SLOW MEDICINE.

Por: Ángel Escudero Villanueva, Coordinador Médico de la Unidad de Medicina Psicosomática. Hospital Quirón Valencia

Cuando en 1986 el periodista Carlo Petri vio cómo abrían en la Piazza di Spagna de Roma un establecimiento de una conocida cadena de Fast Food, comprendió los cambios poco saludables que se producirían en los hábitos alimienticios de los europeos. En respuesta al concepto de Fast Food, creó lo que se convertiría en el movimiento Slow Food.

El movimiento Slow busca que cada persona se pare a reflexionar cómo puede recuperar la conexión con ella misma, con las personas de su entorno y con el medio ambiente así como recuperar el equilibrio y la armonía.

En oposición al Fast Food, el movimiento Slow Food promueve el consumo de los productos locales de cultivo respetuoso con el medio ambiente y las comidas tradicionales.

El espíritu Slow no implica ir lento. En ocasiones deberemos tomar decisiones y actuar con rapidez, pero debemos entrenarnos para hacerlo sin perder la paz interior, manteniendo la mente concentrada y en calma.

La filosofía de este movimiento pronto se extendió a otros ámbitos como el sexo, el trabajo, la educación, el ocio o la salud…

SLOW MEDICINESLOW MEDICINE

Si aplicamos los principios del movimiento Slow a la Medicina, obtenemos una práctica basada en la escucha respetuosa y atenta hacia nuestros pacientes que nos invita a una profunda reflexión para, no solo tratar enfermedades, sino atender personas. Nos lleva a reconocer que los problemas de salud necesitan, no una mágica y rápida solución farmacológica, si no además, un cambio en los hábitos de vida de nuestros pacientes. Debemos ser conscientes de que necesitamos ir más allá de la lucha contra las enfermedades y buscar el bienestar y la felicidad de las personas desmedicalizando la sociedad. Será necesario utilizar las nuevas tecnologías para ayudar a las personas a adquirir hábitos de vida saludables y que tomen el control sobre su salud. Y deberemos integrar los avances científicos y tecnológicos con una asistencia basada en el Humanismo Médico.

Slow Medicine es la opción sostenible, ecológica, creativa y humanizada.

Podéis ampliar la información en:

50studies.com/slow-medicine

movimientoslow.com

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Asher e Illich para replantearnos una sociedad excesivamente medicalizada y tecnificada.

Por: Sergio García Vicente y Ángel Escudero Villanueva

Fuente: http://www.iguali.com/2011/12/13/asher-e-illich-para-replantearnos-una-sociedad-excesivamente-medicalizada-y-tecnificada/

Richard Asher, excelente profesional inglés que describió entre otros trabajos, el síndrome de Münchausen, decía que “es mejor creer en un disparate terapéutico que admitir la inutilidad de un tratamiento”. Esto es: a mayor credulidad y entusiasmo del médico hacia su tratamiento así como, la fe del paciente que lo recibe, mejores resultados obtendrán sus pacientes.

Se reavivaron en nuestra memoria estas palabras de Asher tras la lectura del artículo titulado “Las “no enfermedades” y la medicalización”, publicado por Ignacio Pérez Ciordia en el número de octubre de 2011 de la revista Jano (2011; 00:73-6, nº 1.775).

Queremos destacar algunos párrafos de su artículo por su genialidad y utilidad para el lector:

  • En los países desarrollados, la obsesión por una salud perfecta se ha convertido en el factor patógeno predominante. Esta frase escrita por Illich hace más de 25 años, persiste en toda su valía.”

  • La no enfermedad se define como un problema humano catalogado desde alguna instancia como una condición médica para la que se obtendrían mejores resultados si no fuera considerada y tratada así. Y esto requiere aceptar que no todo sufrimiento es una enfermedad.”

  • La medicalización de las no enfermedades, la medicalización de los fenómenos sociales (vejez, soledad, infelicidad, etc.), la práctica medicalización de la sociedad en su conjunto es el eslabón final de esta cadena.”

  • “La relación médico-paciente basada en una situación de confianza y respeto mutuo, con la participación del propio paciente en la toma de una decisión final, es un factor que puede conllevar la desmedicalización.”

  • “Tratar a personas sanas con medicamentos caros, que tienen efectos secundarios y que en realidad no necesitan, es uno de los efectos perversos de la medicina institucionalizada, además de un grave problema de salud pública.”

  • La enfermedad ha pasado de ser considerada un fenómeno social –en el sentido de que cada cultura genera dolencias y males específicos- a convertirse en un proceso industrial, en el sentido de que son las empresas farmacéuticas y algunos grupos de interés, respaldadas por grupos de pacientes, quienes inventan las dolencias.”

  • La amplia medicalización contribuye decisivamente a que los sistemas sanitarios ya no sean sostenibles.”

  • Ya va siendo hora de llevar a cabo una verdadera desmedicalización. Los objetivos de la política sanitaria corren el peligro de quedar subordinados a los objetivos de la industria farmacéutica.”

  • No se trata de quitar importancia a las enfermedades reales. Únicamente es necesario aportar una buena dosis de serenidad y, por supuesto, también hay médicos que la recetan.” 

La referencia inicial parte del libro “La némesis médica”, de Ivan Illich, excelente libro que sería muy recomendable leer (si excluimos sesgos ideológicos del autor), al menos a los bienaventurados estudiantes de cualquier disciplina de las ciencias de la salud en sus principios para que como mínimo puedan replantearse determinadas “verdades” dictadas por opiniones autorizadas, libros de referencia e incluso algunos docentes y, se encuentren espiritualmente en alerta ante excesos en los que puedan caer con su práctica futura, esto es, manteniendo la humildad como constante en su vida, personal y profesional, de cara a los mejores cuidados y tratamientos para la sociedad.

La Diosa Némesis en la mitología griega, representa a la justicia retributiva, la venganza y la fortuna: castigaba a aquellos que no obedecían a las personas que tenían derecho de mandarlas, esto es y especialmente, a los hijos “desobedientes”. En el caso de los profesionales médicos se vengaría de aquellos que toman los atributos de “dioses” y, tratan, prescribiendo, interviniendo…, sin recapacitar sobre los efectos adversos que pueden provocar o, si incluyen a un paciente en un ensayo clínico sin su consentimiento, por ejemplo. De la misma forma, también castigaría a aquellos pacientes que rechazan y no obedecen las prescripciones sanitarias para sanar y disfrutar tanto de su bienestar individual como del sociofamiliar en el que se sitúen.

La atención holística, tan descuidada sobre todo por una gran parte de la clase médica, debería ocupar la agenda incluso de los decisores políticos y directivos, dejando de manosear de esta forma la tan consabida “coordinación” del paciente, contemplándolo a cada uno de ellos como un todo, individual y, social.

No profundizaremos sobre este libro, pero en el mismo intenta (permítannos hablar en tiempo presente, pues el libro… ¡es tan actual!) poner de manifiesto los efectos nocivos de la cultura de la medicina “industrializada” y que son inherentes a su propio ejercicio e, inevitables, son como una venganza divina y por ello, habla del “síndrome de la némesis médica”. Illich razona sobre las extralimitaciones de la medicina: “produce daños clínicos superiores a sus beneficios”; “enmascara las condiciones políticas que minan la salud de la sociedad” y, expropia “el poder del individuo para curarse a sí mismo y para modelar su ambiente”. Pensemos en la “hipermedicalización”, los tratamientos quirúrgicos superfluos, numerosos tratamientos estéticos…

En esta época socioeconómica actual, con la educación, promoción y autocuidado de la salud, no se trataría tanto de una “reducción del gasto”, sino de devolver el poder de la salud al individuo y a la comunidad, y a que utilice el sistema sanitario cuando realmente sea necesario, evitando así tanto situaciones de “hiperfrecuentación” o síndromes conocidos como el de Münchausen a otras como de “no consulta” durante su ciclo vital, si fuera el caso.

René Dubos, reconocido microbiólogo estadounidense del siglo XX, ya escribía sobre lo erróneo de la extendida convicción de que puede comprarse la salud: “La medicina es una de las formas supremas de la filosofía social y está obligada a ver más allá del paciente, considerar a la humanidad como un todo y prever las consecuencias de sus acciones a largo plazo”.

Pensemos y actuemos en consecuencia sobre todo ello, ahora que podemos y debemos plantearnos como profesionales sanitarios y de cualquier otra índole (por la época de “evitación de excesos y de reducciones” y a pesar de aquellos pacientes “excesivos” en las consultas… ¿acaso representan la mayoría de los ciudadanos u, ocupan casi toda la agenda de actividad?), actuaciones adecuadas tanto a nivel individual como social, considerando incluso los costes de cada acción, que debe estar refrendado tanto por el conocimiento y la experiencia (propia) como con la decisión (compartida) con el paciente así como con áreas como la evidencia científica, la gestión clínica y otras parcelas de la atención sanitaria.

Nos encontramos ante una sociedad excesivamente medicalizada y tecnificada, seguramente pensemos que estamos en el techo de la misma. ¿No tiene sentido entonces, retroceder, con transparencia, responsabilidad, sinceridad y sobre todo, con sentido común y coherencia?

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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