las oportunidades de formación y de los servicios, y porque son lugares estupendos para la interacción social y el acceso a actividades culturales.

Cuando las ciudades se construyen mediante unos buenos principios de planificación, también pueden ser comunidades que promuevan la salud y el bienestar. Piense en las ciudades o en los barrios en los que le ha gustado especialmente vivir o que le ha resultado agradable visitar, y en cómo se sentía en ellos, en el aspecto que tenían o incluso en su olor.

Es muy probable que esas ciudades estuvieran llenas de gente y de vida; que tuvieran aceras amplias y carriles para bicicletas que se desplazaban fácilmente y con seguridad; que dispusieran de un sistema accesible de transporte público y que estuvieran llenas de parques y espacios verdes donde la gente de todas las edades hacía ejercicio.

Por desgracia, hoy en día hay ciudades en rápido crecimiento atestadas de tráfico pesado, rascacielos anónimos y barrios pobres y superpoblados, donde prolifera el ruido, la violencia y la alienación social. Todo ello afecta negativamente a nuestra salud física y psíquica y a nuestro bienestar.

Uno de los mejores indicadores globales de la salubridad de una ciudad es la calidad del aire. Eso es así porque los niveles de contaminación del aire suelen ser bajos en las ciudades bien planificadas que cuentan con buenos sistemas de transporte, calles transitables por peatones y amplios espacios verdes que purifican el aire. En cambio, se disparan en las zonas urbanas que priorizan el transporte rodado por encima de los peatones y los ciclistas y que crecen descontroladamente a base de sucesiones ininterrumpidas de grandes bloques grises de hormigón y asfalto.

Más del 80% de las ciudades del mundo superan los límites de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y más de la mitad de las ciudades que miden esta contaminación notifican niveles de calidad 3,5 veces superiores a dichos límites, o incluso más elevados.

La contaminación del aire mata de forma insidiosa. Cada año, tres millones de personas fallecen prematuramente debido a la contaminación del aire exterior, que es más intensa en las grandes ciudades de Asia, África y América Latina. Las causas de la mayoría de estas defunciones son el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, las enfermedades respiratorias y los distintos tipos de cáncer de pulmón. Estas enfermedades son algunas de las que causan más defunciones en la actualidad.

Las diminutas e invisibles partículas tóxicas de la contaminación penetran muy adentro en los pulmones y el torrente circulatorio, se acumulan en el organismo y pueden causar cáncer y enfermedades cardiovasculares. La OMS ha estimado que la contaminación del aire causa una de cada tres defunciones por accidente cerebrovascular, enfermedades respiratorias crónicas y los distintos tipos de cáncer de pulmón, así como una de cada cuatro defunciones por infarto de miocardio. La concentración de ozono a nivel del suelo, que es producto de la interacción de muchos contaminantes distintos con la luz solar, causa también enfermedades respiratorias crónicas y asma. Además, la propia luz solar puede ocasionar asma y enfermedades respiratorias crónicas.

La contaminación del aire es una de las principales amenazas a las que nos enfrentamos en la actualidad. Las máximas prioridades de la planificación urbana deben ser la salud y el bienestar. Si no actuamos ahora, la contaminación del aire ahogará nuestras ciudades y las convertirá en lugares donde será imposible vivir.

Debido a que la mayoría de las fuentes de contaminación del aire ambiente están fuera del control de las personas, debemos exigir a nuestros alcaldes y dirigentes locales que promuevan cambios y se comprometan decididamente a atajar este problema.

Las administraciones nacionales y locales deben aplicar políticas y realizar inversiones que promuevan el transporte no contaminante, la eficiencia energética en las viviendas, la generación de energía y una mejor gestión de los desechos municipales e industriales.

Pero también podemos promover cambios a nivel individual y en las comunidades. Por ejemplo, podemos ir a trabajar en transporte público o en bicicleta, si el tránsito es seguro; reciclar los desechos y compostar, y ahorrar agua y energía en casa y en la oficina. Hay iniciativas interesantes como el «pedibús», es decir, grupos de niños que van a pie al colegio acompañados de adultos para protegerlos del tránsito, o los huertos urbanos, que proporcionan alimentos saludables y la ocasión de realizar una actividad física e interactuar con otras personas.

Muchas de estas medidas de mejora de la higiene del ambiente también nos ayudan a realizar más actividad física y llevar una alimentación más saludable, lo cual reduce la obesidad y enfermedades como la diabetes y las cardiopatías.

Sabemos que cuando las ciudades toman medidas para reducir la contaminación del aire, consiguen progresos notables. Más de la mitad de las ciudades que controlan los niveles de contaminación del aire en los países de ingresos altos lograron reducciones del 5% entre 2008 y 2013.

Sin embargo, debemos actuar con mayor rapidez y urgencia, sobre todo en los países de ingresos medianos y bajos, donde no se han logrado avances tan claros y donde la calidad del aire está empeorando.

Necesitamos asegurarnos de que las personas saben cuáles son los niveles de contaminación del aire en su ciudad y de que son conscientes de sus efectos letales, porque es la forma más eficaz de que decidan actuar.

La OMS ha aunado sus fuerzas con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio en la campaña «BreatheLife», a fin de que los ciudadanos tengan acceso a esta información y de que las ciudades se movilicen para trabajar conjuntamente y conseguir, de aquí a 2030, que los niveles de calidad del aire sean seguros. Casi 40 ciudades, entre ellas Londres, Oslo, Santiago de Chile, Seúl, Singapur y San Antonio, se han unido a esta campaña, cuya red se está expandiendo continuamente.

En octubre del presente año, la OMS albergará en Ginebra la primera conferencia mundial sobre la contaminación del aire y la salud, a la que asistirán ministros, alcaldes, profesionales sanitarios, profesores universitarios, activistas e investigadores para intercambiar conocimientos y promover medidas para reducir la contaminación del aire y mejorar la salud a nivel mundial.

Necesitamos trabajar juntos para que nuestras ciudades sean lugares donde podamos llevar una vida más feliz y saludable.


Publicado originalmente por NewCities, una organización internacional sin ánimo de lucro cuyo objetivo es conseguir que las ciudades sean más integradoras, saludables y vibrantes y que estén más interconectadas

Fuente: OMS


Q.S.D. N.S.D.

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¿Qué pasa cuando el cerebro se contamina?

Por:

El escándalo de Volkswagen ha enfocado nuestra atención en las excesivas y mal reguladas emisiones tóxicas que expiden los autos, pero más alarmantes son los estudios científicos que muestran que éstas afectan no sólo nuestros sistemas cardiovasculares y respiratorios, sino también nuestros cerebros.

La BBC tuvo acceso a investigaciones de vanguardia que indican que laCONTAMINACIÓN contaminación puede incluso retardar el desarrollo del cerebro de los niños.

De hecho, la contaminación se ha convertido en el mayor riesgo medioambiental para la salud: causa 7 millones de muertes prematuras anuales a nivel mundial.

Pero lo más preocupante es que estudios recientes están mostrando que apenas estamos empezando a entender cuánto daño puede hacerle la polución a nuestros cuerpos.

“Hemos sabido desde hace tiempo que afecta nuestros pulmones y corazón -causando fallos cardíacos y afecciones pulmonares-, pero las asociaciones con el cerebro son más sorprendentes”, le dice a la BBC Frank Kelly, del departamento de Salud Ambiental de King’s College London.

“Al principio de la vida, hay niños con dificultades de aprendizaje, autismo y trastornos por déficit de atención, y al final de la vida hay adultos con problemas neurodegenerativos como demencia, Alzheimer y Parkinson”, añade.

3.000 niños

El Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de Barcelona, España, está en la vanguardia del estudio de los efectos de la contaminación en el cerebro.

En su más reciente estudio, midieron los niveles de polución en 39 escuelas primarias en la ciudad. Después, examinaron el desarrollo cognitivo de los 3.000 alumnos.

“Y lo que encontramos fue que los niveles de contaminación en los salones de clase y los corredores estaban relacionados con el desarrollo de las funciones cerebrales y también con los síntomas clínicos de problemas de conducta”, le explicó a la BBC Jordi Sunyer Deu, el director científico adjunto e investigador de CREAL.

A algunos de los niños les escanearon el cerebro usando imagen por resonancia magnética funcional (IRMf), y los resultados preliminares mostraron que los cerebros de los niños que están en áreas de polución alta responden más lentamente a los estímulos visuales y auditivos.

“La conclusión general de nuestro estudio y de todos los estudios es que la contaminación del aire está ralentizando la actividad de nuestras neuronas”, señaló Sunyer Deu.

Y, ¿cómo afecta a los adultos?

“Sabemos que esto está ocurriendo en la infancia, pero también tenemos varios estudios que muestran lo mismo en los adultos, en las últimas etapas de nuestra vida: la decadencia cognitiva se acelera debido a la polución atmosférica”, dice el investigador de CREAL.

¿Cómo llegan estas partículas tóxicas a nuestro cerebro?

Se han identificado tres vías potenciales.

  1. Aspiramos las partículas contaminantes y estas llegan a nuestros pulmones. Muchas son lo suficientemente pequeñas como para pasar directamente a nuestra sangre y circular hasta el cerebro.
  2. Los contaminantes mismos pueden no estar llegando al cerebro sino estar actuando como portadores de otras moléculas tóxicas que se difunden más fácilmente por nuestro torrente sanguíneo.
  3. Recientemente, los científicos han planteado otra posibilidad: que los contaminantes viajan directamente a través de la nariz al cerebro, por la vía del nervio olfativo, sin pasar del todo por el torrente sanguíneo.

Se piensa que cuando esas partículas llegan al cerebro, causan una inflamación que puede lesionar el tejido cerebral.

Desde el vientre

Con más de la mitad de la población del mundo viviendo en ciudades, éste es claramente un problema global.

Y es posible que el problema empiece antes de nacer.

“En las últimas décadas, hemos aprendido mucho sobre la vulnerabilidad del feto y nos hemos percatado de que la placenta no es una barrera tan perfecta como pensábamos”, le dijo a la BBC Frederica Perera, de la División de Salud Ambiental de la Universidad de Columbia, EE.UU.

“En nuestro estudio, en Nueva York, le hicimos seguimiento a mujeres embarazadas y sus hijos. Al examinar la relación entre la exposición prenatal a los contaminantes tóxicos, encontramos que la exposición alta estaba asociada a más problemas cognitivos y de conducta en los niños”, señaló.

El equipo hizo escáneres IMR para mostrar cómo la exposición a la polución atmosférica en el vientre afectaba el volumen del cerebro cuando cumplían 8 años de edad.

“Lo que descubrimos fue impresionante”, dijo Bradley Peterson, de la Universidad Southern California.

“Vimos reducciones directas de volumen, particularmente en el hemisferio izquierdo, no el derecho, del cerebro. El efecto era muy asimétrico”.

“Cuando revisamos debajo de la superficie del cerebro, encontramos menos sustancia o materia blanca”, agregó.

“Cuanto más marcada era la anomalía, mayores los problemas que estos niños tenían para procesar información. Además eran muy desatentos, impulsivos y agresivos. Tenían los síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad”.

“Es extremadamente inquietante: para mí, implica que la cantidad de polución a la que estamos expuestos está creando una pesadilla para la salud pública”, concluyó Peterson.

¿Cómo vamos a enfrentar este enorme problema?

“Sabemos que los niveles de contaminación se deben principalmente al tráfico la mayor parte del tiempo. Sabemos que el combustible diésel juega un rol protagónico en este caso, así que una de las soluciones obvias es hacerle frente inmediatamente a los problemas con los sistemas de transporte público en las ciudades”, opina Frank Kelly, de Kings College London.

“Por supuesto que tenemos que librar a las ciudades de los vehículos con esos motores contaminantes. Y para hacerlo, tenemos que cambiar la manera en la que nos transportamos; la movilidad de las ciudades tiene que transformarse”, declara Jordi Sunyer Deu de CREAL.

Es sorprendente cuán convencidos están los científicos que hablaron con la BBC de que la contaminación atmosférica está perjudicando nuestros cerebros, además de nuestros corazones y pulmones.

Pero el reto es formidable pues los autos y sus combustibles están entretejidos con la trama de nuestras ciudades y sus vidas cotidianas.

FUENTE: BBC

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¿Por qué cada vez más ciudades prohíben el poliestireno?

Nueva York es la ciudad más reciente en incorporase a la lista de ciudades en Estados Unidos que prohíbe el uso de envases desechables de poliestireno expandido (EPS, por sus siglas en inglés).

Con la entrada en vigor de esta normativa, ya son más de 70 las ciudades estadounidenses (Washington DC, San Francisco, Minneapolis, Portland y Seattle entre ellas) que prohíben su utilización, mientras que en varias ciudades del mundo como París o Toronto el tema es objeto de debate.POLIESTIRENO

¿Pero qué es exactamente y por qué este material -que en algunos países se conoce como telgopor, icopor o poliespan, por mencionar sólo algunos nombres- es tan criticado por los ambientalistas?

¿Qué es?

El poliestireno fue inventado por el científico estadounidense Otis Ray McIntire en 1941.

Para fabricarlo, hay que mezclar al vapor pequeñas cuentas del polímero poliestireno con productos químicos hasta que estas cuentas aumenten 50 veces su volumen original.

Una vez que estas bolitas se enfrían y se asientan, se colocan en un molde (puede ser un recipiente, un vaso) y se las vuelve a expandir con calor, hasta que el molde queda completo y se fusionan todas las pelotitas.

¿Por qué es tan malo para el medio ambiente?

Aunque las cantidades de poliestireno que se tiran a la basura son menores en comparación con las de plástico, los ambientalistas afirman que este material causa graves daños cuando ingresa en los ecosistemas marinos y contamina las aguas.

POLIESTIRENO Y PLÁSTICOSegún Douglas McCauley, profesor de Biología Marina de la Universidad de California, EE.UU., el poliestireno genera dos clases de problemas para los animales marinos: mecánicos y biológicos.

“El origen del problema mecánico es muy simple”, dice McCauley. “Con mucha frecuencia encontramos poliestireno en los intestinos y eso provoca bloqueos que pueden ser letales”, dice.

“Si piensas lo preocupante que puede ser un bloqueo leve por la ingestión de algo malo, imagínate lo que puede causar la ingestión de una bola entera de poliestireno extruido. Eso es lo que les pasa a algunos de los animales”, añade.

Desde un punto de vista químico, las propiedades absorbentes del poliestireno lo hacen aún más peligroso.

“Esencialmente, el poliestireno actúa como una pequeña esponja, recogiendo y concentrando algunos de los contaminantes más dañinos que hay en el océano”, señala McCauley.

“Luego, la ve una tortuga marina y se la come pensando que es una medusa”.

Y no es solo malo para los peces y los océanos. Puede ser nocivo para el ser humano también.

“Es muy preocupante que algunos de estos peces que se alimentan de plásticos acaben en nuestro plato”.

¿Por qué no se recicla?

Reciclarlo es muy difícil.

“No está demostrado que el reciclaje del poliestireno sea posible a gran escala y no se ha probado que exista un mercado para él”, explica Kathryn García, comisaria de Sanidad de la ciudad de Nueva York.

Debido al procedimiento químico que se emplea para convertir lasPOLIESTIRENO Y COLILLAS pelotitas de poliestireno en EPS es casi imposible transformar, por ejemplo, un plato de este material en un recipiente con otro formato.

“No puedes tomar un vaso (…) y moldearlo otra vez porque ya se ha expandido”, explica Joe Biernacki, profesor de ingeniería química de la Universidad Tecnológica de Tennessee. “Lo que hace falta son bolitas de poliestireno virgen”.

Actualmente se está investigando la posibilidad de desarmar el material en pelotitas a un costo asequible, pero hasta la fecha hay muy pocas maneras prácticas de reciclarlo.

Otro método que se ha puesto a prueba es el reciclaje térmico. En este proceso, el EPS reciclado se quema en incineradores municipales, lo cual genera dióxido de carbono y vapor de agua.

Esto lo convierte en un buen combustible para los programas que emplean calor para generar energía a partir de desechos.

Si bien esto puede ser una práctica efectiva para reutilizar el poliestireno, las desventajas son el costo de transportar el material -liviano pero voluminoso- hacia los centros de reciclaje.

¿Cuáles son las alternativas?

McDonalds dejó de usar EPS en 2013 y lo reemplazó con alternativas basadas en papel.

Los vasos de Dunkin Donuts están hechos de un compuesto más fácilmente reciclable: polipropileno. El problema de este compuesto es que es más caro.

Fuente: BBC Mundo

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La OMS calcula que las muertes y enfermedades por la contaminación del aire cuestan a Europa unos 1,4 billones de euros.

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha revelado que el coste económico de las cerca de 600.000 muertes prematuras y todas las enfermedades causadas por la contaminación atmosférica en Europa ascendería a unos 1,6 billones de dólares cada año, unos 1,4 billones de euros, una cifra equivalente a la décima parte del Producto Interior Bruto (PIB) de la región en 2013.

En España, según el informe, que utiliza datos de 2010 y 2012, el coste ascendería a unos 42.951 millones de dólares (unos 38.000 millones de euros), lo que representa el 2,8 por ciento del PIB.

El trabajo, el primero que analiza estos parámetros en Europa, ha sido presentado por la Oficina Regional de este organismo de Naciones Unidas para Europa y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con motivo de la reunión de alto nivel sobre salud y medio ambiente que se celebra esta semana en Haifa (Israel).

“La evidencia que tenemos debe servir a las autoridades como razón de peso para actuar. Si los diferentes agentes se unen para combatirlo, no sólo se salvarán vidas, sino que también se traducirá en cantidades sorprendentes de dinero”, ha defendido Zuszanna Jakab, directora regional de la OMS en Europa.

El informe recuerda que más del 90 por ciento de los ciudadanos europeos están expuestos a niveles de partículas finas en el aire superiores a las directrices de calidad del aire que fija la propia OMS, lo que se tradujo en 2012 en cerca de 482.000 muertes prematuras por cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

A ellas habría que sumar unas 117.200 muertes adicionales como consecuencia de la contaminación del aire interior, principalmente en países de bajos ingresos, donde la mortalidad relacionada con esta causa fue cinco veces mayor que en países más ricos.

Los autores del estudio calcularon que, sólo teniendo en cuenta estas muertes prematuras, el coste en Europa ascendería a unos 1.431.499 millones de dólares (unos 1,2 billones de euros). Sin embargo, a ello habría que sumar un 10 por ciento más de esta cantidad como consecuencia del coste de las enfermedades asociadas.

En virtud de estos cálculos, en al menos 10 países de los 53 que componen la región europea este coste superaría al 20 por ciento de su PIB nacional.

Los países del Este respiran un aire menos sano

Al país que sale más cara la contaminación de su aire sería Georgia, donde representa el 35,2 por ciento de su PIB, seguido de Rusia (33,5%), Bulgaria (29,5%) y Ucrania (26,7%).

En cambio, en los países nórdicos su impacto económico es mucho menor, ya que en Noruega apenas representa el 0,3 por ciento de su PIB, seguido de Finlandia (0,7%), Islandia (0,8%) o Suecia (0,9%).

“La reducción de la contaminación del aire se ha convertido en una prioridad política”, ha añadido Christian Friis Bach, secretario ejecutivo de la Comisión Económica de Naciones Unidades para Europa (CEPE).

De hecho, otro informe que presentarán de manera conjunta la OMS y la CEPE muestra cómo hasta uno de cada cuatro europeos cae enfermo o fallece de forma prematura como consecuencia de la contaminación ambiental. Además, los avances en temas clave como la mejora de la calidad del aire y el agua, la protección de los menores o la exposición a productos químicos han sido muy desiguales entre unos países y otros.

Fuente: médicos y pacientes

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Surcando océanos de plástico.

Por Javier Rico

El 70% de la basura que hay en los océanos son plásticos, en su

OCÉANOS DE PLÁSTICO Foto: CSIC

OCÉANOS DE PLÁSTICO
Foto: CSIC

inmensa mayoría procedente de tierra firme. Casi un millón de aves marinas y 100.000 tortugas y mamíferos marinos mueren cada año tras ingerir o enredarse con este tipo de residuos. Analizamos por qué decenas de acuerdos internacionales no logran detener la progresiva contaminación marina.

Hasta dieciocho acuerdos o convenios internacionales velan por la buena salud de los mares y océanos del planeta. Por poner ejemplos cercanos, España está concernida directamente por el Convenio para la Protección del Mar Mediterráneo contra la Contaminación (Convenio de Barcelona) y por el Convenio para la Protección del Medio Marino del Atlántico Nordeste (Convenio Ospar, acrónimo de las ciudades desde donde se impulsó: Oslo y París). Todos están englobados en el proyecto de Mares Regionales del Programa de las Naciones Unidas del Medio Ambiente (PNUMA), que, a su vez, tiene una iniciativa «paraguas» denominada Programa de Acción Mundial para la Protección del Medio Marino frente a las Actividades Realizadas en Tierra.

Hay más: la Organización Marítima Internacional (OMI), organismo que también depende de la ONU, impulsó el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación desde Buques (Convenio Marpol, acrónimo de polución marina), que regula el vertido de todo tipo de residuos sólidos, líquidos y gaseosos y que actualmente han suscrito 152 Estados.

A toda esta prolija sucesión de acuerdos internacionales de obligado cumplimiento por los países firmantes, se podría unir otra no menos prolija normativa que en cada país protege sus costas y mares. ¿Protege? A tenor de las conclusiones sacadas del XVI Foro sobre Mares Regionales y Planes de Acción que se celebró en Atenas a comienzos del mes de octubre bajo el auspicio precisamente del PNUMA, tanto esfuerzo legislativo no se corresponde con la situación real de la superficie marina. 

Mette Løyche Wilkie, directora de la División de Implementación de Política Ambiental del PNUMA, reconoce que «cada año se arrojan entre 10 y 20 millones de toneladas de residuos plásticos que constituyen una grave amenaza para la vida marina». Además del daño a la biodiversidad, Wilkie dio a conocer el coste económico anual que supone esta carga contaminante: 13.000 millones de dólares. Y solo hablamos del plástico y, advierten desde el PNUMA, con estimaciones conservadoras.

Labores de investigación y denuncia continua no faltan. El propio PNUMA, ONG especializadas en el medio marino y la National Academy of Sciences de Estados Unidos arrojan estudios en los que sostienen que el 80% de la basura procede de tierra firme, que entre el 60% y el 80% son plásticos y que cerca de un millón de aves marinas y 100.000 tortugas y mamíferos marinos mueren cada año tras ingerir o enredarse con este tipo de residuos.

Uno de los más ambiciosos proyectos de investigación sobre el estado de los mares tiene patente española. La expedición de circunnavegación Malaspina 2010, dirigida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e integrada por más de 400 científicos de todo el mundo, estudió el impacto del cambio global en el ecosistema del océano y exploró su biodiversidad. Los científicos tomaron cerca de 200.000 muestras de agua, plancton, partículas de la atmósfera y gases en 313 puntos de los océanos Índico, Pacífico y Atlántico, con profundidades de hasta 6.000 metros.

«Tres años después de que el buque Hespérides regresara a España culminando la vuelta al mundo de la expedición Malaspina, los científicos tienen una idea cada vez más clara sobre cómo funciona el océano global y cuál es su estado de salud. En concreto, la entrada de contaminantes procedentes de la atmósfera no se limita a las zonas costeras, sino que se produce también en las zonas más remotas del planeta y ya ha empezado a afectar al ecosistema oceánico». Así resumía el CSIC las primeras conclusiones previas a un congreso celebrado en Barcelona en septiembre de 2014 que ponía fin al proyecto.

Los plásticos también han estado presentes en las labores de investigación de la expedición, corroborando la presencia de grandes cantidades de fragmentos minúsculos en el giro del Atlántico Sur, una zona alejada de los continentes y donde la actividad industrial humana es casi inexistente. Los científicos temen que estos plásticos puedan llegar a interferir en la dinámica de las comunidades naturales marinas en esta zona. 

Pero el problema de los plásticos en el mar, como resaltan desde el CSIC, tiene «carácter planetario» y se asocia a términos populares como «islas de basura» o «islas de plástico». «Los investigadores han demostrado, a partir de las muestras recogidas a bordo, que existen cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto, que coinciden con los cinco grandes giros de circulación de agua superficial oceánica», se explica en la información derivada de la expedición.

Carlos Duarte, profesor de investigación del CSIC y coordinador del proyecto, aclara que «se trata de los giros subtropicales, las zonas centrales de los océanos que, a ambos lados del Ecuador (hay cinco porque no existe giro subtropical del Índico en el hemisferio Norte, al estar la zona ocupada por Asia), quedan aisladas de los grandes sistemas de corrientes que los rodean y que transportan los desechos plásticos flotantes a estas zonas; también se los conoce como los desiertos oceánicos». Un organismo denominado precisamente 5 Gyres Institute publicaba recientemente en la revista científica PLoS One un estudio que cuantifica en cinco billones los plásticos de todos los tamaños que flotan en los mares del planeta, con un peso aproximado de 270.000 toneladas.

La expedición Malaspina dará aún más que hablar, ya que faltan por publicar datos referidos a las muestras tomadas para caracterizar, «por primera vez a escala planetaria», la abundancia y el ciclo global de contaminantes orgánicos persistentes, incluyendo, entre otros, PCB, hidrocarburos policíclicos aromáticos, dioxinas, metales pesados y contaminantes fluorados. «Con estas muestras, será posible establecer las transferencias de estos compuestos de la atmósfera al agua del mar, su absorción por el plancton marino y su propagación en las cadenas tróficas del plancton oceánico», concluyen desde Malaspina.

El trabajo de esta expedición demuestra el variado cóctel tóxico que reciben las aguas marinas en todo el mundo. Oceana es una asociación volcada en el estudio y defensa de estos ecosistemas y que tiene en el punto de mira dos de los contaminantes más problemáticos estudiados por Malaspina: los hidrocarburos y el mercurio. El informe La otra cara de las mareas negras ya desvelaba que «la contaminación crónica por hidrocarburos producida por el lavado de tanques, vertido de aguas de sentinas y otros residuos oleosos supone un peligro, al menos, tres veces superior al representado por las mareas negras provocadas por los accidentes en buques petroleros».

Aves marinas, tortugas y cetáceos vuelven a ser las víctimas más evidentes de una cadena trófica afectada por este goteo continuo de vertidos. Oceana pone ejemplos: «en las aguas atlánticas de Canadá, el 62 % de las aves encontradas muertas en las playas procedían del vertido rutinario de hidrocarburos al mar; en la costa del Mar del Norte, entre el 37 % y el 46 % de las aves encontradas muertas habían sido petroleadas; un estudio sobre las tortugas capturadas en palangreros en el Mediterráneo central encontró muestras de contaminación por hidrocarburos y otras basuras flotantes en el 20 % de los especímenes muestreados».

El mercurio es uno de esos elementos químicos «viajeros» que por el aire o por vía acuática se trasladan desde puntos de emisión tierra adentro hasta el mar. En Oceana explican que «como se acumula en la flora y la fauna mediante un proceso llamado bioacumulación, los animales que se encuentran en lo alto de la cadena trófica son los que cuentan con más mercurio, como el atún y el pez espada».  Avalada por estudios científicos, en junio de 2011, la entonces Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomendaba que embarazadas y menores de tres años no consumieran pez espada, tiburón o atún rojo, y que los niños de 3 a 12 años no superasen los 50 gramos a la semana.

A pesar de la gran variedad de acuerdos, tratados y convenios que, respetados, deberían ayudar a pintar otro panorama de nuestros mares, sus aguas siguen «turbias». Ricardo Aguilar, director de Investigación y Proyectos de Oceana en Europa, señala que «no es por falta de legislación, sino por falta de aplicación». Y pone el ejemplo del vertido rutinario, por negligencia o intencionadamente, de hidrocarburos: «el 99 % no se persigue, es como en el caso de los incendios, que la mayoría quedan impunes». Aguilar recuerda el caso del último vertido sufrido en nuestras costas, en las de El Cabrón, en Gran Canaria: «algo falla cuando son los voluntarios los que dan la voz de alarma y los primeros en recoger las manchas de fuel y no se persigue inmediatamente el rastro del vertido; por supuesto, no se detuvo a nadie».

Del XVI Foro sobre Mares Regionales y Planes de Acción celebrado en Atenas salió el compromiso, uno más, de reforzar las políticas que frenen esta degradación. Confían en que la inclusión de la meta para «conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible», que forma parte de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible que tomarán el relevo a los Objetivos del Milenio, ayude en esa dirección.

Más información:

Regional Seas Conventions and Action Plans: 

www.unep.org/regionalseas/

Global Programme of Action for the Protection of the Marine Environment from Land-based Activities:

 www.gpa.unep.org/index.php/about-gpa

Expedición Malaspina del CSIC: www.csic.es/web/guest/malaspina-2010

Oceana: www.oceana.org

Fuente: ethic

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Cambio climático y salud humana.

Conferencia de la OMS sobre salud y clima: información de fondo.Health and Climate Conference

Las perturbaciones climáticas pueden poner en peligro la seguridad de la salud con fenómenos meteorológicos extremos y brotes de enfermedades infecciosas. La contaminación atmosférica aumenta la carga de las enfermedades no transmisibles. Si se presta una mayor atención a las medidas de salud pública preventivas, puede aligerarse la presión que recae sobre los servicios de salud y fomentarse un entorno más propicio para la consecución de la cobertura sanitaria universal.

Desde el 2008 la Organización Mundial de la Salud viene demostrando su capacidad de liderazgo en la concienciación de los peligros que supone el cambio climático para la salud. En concreto, la OMS facilita pruebas científicas y orientaciones técnicas y ha puesto en marcha métodos innovadores para proteger la salud frente a los riesgos climáticos

Es necesario impulsar un planteamiento más concreto y sistemático para la protección de la salud que esté encabezado por la comunidad sanitaria, en coordinación con otras partes interesadas.

Fuente: OMS

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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Tu barrio cuida de ti.

  • Vivir en zonas que invitan a caminar reduce la incidencia de diabetes y obesidad.

  • Cada vez más estudios demuestran la importancia del entorno físico en la salud humana.

Por: María Valero. > Madrid. 18/6/2014

Vivir en una zona urbana en la que es fácil salir a caminar, donde hay abundancia de comercios de barrio o se puede llevar a los niños al colegio andando o en bicicleta puede ser una buena receta para controlar la obesidad y la diabetes. Cada vez son más los estudios que demuestran la influencia del entorno urbano en nuestra salud y un nuevo trabajo presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Diabetes así lo ratifica.

Marisa Creatore y su equipo de epidemiólogos del Hospital St. Michael de Toronto (Canadá) acaban de presentar sus conclusiones en la reunión científica sobre diabetes que estos días se está celebrando en San Francisco (EEUU).

Entre otras cosas, tras analizar la cuestión durante años en varias áreas metropolitanas del sur de Ontario, Creatore y su equipo concluyen que los barrios más caminables se asocian con una reducción del 7% de la incidencia de diabetes al cabo de 10 años y una disminución de las tasas de obesidad de casi el 10% en el mismo periodo.

En contraposición, los barrios con menos facilidades para salir a caminar, la diabetes y la obesidad se incrementaron en el mismo periodo una tasa del 6% y el 13%, respectivamente.

Según han explicado en alguna ocasión, la definición de un barrio favorable al ejercicio físico integra elementos como la presencia de zonas verdes, escuelas, comercios locales (especialmente donde adquirir frutas, verduras y otros productos frescos), espacios públicos recreativos o centros de salud.

Además, como han explicado en su presentación en San Francisco, influyen otros factores como la interconectividad de las calles y la facilidad para encontrar ciertos servicios a una distancia que se pueda recorrer caminando. En su estudio, además, se tuvo en cuenta la salud de los participantes de inicio, para descartar que las personas más sanas tiendan a elegir para vivir barrios más sanos y eso hubiese podido influir en los resultados.

“El modo en que construimos nuestras ciudades importa en términos de salud”, ha señalado por su parte Gillian Booth, otro de los investigadores de este equipo. “Ésta es una pieza del puzzle en la que podemos intervenir. Como sociedad hemos desterrado la actividad física de nuestras vidas, mientras que cada oportunidad que tengamos para ir a la tienda de la esquina, llevar a los niños andando al colegio o sacar al perro a pasear puede estar influyendo en nuestro riesgo de desarrollar diabetes o sobrepeso”.

En el estudio que acaban de dar a conocer, los beneficios del entorno físico sólo se apreciaron en los grupos de edad más jóvenes, pero no en los mayores de 65 años, una cuestión a la que de momento no han dado una explicación.

Cada vez más investigaciones ahondan en esta relación entre la salud y el entorno físico en el que vivimos. Algunos estudios, por ejemplo, han demostrado que vivir cerca de áreas verdes mejora parámetros como la ansiedad, la calidad de sueño o la tasa de partos prematuros.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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