SEMINARIO sobre Comida Viva (Raw Food) y Meditación (22-5-2020)

¿Puedo preparar tartas, galletas, pasteles o bollería deliciosa y proteger mis dientes de la caries?

En nuestro próximo seminario, además de relajarte y descansar de la actividad del día, te contaremos cómo preparar una merienda infantil con la que disfrutar y cuidar la salud bucodental.

 

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SEMINARIO sobre Comida Viva (Raw Food) y Meditación (14-5-2020)

Raw Food by Dolores Cano-Coloma

Cuidar tu salud, siempre ha sido un tema importante pero ahora lo es más. Por eso desde la Red de Personas Promotoras de la Salud seguimos emitiendo Seminarios online. En el próximo, hablaremos de la influencia de la salud bucodental en la salud general.

Seguiremos profundizando en cómo adquirir y consolidar conocimientos y habilidades que te permitan mantener un buen equilibrio físico y emocional a través de la Comida Viva y las técnicas de concentración, relajación y meditación.

 

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SEMINARIO (7-5-2020)

En el seminario de ayer emitimos en directo la preparación de estas dos recetas:

“Raw Food by Dolores Cano-Coloma”

 

 


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SEMINARIO sobre Comida Viva (Raw Food) y Meditación (7-5-2020)

Desde la Red de Personas Promotoras de la Salud te invitamos a que te unas a nosotros en nuestro deseo de transmitir conocimientos que te permitan mantener un buen equilibrio físico y emocional. En nuestros seminarios podrás seguir profundizando en los diferentes aspectos de la Comida Viva y las técnicas de Concentración, Relajación y Meditación. Además, emitiremos en directo una meditación guiada y la preparación de diferentes recetas siguiendo los principios de la Comida Viva.

 

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SEMINARIO sobre Comida Viva (Raw Food) y Meditación (24-4-2020)

Desde la Red de Personas Promotoras de la Salud seguimos organizando seminarios. En este caso, el viernes 24 de abril ofrecemos un seminario “online” sobre COMIDA VIVA (RAW FOOD) Y MEDITACIÓN por su importancia para contribuir a mejorar la oxigenación celular, así como gestionar niveles mayores de estrés ante la situación creada por la pandemia de COVID-19.

 

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AÑADIR ESPECIAS AL ACEITE DE OLIVA.

Descubren que añadir especias al aceite vegetal disminuye la producción de sustancias perjudiciales para la salud.

Noticia publicada el

Investigadores de la Universidad Católica de Valencia (UCV) han descubierto en un reciente estudio que añadir especias a los aceites vegetales disminuye la producción de sustancias perjudiciales para la salud y prolonga su vida útil. El Grupo de Investigación UCV de Relación Estructura-Actividad de Compuestos Orgánicos ha publicado sus descubrimientos en las revistas científicas de alto impacto internacional Journal of Foods Composition and Analysis e International Journal of Food Science&Technology (Elsevier).

Con la finalidad de controlar el proceso oxidativo de aceites para que su tiempo útil sea mayor, la industria alimentaria utiliza antioxidantes sintéticos como el hidroxibutilanisol o el  hidroxibutiltolueno, entre otros; prohibidos en muchos países por sus posibles efectos tóxicos. Para evitar consecuencias no deseadas para la salud, causadas por la utilización de estos productos, la investigación de la UCV ha determinado qué componentes de los aceites contribuyen en mayor grado a resistir a la oxidación, así como una serie de hierbas y especias que mejoran dicha resistencia.

Se emplearon así en el estudio aditivos de origen natural con alto contenido en compuestos fenólicos de reconocida capacidad antioxidante, caracterizados por captar radicales libres indeseables en los procesos de oxidación. De entre hierbas y especias como el orégano, el jengibre o la pimienta negra, utilizadas en la investigación, el romero en polvo mostró el mayor potencial para proteger a los aceites vegetales de la oxidación.

Los resultados de este estudio –realizado en colaboración con el Instituto Rowett de la Universidad de Aberdeen (Escocia)- tienen, por tanto, “importantes aplicaciones domésticas”, según detalla la profesora de la UCV Gloria Castellano, que lidera el grupo de investigación responsable del descubrimiento: “Por ejemplo, la adición de una pequeña cantidad de polvo de romero a un aceite vegetal disminuye la producción de sustancias perjudiciales para la salud en el proceso de fritura. Además, estos aditivos naturales prolongan la vida útil de los aceites”.

“Cuando un aceite o grasa se somete a altas temperaturas, los ácidos grasos sufren procesos de oxidación que producen compuestos derivados potencialmente tóxicos como el malondialdehído, que se conoce por sus efectos perjudiciales para la salud y pueden conducir a generación de procesos cancerígenos, alzheimer, diabetes, problemas coronarios, y modificaciones en la microbiota intestinal”, ha explicado Castellano.

CONSEGUIR QUE SE SUSTITUYAN ANTIOXIDANTES SINTÉTICOS POR ADITIVOS NATURALES EN LOS PRODUCTOS ALIMENTICIOS CON ACEITES Y  GRASAS

Así, el Grupo de Investigación de Relación Estructura-Actividad de Compuestos Orgánicos va a seguir con la línea de investigación en torno a la estabilidad oxidativa de alimentos que contienen grasas y aceites “con el objeto de conseguir que los alimentos que se encuentran en el mercado, que contienen aceites y grasas, sustituyan antioxidantes sintéticos con efectos tóxicos, por productos naturales con alto contenido en compuestos fenólicos, que además de mejorar la estabilidad oxidativa, aporten beneficios para la salud”.

Por otro lado, en el análisis de la composición de ácidos grasos, carotenos, clorofila y compuestos fenólicos de 22 aceites vegetales y grasas diferentes, el grupo de investigación de la UCV se comprobó que el aceite de oliva virgen es el más adecuado en los procesos de fritura en contraposición a los de girasol, sésamo y coco.

Gracias al análisis realizado se ha podido clasificar los aceites en tres grupos: con alto contenido en ácidos grasos saturados, con alto contenido en ácidos monoinsaturados -como el aceite de oliva o el de girasol alto oleico-, y con alto contenido en ácidos poliinsaturados (aceites de semillas).

Esta investigación, que ha generado la primera tesis doctoral defendida por Lucía Redondo en el marco del Programa de Doctorado de Ciencias de la Vida y del Medio Ambiente de la UCV, tendrá su continuidad en el futuro.

FUENTE: Universidad Católica de Valencia


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Reducir el consumo de carne y cambiar su cocinado, podría disminuir el riesgo de cáncer de mama.

Un nuevo estudio del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) revela que la cantidad de carne consumida y determinados hábitos de cocinado de la misma se relacionan con el riesgo de padecer cáncer de mama. La investigación, integrada en el proyecto MCC-Spain, refuerza la idea de que la dieta es un factor de riesgo que puede modificarse para mejorar la prevención del cáncer de mama.

 El riesgo de padecer cáncer de mama podría reducirse si se disminuye el consumo de carne roja, especialmente la muy hecha o la guisada, y carne procesada y curada. Se trata de una nueva evidencia científica descubierta por investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III. El estudio, liderado por Elena Boldo y Marina Pollán, ha sido publicado recientemente en la prestigiosa revista científica Maturitas.

MCC-Spain, cómo influyen los factores ambientales en tumores frecuentes

Una de cada ocho mujeres padecerá cáncer de mama a lo largo de su vida. Esta cifra lo convierte en el tumor más frecuente en las mujeres y, en el caso de España, representa el 28% de todos los tumores del sexo femenino. La prevención y el diagnóstico precoz son las mejores herramientas para luchar contra esta enfermedad. En cuanto a la prevención, se conoce que el riesgo de sufrir este tipo de cáncer se puede reducir realizando ejercicio físico de forma regular, evitando el sobrepeso y la obesidad tras la menopausia y el consumo habitual de alcohol. Hasta el momento, el papel que juega la dieta no está claramente determinado en relación con el cáncer de mama, por lo que nuevas investigaciones en este campo pueden servir para orientar una mejor prevención.  

El proyecto MCC-Spain, impulsado por el CIBERESP y del que forma parte este reciente estudio, cuenta con la colaboración de investigadores de 11 comunidades autónomas españolas y busca aportar nueva información sobre factores de riesgo y posibles estrategias de prevención. En esta investigación,  participaron 1006 mujeres con cáncer de mama y 1370 mujeres sanas de diez provincias españolas. Con la información aportada altruistamente por todas estas mujeres, se ha explorado la relación entre el riesgo de tener este tumor y el consumo de carne, considerando no solo la cantidad sino también las prácticas de su cocinado.  El análisis se realizó considerando el estado menopáusico (pre y postmenopausia) y la biología de la célula tumoral (tumores hormonales, HER2 positivos y triple negativos).

Por un lado, se estudió el consumo total de carne blanca (pollo, pavo, pato, conejo), carne roja (vaca, ternera, cerdo, cordero, hamburguesas y albóndigas de cerdo o ternera, hígado de ternera, cerdo o pollo y otros despojos), carne procesada o curada (carne sometida a alguna forma de conservación, incluyendo salchichas, perritos calientes, paté, foie gras y embutidos -jamón cocido, jamón serrano, chorizo, fuet, salchichón, butifarra, mortadela, botillo, cecina, etc.-) y la cantidad total de todas las carnes antes nombradas.  Por otra parte, se analizó el punto de cocción de la carne (poco hecho, hecho o en su punto y muy hecho). Finalmente, se valoraron los métodos de cocinado de la carne (plancha o barbacoa, frito o rebozado, guisado, horno y otros métodos).

El riesgo de cáncer de mama aumenta para aquellas mujeres postmenopáusicas que consumen más cantidad de cualquier tipo de carne (a partir de 51 g de carne por 1000 kcal y día), de carne roja (a partir de 25 g por 1000 kcal y día) y de carne procesada o curada (a partir de 14 g por 1000 kcal y día). La relación es particularmente importante en el caso de los tumores triple negativos y la carne procesada o curada, donde el riesgo es de más del doble de desarrollar este tipo de cáncer.  La cantidad de carne blanca o el punto de su cocción no se ha relacionado con este tumor.  En cambio, la carne roja debería consumirse poco hecha, dado que un mayor cocinado incrementa el riesgo de cáncer de mama. Finalmente, en relación con los métodos de cocinado, el análisis detectó un mayor riesgo por el consumo de carne roja guisada, sobre todo para los tumores hormonales.

Los resultados de este estudio confirman la necesidad de transmitir a la población que se debe reducir el consumo de carne, en concreto de la roja y la procesada y curada. Este consejo va en la línea de la recomendación ya realizada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer en 2015, tras declarar la carne procesada y curada como cancerígena y la carne roja como probable cancerígena para humanos.
Los investigadores del proyecto MCC-Spain agradecen la generosa participación de todos los participantes de este estudio, más de 10.000 personas, sin los cuales sería imposible el avance del conocimiento científico que revierte en la mejora de la salud de todos.

Artículo de referencia:
Boldo E, Castelló A, Aragonés N, Amiano P, Pérez-Gómez B, Castaño-Vinyals G, Martín V, Guevara M, Urtiaga C, Dierssen-Sotos T, Fernández-Tardón G, Moreno V, Solans M, Peiró R, Capelo R, Gómez-Acebo I, Castilla J, Molina AJ, Castells X,  Altzibar JM, Lope V, Kogevinas M, Romieu I, Pollán M on behalf of MCC-Spain researchers. Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study. Maturitas. 110 (2018): 62-70. doi: doi.org/10.1016/j.maturitas.2018.01.020

http://www.maturitas.org/article/S0378-5122(17)30877-0/fulltext

Fuente: Instituto de Salud Carlos III


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El ámbito educativo no basta para prevenir la obesidad infantil.

Investigadores de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, llegan a esta conclusión tras evaluar los programas de hábitos saludables implantados en 54 escuelas primarias estatales de la región West Midlands.

Un estudio de la Universidad de Birmingham, Reino Unido, ha constatado que las intervenciones en el ámbito educativo centradas en promover hábitos saludables no son por sí mismas efectivas en la lucha contra la obesidad infantil. La conclusión, que publica la revista British Medical Journal, se sigue de la evaluación de los programas de hábitos saludables impulsados en 54 escuelas primarias estatales de la región West Midlands.

El estudio, financiado por el Instituto Nacional de Investigación Sanitaria de Reino Unido (NIHR, en sus siglas en inglés), analizó la eficacia clínica y económica de varios programas de actividades diseñados para ayudar a niños de 6 y 7 años a mantener su peso en un nivel saludable, mediante una alimentación saludable y la actividad física.

Los programas evaluados se aplicaron durante 12 meses y constaban de sesiones adicionales de actividad física de 30 minutos al día, y un plan de habilidades interactivas de 6 semanas con un club de fútbol. También se enviaban correos electrónicos a los padres con propuestas para fomentar la actividad física en la familia y se impartían talleres de cocina saludable al término del horario escolar.

En el estudio participaron casi 1.500 alumnos y en todos ellos se monitorizó el peso, la altura, el porcentaje de grasa corporal, el perímetro abdominal, el grosor del pliegue cutáneo y la presión arterial, tanto al inicio como al final de la prueba.

También utilizaron un monitor de actividad durante cinco días, registraron su ingesta de alimentos y se realizaron diferentes evaluaciones para medir la percepción de su calidad de vida y de su imagen corporal, repitiéndolas 15 y 30 meses después y comparando los resultados con los alumnos que no participaron en estos programas.

“Nuestra investigación, combinada con una evidencia más amplia, sugiere que las escuelas no pueden liderar la agenda de prevención de la obesidad infantil”, ha destacado Peymané Adab, uno de los autores del estudio, en el que urgen una mayor implicación de familia, industria alimentaria y medios de comunicación.

Fuente: Jano.es


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Beneficios de una dieta rica en aceite de oliva virgen extra en la microbiota intestinal.

Investigadores de la Universidad de Jaén han demostrado en ratones los beneficios de una dieta rica en aceite de oliva virgen extra como modulador de la microbiota intestinal, en comparación con los efectos de una dieta enriquecida en mantequilla, que desarrolla en mayor medida factores implicados en el síndrome metabólico. Los resultados han sido publicados en la revista Plos One.

Científicos de la Universidad de Jaén (UJA) han demostrado los beneficios de una dieta rica en aceite de oliva virgen extra (AOVE) como modulador de la microbiota intestinal, en comparación con los efectos de una dieta enriquecida en mantequilla, que desarrolla en mayor medida factores implicados en el síndrome metabólico.

El estudio, realizado en ratones y publicado en la revista Plos One, surge del trabajo previo en torno a la comparación del aceite de oliva y otras grasas para analizar su papel diferencial en el desarrollo de obesidad e hipertensión, dos de los factores ligados al síndrome metabólico.

“En nuestros estudios anteriores las diferencias más marcadas con el AOVE –una grasa de origen vegetal, monoinsaturada y con un elevado nivel de polifenoles– las presentó la mantequilla –una grasa saturada de origen animal que contiene colesterol–”, argumenta como principal razón para elegir la mantequilla Isabel Prieto, responsable del grupo Neuroendocrinología y Nutrición de la UJA.

Además, como apunta Magdalena Martínez Cañamero, otra de las autoras, “existe la cuestión social añadida de los tipos de patologías presentes en Centroeuropa, donde la mantequilla ha sido la grasa utilizada por antonomasia para cocinar, y en la zona mediterránea, donde se ha usado habitualmente el AOVE para ese fin”.

“Hasta el momento no se pensaba que el aceite de oliva pudiera tener un efecto distinto al de otras grasas sobre la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que residen en el intestino”, explica Magdalena Martínez Cañamero. En ese sentido, señala que “desde la perspectiva de la nutrición y la fisiología esto es relevante porque la idea generalizada era que las dietas altas en cualquier tipo de grasa eran malas para la microbiota intestinal”.

La muestra de ratones se dividió en tres grupos, dos de ellos se alimentaron con una dieta enriquecida en AOVE o una dieta enriquecida en mantequilla (grupos con dietas altas en grasa) y el tercero alimentado con una dieta estándar para animales de laboratorio. De cada uno de los animales se obtuvieron datos de las bacterias presentes en sus intestinos. Los perfiles de la microbiota intestinal se relacionaron con los distintos parámetros fisiológicos utilizados como indicadores del desarrollo de síndrome metabólico.

Cambios microbianos

Los resultados sugieren que la mantequilla aumenta el número de proteobacterias intestinales, y esto se relaciona con un aumento de la insulina en sangre y la presión arterial, parámetros fisiológicos ligados al desarrollo del síndrome metabólico. Con el AOVE, pese a ser una dieta alta en grasa, no se produjeron estos cambios microbianos y se detectó un menor incremento en el peso corporal y la presión arterial, junto a un mejor perfil de lípidos en sangre.

“Hemos confirmado que la mantequilla se comporta como las dietas altas en grasa que tradicionalmente se han considerado perjudiciales para la microbiota intestinal, mientras que el AOVE no se comporta de igual manera”, incide Martínez Cañamero. “Por primera vez se observa que hay determinados grupos bacterianos que aumentan en estas dietas. Una dieta enriquecida en mantequilla favorecería su aparición, mientras que una dieta rica en AOVE o la dieta estándar, en general, no lo harían”, comenta.

Por su parte, Isabel Prieto concluye que “este hallazgo es muy importante porque no se le da a la dieta la importancia que tiene como moduladora de la microbiota intestinal, ya que a través de nuestra alimentación podemos modificarla para que tenga un impacto positivo sobre nuestra salud”. 

Referencia bibliográfica:

Isabel Prieto, Marina Hidalgo, Ana Belén Segarra, Ana María Martínez-Rodríguez, Antonio Cobo, Manuel Ramírez, Hikmate Abriouel, Antonio Gálvez, Magdalena Martínez-Cañamero. Influence of a diet enriched with virgin olive oil or butter on mouse gut microbiota and its correlation to physiological and biochemical parameters related to metabolic syndrome. Plos One, 2 de enero de 2018. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0190368

Fuente: Agencia SINC


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Comida sana, niños felices.

Un estudio relaciona la alimentación con el bienestar infantil.

Una dieta saludable se asocia con una mejor autoestima y menos problemas emocionales en los menores, independientemente de su peso. Así concluye un nuevo estudio realizado en ocho países, entre ellos España, que también recoge datos a la inversa: la autoestima se vincula con pautas que restringen el consumo de azúcares y grasas, y fomentan el de pescados y verduras.

<p>El consumo recomendado de frutas, verduras, azúcar y grasa se relaciona con el bienestar infantil. / <a href="https://pixabay.com/es/sand%C3%ADa-verano-ni%C3%B1a-comiendo-sand%C3%ADa-846357/" target="_blank">Pixabay</a></p>

El consumo recomendado de frutas, verduras, azúcar y grasa se relaciona con el bienestar infantil. / Pixabay

Tener pocos amigos o ser objeto de burlas son algunos de los problemas emocionales que sufren cada día muchos niños y niñas. Ahora, un estudio publicado en la revista BMC Public Health vincula estos aspectos con la alimentación.

El trabajo asocia la ingesta de productos saludables con una mejor autoestima y menos trastornos emocionales en los menores, independientemente del peso corporal. De la misma forma, una mejor autoestima se relaciona con una mejor adherencia a las pautas de alimentación sana.

“Una dieta saludable puede mejorar el bienestar de los niños”, explica Louise Arvidsson, una de las autoras de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). “En los pequeños hay una asociación entre el cumplimiento de las pautas dietéticas saludables y un mejor bienestar psicológico –lo que incluye menos problemas emocionales, mejores relaciones con otros niños y una mayor autoestima– dos años después”.

Tras examinar a 7.675 niños de dos a nueve años de ocho países europeos (Bélgica, Chipre, Estonia, Alemania, Hungría, España y Suecia), los investigadores encontraron que una puntuación mayor en un índice de adherencia alimentaria saludable (HDAS) al inicio del estudio estaba asociado con una mejor autoestima y menos problemas emocionales y con sus semejantes un par de años después.

Además, las asociaciones entre HDAS y el bienestar fueron similares para los niños que tenían un peso normal y los que sufrían sobrepeso. “Fue sorprendente descubrir que la asociación entre la dieta inicial y un mayor bienestar dos años después era independiente de la posición socioeconómica de los niños y su peso corporal”, añade Arvidsson.

El HDAS tiene como objetivo capturar el cumplimiento de las pautas dietéticas saludables, que incluyen limitar la ingesta de azúcares refinados, reducir las grasas y comer frutas y verduras. Un HDAS más alto indica una mejor adherencia a las recomendaciones, es decir, una alimentación más saludable. Las pautas son comunes a los ocho países incluidos en este estudio.

Más pescado y verduras

Los autores utilizaron datos de un estudio prospectivo de cohortes que pretende comprender cómo prevenir el sobrepeso en los niños y al mismo tiempo considerar los múltiples factores que contribuyen a ello.

Al comienzo del período de estudio, se les pidió a los padres que informaran con qué frecuencia por semana sus hijos consumían alimentos de una lista de 43 artículos. Dependiendo de su consumo de estos alimentos, a los niños se les asignó una puntuación HDAS.

El bienestar psicosocial se evaluó en función de la autoestima, las relaciones con los padres, los problemas emocionales y con los compañeros. También se midieron la altura y el peso de los niños. Todos los cuestionarios se repitieron dos años después.

El estudio es el primero en analizar los componentes individuales incluidos en el HDAS y sus asociaciones con el bienestar de los niños. Los autores encontraron que la ingesta de pescado de acuerdo con las directrices (2-3 veces por semana) se asoció con una mejor autoestima y con una ausencia de problemas emocionales y entre compañeros. La ingesta de productos integrales se asoció con una falta de conflictos entre iguales.

Las asociaciones iban en ambas direcciones, es decir, un mejor bienestar se relaciona con el consumo recomendado de frutas, verduras, azúcar y grasa; una mejor autoestima se asocia con la ingesta de azúcar de acuerdo con las directrices; las buenas relaciones con los padres con el consumo de frutas y verduras ponderado; menos problemas emocionales con la toma de grasa aceptable; y menos problemas con los compañeros se asocian con el consumo de frutas y verduras saludable.

Los resultados deben confirmarse

Los autores advierten que los niños con mala alimentación y bajo bienestar eran más propensos a abandonar los estudios y, por tanto, estaban subrepresentados en el seguimiento a dos años, lo que complica las conclusiones acerca de las verdaderas tasas de mala alimentación y bajo bienestar.

Es más, como el estudio es observacional y se basa en datos facilitados por los padres, no es posible extraer conclusiones sobre la causa y el efecto. “Estas asociaciones deben confirmarse en estudios experimentales que tengan en cuenta a los niños con diagnóstico clínico de depresión, ansiedad u otros trastornos del comportamiento, en lugar del bienestar informado por los padres”, concluye Arvidsson.

Referencia bibliográfica:

Arvidsson et al.: Bidirectional associations between psychosocial well-being and adherence to healthy dietary guidelines in European children: prospective findings from the IDEFICS study. BMC Public Health 2017 DOI: 10.1186/s12889-017-4920-5

Fuente: Agencia SINC


Q.S.D. N.S.D.

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