El estrés infantil tiene efectos sobre la salud en la edad adulta.

Los traumas psicosociales de la niñez están relacionados con una peor salud en la edad adulta, según los resultados que se extraen del seguimiento durante varias décadas de miles de personas nacidas en Gran Bretaña. El estudio está liderado por una investigadora de Costa Rica que piensa en la posibilidad de trasladar esta experiencia a los países de América Latina, con realidades socioeconómicas muy diferentes. 

Una investigación publicada el 2 de febrero de 2015 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) relaciona experiencias infantiles adversas con un mayor desgaste fisiológico una vez que las personas que las han sufrido alcanzan la edad adulta. El ambiente psicosocial estresante para el niño, ocasionado por diferentes problemas familiares, guarda relación con  peores datos de salud en las siguientes décadas de su vida, según los datos de un estudio que incluye a más de 7.500 británicos nacidos en 1958.

Las experiencias adversas en la infancia es un parámetro conocido como ACE por las siglas del inglés Adverse Childhood Experiences y se construye con datos sobre las circunstancias familiares que pueden generar estrés en el niño, como la separación de sus padres por divorcio o muerte, problemas de alcoholismo de algún miembro de la familia, así como enfermedades psiquiátricas o problemas con la justicia.

Por otra parte, el estado fisiológico de estos individuos ya en su etapa adulta se midió por la carga alostática, una medida del desgaste fisiológico global que en este caso se ha construido con una serie de biomarcadores que se consideran clave para la salud, como la presión arterial, los triglicéridos o el cortisol.

Cristina Barboza Solís, investigadora de la Universidad de Costa Rica que en la actualidad trabaja en la Universidad Paul Sabatier de Toulousse (Francia), declara que la relación entre los traumas infantiles y los problemas de salud posteriores se puede explicar por tres vías: socioeconómica, comportamental y biológica.

En primer lugar, “los niños que han sufrido una adversidad tienen en promedio en su vida adulta un nivel socioeconómico y educativo más bajo”, afirma. Por otra parte, “son más propensos a adoptar comportamientos de riesgo para salud, como fumar, consumir licores o tener un índice de masa corporal superior”. Finalmente, la vía biológica aún está por esclarecer, pero es probable que el sistema fisiológico responda de algún modo al estrés.

Los investigadores han tomado los datos del National Child Development Study, un estudio que incluyó a miles de personas nacidas durante una semana de 1958 en Gran Bretaña, sobre los que se ha hecho un seguimiento a lo largo de sus vidas analizando diferentes parámetros sociales y de salud. Entre estas personas, que en 2015 cumplirán 57 años, se seleccionaron 3.782 mujeres y 3.753 hombres para este trabajo.

Entre los hombres que presentaron adversidades precozmente, las principales conductas de riesgo para la salud medidas en diferentes décadas de su vida (por ejemplo, a los 23, 33 y 44 años) han sido fumar, un bajo nivel educativo y un bajo patrimonio económico. Entre las mujeres que también atravesaron algún trauma infantil, además de estos mismos parámetros, destaca un índice de masa corporal elevado.

La infancia, un periodo crucial

Los resultados son “muy interesantes” porque animan a contar con nuevos factores a la hora de estudiar el bienestar de la población. “Incorporar el ambiente social en el que crecemos” como elemento que influye en la salud “nos llena de curiosidad científica”, asegura Cristina Barboza. En ese sentido, “reconocer la infancia como un periodo de oportunidades en términos de salud sería crucial para la creación de nuevas políticas de salud pública a nivel poblacional”, añade.

La infancia “es un periodo crítico para el desarrollo integral y óptimo de los sistemas fisiológicos y nuestro estudio aporta un granito de arena en la comprensión de los mecanismos que pueden alterar la salud de un individuo a lo largo de su vida”, asegura la investigadora costarricense.

Por eso, su equipo pretende continuar esta línea de investigación para analizar “si es posible que los padres transmitan un capital social, económico y psicosocial, a través del nivel educativo y la posición social, que proteja o altere la salud de sus hijos cuando lleguen a adultos”.

Adaptación a América Latina

Asimismo, Cristina Barboza está interesada en trasladar este tipo de investigación a Costa Rica. “Es difícil extrapolar los resultados a los países latinoamericanos, con realidades económicas, culturales, políticas e históricas tan distintas. Por ejemplo, las variables utilizadas para medir la adversidad pueden ser diferentes en contextos culturales distintos. Sin embargo, la metodología utilizada se puede adaptar y sería un estudio interesante para Latinoamérica si contáramos con las encuestas epidemiológicas adecuadas”, comenta.

De hecho, “es común en América Latina concebir políticas públicas e intervenciones en salud a nivel individual basándonos en estudios realizados en países desarrollados”. Sin embargo, “considero que es un buen momento para iniciar nuestro propio nicho de investigación para concebir políticas públicas de salud adaptadas a las realidades de nuestras poblaciones. Es un reto al que quiero contribuir al regresar”, señala. 

Referencia bibliográfica

Adverse childhood experiences and physiological wear-and-tear in midlife: Findings from the 1958 British birth cohort. Cristina Barboza Solís, Michelle Kelly-Irving, Romain Fantin, Muriel Darnaudéry , Jérôme Torrisani , Thierry Lang, and Cyrille Delpierre. PNAS, 2015. DOI: 10.1073/pnas.1417325112

Fuente: Agencia sinc

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No hay salud sin salud mental.

10 de octubre de 2014 — Con ocasión del Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recuerda que la salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales. Es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. Para fortalecerla, es necesario crear las condiciones favorables de vida y del medio ambiente. Asimismo, proveer los servicios y asistencia adecuados a las personas que sufren de trastornos mentales.

Determinantes de la salud mental

La salud mental individual es determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo.

La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.

También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.

Promoción y protección de la salud mental

La promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.

El clima de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.

Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental como la incorporación de la promoción de la salud mental a las políticas y programas de los sectores gubernamental y no gubernamental. Además del sector de la salud, es esencial la participación de los sectores de la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.

La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental se pueden mencionar:

  • las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares y ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas);
  • el apoyo a los niños (por ejemplo, programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil);
  • la emancipación socioeconómica de la mujer (por ejemplo, mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos):
  • el apoyo social a las poblaciones geriátricas (por ejemplo, iniciativas para hacer amistades y centros comunitarios y de día);
  • los programas dirigidos a grupos vulnerables, y en particular a las minorías, los pueblos indígenas, los migrantes y las personas afectadas por conflictos y desastres (por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres);
  • las actividades de promoción de la salud mental en la escuela (por ejemplo, programas de apoyo a los cambios ecológicos en la escuela y escuelas amigas de los niños);
  • las intervenciones de salud mental en el trabajo (por ejemplo, programas de prevención del estrés);
  • las políticas de vivienda (por ejemplo, mejora de las viviendas);
  • los programas de prevención de la violencia (por ejemplo, la reducción de la disponibilidad del alcohol y del acceso a las armas);
  • los programas de desarrollo comunitario (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado);
  • la reducción de la pobreza y la protección social para los pobres;
  • legislación y campañas contra la discriminación;
  • promoción de los derechos, las oportunidades y la atención de las personas con trastornos mentales.

Fuente: OMS

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Descubren por qué el ejercicio reduce el riesgo de depresión por estrés.

Investigadores del Instituto Karolinska han descrito los mecanismos que provocan que el ejercicio físico reduzca el riesgo de sufrir depresión asociada al estrés. El estudio, publicado esta semana en la revista Cell, ahonda en la influencia del deporte en la salud mental. 

El ejercicio físico posee una gran cantidad de beneficios para la salud humana, incluida la protección frente a la depresión generada por el estrés. Sin embargo, hasta ahora se desconocían los mecanismos que lo hacían posible.

Un nuevo estudio en ratones, realizado por los investigadores del Instituto Karolinska de Suecia, muestra cómo el ejercicio físico induce cambios en el músculo esquelético –un tipo de músculo unido al esqueleto– que ocasionan la limpieza de una sustancia que se acumula en la sangre durante los momentos de estrés y que es perjudicial para el cerebro.

“Aunque seguimos sin saber qué es la depresión, nuestro estudio forma parte de una pieza más del rompecabezas, ya que damos una explicación a los cambios bioquímicos que protegen al cerebro del estrés gracias al ejercicio físico”, explica Mia Lindskog, investigadora del departamento de Neurociencia de la institución sueca.

Anteriores investigaciones ya mostraron que la proteína PGC-1α1 se incrementa en el músculo cuando se realiza ejercicio. En este trabajo los investigadores utilizaron ratones genéticamente modificados con altos niveles de PGC-1α1 en el músculo esquelético, que desarrollaron músculos bien entrenados (incluso sin ejercicio).

Tanto estos ratones como los que no fueron modificados con la proteína fueron expuestos a un ambiente estresante, como ruidos altos, luces intermitentes y alteraciones en el ritmo circadiano. Después de cinco semanas, los ratones sin tratar mostraron un comportamiento depresivo, mientras que los ratones genéticamente modificados no presentaban dichos síntomas.  

“La hipótesis inicial era que los músculos entrenados podrían producir una sustancia con efectos beneficiosos para el cerebro. Ahora nos encontramos lo contrario: los músculos bien entrenados producen una enzima que depura el cuerpo de sustancias perjudiciales. En este contexto, la función del músculo recuerda a la del riñón o el hígado”, explica Jorge Ruas, principal investigador y miembro del departamento de Psicología y Farmacología del Instituto Karolinska.

Relación con las enfermedades mentales

La proteína PGC-1α1, que se activa en el músculo por el ejercicio aeróbico, regula la expresión de los genes KAT. Por ello, los científicos descubrieron que los ratones con altos niveles de dicha proteína en los músculos también tenían altos niveles de la enzima KAT.

Esta enzima convierte a la quinurenina –una sustancia que se genera en momentos de estrés– en ácido quinurénico, incapaz de pasar de la sangre al cerebro y, por tanto, no afecta a este órgano. Aunque no se conoce la función exacta de la quinurenina, los pacientes con enfermedades mentales tienen altos niveles de esta sustancia.

“Hasta ahora los mecanismos precisos de la depresión son poco conocidos, pero se sabe que el estrés induce cambios en el cerebro que pueden provocarla, como perturbaciones en la neurotransmisión y la inflamación del cerebro”, indica a SINC Jorge Rúas. “Así, al administrar quinurenina los ratones mostraron actitudes depresivas”.

Por el contrario, los ratones con niveles aumentados de PGC-1α1 en músculos no parecían afectados. De hecho, estos animales nunca mostraron altos niveles de quinurenina en la sangre, pues la enzima KAT rápidamente la convertía en ácido quinurénico, protegiendo al cerebro de la sustancia.  

“Nuestro trabajo muestra que al entrenar los músculos a través de la actividad física para incrementar los niveles de PGC-1α1, se activa un mecanismo de ‘desintoxicación’ que protege de la depresión producida por estrés”, añade Rúas. “Será muy interesante ver si podemos desarrollar medicamentos que activen el mismo proceso en aquellos pacientes que no puedan realizar ejercicio”, concluye. 

La depresión es un desorden psiquiátrico común en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que más de 350 millones de personas están afectadas y es la principal causa mundial de discapacidad.

Fuente: Agencia SINC

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Solo un 29 % de las mujeres españolas mantiene hábitos saludables.

Actualmente solo un 29% de las mujeres españolas afirman mantener hábitos saludables, y el 74% de ellas esperan mejorar su estado de bienestar en los próximos 5 años, según los datos del I Estudio de hábitos de vida saludable y bienestar en las mujeres elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos.

Madrid, 21 de febrero de 2014 (medicosypacientes.com)

Actualmente solo un 29% de las mujeres afirman mantener hábitos saludables, según los datos del I Estudio de hábitos de vida saludable y bienestar en las mujeres elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos y el Instituto DKV para la Vida Saludable, creado para promover la mejora de la salud y la vida de la población mediante la divulgación de información y la formación orientada a inculcar hábitos saludables.

El estudio pretende medir los hábitos más o menos saludables y de bienestar entre la población femenina, y tomar así conciencia de la realidad del cuidado de su salud. La investigación se ha basado en un cuestionario online sobre una muestra de 3.000 mujeres, con hijos y sin ellos, españolas, entre los 18 y los 65 años, de todas las comunidades autónomas.

Con la puesta en marcha de la iniciativa se pretende potenciar la prevención así como los valores del ejercicio y los hábitos para una vida sana. La investigación se ha basado en 6 grandes bloques: percepción de bienestar, hábitos saludables, medicina y prevención, alimentación, actividad física y descanso, y en cada uno de ellos, además de analizar la práctica real de hábitos saludables de las encuestadas, se ha investigado el nivel de conocimiento que tienen de los mismos.

En este sentido, el estudio refleja que, aunque en general el conocimiento que tienen las mujeres de prácticas saludables es bueno, en realidad no lo cumplen.

Teniendo en cuenta factores físicos, psicológicos y emocionales, el 65,5%  de las mujeres entrevistadas perciben su estado de bienestar como bueno o muy bueno, y el 74,4% esperan mejorarlo en los próximos 5 años. Cabe destacar que las jóvenes de entre 18 y 24 años son las que tienen más altas expectativas de que su bienestar mejore (84%), y el 40% de las de edades comprendidas entre los 45 y los 54 años valoran negativamente su estado de bienestar general.

Es el malestar emocional la razón fundamental que explica los bajos niveles de bienestar de aquellas encuestadas que declararon sentirse así (el 35%), con un 57% de respuestas. Pero esta percepción de experiencias o emociones negativas tiende a disminuir con la edad, mientras que la percepción de enfermedad física tiende a aumentar, cuanto más mayores son las encuestadas, mejor se encuentran emocionalmente, y cuanto más jóvenes son, físicamente se encuentran peor.

Para mejorar la sensación de bienestar, el 88,9% de las mujeres declara que escuchar música a diario es la actividad que mayor bienestar les reporta, seguido de la lectura y del voluntariado social, con un 84,5% y un 80,3% respectivamente.

Hábitos saludables

Al preguntar a las encuestadas si consideraban que mantenían hábitos saludables, solo el 29% afirmaron hacerlo, frente al 64% que procuran llevarlo a cabo pero no como rutina. Existe un pequeño porcentaje (7%) de mujeres que no se cuidan nada, y es reseñable que éstas tienden al sobrepeso y la obesidad.

Al indagar en el cuidado de diferentes aspectos, la higiene destaca sobremanera, con un 82,9% de respuestas. Pero preocupa el bajo porcentaje de respuestas en aspectos como el sueño, la alimentación, la actividad física, el estrés o el peso, que ronda el 30%. Si que declaran el 58,6% que deberían cuidar más la manera “saludable” de desarrollar su trabajo y el 56,7% el peso.

Llama la atención el dato de las mujeres que declaran no fumar, un 72%, siendo esta cifra superior en las jóvenes de entre 18 y 24 años, un 81,9% , frente al 19% de las encuestadas que afirman consumir tabaco a diario.

En cuanto al consumo de alcohol, el 64% de las mujeres consume ocasionalmente. Este consumo ocasional disminuye con la edad (58,1%) pero aumenta si las encuestadas no tienen hijos (71,8%).

Medicina y prevención

Aunque las encuestadas parecen tener claro que deben hacerse una revisión médica y ginecológica anual, realmente solo el 45,2% acude al médico anualmente y un 55,7% visita al ginecólogo una vez al año.

A medida que la edad avanza se tiene más conciencia  de la necesidad de hacerse un chequeo anual,  – 49% en mujeres de entre 55 y 65 años, frente al 28% en mujeres de entre 18 y 24 años -. Y llama la atención que, de las mujeres que declaran no haber ido nunca al ginecólogo (un 6%), un tercio son jóvenes de entre 18 y 24 años.

Alimentación

A pesar de que el 89,4% considera saludable hacer 5 comidas al día, solo lo hace un 48,1%.

En cuanto al conocimiento de los hábitos óptimos de diferentes grupos de alimentos, en general, las encuestadas conocen la frecuencia con la que se debería consumir cada grupo de alimentos (fruta fresca, verduras, dulces, comida rápida, etc…), pero al indagar por los hábitos reales hay marcadas diferencias en el consumo de frutas, verduras y zumos naturales.

Los alimentos que tienden a consumirse más a medida que aumenta la edad son los lácteos, la fruta fresca, las verduras, el pan, los cereales y los zumos naturales, y por el contrario disminuye la ingesta de dulces, embutidos, comida rápida y aperitivos.

En cuanto a la sal y el azúcar, parece que las españolas no abusan de su consumo. Un 74% consume sal a diario pero sin abusar, y un 53% declaran lo mismo con el azúcar.

Parece que el consumo de agua es algo que preocupa a las mujeres españolas, ya que un 63% beben de 1 a 2 litros de agua al día. Es destacable que las personas con sobrepeso beben menos agua.

Actividad física

Gran parte de las encuestadas, el 68%, reconoce haber comenzado una actividad física que después no ha continuado. Este dato lo lideran las jóvenes de entre 18 y 24 años con un 78% de respuestas, y son las mujeres de mayor edad las que menos respuestas dan en este sentido.

Al preguntar a nuestra muestra si practica algún tipo de ejercicio, la gran mayoría coinciden en afirmar que realizan ejercicio moderado, entendiendo este por caminar, subir escaleras, tareas del hogar, etc. Un 64% reconoce practicarlo. Ya el ejercicio intenso (gimnasio, natación, correr, ect.) lo practica un porcentaje menor, solo un 27,7%, y llama la atención que el 37% nunca realiza ejercicio intenso.

Destaca que el 43% de la encuestadas que son madres declaran no realizar nunca ejercicio físico intenso, frente al 30% de las que no tienen hijos

Al indagar en los tipos de ejercicio más practicados, caminar es la actividad elegida por la gran mayoría, un 76,5%. Otras prácticas, como montar en bicicleta, bailar o pilates las realizan entorno al 23,5% de las mujeres encuestadas. Y la mitad de las encuestadas coinciden en que el motivo principal por el que hacen ejercicio es la salud.

Descanso

En materia de descanso las mujeres españolas no realizan las mejores prácticas, ya que solo el 32% de las encuestadas duerme entre 7 y 9 horas a diario, frente al 63% que solo duerme de 5 a 7 horas al día. Aunque la teoría la conocen bien, ya que el 83,7% de ellas sabe que lo “saludable” es dormir entre 7 y 9 horas.

Es destacable que, del 32% que duerme entre 7 y 9 horas al día, la mayoría son jóvenes, y las mujeres con obesidad tienden a dormir menos de 5 horas.

Al preguntar a las encuestadas por los motivos que les quitan el sueño, un alto porcentaje de ellas (59,5%) coinciden en que son los nervios, el estrés y las preocupaciones las causantes de sus insomnios. Estas causas afectan sobre todo a mujeres jóvenes, mientras que las encuestadas mayores se despiertan sin motivo aparente.

Fuente: Médicos y Pacientes

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Salud mental: fortalecimiento de nuestra respuesta.

Datos y cifras

  • Hay más de 450 millones de personas con trastornos mentales, y muchas más con problemas mentales.
  • La salud mental es parte integral de la salud; tanto es así que no hay salud sin salud mental.
  • La salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales.
  • La salud mental es determinada por factores socioeconómicos, biológicos y medioambientales.
  • Existen estrategias e intervenciones intersectoriales eficaces y rentables de promoción de la salud mental.

La salud mental es un componente integral y esencial de la salud. La Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice: «La salud es un estado de completo

CHOCOLAT Dirigida por Lasse Hallström en 2000

CHOCOLAT Dirigida por Lasse Hallström en 2000

bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Una importante consecuencia de esta definición es que considera la salud mental como algo más que la ausencia de trastornos o discapacidades mentales.

La salud mental es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.

Determinantes de la salud mental

La salud mental individual es determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo.

La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.

También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.

Estrategias e intervenciones

La promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.

El clima de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.

Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental. Para ello hay que incorporar la promoción de la salud mental a las políticas y programas no solo del sector de la salud, sino también de los sectores público y privado en aspectos como la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.

La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental se pueden mencionar:

  • Las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares y ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas);
  • El apoyo a los niños (por ejemplo, programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil);
  • La emancipación socioeconómica de la mujer (por ejemplo, mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos):
  • El apoyo social a las poblaciones geriátricas (por ejemplo, iniciativas para hacer amistades y centros comunitarios y de día);
  • Los programas dirigidos a grupos vulnerables, y en particular a las minorías, los pueblos indígenas, los emigrantes y las personas afectadas por conflictos y desastres (por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres);
  • Las actividades de promoción de la salud mental en la escuela (por ejemplo, programas de apoyo a los cambios ecológicos en la escuela y escuelas amigas de los niños);
  • Las intervenciones de salud mental en el trabajo (por ejemplo, programas de prevención del estrés);
  • Las políticas de vivienda (por ejemplo, mejora de las viviendas);
  • Los programas de prevención de la violencia (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana con la policía), y Los programas de desarrollo comunitario (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado).

Respuesta de la OMS

La OMS presta apoyo a los gobiernos con el fin de promover y reforzar la salud mental. La OMS ha evaluado los datos científicos para promover la salud mental y está colaborando con los gobiernos para difundir esta información e integrar las estrategias eficaces en las políticas y planes.

Más concretamente, el Programa de Acción Mundial en Salud Mental de la OMS tiene el objetivo de ampliar los servicios relacionados con los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias en los países, y en especial en los de ingresos bajos y medianos. Cuando se adopte y ponga en práctica, podrán tratarse decenas de millones de personas con depresión, esquizofrenia o epilepsia, evitándose su suicidio y permitiéndoles llevar una vida normal, incluso en situaciones de escasez de recursos.

FUENTE: Organización Mundial de la Salud

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Taller Práctico de Gestión del Estrés.

La Clínica Magna Salud, a través de la Unidad de Promoción de la Salud, dirigida porCLINICA MAGNASALUD el Dr. Ángel Escudero, organiza un Taller Práctico de Gestión del Estrés.

CONTENIDO:

–       Emociones, sentimientos: Inteligencia emocional.

  • ¿Qué son las emociones?
  • ¿En qué se diferencian de los sentimientos?
  • ¿Cómo confrontar la razón a la emoción?
  • ¿Cómo podemos manejar nuestros sentimientos?

 –       Técnicas de concentración, relajación, meditación.

  • Aprender a aplicar estar técnicas nos ayuda a convivir con nuestro entorno recuperándonos de forma efectiva de la fatiga física y mental
  • Mediante la relajación recuperamos el equilibrio en nuestro sistema nervioso.
  • La meditación nos ayuda a dejar nuestra mente libre de toda preocupación.

 –       Voluntad, imaginación, sugestión.

  • ¿Qué puede más la voluntad o nuestra imaginación?
  • Aprendiendo a enfocar nuestra imaginación nos sentiremos más dueños de nosotros mismos.
  • Comprobaremos la importancia de manejar los procesos naturales de la autosugestión.

FECHA: Días 6 y 13 de junio de 19:00 a 20:30 horas.

DISPONIBILIDAD DE PLAZAS: Grupos reducidos.

INFORMACIÓN Y MATRÍCULA: CLÍNICA MAGNASALUD   Tf: 962 067 047

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Combatir el estrés con unos minutos de meditación.

Por: Rachel Johnson

Fuente:  HARVARD SCHOOL OF PUBLIC HEALTH

Según una reciente encuesta sobre el estrés en América realizada por la Asociación Americana de Psicología, la mayoría de los estadounidenses dice que tienen niveles de estrés que no son saludables. Uno de cada tres encuestados viven con un estrés extremo. Ese estrés puede tener una importante repercusión sobre la salud: El estrés crónico se ha relacionado con problemas de salud relacionados con  enfermedades del corazón, asma, úlceras, etc. El impacto del estrés sobre la salud cardiovascular, es similar al producido por el hábito de fumar, según Laura Kubzansky , Profesora Asociada de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Harvard School of Public Health (HSPH).

Kubzansky fue uno de los cuatro expertos que discutieron los efectos del estrés sobre la salud y el bienestar el pasado 5 de marzo 2013 en el Foro de la Harvard School of Public Health evento, presentado en colaboración con el Huffington Post. También participaron otros expertos en la materia como Lilian Cheng, Directora del  HSPH’s Nutrition Source; David Eisenberg, Profesor Asociado en el HSPH Department of Nutrition y  Ellen Langer, profesora de Psicología en la  Harvard University.

La repercusión del estrés sobre la salud, se debatió desde una gran diversidad de enfoques, desde la Psicología a la Ciencia de la Nutrición, los expertos exploraron las causas y consecuencias del estrés, especialmente el “desgaste fisiológico” que se produce cuando las personas experimentan repetidos períodos de estrés. Y se hizo hincapié en el papel que desempeña la práctica de la meditación en la lucha contra el estrés y la elección de conductas saludables.

“Cuando estamos estresados no comemos con la calma necesaria”, dijo Eisenberg. “Cuando mantenemos un buen equilibrio emocional, tomamos mejores decisiones”. Cheung, experto en la práctica de la meditación, compartió sus “tres pasos hacia la felicidad”: “Tomar consciencia de nuestra respiración, tomar consciencia del acto de comer, y tomar consciencia de nuestra actividad, de nuestros movimientos. “

Este grupo de expertos destacó la importancia de abordar el estrés desde el punto de vista de la salud pública siendo clave el establecimiento de sistemas que preparen a la gente para protegerse del estrés. Aunque el estrés es un fenómeno generalizado en nuestras vidas, en la actualidad no existe un enfoque sistemático desde la atención médica para prevenirlo y tratarlo. Como conclusión, recomendaron que los médicos deberían estar capacitados para reconocer y responder mejor a los pacientes con estrés y ayudarles a practicar hábitos saludables, así como desarrollar herramientas para ayudar a que los niños aprendan de forma efectiva a manejar su estrés.

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