Cómo la dieta mediterránea puede ser más efectiva que las estatinas para los enfermos del corazón.

Sabíamos que comer sano es saludable, ¿pero tanto como para que los médicos, antes de recetar remedios, deban considerar cambios en la dieta como tratamiento para enfermos de corazón?

¿Tanto como para que los servicios de salud subsidien frutas y verduras?

Sí. O al menos es la conclusión de un reciente estudio sobre la dieta mediterránea según el cual puede ser más efectiva en algunos casos que los medicamentos para reducir el riesgo de muerte temprana en enfermos del corazón.

Se trata del primer trabajo extenso que estudia el impacto de la dieta mediterránea en la supervivencia de pacientes con problemas cardíacos.

La dieta mediterránea redujo el riesgo de muerte temprana en 37%, según el estudio.

Investigaciones anteriores, determinaron que tomar sólo estatinas, medicamentos recetados a millones de personas en el mundo para reducir el colesterol, disminuye el mismo riesgo en 18%.

El estudio evaluó durante siete años a 1.200 pacientes del corazón en Italia que llevaron registros de sus hábitos de alimentación. Durante los siete años hubo 208 muertes.

La nueva investigación fue presentada en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, considerado el mayor del mundo sobre enfermedades cardiovasculares. El encuentro tiene lugar esta semana en Roma.

La dieta mediterránea es el término usado para describir el tipo de alimentación común en esa región, que incluye más pescado que carnes rojas, y es rica en frutas y verduras además de nueces, cereales integrales y aceite de oliva.

“Cambios en la dieta antes que medicamentos”

“La dieta mediterránea es considerada ampliamente como uno de los hábitos nutricionales más sanos del mundo”, dijo uno de los autores del estudio, el profesor Giovanni de Gaetano, jefe del Departamento de Epidemiología y Prevención en el Instituto Neurológico Mediterráneo, IRCCS Neuromed, en Italia.

“Muchos estudios ya habían demostrado que la dieta mediterránea está asociada a menor riesgo de diferentes enfermedades crónicas y muerte”.

“Pero hasta ahora la investigación se había centrado en la población en general, que está compuesta principalmente de gente sana. Nosotros nos preguntamos, ¿qué pasa con aquellos que tienen problemas cardiovasculares? ¿Es la dieta mediterránea óptima para ellos también?”, dijo De Caetano.

Los médicos deberían considerar recetar “cambios en la dieta antes que medicamentos”, dijo De Gaetano.

“Y los servicios de salud deberían subsidiar las frutas y verduras”, agregó.

El próximo paso será investigar por qué exactamente la dieta mediterránea reduce el riesgo de muerte temprana personas con problemas cardiovasculares.

“Éste es un estudio observacional (de carácter estadístico y demográfico). Así que no podemos decir que el efecto es causal. Creemos que probablemente la reducción del riesgo se debe a que la dieta impacta factores como la inflamación, pero se necesita hacer más investigaciones”, dijo De Gaetano.

Dolores musculares

Algunos expertos advierten que muchos pacientes pueden obtener el mayor beneficio si optan por ambas posibilidades, cambios en la dieta y medicamentos.

Si bien algunos pacientes pueden seguir requiriendo estatinas, una dieta mediterránea puede hacer que las dosis sean menores, reduciendo efectos secundarios como los dolores musculares. Se estima que sólo en Estados Unidos, cerca de 30 millones de personas toman estatinas.

Jeremy Pearson, director asociado de la Fundación Británica del Corazón, British Heart Foundation, dijo que es muy bueno saber “que aún si uno tiene antecedentes de enfermedades cardiovasculares, seguir una dieta mediterránea reduce el riesgo de muerte”.

“Mantener un estilo de vida saludable, aún si alguien ha tenido un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular, continúa teniendo beneficios”, agregó Pearson.

Cautela

Jules Payne, director de la organización no gubernamental Heart UK, dijo que los resultados del estudio deben analizarse con cautela.

“La dieta mediterránea es una gran dieta, pero yo ciertamente no recomendaría a todos los enfermos que se deshagan de sus medicamentos”, señaló Payne.

“Si alguien tiene colesterol alto, con antecedentes familiares o ha tenido un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular, las estatinas siguen siendo necesarias además de otros medicamentos”, agrega.

“Así que mi consejo sería, por favor, no dejen de tomar sus medicamentos sin consultar a su médico, ya que en ciertos casos las estatinas son necesarias”.

Fuente: BBC

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ביהשמו

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Los españoles comen 12 gramos diarios de legumbres, menos de la mitad de lo recomendado.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición aconseja connsumir con regularidad este alimento en un patrón alimentario mediterráneo.

La ingesta media diaria por habitante de legumbres en España se sitúa enmás legumbres 12 gramos diarios, menos de la mitad de lo recomendado por las principales sociedades científicas, que establecen el nivel de consumo recomendado en 2-4 raciones semanales (25-45 gramos diarios). Así lo pone de manifiesto la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que, asimismo, destaca el papel de las legumbres como uno de los pilares alimentarios de la dieta mediterránea, habiendo contribuido históricamente a cubrir las necesidades energéticas de la población. Su presencia en la dieta no ha hecho sino descender progresivamente en las últimas décadas.

Los beneficios en salud conseguidos mediante el consumo regular de legumbres son innegables. La ingesta regular de legumbres se ha relacionado con un menor riesgo de desarrollar cáncer de colon y recto y mejoran el perfil de riesgo para el desarrollo de arteriosclerosis.

Este año se celebra el Año Internacional de las Legumbres, una iniciativa auspiciada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (A/RES/68/231) que designó a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para, entre otros aspectos, sensibilizar a la opinión pública sobre las ventajas nutricionales del consumo regular de estos alimentos.
 
“El Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición desea sumarse a la iniciativa a la campaña de la F.A.O., aconsejando un consumo regular de legumbres, englobadas dentro de un patrón alimentario mediterráneo, para obtener los beneficios en salud relacionados con su ingesta”, señala el Dr. Francisco Botella, miembro del Área de Nutrición de la SEEN.

Reducción del consumo de las legumbres

Numerosos factores han sido relacionados con la reducción paulatina en el consumo de las legumbres, destacando: falta de tiempo para su cocinado, connotaciones culturales negativas al identificarse con una comida de clases sociales bajas, relacionarse con comidas hipercalóricas por su modo habitual de elaboración (guisadas con derivados cárnicos grasos), producción de efectos intestinales indeseables (flatulencia, digestiones pesadas, etc.).

Según el Dr. Jesús Moreno, miembro del Área de Nutrición de la SEEN, “diversos motivos han reducido la ingesta actual de legumbres a una cuarta parte de lo que suponía hace apenas 50 años, entonces, el consumo medio se mantenía por encima de los 40 gramos diarios”.

“Las legumbres aportan, aproximadamente, unas 200 kilocalorías por plato cocinado, es decir, si se sirviesen solas supondría una décima parte de las necesidades energéticas de referencia para un adulto. Las legumbres apenas contienen grasas, un plato cocinado de legumbres contiene menos grasa que una cucharada de aceite de oliva. Además, su composición es fundamentalmente a expensas de grasas insaturadas, cuyo consumo se ha asociado a múltiples beneficios para la salud”, explica el Dr. Moreno.

Asimismo, las legumbres pueden aportar cantidades significativas de otros macronutrientes. Según el Dr. Botella, “contienen una media de 20-25 g de proteínas por cada 100 g de producto. Sumado a lo anterior se encuentran los carbohidratos, de los cuales salen cerca del 60% de la energía aportada por las legumbres”.

Las legumbres contienen además abundante fibra de la mejor calidad, “por lo que cualquier recomendación para incrementar el consumo de fibra en la dieta debería incluir la ingesta regular de legumbres (50 g de garbanzos en seco –una ración- contienen 7 g de fibra, mientras que un kiwi de 100 g contiene 3,2 g)”, explica el Dr. Botella.

“Recordemos que la mayoría de sociedades científicas aconsejan tomar más de 20-25 g diarios de fibra con el objetivo fundamental de reducir el riesgo de desarrollar enfermedades digestivas y cardiovasculares”, añade el Dr. Botella.

Finalmente, el Área de Nutrición de la SEEN destaca que las legumbres son fuente significativa de vitaminas, especialmente vitamina A, complejo B, C, E y K, así como de minerales como el calcio, el magnesio o el hierro, aunque estos últimos pueden presentar problemas en su asimilación o biodisponibilidad.

En cuanto al problema de la flatulencia, puede solucionarse fácilmente cociendo las legumbres durante 3-5 min (tras el período de remojo previo habitual) con agua y un poco de sal. Tras colar y lavar con agua abundante, ya habremos eliminado los azúcares no digeribles responsables de la flatulencia (rafinosa, estaquiosa) y pueden incorporarse tranquilamente al guiso.

Fuente: JANO

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LA DIETA MEDITERRÁNEA FAVORECE EL CRECIMIENTO DE BACTERIAS INTESTINALES BENEFICIOSAS PARA PREVENIR LA OBESIDAD.

Publicado en ‘Journal Nutrition Biochemistry’

Este patrón nutricional aumenta la proporción de microorganismos quedieta mediterránea garbanzos reducen el riesgo de padecer enfermedades derivadas del sobrepeso, según un estudio llevado a cabo por investigadores del Imibic y del Ciber.

Investigadores del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic), del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba; y del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber), del Instituto de Salud Carlos III; han demostrado la importancia de la dieta mediterránea en el desarrollo de bacterias intestinales que reducen el riesgo de padecer obesidad.

Este modelo de alimentación aumenta la población de microorganismos beneficiosos que previenen la aparición de alteraciones derivadas del sobrepeso, en especial, la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por este motivo, los expertos consideran que la dieta mediterránea puede ser una herramienta útil para tratar o corregir los desequilibrios propios de la obesidad y sus consecuencias, ha indicado la Fundación Descubre en una nota.

La flora bacteriana del intestino o microbiota está formada por miles de especies de microorganismos. La mayoría de ellos son beneficiosos aunque también los hay perjudiciales. Con el paso de los años, la variedad de microbios saludables se pierde por diversas causas, entre ellas, cambios en la dieta o el uso de antibióticos.

Según constatan diversos estudios clínicos, este desequilibrio en la composición microbiana puede desencadenar problemas cardiovasculares y enfermedades como la obesidad y sus consecuencias. Entre éstas, destaca el denominado ‘síndrome metabólico’, un conjunto de patologías como hipertensión, aumento de triglicéridos, niveles bajos de colesterol bueno o HDL y diabetes.

Los investigadores han demostrado que esta población bacteriana se mejora a través del modelo nutricional mediterráneo. “El consumo de esta dieta, a largo plazo, puede corregir la alteración de la flora intestinal, ya que aumenta los microbios beneficiosos”, explica el responsable de este proyecto, Francisco Pérez-Jiménez, del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica.

El experto considera que la posibilidad de modificar la microbiota es “útil” para prevenir las alteraciones derivadas de la obesidad. “Las personas que sufren síndrome metabólico, por su desequilibrio bacteriano, ganan peso en mayor proporción de lo que se espera por el consumo de calorías”, asevera el investigador, quien apunta que, en esta situación, la dieta mediterránea se convierte en “un mecanismo que puede reducir el riesgo de padecer esas enfermedades”.

LA ‘BATALLA’ DE LAS DIETAS

Para alcanzar estas conclusiones, que se recogen en el artículo ‘The gut microbial community in metabolic syndrome patients is modified by diet’, publicado en la revista Journal Nutrition Biochemistry, los científicos han realizado un estudio con un total de 239 pacientes con enfermedad coronaria. De ellos, 128 padecen síndrome metabólico mientras que el resto –101–, no presenta dicha patología.

Durante dos años, ambos grupos se han sometido a dos dietas saludables. Por un lado, la mediterránea y, por otro, la recomendada por la Sociedad Americana de Cardiología y la mayoría de países anglosajones, que se diferencia de la primera por su menor contenido en grasa.

Después de 24 meses, las personas con síndrome metabólico que han seguido el modelo mediterráneo han mostrado un crecimiento de las bacterias beneficiosas y una reducción de las dañinas, situación que no se ha producido en los pacientes alimentados según el patrón anglosajón.

El estudio también ha confirmado que los enfermos con síndrome metabólico presentan un desequilibrio en la proporción de bacterias, con menor cantidad de población saludable.

“En estos pacientes, el consumo de la dieta mediterránea restaura los niveles de microorganismos beneficiosos que se igualan a los de las personas que no padecen estas alteraciones metabólicas”, afirma el investigador Antonio Camargo García, del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica.

ALTERNATIVA AL TRASPLANTE DE BACTERIAS

Así, los investigadores han precisado que el uso de la dieta supone, además, que la modificación de la microbiota sea “estable”, es decir, que “la sustitución de bacterias perjudiciales por las buenas no sea transitoria”.

Éste es el principal problema del trasplante de bacterias intestinales, un procedimiento que, según han demostrado estudios recientes, es “válido para adelgazar”. “Algunas investigaciones han confirmado que si ponemos bacterias de una persona delgada en otra obesa, ésta pierde peso. Sin embargo, es un efecto transitorio porque, con el tiempo, esos microorganismos desaparecen”, asegura Pérez-Jiménez.

Con la dieta mediterránea, los expertos han corroborado que la flora intestinal se mantiene “inalterable” durante dos años, por lo que, a su juicio, “puede ser una vía para mejorar la obesidad y sus complicaciones”.

A partir de este estudio, financiado por la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, se abren nuevas líneas de investigación para analizar otros posibles mecanismos que pueden ser modificados a través de la dieta. En concreto, los expertos trabajan ya en el metabolismo de la glucosa con el objetivo de mejorar la sensibilidad a la insulina y la diabetes.

Fuente: Jano

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El aceite de oliva protege contra el cáncer de mama.

Cuatro cucharadas al día son suficientes para proteger.

El riesgo de sufrir un cáncer de mama se reduce un 68%.

Son datos de un estudio español llamado Predimed.

Se inició en 2003 con 7.447 participantes de siete comunidades.

PorMARÍA VALERIO

ACTUALIZADO 15/09/201508:47

Durante 10 años, miles de españoles estuvieron recibiendo un litro de aceite de oliva virgen extra cada semana dentro del mayor estudio realizado en nuestro país sobre los beneficios de la dieta mediterránea. Tras años de seguimiento, esta investigación ha permitido comprobar que nuestro oro líquido es un potente protector contra el cáncer de mama.

ACEITE DE OLIVA VERGEN EXTRA

El estudio PREDIMED se inició en 2003 con 7.447 participantes de siete comunidades para comprobar los beneficios cardiovasculares de la dieta mediterránea. Doce años después, el trabajo sigue arrojando datos, esta vez en relación con el tumor más frecuente en las mujeres.

Concretamente, los resultados presentados hoy en Madrid (y publicados en la revista JAMA Internal Medicine), demuestran que las mujeres que consumen unas cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra al día reducen hasta dos tercios su riesgo de desarrollar un cáncer de mama.

Como explica a EL MUNDO el catedrático Miguel Ángel Martínez -el autor principal de este estudio- las participantes (4.282 mujeres) fueron divididas en tres grupos cuyas características eran idénticas salvo por la dieta: mediterránea rica en aceite de oliva (50 gramos diarios), mediterránea rica en frutos secos (30 gramos diarios de nueces y almendras o avellanas) y una dieta baja en grasas.

Entre todas las mujeres, el número de casos de cáncer de mama a lo largo de un seguimiento de cinco años fue de sólo 35 (un número muy bajo teniendo en cuenta que una de cada ocho debería haberlo desarrollado, según las estadísticas). Probablemente, piensan los autores, porque todas ellas llevaban una dieta bastante sana (“al tercer grupo no le dijimos que comiese hamburguesas todos los días”). En el caso del aceite de oliva se apreció una reducción del riesgo de tener cáncer de nada menos que del 68%. Con los frutos secos también se observó cierta protección pero no llegó a ser estadísticamente significativa.

Como explica el catedrático de la Universidad de Navarra e investigador principal del Centro de Investigación en Red CIBERobn, en líneas celulares y experimentos con animales algunos polifenoles del aceite de oliva virgen extra han demostrado su capacidad para detener la progresión del cáncer. Por eso, la hipótesis que tiene más peso es que el consumo de aceite de oliva (siempre hablando de la variedad virgen extra) sería capaz de detener la evolución de algunas células malignas muy incipientes que pudiesen tener algunas de estas 4.000 mujeres.

El estudio PREDIMED excluía explícitamente a pacientes ya diagnosticadas de cáncer de mama en el momento de su inclusión, pero Martínez considera que sería interesante poder evaluar el efecto del aceite de oliva en pacientes con tumores ya diagnosticados. A su juicio, y puesto que este condimento no tiene ningún riesgo para la salud, cualquier paciente debería incluirlo en su dieta sin dudarlo. En el futuro, anuncia además su autor, el PREDIMED seguirá arrojando datos sobre los beneficios dl aceite en otros tipos de cáncer. Aunque para conocer esos datos aún habrá que esperar.

Los ‘intríngulis’ del PREDIMED

Hace ya 12 años, cuando un grupo de investigadores se planteó la posibilidad de medir científicamente los beneficios del aceite de oliva, ni siquiera los productores del oro líquido les hicieron mucho caso. Así que con la financiación del Instituto de Salud Carlos III, ellos mismos compraban en el supermercado aceite virgen extra para hacer llegar a 200 centros de salud de toda España. Con esa misma financiación pública pagaban también el sueldo de los enfermeros y dietistas que semanalmente ofrecían sesiones formativas a los 7.000 voluntarios que comprobarían en sus propias carnes los beneficios de la dieta mediterránea. Un tercio de ellos (hombres y mujeres, aunque los datos del cáncer de mama se refieren sólo a las participantes) ‘simplemente’ debía llevar una dieta baja en grasas. Un segundo grupo debía comer al día 15 gramos de nueces y 15 de almendras o avellanas (que también les daban en mano en su ambulatorio). El último tercio recibía un litro de aceite de oliva para el consumo de toda la familia. “La indicación es que no empleasen ningún otro tipo de aceite en casa, ni mantequilla, ni de girasol, ni para cocinar ni en crudo”, explica Miguel Ángel Martínez, investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IDISNA). Poco a poco, hasta los productores de aceite de oliva se concienciaron de la importancia del experimento y comenzaron a suministrar gratuitamente el aceite de oliva necesario para continuar recabando datos. En 2013, PREDIMED publicó sus resultados sobre los beneficios de la dieta mediterránea y el aceite de oliva para el corazón y el estudio se interrumpió, aunque aún sigue arrojando datos. Como explica su autor principal, a través de las historias clínicas de los participantes aún se recogen sus eventos clínicos importantes por lo que es probable que en los próximos años el abanico de beneficios del aceite se amplíe aún más.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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El sofrito contiene sustancias que reducen el riesgo cardiovascular.

La unión del tomate, el aceite de oliva, el ajo y la cebolla en un sofrito aumenta la cantidad de polifenoles y carotenoides. Estos compuestos biosaludables ayudan, respectivamente, a prevenir  las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Así lo recoge un estudio de la Universidad de Barcelona y la red CIBERobn que confirma al sofrito como un elemento esencial en la dieta mediterránea.

El estudio PREvención con DIeta MEDiterránea (PREDIMED) ha demostrado recientemente la asociación entre dieta mediterránea y bajo índice de enfermedad cardiovascular. En el cuestionario usado de referencia se preguntaba al consumidor la frecuencia con la que tomaba verduras, pasta, arroz y otros platos acompañados con sofrito, pero nunca se habían analizado los compuestos beneficiosos de este producto.

Ahora investigadores de la Universidad de Barcelona (UB) y el Centro de Investigación Biomédica en Red – Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn) del Instituto de Salud Carlos III, en colaboración con el Hospital Clínic de Barcelona, han identificado por primera vez los polifenoles y carotenoides –sustancias antioxidantes beneficiosas para la salud– que lleva el sofrito, mediante una técnica de espectrometría de masas de alta resolución.

Los resultados se publican en la revista Food Chemistry y revelan la presencia de al menos 40 tipos de polifenoles. “Estos compuestos que producen las plantas y tomamos en la dieta se asocian con una disminución de la enfermedad cardiovascular”, destaca a SINC Rosa María Lamuela, investigadora de la UB y responsable  del trabajo.

Otros de los compuestos bioactivos encontrados en el sofrito son los carotenoides y la vitamina C. Diversos estudios han demostrado que la ingesta de carotenoides, como el licopeno, previene el cáncer de próstata, y el consumo de alimentos ricos en beta-caroteno, ayudan a reducir la incidencia del cáncer de pulmón.

“Con un consumo diario de 120 gramos de sofrito –añadido a la pasta, por ejemplo– la ingesta de polifenoles totales es de 16 a 24 miligramos por porción y de 6 a 10 miligramos en el caso de los carotenoides”, señala Lamuela.

El equipo analizó diez tipos de sofritos comerciales, “aunque los resultados son extensibles al sofrito casero, ya que, en general –y sin contar las sustancias espesantes– tienen los mismos ingredientes: tomates, cebollas, ajo y aceite”. La unión de estos alimentos suma los compuestos biosaludables que tienen cada uno por separado.

Respecto al aceite, los científicos recomiendan utilizar mejor el de oliva virgen que el de girasol. De hecho, ahora están buscando la proporción ideal de los cuatro ingredientes, y parece que la presencia de un 10% de aceite de oliva extra virgen ofrece muy buenos resultados en las propiedades del sofrito.

Los investigadores también han efectuado un análisis estadístico con los niveles de compuestos fenólicos y carotenoides encontrados en cada sofrito, lo que les ha permitido identificar marcadores que diferencian los componentes de cada marca.

Referencia bibliográfica:

Anna Vallverdú-Queralt, José Fernando Rinaldi de Alvarenga, Ramon Estruch, Rosa María Lamuela-Raventos. “Bioactive compounds present in the Mediterranean sofrito”. Food Chemistry 141 (4); 3365–3372, 15 de diciembre de 2013.

Fuente: Agencia sinc

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La dieta mediterránea puede reducir el riesgo de depresión.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) insiste en el papel clave de la nutrición para  la prevención primaria de la depresión y aboga por el patrón de dieta mediterránea como el más recomendable ya que puede reducir hasta en un 50% el riesgo de depresión

Madrid, 11 octubre de 2013 (medicosypacientes.com)

En la sociedad actual, la obesidad mantiene una peligrosa relación con la depresión, ya que está demostrado que el exceso de peso se asocia con un mayor riesgo de sufrir cuadros depresivos y, a su vez, éstos se relacionan con una mayor probabilidad de desarrollar obesidad. Por ello, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) destaca el papel clave que juega la nutrición en la prevención primaria de la depresión y aboga por el patrón de dieta mediterránea como el más recomendable.

“La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión y abre una vía importante al conocimiento, con el objetivo de anticiparse a este grave problema de salud pública”, asegura el doctor Miguel Ángel Martínez-González, miembro de la SEEDO que acaba de publicar un artículo en la revista médica BMC Medicine bajo el título “Dieta, ¿una nueva forma de prevenir la depresión?”.

Un estudio reciente dirigido por el Dr. Martínez-González ha revelado que la dieta mediterránea no sólo protege de las enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer, sino que, además, puede reducir el riesgo de depresión entre un 40% y un 50% con alimentos como frutas, cereales, legumbres, frutos secos, pescado y verduras.

“Mientras que el consumo de ácidos grasos trans, la comida rápida y los productos de bollería industrial se asocian con un mayor riesgo de depresión, el de ácidos grasos omega-3 (procedentes del pescado) y el de aceite de oliva, por ejemplo, muestra asociaciones inversas, influyendo en la estructura de las membranas de las células nerviosas y mejorando el funcionamiento de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión”, explica el especialista de la SEEDO.

De los 10.000 voluntarios que participaron en esta investigación, en aquéllos que más se ajustaron al modelo alimentario tradicional del sur de Europa la incidencia de depresión tras cuatro años de seguimiento resultó considerablemente menor que en el resto, lo que sin duda redundó en su felicidad, ya que Martínez-González recuerda que los cuadros depresivos son una de las principales causas de suicidio.

Depresión y obesidad

El riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta un 58% entre quienes tienen depresión. Teniendo en cuenta que el exceso de peso no es un trastorno psiquiátrico, muchos de los episodios depresivos que sufren las personas con obesidad se deben al hecho de que estar obesos les deprime. Esto es, la depresión es consecuencia de la obesidad, muchas veces debido a la presión social y casi siempre más profunda en el caso de las mujeres.

Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, lo que a menudo causa un trastorno por atracón que se traduce en una necesidad imperiosa de comer hasta que el cuerpo no puede más. De hecho, está comprobado que algunas personas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón. Cuando ocurre esto las personas lo que buscan es sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono, dándose en algunos casos una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, pudiendo derivar en obesidad.

Nutrición como prevención

En este punto el especialista de la SEEDO recuerda que la depresión “puede conducir a hábitos dietéticos más pobres”, lo que también está demostrado que acaba derivando en un exceso de peso. De hecho, varios estudios indican que la incidencia de la obesidad es mayor en las clases más desfavorecidas porque comen menos carne y pescado, comen más grasas poco saludables y realizan menos deporte.

Por ello, afirman que es fundamental mejorar la educación en los hábitos alimentarios, ya que prevenir a tiempo es el mejor tratamiento. De hecho, la psicoterapia cognitivo-conductual indicada para las personas obesas que sufren depresión se centra precisamente en aprender pautas alimenticias, además de en mejorar la autoestima, desarrollar habilidades sociales, favorecer la motivación para bajar de peso y adquirir pautas para hacer ejercicio.

Por último, la SEEDO avala diferentes investigaciones previas sobre la existencia de un componente genético común a los trastornos del estado de ánimo y a la obesidad. Así, una de las más recientes, realizada por la Universidad de Granada, sostiene que el gen responsable del exceso de peso, el FTO, también es el responsable de la depresión.

Este trabajo, pionero a nivel mundial, indica que la depresión modifica el efecto del FTO sobre el índice de masa corporal de un individuo. Los resultados han sido confirmados en dos muestras independientes, una de ellas de unas 18.000 personas procedentes de 21 países de todo el mundo y de diferentes grupos étnicos.

En este punto, el Dr. Martínez-González destaca en su artículo que varios estudios también sugieren que la depresión parece compartir mecanismos comunes no sólo con la obesidad, sino también con las enfermedades cardiovasculares. “De hecho, hay varios factores de riesgo cardiovascular que son más frecuentes entre los pacientes con depresión”, explica.

FUENTE: MÉDICOS Y PACIENTES

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Dietistas aconsejan recuperar la dieta mediterránea en la vuelta al trabajo para mejorar la salud física y mental.

VALENCIA, 4 Sep. (EUROPA PRESS)

Fuente: http://www.europapress.es/salud/salud-bienestar-00667/noticia-dietistas-aconsejan-recuperar-dieta-mediterranea-vuelta-trabajo-mejorar-salud-fisica-mental-20120904112227.html

El Colegio Oficial de Dietistas y Nutricionistas de la Comunidad Valenciana (CODiNuCoVa) recomienda recuperar la dieta mediterránea con la vuelta al trabajo, que se abandonaron en el verano con las tapas, cañas, comidas rápidas y cenas fuera de casa, para mejorar la salud física y mental, según han informado en un comunicado.

Así, recuerdan que la alimentación ha de ser variada, suficiente, planificada y equilibrada facilitando el mantenimiento de una composición corporal adecuada y saludable, y con ello un buen estado de salud tanto físico como mental.

La incorporación al mundo laboral supone una limitación de horarios, donde debemos introducir el hábito de llevar a cabo las 5 comidas al día, lo que permitirá “un reparto equilibrado de la energía a lo largo del día, retrasará la aparición de la ansiedad y la sensación de hambre, evitando el erróneo picoteo entre horas”.

Al respecto, advierte de que la ausencia de un desayuno completo al iniciar el día favorece “el decaimiento, el mal humor y la falta de concentración en las primeras horas laborales, reduciendo por tanto nuestro rendimiento en el trabajo”.

Por contra, la dieta Mediterránea es “el perfecto ejemplo que debemos seguir para llevar a cabo una correcta alimentación” ya que a diario debemos consumir frutas, verduras, hortalizas, cereales, pasta, arroz, patata; incluyendo de tipo integral o con fibra. Semanalmente podemos consumir carnes magras, pescados blancos o azules, legumbres y huevos; priorizando siempre un consumo superior de pescado al de carnes, y no superando en ambos grupos más de 5 raciones a la semana. Por su parte, los productos precocinados, las carnes grasas, los embutidos, las salsas, los refrescos, los ‘snacks’, el ‘fast-food’ deben limitarse a un consumo ocasional.

La preparación culinaria debe ser sencilla: plancha, horno, microondas o vapor; además de favorecer el uso de especias, para moderar el consumo de sal y también hay que hidratarse correctamente, no debemos de olvidar que el agua es la principal bebida y es necesaria para un adecuado rendimiento.

EJERCICIO

Asimismo, hay que introducir actividad física a diario ya que el ejercicio físico moderado y constante de al menos 45 minutos al día aportará mejoras para la salud como el mantenimiento del peso corporal, regulación de los niveles de glucosa y colesterol en sangre, así como la mejora de situaciones de estrés propias del trabajo.

Al respecto, señala que el ejercicio físico “nos motivará aún más, si esta la realizamos en grupo o mediante actividades programadas”. De este modo, CODiNuCoVa aconseja “un retorno al mundo laboral con la incorporación de buenos hábitos alimentarios junto a la inclusión de la actividad física, mejorando así el estado de salud, pero además retrasando la aparición de las enfermedades degenerativas que se asocian a la edad y a los malos hábitos”.

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