La flora intestinal depende de nuestro estilo de vida.

Primer estudio mundial del microbioma.

Dieta, medicación, sexo, edad y tiempo de tránsito en el intestino son las variables que más influyen en su flora, tal y como apunta uno de los mayores estudios realizados hasta el momento sobre estas poblaciones. Los hallazgos publicados en Science revelan asociaciones entre la composición de la flora intestinal y el consumo de cerveza o de chocolate negro, entre otros descubrimientos.FAUNA BACTERIANA por Ángel Escudero Villanueva

El Proyecto Flamenco sobre Flora Intestinal, uno de los mayores estudios en voluntarios sanos sobre la variación de dichas comunidades bacterianas, ha presentado sus primeros resultados, publicados hoy en la revista Science.

A través del análisis de más de mil muestras de heces humanas, un equipo de investigadores del Instituto de Biotecnología de Flandes (Bélgica), dirigido por Jeroen Raes, ha identificado 69 factores ligados a la composición de la flora. La mayoría de estas variables están relacionadas con el tiempo de tránsito –el que le toma a los alimentos ir desde la boca hasta el final del intestino–, la dieta, la medicación, el sexo y la edad.

Junto con su equipo, Raes mapeó la composición de la flora intestinal de alrededor de 5.000 voluntarios en Flandes. El propósito fue analizar los vínculos entre la flora intestinal humana y la salud, y el estilo de vida.

Las conclusiones proporcionan información importante para futuras investigaciones y estudios clínicos. Su integración con otros datos recogidos en el mundo revela un conjunto de 14 géneros de bacterias que conforman la esencia universal de la microbiota presente en todos los individuos.

“Nuestro trabajo ha dado una enorme cantidad de nueva información sobre la composición de la microbiota de las personas normales como tú y como yo”, explica Raes. “La mayoría de los estudios anteriores se centraban en enfermedades específicas o en un ámbito geográfico mucho menor”, añade.

Sin embargo, el análisis de la flora intestinal ‘promedio’ es básico para el desarrollo de diagnósticos y medicamentos a base de bacterias intestinales. “Es necesario comprender lo que es normal antes de poder entender y tratar la enfermedad”, añade Raes.

 Efecto chocolate belga

Al analizar factor por factor, el tiempo de tránsito de las heces mostró la asociación más fuerte a la hora de desentrañar la composición de la flora. También la dieta es un factor importante, fundamentalmente en relación al consumo de fibra.

 Además, se comprobó que un grupo de bacterias particular poseía una preferencia por el chocolate negro. “El efecto del chocolate belga”, bromea Raes. También se encontró una asociación entre la composición de la flora intestinal y el consumo de cerveza.

La medicación tenía igualmente un fuerte vínculo con el perfil de la flora intestinal. Sin embargo, otros resultados del proyecto requieren una investigación más profunda, como la relación entre flora intestinal y factores relacionados con la capacidad de absorción de oxígeno.

La lactancia materna no influye

Los investigadores no solo identificaron una asociación con antibióticos y laxantes, sino también con los medicamentos de la fiebre del heno y las hormonas utilizadas para la anticoncepción o para el alivio de los síntomas de la menopausia.

Sorprendentemente, el modo de nacer (parto natural o cesárea) o la alimentación con leche materna no se vieron reflejados en la composición de la microbiota adulta. “Estos resultados son esenciales para estudiar enfermedades como el párkinson, que se asocia típicamente con el tiempo de tránsito intestinal, que a su vez impacta en la composición de la microbiota”, subraya Raes.

La colaboración con el estudio LifeLines holandés permitió a los investigadores reproducir sus resultados. Así, más del 90% de los factores identificados también fueron detectados en la cohorte holandesa.

Colaboraciones internacionales como estas son la clave para avanzar en el campo y acelerar el camino hacia el desarrollo de fármacos basados en la flora intestinal. “La replicación añade una gran robustez a los resultados”, enfatiza Raes.

Aunque el proyecto de la flora intestinal flamenca ha enriquecido enormemente el conocimiento sobre su composición, esto solo permitía explicar el 7% de su variación. Por ello, todavía queda mucho trabajo por hacer para esbozar todo el ecosistema de esta flora.

El laboratorio de Raes estima que serán necesarios alrededor de 40.000 muestras humanas solo para capturar una imagen completa de la biodiversidad de la flora intestinal. Los autores ya están planificando estudios de seguimiento para explorar la evolución de la flora intestinal en el tiempo.

Referencia bibliográfica:

Population-level analysis of gut microbiome variation, Falony et al., Science (2016).

Fuente: SINC
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Dietas ‘detox’: tu hígado no las necesita.

Después de una época de comidas pantagruélicas, la última tendencia en alimentación es el cleansing, basado en la depuración del organismo. En Sinc hemos consultado con especialistas en nutrición sobre su eficacia y todos coinciden en que es puro marketing. No existe evidencia científica de que el cuerpo necesite una ayuda externa para ‘limpiarse’. Y advierten de sus riesgos: el consumo de suplementos sin supervisión sanitaria puede llevar a alteraciones metabólicas graves.

rodaja de limónIr al gimnasio, dejar de fumar o perder los dos kilos que hemos ganado en Navidad son algunos de los propósitos de año nuevo más comunes en la sociedad occidental. El problema suele ser que esos objetivos se quieren conseguir fácilmente, y a poder ser, ya.

De ahí que los gimnasios se llenen de nuevos suscriptores ausentes, que muchos vuelvan a fumar en unas semanas y que se recurra a las llamadas dietas ‘milagro’. En cuanto a los regímenes, cada temporada la industria da una vuelta de tuerca y ahora la moda está en ‘desintoxicarse’ para resetear el organismo y, de paso, adelgazar.

Son las llamadas dietas depurativas, basadas en el consumo de vegetales y frutas y en la exclusión de productos de origen animal. “Aunque hay cierta variación, son bajas en energía y pobres en algunos nutrientes”, indica a Sinc Amelia Martí del Moral, catedrática del departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Universidad de Navarra.

Como explica en su página web una de las empresas españolas dedicadas a la venta de los productos necesarios para seguirla, “hacer cleansing es limpiar tu organismo a través de una alimentación sana y equilibrada que ayuda a eliminar las toxinas. Estas toxinas pueden entrar en nuestro organismo a través del aire, alimentos, agua o piel”.

Resumiendo, que una forma de vida poco saludable ‘contamina’ nuestro cuerpo. Y la promesa de alcanzar resultados rápidos y fáciles atrae especialmente el interés del consumidor tras periodos festivos como la Navidad. Además, numerosas celebrities han dado a conocer este tipo de dieta convirtiéndola en tendencia.

Sin embargo, la mayoría de los expertos en nutrición luchan contra sus argumentos. Uno de los mayores detractores de las dietas detox en el mundo es Edzard Ernst, profesor emérito de Universidad de Exeter (Reino Unido), que ha dedicado su investigación a la evaluación crítica de todos los aspectos de la medicina alternativa.

“El término detox no es más que un truco de marketing. De ninguna manera estas dietas eliminan toxinas, como su nombre indica”, afirma a Sinc Ernst, centrado en analizar la fiabilidad de este tipo de terapias.

Sus seguidores se aferran al objetivo de depurar su cuerpo eliminando dichas toxinas y compensar el inadecuado estilo de vida que han llevado hasta entonces. Nada más lejos de la realidad. Actualmente, no existe certeza sobre que el organismo necesite una ayuda externa para su ‘limpieza’.

Según Martí del Moral, “los alimentos pueden contener algunos contaminantes químicos en niveles bajos”, pero nuestro organismo se depura por sí solo, gracias al trabajo del hígado (metabolización) y del riñón (eliminación), que mantienen a raya los posibles efectos de esa contaminación.

Principalmente se trata de residuos de productos que se utilizan en los cultivos o se administran a los animales para prevenir enfermedades, como pesticidas y residuos medicamentosos. También los residuos ambientales de actividades industriales o mineras pueden pasar a los alimentos (metales pesados, nitratos y dioxinas).

Además, podemos ingerir toxinas naturales que se  producen en algunos alimentos (como las micotoxinas de hongos) o sustancias que se originan en el procesado industrial de los alimentos (acrilamida, bisfenol A, talatos). “No obstante, nuestro organismo dispone de sistemas de órganos muy eficaces para su eliminación”, asegura Martí.

Poca evidencia científica

Según los expertos consultados de la Unidad de Nutrición de la Universidad Rovira i Virgili, Nuria Rosique, Guillermo Mena, Nerea López, Nancy Babio y Jorge Salas, “para afirmar que las dietas detox facilitan la pérdida de peso y ejercen cambios beneficiosos en el organismo, es imprescindible realizar múltiples estudios que específicamente evalúen y confirmen dichos efectos a corto y largo plazo”.

Sin embargo, hasta la fecha pocas investigaciones han evaluado los resultados y la seguridad de dichas dietas o la amplia variedad de productos comerciales para alcanzar estos propósitos. Para Ernst “no hay una pizca de evidencia; son pura charlatanería. En ningún caso pueden desintoxicar el cuerpo”.

“Hay evidencia preliminar que sugiere que ciertos alimentos pueden tener propiedades de desintoxicación, aunque la mayoría de estos estudios se han realizado en animales y no se pueden trasladar directamente al organismo humano, mucho más complejo y mejor equipado”, subraya por su parte Martí.

Jorge Salas también es contundente sobre la falta de pruebas científicas. “Son testimonios personales los que frecuentemente describen los beneficios de una dieta depurativa, especialmente sobre la pérdida puntual de peso, lo que puede deberse al mero hecho de cambiar de un consumo habitual de productos procesados (ricos en grasas, azúcares añadidos y sal), a los productos llamados detox, compuestos casi exclusivamente de frutas y verduras”.

La supuesta depuración del organismo no causa una pérdida de peso por sí misma, si no la restricción calórica severa que la acompaña. “La escasez calórica y nutritiva de las dieta detox puede fácilmente desencadenar una recuperación del peso inicial cuando se retoma el consumo de los alimentos habituales, entre ellos productos procesados”, continúa Salas.

¿Por qué son tan populares entonces? “El marketing es muy inteligente y la gente quiere creer que puede ‘pecar’ sin remordimientos o consecuencias”, dice Ernst. Parecido opina Martí del Moral: “El auge de las dietas depurativas se debe quizá a su promesa de purificación y redención, que son ideales profundamente arraigados en la psicología humana”.

Es más, la experta considera que teniendo en cuenta el coste económico, las afirmaciones sin fundamento y los posibles riesgos para la salud de los consumidores de productos de desintoxicación, “deben ser desaconsejadas por profesionales de la salud”.  

Consecuencias para la salud

Aunque existe una amplia variedad de dietas detox, la gran mayoría abarcan desde periodos de ayuno totales a dietas basadas en caldos, batidos de frutas y verduras, incluyendo algunas de ellas el uso de laxantes, diuréticos y suplementos fitoterápicos.

La duración de este tipo de dietas es variable, aunque la mayoría estás comprendidas entre 3 y 30 días. El objetivo principal del método detox es depurar el organismo y, secundariamente, conseguir una pérdida de peso.

“Una dieta se considera adecuada cuando está adaptada a las necesidades fisiológicas y nutricionales de cada individuo. Puesto que las dietas détox están recomendadas abiertamente a cualquier persona, independientemente de las características individuales, por definición no se puede considerar adecuada para toda la población”, afirma Jorge Salas.

Los expertos se ponen de acuerdo sobre la importancia de considerar los posibles efectos secundarios de la eliminación de grupos de alimentos tan importantes como los cereales integrales, legumbres o lácteos durante periodos de tiempo prolongados, algo perjudicial especialmente para niños y adolescentes, mujeres embarazadas o en período de lactancia y personas mayores.

Salas advierte también sobre la utilización de suplementos en estas dietas sin supervisión de un profesional sanitario cualificado, “lo que puede llevar a alteraciones metabólicas severas, causando incluso la muerte; tal como le ocurrió a un español de 50 años que seguía una dieta de ‘limpieza del hígado’ suplementada con manganeso”. 

Así que, si crees que has maltratado tu cuerpo estas navidades y necesitas mejorar tus hábitos, la clave está en una alimentación variada con cantidades adecuadas de frutas, verduras, legumbres, granos, grasas saludables y proteínas vegetales; y la práctica de ejercicio físico regular. Esa es la mejor fórmula para alcanzar tus propósitos de 2016.

Fuente: sinc

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¿Nuestra dieta actual intoxica el organismo?

Los llamados test de toxicidad, muy populares entre las casas comerciales de productos depurativos, son unos cuestionarios sin validez científica para “evaluar la cantidad de toxicidad del cuerpo”, sin hacer distinción del tipo o procedencia del “tóxico”.

El propio interesado utiliza una puntuación para evaluar subjetivamente si en los últimos 30 días ha padecido algunas de las múltiples dolencias por las que se pregunta, según si las ha sufrido “ocasionalmente”, “frecuentemente” o “nunca o casi nunca”. El objetivo es evaluar las supuestas mejoras de la salud tras una dietadetox.

Aunque esté claro que el propósito de las dietas depurativas es eliminar las supuestas ‘toxinas’ acumuladas en diferentes órganos del cuerpo, el término ‘toxina’ en estas dietas no queda realmente definido.

Indudablemente, los alimentos que incorporamos en nuestra dieta diaria contienen toxinas naturales, contaminantes orgánicos persistentes y metales pesados. Sin embargo, nuestro organismo dispone de sistemas de defensa y mecanismos propios para la eliminación de estos a través del riñón, hígado, piel, pulmones o el sistema gastrointestinal.

Fuente: Unidad de Nutrición de la Universidad Rovira i Virgili

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La hora de comer es un factor importante de la dieta.

La hora de la comida se relaciona con en el éxito de una dieta para perder peso, según han demostrado diferentes estudios.

En la batalla por evitar el sobrepeso, tan importante es el qué y el cuánto se come como el cuándo. Para adelgazar, hay que llevar una dieta equilibrada y quemar más calorías de las que se ingieren, pero, en los últimos años, diferentes estudios han demostrado cómo la hora a la que comemos determina que estas calorías sean más o menos eficaces en nuestro organismo.

La abundancia de luz artificial, la televisión, las tabletas y los smartphones, son, entre otros, los causantes de que retrasemos la hora de acostarnos y comamos a horas en las que deberíamos estar ya durmiendo. Una costumbre que se relaciona con un mayor riesgo de sobrepeso y otras alteraciones metabólicas. La última investigación en esta línea, realizada en ratones y publicada esta semana en la revista «Cell Metabolism», alerta contra la costumbre de comer a deshora y concluye que limitar la ingesta a un periodo de entre 8 y 12 horas al día mantiene alejado el colesterol, la diabetes y la obesidad.

El profesor Satchidananda Panda y su equipo del Salk Instituteutilizaron 400 ratones a los que se sometió a varios tipos de dietas malas (hipergrasa, alta en grasa y azúcares, y rica en azúcares) y diferentes restricciones de tiempo. Aquellos roedores a los que se limitó el periodo de ingesta de 8 a 12 horas durante la noche (cuando estos animales son más activos) ganaron menos peso y tenían menos grasa corporal que los del grupo de control que comían el mismo número de calorías, pero podían hacerlo a cualquier hora del día. Estos beneficios se mantuvieron incluso cuando a los ratones con horarios restringidos se les dejaba libertad los fines de semana para comer cuándo quisieran.

«Este estudio confirma la importancia del horario en los efectos metabólicos de una dieta. Nuestro reloj interno necesita periodos de ayuno y de ingesta y que esto esté muy respetado y ordenado. Que nuestro organismo entienda la noche como ayuno y el día como ingesta.Si comemos a todas horas, el reloj se aplana y no se sincroniza como debería», explica a ABC la doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia y profesora visitante en la Universidad de Harvard (EE.UU.). Nuestro ritmo circadiano está marcado por los ciclos de luz y oscuridad. Ante un mismo alimento, la capacidad de metabolizarlo será diferente según el tipo de hormonas activas en ese momento. «Por la mañana tenemos mucha capacidad de metabolizar los azúcares porque la insulina funciona muy bien, mientras que por la noche, sube la melatonina, y hay una mayor intolerancia a la glucosa», explica la experta.

Almorzar antes de las tres

Garaulet es autora de un estudio publicado en 2013 en la revista «International Journal of Obesity», que concluyó que almorzar antes de las 3 de la tarde ayuda a perder más peso que hacerlo después. La investigación se realizó en hombres y mujeres con sobrepeso, que siguieron una dieta hipocalórica de 1.400 calorías durante 20 semanas.

Más de un año después, acaba de publicar otro estudio en la misma revista con sorprendentes resultados. Reclutaron a 32 mujeres sanas, con una media de 23 años de edad, a las que se les dio una dieta mediterránea de 2.200 calorías al día. Durante una semana, todas las participantes comieron a la una de la tarde y la semana siguiente lo hicieron a las cuatro y media de la tarde.«Es impresionante como en una sola semana, comiendo tarde, se producen alteraciones metabólicas como intolerancia a los carbohidratos, menor gasto energético en reposo, alteración de los ritmos de temperatura (se asocia con obesidad y peor pérdida de peso), o alteración de los ritmos de cortisol (semejante al estrés)», enumera la doctora Garaulet, que concluye:«El qué es importante pero el cuándo es importantísimo».

Ya en 2009, el investigador Fred Turek, director del «Center for Sleep & Circadian Biology» de la Universidad de Northwestern (EE.UU.), publicó un estudio en la revista «Obesity» que demostraba que ir en contra del reloj biológico interno favorece la obesidad. La investigación se llevó a cabo con ratones a los que se administró una dieta hipergrasa con las mismas calorías y gasto energético. A la mitad del grupo se le permitía comer de día y a la otra mitad durante la noche, que es cuando estos roedores están más activos. La conclusión fue que el grupo de ratones que comía por la mañana (el equivalente a los humanos que comen de noche) engordó más que los que lo hacían de noche.

La importancia de un buen desayuno

La importancia de realizar la ingesta a la hora adecuada para sincronizar nuestro reloj interno también se demostró en unainvestigación de la Universidad de Tel Aviv en 2012, publicada en «Steroids». Participaron 193 adultos obesos no diabéticos a los que se dividió en dos grupos con idéntica ingesta de calorías, 1.600 al día para los hombres y 1.400 para las mujeres. Al primer grupo le suministraron una dieta baja en carbohidratos, con un pequeño desayuno de 300 calorías; mientras que al segundo se le proporcionó un desayuno de 600 calorías rico en proteínas y carbohidratos, que siempre incluía un dulce.

Al final del estudio, 32 semanas después, aquellos que tomaron el desayuno de 600 calorías habían perdido de media 18 kilos más que sus compañeros. «La primera comida del día aporta energía para las tareas de la jornada, ayuda al funcionamiento del cerebro, y pone en marcha el metabolismo del cuerpo, que es crucial para perder peso y mantenerse», asegura Daniela Jakubowicz, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv, que añade: «El desayuno es la comida que regula con más éxito la grelina, la hormona que controla el apetito».

A pesar de que aún serán necesarios más estudios para poder hacer recomendaciones generalizadas, lo que sí se ha demostrado hasta ahora es que adelantar el horario de las comidas y mantener una rutina es beneficioso. «Los cambios importantes del día (ayuno, ingesta y reposo) deben estar muy marcados y repetirse a las mismas horas. Así se consigue un ritmo bueno», asegura la doctora Garaulet, que advierte:«la falta de rutinas altera el matabolismo».

Fuente: ABC salud

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El 81% de los españoles fracasa al hacer una dieta.

EUROPA PRESS Madrid Actualizado: 12/02/2014

El 81% de los españoles fracasa al hacer una dieta, a pesar de que el 76% reconoce no estar contento con su peso actual, según se desprende de la ‘Encuesta XLS Medical sobre los factores de éxito y fracaso en el intento de adelgazar’, realizada a 2.944 personas por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), en colaboración con XLS Medical.

Se trata de unos porcentajes que, a juicio del vicepresidente de la SEEDO, Albert Goday, son “preocupantes” y demuestran que “algo está fallando” en el sistema debido a que la población quiere perder peso pero no lo consigue. De hecho, este problema se acentúa aún más si se tiene en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de que las previsiones mundiales de obesidad para el 2030 se van a cumplir en el año 2015.

Por este motivo, los responsables del estudio han querido conocer qué aspectos son los que hacen que las personas no sean capaces de perder peso o, al mismo tiempo, de mantener una dieta sana y equilibrada en el tiempo. Así, la encuesta ha mostrado que los españoles quieren perder una media de 10 kilos en cinco meses, siendo la principal motivación para hacerlo el hecho de sentirse sanos (82,8%), vestirse mejor (85,6%), equilibrar su estado emocional (78,8%), buscar trabajo (65,4%) y mejorar su vida sexual (58%).

“El fracaso en la dieta suele crear una insatisfacción personal que, en ocasiones, puede producir el llamado efecto rebote o el abandono del tratamiento”, ha comentado Goday, quien ha informado de que la constancia (85%), la motivación (58%) y el deporte (51%) son los principales factores destacados por los encuestados a la hora de finalizar con éxito una dieta.

Ahora bien, el experto ha recordado que la obesidad es una enfermedad “crónica” y que para combatirla se necesita motivación para adoptar unos hábitos de vida saludables y, además, ayuda por parte de especialistas. En este punto, la encuesta ha mostrado que sólo el 35,1 por ciento de las personas que han querido bajar de peso han consultado a un profesional médico y que, por el contrario, el 49% se han autoprescrito los alimentos y los hábitos que consideraba más sanos.

No obstante, el 41,6% sí que busca consejo profesional para informarse sobre productos específicos para adelgazar, mientras que el 23,9% se informa de estos complementos alimenticios a través de Internet; el 9,2% recurre a amigos y familiares; y el 7,5% a la prensa escrita.

Mal informados

Al margen de todos estos datos, la nutricionista de XLS Medical, Carmen Pardos, ha informado de que el 65% de los encuestados considera que come de forma saludable y, de ellos, el 60% afirma haberlos adquiridos por sí mismos.

En este sentido, Goday ha avisado de que hay “muchas” personas que comen mal y consideran que lo hacen bien y, ha señalado la necesidad de que se informe y se enseñe a la población sobre la importancia que tiene controlar las raciones, no comer entre horas y alternar la ingesta de determinados alimentos grasos y bebidas gaseosas.

Asimismo, a la hora de comer, un 68% asegura que lo hace en casa y acompañados, aunque el 84% de los que hacen dieta no incluyen a su pareja en la misma. Respecto a la hidratación, el 51,3 por ciento de los encuestados asegura que bebe entre uno y dos litros de agua al día; el 31,8% menos de un litro; y el 14,5% dos o más litros.

Ante todo esto, los especialistas han abogado por concienciar a la población sobre la importancia que tiene llevar a cabo la dieta mediterránea y han recomendado “huir” de todas aquellas que restringen alimentos. “Los libros son buenos para la literatura pero no para perder peso”, ha recalcado Goday.

Dicho esto, el vicepresidente de la SEEDO ha lamentado que con la actual legislación comer sano salga “caro” y ha recordado que ya hay diferentes países de la Unión Europea que están reduciendo el IVA a los productos saludables y aumentándolo a aquellos con alto contenido en grasas.

“Si la obesidad provoca un mayor gasto sanitario sería fundamental que los alimentos saludables fueran más baratos ya que así se favorecería su consumo”, ha recalcado Goday para zanjar recordando que esta enfermedad es más frecuente entre la población con un nivel social, económico y educativo bajo.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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La alimentación no cambia el ADN, pero sí sus reguladores.

Por: Emilio de Benito

Como buen líder mundial en un campo muy novedoso, José María Ordovás (Zaragoza, 1956) sabe que la nutrigenómica, esa ciencia que junta dos campos tan prometedores como la alimentación y la genética, está en plena transformación. Por eso no rehúye las críticas a una disciplina que, 10 años después de su lanzamiento, parece que no da las respuestas que se esperan. Con modestia, admite que, con el tiempo, se ha visto que “con los genes solo resolvemos el 5% o el 10% de los problemas de salud como la obesidad o el cáncer”. Su más reciente libro, La nueva ciencia del bienestar. Nutrigenómica (Crítica) puede, por tanto, considerarse un resumen de lo que se sabe de esta disciplina, pero, sobre todo, usando una figura del propio autor, como “el campamento base” para una escalada al Everest para el que aún faltan muchas etapas.

Pregunta. Parece que en el mundo científico hay cierto desencanto con la genética. ¿Le ha llegado a la nutrigenómica?

Respuesta. Efectivamente, podemos pensar en ese desencanto. Y la culpa es de todos, que hemos querido vender los huevos antes de que la gallina los ponga. El genoma fue muy difícil de lanzar, muy caro, y como todo producto caro había que venderlo muy bien. Y eso se hizo cuando ni sabíamos qué teníamos entre manos. La genómica no lo es todo, y eso lo sabemos cada día más y más. Echamos toda la artillería en la secuenciación, y nos encontramos con que con los genes solo resolvemos el 5% o el 10% de los problemas. ¿Y el resto?

P. Ahora el foco se pone en los factores que regulan los genes, en la epigenómica. ¿Tendremos una nutriepigenómica?

R. Ya estamos avanzando en esos temas. Es como escalar el Everest, partes del campamento base, que es la secuenciación, y a partir de ahí hay que establecer el campamento 1, el 2. Lo que pasa es que para llegar de uno a otro podemos tener que atravesar enormes simas. Y, además, partes del campamento de la genómica mal pertrechado.

P. Centrándonos en la nutrición, lo que parece claro es que lo que comemos no va a cambiar nuestros genes, pero sí los factores que los regulan.

R. Eso habría que matizarlo. Los genes sí han cambiado con la alimentación, y ahí está el caso de la tolerancia a la lactosa, que fue una mutación que, como se vio que era beneficiosa, se ha ido extendiendo. Lo que no ocurre es que cambien en un individuo de un día para otro. No podemos cambiar la secuencia, pero sí la regulación. Y eso pasa con los factores epigenéticos que regulan los genes.

P. ¿Y cuál de ellos es el más interesante para usted en este momento?

R. Hasta ahora pensábamos que la regulación de los genes estaba en otros genes. Pero necesitábamos hilar más fino, y aparecieron los micro-ARN. Estos son pequeñas cadenas de material genético con una función muy clara: hacer de freno de mano de los genes. Son un control añadido.

P. Pero, ¿cómo modificamos esos micro-ARN? ¿Los comemos?

R. Estamos en un cambio paradigmático en nutrición, y es en lo que estamos trabajando. Estamos no sé si a días u horas de publicarlo. Por los ensayos que hemos hecho, es posible que esos micro-ARN los comamos, no los destruyamos durante la digestión, y luego pasen a actuar sobre nuestros genes. La alimentación no cambia el ADN, pero sí sus reguladores. Sería una prueba más de que somos lo que comemos.

P. Con este planteamiento le está quitando mucha de la magia a la nutrigenómica. Lo que parecía que se esperaba de ella es que con un análisis de sangre nos dijeran qué debíamos comer para sentirnos mejor. De hecho, ya hay laboratorios que lo ofrecen.

R. Si descartamos las intolerancias, que son otra cosa, esos análisis no tienen sentido.

P. ¿Son un fraude?

R. Podríamos decir que sí. Se basan en análisis que se han hecho en los años ochenta con pruebas poco fiables, pero que cada tiempo aparecen en el mercado, están una temporada, se retiran y vuelven a empezar.

P. ¿Y si los análisis se hicieran del epigenoma? ¿Podremos saber si a una persona le conviene comer peras o manzanas?

R. Para empezar, no hay análisis de epigenoma. Y, para seguir, eso no serviría de nada. Eso no es nutrigenómica.

P. ¿Qué podemos esperar entonces de esa ciencia?

R. Con los análisis genéticos solo podemos saber la predisposición a tener las enfermedades más comunes (diabetes, obesidad, hipercolesterolemia). Pero no podemos saber hasta qué punto. El siguiente paso es saber cómo actuar. Porque hay personas a las que les da lo mismo comer más o menos ácidos grasos, porque tienen unos genes muy resistentes. También podemos saber cómo les beneficia el tomar más omega-3. Porque hay personas que de alguna manera son resistentes, y por mucho que tomen no notan su beneficio. Y lo mismo ocurre con vitaminas, minerales… Hay personas que tienen más necesidades.

P. Pues estamos en dirección contraria, donde ya cuidamos la alimentación hasta el extremo de crear ortoréxicos.

R. Esos tienen un problema, porque, al final, lo más probable es que el estrés que les da vigilar tanto lo que comen arruine su efecto beneficioso. Lo que ocurre, sin llegar a esos casos, es que, como no tenemos sentido común, vamos a la artillería pesada, y lo que queremos es que todo nos lo solucionen con una pastilla

P. El interés de la industria alimentaria por vender sus productos no como sabrosos sino como sanos también influye. En el reciente Congreso Mundial de Nutrición de Granada las conclusiones eran que era bueno tomar café, agua, vino, cerveza, leche, agua, refrescos, pan, huevos, fruta, carne…

R. Tanto que no daría tiempo.

P. Ya advierte que en su libro no hay dietas, pero, ¿cuál sería entonces el consejo?

R. Para personas sin una patología, se trata de comer de todo, pero menos. No en cada comida, sino en un balance semanal. Y hacer ejercicio. Lo que pasa es que eso nos cuesta. Ya decía Grande Covián que es más fácil cambiar de religión que de dieta. Por eso yo siempre digo que, en medicina, las cuatro pes (prevención, predicción, personalización y participación) no sirven si no hay una quinta, la del placer. Sin ella, apaga y vámonos.

Fuente: EL PAIS

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documental sobre la alimentación y la salud.

alimentación y salud

Emitido en la 2 de RTVE en el programa 3-14

Hoy comemos más por placer que por hambre y comer por comer provoca kilos de más. Resistirse al placer no es nada fácil. Nuestro instinto nos dice come, pero nuestra razón debe imponer la orden de no comer. Por eso nos cuesta tanto seguir una dieta. Y las que más nos gustan son las milagrosas aunque los nutricionistas no se cansan de advertir que no funcionan. Hoy comemos más y nos movemos menos. Pero esto por sí solo no explica el problema del sobrepeso.

Genéticamente estamos programados para no resistirnos a la comida. Los genes que nos hicieron almacenar grasa para cuando la comida escaseaba se enfrentan ahora a una dieta rica en grasas y pobre en fibras, y a estilos de vida sedentarios. ¿Cómo influyen los genes en nuestro peso? ¿Cuándo debemos sospechar que una dieta es fraudulenta? ¿Cómo podemos controlar las grasas y el azúcar? ¿Cómo proteger nuestros corazones? tres14 se lo pregunta al cardiólogo Valentín Fuster, una eminencia en investigación cardiovascular. Ferran Adrià, el mago de la cocina, nos explica algunos secretos para una vida sana. Con los expertos en nutrigenómica José María Ordovás y Dolores Corella, descubrimos el futuro de las dietas.

Y además en este programa hablamos de:

nutrigenómica; aprender a comer; ¿existe el alimento perfecto?; ¿cocinar modeló nuestro cuerpo?; el primer libro de cocina; ¿qué material es mejor para cocinar?; la atmósfera controlada; la comida enlatada; la sandía.

Puedes ver el documental completo en: http://www.rtve.es/television/20110511/alimentacion/431841.shtml

Fuente: http://www.fundacionshe.org/portal/noticiaID=1201/1213/Default.aspx

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