La ciencia sigue la pista de la paradoja francesa.

Uno de los enigmas de la medicina es la paradoja francesa. ¿Por qué los galos, a pesar de comer más grasas poco saludables, tienen uno de los menores riesgos cardiovasculares del mundo? La solución parece estar en el consumo moderado y frecuente de vino, pero hay quien duda de ello y alerta de los peligros del alcohol. Mientras, los laboratorios intentan reproducir sus efectos con pastillas basadas en uno de sus componentes: el resveratrol.

A finales de los años 80, en pleno auge de los grandes estudios de observación, se detectó algo extraño en la salud de los galos que se dio en llamar la paradoja francesa.

EL ESCUDO ARVERNO por Goscinny & Uderzo

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Por aquel entonces se publicaron las primeras conclusiones del estudio MONICA, un enorme proyecto con datos de más de 15 millones de personas de más de veinte países. Toda esa información serviría para dilucidar qué factores estaban ligados a problemas cardiovasculares –como infartos o ictus– y tomar las medidas oportunas.

Algunas cosas ya se conocían. A más colesterol y consumo de grasas saturadas, mayor riesgo. Pero algo no cuadró: Francia era uno de los países donde más grasas de este tipo se consumían: en la mantequilla, en los quesos, en su foie gras. Sin embargo, los franceses apenas morían por infartos. De hecho, su riesgo cardiovascular era entre cinco y diez veces más bajo que el de sus vecinos ingleses y prácticamente la mitad que el de los estadounidenses. Todo esto, sin que hubiera diferencias sustanciales en cuanto a sus niveles de colesterol, su peso, su tensión arterial o el número de cigarrillos que fumaban. ¿Qué protegía a los franceses?

Un aliado en la copa

Sin intrigas: el vino. Ese era el ingrediente protector, según Serge Renaud, investigador francés al que se considera como el ‘padre’ de la paradoja. Renaud creía que, si no toda, gran parte de ella se debía a que la mayoría de los franceses son consumidores habituales de vino, sobre todo tinto, y que este, a dosis moderadas, tenía efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular.

Eso era lo que contrarrestaba el peligro de sus quesos, su foie gras, sus cruasanes con mantequilla. Así fue como lo expuso en 1991 en una entrevista en la cadena estadounidense CBS, momento que se considera como el nacimiento de la paradoja francesa, y que desencadenó una subida del 40% en las ventas de vino en Estados Unidos en el año que siguió a la emisión.

En 1992 explicó su hipótesis en la revista The Lancet. A partir de diferentes estudios, llegó a la conclusión que los principales elementos de la dieta que influían en la mortalidad eran justamente las grasas, para mal, y el consumo regular y moderado de vino, para bien. Pero más que una revelación, su convicción parece tener los tintes de una búsqueda.

Una pista está en su propia biografía: “Si no hubiera vivido con mis abuelos en un viñedo cerca de Burdeos, quizás la idea no se me hubiera ocurrido. Cuando ves a personas que han bebido pequeñas cantidades de vino cada día alcanzar los 80 y los 90 años no piensas que a esas dosis el vino pueda ser perjudicial”.

La otra está en la propia ciencia. Renaud había oído que en 1970 el gran estudio Framingham, en EE UU, llegó a la conclusión de que dosis bajas de alcohol podían disminuir la mortalidad cardiovascular. Pero ese trabajo tardó mucho en publicarse, porque “los Institutos de Salud de los Estados Unidos (NIH) temían que animase a la gente a beber”, aseguró. Por entonces, Renaud ya llevaba años trabajando en los mecanismos por los que el alcohol podía actuar sobre las plaquetas de la sangre.

Su propuesta no era más que una conjetura basada en estudios epidemiológicos, que servía para formular hipótesis, pero no para demostrarlas. Este tipo de trabajos son proclives a caer en la falacia ecológica: una falsedad resultante de un análisis incompleto, de una recogida insuficiente de datos o de una correlación azarosa y no causal.

Eso es lo que piensan los críticos de la paradoja: que en realidad no existe. Por ejemplo, porque los datos sobre la dieta de los franceses fueron recabados en los años 80, pero cabe pensar que también sería importante la dieta anterior, que en los 60 no parecía incluir tantas grasas. También por otros factores que no se tuvieron en cuenta, como el consumo de pescado. O incluso porque tomar vino puede asociarse a un mayor estatus económico y, por tanto, a un mejor acceso a medicinas.

No es eso lo que opina Juan Carlos Espín, jefe del Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos del CEBAS-CSIC, en Murcia: “La nutrición y la medicina se están rescribiendo cada día, y es cierto que a veces se intenta simplificar en exceso buscando un único responsable de fenómenos muy complejos. Aun admitiendo eso, a día de hoy existen muchísimas evidencias que avalan la existencia de la paradoja y van construyendo un mensaje”.

EL ESCUDO ARVERNO  por Goscinny & Uderzo

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Una curva en forma de J

Real o no, lo que consiguió la paradoja francesa fue disparar el número de estudios sobre los posibles beneficios del vino que, en general, han dictado un informe favorable: “A día de hoy se acepta que el consumo moderado de vino, especialmente tinto, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular. Con estas palabras y no otras”, recalca Espín, para quien el vino seguramente no explica la totalidad de la paradoja, pero sí una buena parte.

De la misma opinión es Cristina Andrés, jefa del departamento de Metabolómica de los Alimentos en la Universidad de Barcelona, para quien “hay muchos estudios que indican su beneficio; pero los efectos del alcohol hay que interpretarlos con cautela”.

Está probado que los efectos del vino sobre el corazón dibujan una curva en J. Imagine que el extremo izquierdo de la letra es su riesgo cardiovascular. Si bebe un poco de vino cada día –empiece a escribir la J– es posible que ese riesgo disminuya, pero en cuanto se exceda un poco –complete la letra– el riesgo aumentará. Y lo hará de una forma exponencial, como el trazo de la jota.

Esa curva supone el mayor problema a la hora de recomendar su consumo, porque definir ‘moderado’ es complicado. Dependerá de si es hombre o mujer, de su peso, de su edad y, además, del tipo de vino: “En España se producen miles de vinos distintos, con gran variabilidad en su composición”, apunta Espín. “De ahí lo difícil que resulta establecer la relación riesgo/beneficio”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no exceder las dos copas al día en los hombres y la mitad en mujeres, porque también puede acarrear problemas: el alcohol se relaciona con el desarrollo de tumores, e incluso dosis moderadas a largo plazo pueden aumentar el riesgo de cirrosis. Un estudio de la revista BMJ cifró la dosis óptima en cinco gramos de alcohol al día, esto es, media copa; pero otra investigación más reciente, también en BMJ, ponía en duda estos resultados, ya que solo encontró beneficios en mujeres mayores de 65 años.

“No creo que haya suficiente evidencia como para prohibir el consumo moderado de vino tinto”, afirma Núria Ribas, adjunta en el servicio de cardiología del Hospital del Mar, en Barcelona. De hecho, “las últimas guías de práctica clínica españolas todavía recomiendan un consumo máximo de una copa de vino al día en mujeres y dos en hombres”. Pero “hay que individualizar las recomendaciones.

Lo fundamental es vigilar la dieta y hacer ejercicio. Eso sí, a los pacientes que llevan hábitos saludables y que preguntan si pueden tomar algo de vino, les digo que sí”, explica Ribas. Recomendaciones muy parecidas a las que sugiere la Asociación Estadounidense del Corazón y a las que remite Valentín Fuster, jefe de cardiología del hospital Monte Sinaí, en Nueva York.

EL ESCUDO ARVERNO por Goscinny & Uderzo

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Un enjambre de mecanismos

¿Pero cómo podría un poco de vino producir esos beneficios? En última instancia no se conoce el mecanismo exacto, pero hay bastantes pistas, eso sí. Básicamente son dos los componentes que pueden estar actuando: el alcohol y los polifenoles, un conjunto de sustancias antioxidantes en las que el vino tinto es especialmente rico. Ambas presentan credenciales.

El alcohol en pequeñas dosis aumenta el colesterol ‘bueno’ HDL, y como si fuera una pequeña aspirina, inhibe la agregación plaquetaria que ya estudiaba Renaud. Por su parte, los polifenoles también actúan sobre las plaquetas, tienen propiedades antiinflamatorias y disminuyen el colesterol LDL oxidado, el peor de los colesteroles malos.

Se desconoce cuál de estos mecanismos es más importante, pero sí parece que lo más eficaz es la combinación de alcohol y polifenoles, porque el primero parece mejorar la absorción de los segundos y, sobre todo, porque cuando se han hecho estudios con vino sin alguno de los dos componentes, los beneficios son inferiores. Eso explicaría por qué el tinto, con más polifenoles que el blanco, parece más eficaz que la cerveza, que tiene menos antioxidantes; y esta que la ginebra, que prácticamente solo actúa a través del alcohol.

En cualquier caso, es arriesgado hacer recomendaciones debido a la curva en J, la toxicidad del alcohol y lo difícil que resulta establecer qué es un consumo moderado. Para evitar estos problemas, llegamos a la evolución sintética de la paradoja: las pastillas.

Las controversias del resveratrol

De entre todo el abanico de polifenoles que contiene el vino, intentó buscarse cuál era el fundamental, aquel cuya producción a gran escala pudiera, si no igualar, al menos asemejar sus beneficios sin sus peligros. Ya desde el primer momento uno destacó por encima de todos: el resveratrol. Su salto definitivo y espectacular llegó en 2003, cuando se describió que el resveratrol activaba las sirtuinas –unas proteínas centrales en la maquinaria celular– y reproducía todos los efectos de la restricción calórica, al menos en levaduras. Poco menos que la panacea universal.

La restricción calórica, que consiste en disminuir aproximadamente el 30% de las calorías que ingerimos, ha demostrado en animales inferiores que mejora el metabolismo, protege del cáncer, ralentiza el envejecimiento y prolonga la vida. El resveratrol parecía ser la pastilla que podía mimetizarlo sin tremendo sacrificio dietético. Por si fuera poco, también explicaría la mayoría de los efectos beneficiosos del vino. 

Sin embargo, el castillo de naipes se fue derrumbando. El resveratrol no alarga la vida de los ratones y ni siquiera parece capaz de activar las sirtuinas. Primera carta fuera. Además, el principal ensayo que se hizo para probar su efecto anticancerígeno tuvo que suspenderse. Con las dosis utilizadas no solo no parecía eficaz, sino que dañaba los riñones en pacientes con mieloma. Aunque su papel contra el cáncer –la segunda carta– no se ha desechado, la gran esperanza está ahora en su acción cardiovascular.

En ello está el doctor Espín, quien ostenta una patente sobre su extracción. El resveratrol es un antimicrobiano que la uva produce para defenderse cuando percibe una agresión. Por eso, los vinos poseen concentraciones muy variables, según los ataques que hayan sufrido. Una botella contiene entre 0,2 y 5,8 miligramos.

El método de Espín permite enriquecer esta concentración y así fabricar pastillas con ocho miligramos que ya se comercializan. Una cantidad que considera apropiada porque “consumir más resveratrol no produce necesariamente más efecto”.

Su propio grupo ha participado en ensayos clínicos en los cuales se ha visto que tomar esta combinación durante un año mejora varios parámetros cardiovasculares sin aparentes efectos secundarios. Por ello, defiende su uso como un complemento, “sin que eso exima de llevar una vida ordenada”, afirmación a la que se une Andrés.

Su comercialización es posible porque se trata de un complemento alimenticio, no de un fármaco. Si lo fuera, debería haber sido sometido a ensayos más grandes, a más largo plazo, y haber mostrado una disminución de los infartos y los ictus.

Escepticismo

Para Espín, “la mayoría de complementos, incluidos otros con diferentes concentraciones de resveratrol, se venden a gran escala sin evidencias parecidas. Nosotros demostramos eficacia y seguridad. En la jungla de las farmacias no hay ningún complemento con el mismo aval. Es sorprendente lo que se vende sin nada detrás que lo soporte. En vez de aplaudir lo que se ha hecho para este ingrediente, se echa en falta aquello que solo es aplicable al medicamento”.

Por su parte, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) aún no se ha pronunciado al respecto, y profesionales como la doctora Ribas se muestran escépticos: “Es cierto que el resveratrol ha demostrado algunos beneficios bioquímicos respecto a la prevención cardiovascular, pero todavía no hay datos clínicos que nos digan si es eficaz”.

Eso sí, sea útil o no y hasta qué punto, parece evidente que nadie es capaz de discutir aún la frase de Renaud: “No esperes una pastilla que sustituya una buena dieta. No existe tal cosa”.

Fuente: AGENCIA SINC

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El consumo diario de chocolate reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Comer chocolate ha gozado de mala fama debido a la alta cantidad de calorías que aporta. Era además uno de los primeros alimentos en eliminarse de las dietas para bajar de peso. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha analizado los datos de una encuesta a casi 21.000 adultos sobre la dieta y el estilo de vida, y concluye que los que consumen chocolate de forma habitual y en cantidades pequeñas (hasta 100 gramos al día) pueden padecer menos enfermedades cardiacas e ictus.CIEN GRAMOS DE CHOCOLATE

El chocolate, al provenir del cacao, es una fuente dietética de flavonoides –pigmentos vegetales– que en los humanos tienen propiedades antioxidantes. Estas propiedades pueden tener un efecto beneficioso en las células endoteliales, que rodean a los vasos sanguíneos y al corazón, y por lo tanto pueden proteger contra las enfermedades cardiovasculares.

Para profundizar en las propiedades saludables del chocolate, investigadores de diferentes universidades internacionales han analizado los resultados del estudio prospectivo europeo sobre dieta, cáncer y salud (EPIC, por sus siglas en inglés) en 21.000 adultos de la ciudad inglesa de Norfork. Las conclusiones, que se publican en la revista Heart, son claras: el consumo de hasta 100 gramos de chocolate al día se asocia a un menor riesgo de sufrir enfermedades del corazón.

Los investigadores del estudio señalaron que el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares desciende un 11% en los encuestados que consumieron chocolate, y el riesgo de muerte por estas causas disminuye un 25%. Además, los ingresos hospitalarios descienden un 9% por la ingesta habitual de chocolate.

“No parece haber ninguna razón para dejar de tomar chocolate si se quiere tener menos riesgo de infartos”, apuntan los científicos tras controlar durante casi 12 años  a los participantes del EPIC-Norfolk (9.214 hombres y 11.737 mujeres) de los cuales el 14% tuvo alguna enfermedad cardiaca.

Menos riesgo de sufrir ictus

Los resultados del estudio apuntan también a que el riesgo de sufrir ictus, incluso asociado con otros factores de riesgo, se reduce en un 23% gracias al mayor consumo de chocolate.

Alrededor de uno de cada cinco participantes en la encuesta (el 20%) señalaron que nunca comieron chocolate. Entre los que lo tomaron, el consumo promedio fue de 7 gramos diarios aunque algunos indicaron que ingerían más de 100 gramos al día.

Según el equipo de investigación, los participantes que superaron esta última cifra al día fueron individuos más jóvenes y un menos índice de masa corporal. La mayor ingesta de chocolate también se asocia con una dieta con más presencia de grasas y carbohidratos.

Los autores señalan que al tratarse de un estudio observacional no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre las causas y el efecto del chocolate con las enfermedades cardiacas. Sin embargo añaden que las evidencias sugieren que la ingesta de chocolate, “se asocia con un menor riesgo de problemas cardiovasculares en el futuro”.

El chocolate con leche también es saludable

El chocolate con leche se considera, en general, menos sano que el chocolate negro. Sin embargo, este tipo de chocolate fue el que comieron de forma habitual los participantes del EPIC-Norfolk. Por lo tanto, los efectos beneficiosos para la salud se pueden extender también a este tipo de alimento.

“Esto puede indicar que no sólo los flavonoides, sino también otros compuestos, posiblemente relacionados con la leche, como el calcio y los ácidos grasos, pueden proporcionar una explicación para esta asociación”, sugieren los científicos. 

Referencia bibliográfica:

Chun Shing Kwok et al. “Habitual chocolate consumption and risk of cardiovascular disease among healthy men and women”. Heart. Doi: 10.1136/heartjnl-2014-307050 15 de junio de 2015.

Fuente: AGENCIA SINC

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Sal sí, pero en su justa medida.

Por: María Pilar Gómez Villena, Graduada en Nutrición Humana y Dietética.

Por definición, la sal común –conocida generalmente como sal-, se corresponde con la5 gramos máximo de sal sal formada por los iones sodio y cloro (cloruro sódico). Ambos componentes, desde el punto de vista nutricional, son los electrolitos que en mayor medida forman parte de los fluidos corporales. La sal es la principal fuente de sodio de la dieta, de manera que por cada 2,5g de sal se toma 1g de sodio, el cual dentro del organismo humano contribuye al mantenimiento del equilibrio de los líquidos corporales (dentro y fuera de las células). También interviene en la conducción de impulsos nerviosos, y ayuda a que los músculos respondan correctamente a los estímulos mediante la contracción muscular, por tanto, la sal es necesaria para la vida.

Sin embargo, el sodio atrae el agua, por lo que una dieta rica en este dirige el agua hacia el torrente sanguíneo, lo cual con el tiempo se traduce en el aumento de la presión arterial. La hipertensión arterial primaria se relaciona directamente con el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, ya que induce a que el corazón trabaje más, y por tanto, se puedan dañar vasos sanguíneos y órganos con el corazón, riñón y cerebro. Como datos numéricos destacar que en España, más de 65.000 personas mueren al año por enfermedad coronaria y por ictus cerebrales. El 45% de los infartos de miocardio y el 50% de los ictus cerebrales están relacionados con la hipertensión arterial, cuya principal causa es el consumo excesivo de sal.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que la ingesta máxima de sal al día sea de 5g (una cucharadita de café) con el objetivo de prevenir esta. En España estamos consumiendo aproximadamente, 10g diarios, es decir, el doble de la cantidad recomendada.

El 70% de la sal ingerida por la dieta procede de productos preparados, precocinados, y de alimentos consumidos fuera del hogar, por lo que la mejor forma de controlar el consumo de sal es cocinar más sencillo y con alimentos frescos.

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El bricolaje y la jardinería reducen un 30% el riesgo de ictus.

MADRID, 29 Oct. (EUROPA PRESS) –

   La práctica de bricolaje o jardinería puede reducir el riesgo de un ataque cardiaco o un derrame cerebral y prolongar la vida hasta en un 30 por ciento en el grupo de edad de más de 60 años, según revela una investigación publicada en la edición digital de ‘British Journal of Sports Medicine’. Según los autores, estas actividades rutinarias son tan buenas como el ejercicio.

   Estos científicos basan sus resultados en el análisis de casi 4.000 individuos de 60 años en Estocolmo, Suecia, cuya salud cardiovascular fue seguida durante alrededor de 12,5 años. Al inicio del estudio, se realizó un chequeo médico a los participantes, con información sobre el estilo de vida, la dieta, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la actividad física y la forma en que estaban.

    A los participantes, se les preguntó la frecuencia con la que realizaban una gama de actividades de la vida diaria, tales como la jardinería, el bricolaje, el mantenimiento de coches y recoger moras en los doce meses anteriores, así como si habían practicado algún ejercicio formal. Se controló su salud cardiovascular con pruebas de laboratorio y exámenes físicos para ver las grasas y el azúcar en sangre y el factor de coagulación de la sangre, cuyos niveles altos están vinculados a un riesgo elevado de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular.

   Al inicio de la investigación, los que tenían una vida diaria activa generalmente poseían un perfil mucho más bajo de riesgo de problemas cardiovasculares, independientemente de la cantidad de ejercicio regular que practicaban, que aquellos con bajos niveles de actividad diaria. Este perfil incluye cinturas más pequeñas, menores niveles de grasas en la sangre potencialmente dañinos y menor glucosa y niveles de factores de coagulación en los hombres.

   Lo mismo puede decirse de los que realizaron ejercicio formal en grandes cantidades, pero que no tenían una actividad física rutinaria muy a menudo. Por su parte, quienes hacían ejercicio regularmente y a menudo eran físicamente activos registraron el perfil de riesgo más bajo de todos. Durante el periodo de seguimiento de 12,5 años, 476 de los participantes tuvieron su primer ataque al corazón y 383 murieron por diversas causas.

   El mayor nivel de actividad física diaria se asoció con un 27 por ciento menos de riesgo de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral y una reducción del riesgo del 30 por ciento de muerte por todas las causas, en comparación con el nivel más bajo, independientemente de la cantidad de ejercicio regular y formal que se realizara también.

   “Nuestros hallazgos son particularmente importantes para los adultos mayores, ya que las personas de esta edad tienden, en comparación con otros grupos, a pasar un tiempo relativamente mayor de su actividad diaria realizando actividades rutinarias porque a menudo tienen dificultades para lograr la intensidad de los niveles de ejercicio recomendados”, subrayan los autores.

   Estos expertos sugieren que las explicaciones biológicas de sus hallazgos podrían estar en el gasto de energía: pasar mucho tiempo sentado baja el metabolismo al mínimo, mientras que se eleva cuando la actividad física aumenta. Las contracciones musculares también pueden proporcionar algunas pistas, puesto que sentarse no requiere ningún esfuerzo muscular, alterando la producción normal de hormonas del músculo esquelético, con potenciales efectos adversos sobre otros órganos y tejidos del cuerpo.

FUENTE: EUROPAPRESS

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Controlar la periodontitis para disminuir el riesgo de infarto e ictus.

Cardiólogos y odontólogos colaborarán en el control de la periodontitis para disminuir el riesgo de infarto e ictus.

La Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) han firmado un acuerdo de colaboración para la formación de profesionales y en el desarrollo de investigaciones con el objetivo de promover un mayor control de la inflamación bucal como medida de prevención de la enfermedad cardiovascular, y disminuir así el riesgo de infarto e ictus en la población.

Madrid, 8 de octubre de 2013 (medicosypacientes.com/EP)

“Ambas especialidades compartimos enfermos comunes, ya que ellos deben tratar pacientes con cardiopatías que precisan tratamiento anticoagulante o antiagregante y la existencia de focos sépticos puede ser causa de endocarditis bacteriana”, señala el presidente de la SEC, el doctor Vicente Bertomeu.

Por su parte, el presidente de SEPA, el doctor David Herrera, destaca la necesidad de que “los profesionales sanitarios sean conscientes de esta asociación y que tengamos guías clínicas adecuadas que permitan la atención correcta a los pacientes, tanto en las clínicas médicas como odontológicas, en relación con el riesgo cardiovascular”.

Las últimas “Guías para la prevención de la enfermedad cardiovascular en  la práctica clínica” publicadas por la European Society of Cardiology (ESC) indican que la periodontitis se asocia con la aparición de disfunción endotelial, arterioesclerosis y, como consecuencia, con un incremento del problemas cardiovasculares.

En las enfermedades periodontales se libera en la sangre una gran cantidad de bacterias, toxinas y mediadores inflamatorios que pueden afectar a diferentes órganos. La presencia de bacterias y ciertos mediadores inflamatorios en las arterias coronarias es capaz de desencadenar la movilización de la placa de ateroma, que obstruyendo la luz de la arteria coronaria desencadena el infarto.

“Estas evidencias científicas han hecho que se incluya la periodontitis como factor de riesgo cardiovascular en las “Guías para la prevención de la enfermedad cardiovascular en la práctica clínica” publicadas por la “European Society of Cardiology”. Así, se hace necesaria la colaboración entre odontólogos y cardiólogos para asegurar un mejor control de estos procesos inflamatorios”, añade.

En el acuerdo se establecieron como posibles escenarios de colaboración la participación cruzada en sesiones de los respectivos congresos, la realización de reuniones científicas conjuntas y actuaciones en temas relacionados con la formación de especialistas.

Asimismo, la obtención de financiación para la realización de proyectos de investigación conjuntos y dotación de becas, actuaciones conjuntas respecto a organismos e instituciones nacionales e internacionales, el establecimiento de enlaces entre las respectivas páginas web o la puesta en marcha de programas de divulgación dirigidos a otros profesionales de la salud.

FUENTE: MÉDICOS Y PACIENTES

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Soja o leche para tener la tensión a raya.

Ángeles López | Madrid. El Mundo

Actualizado martes 19/07/2011

No será la primera vez que oye hablar de los beneficios de la soja, pero los últimos datos de un estudio publicado en la revista ‘Circulation’ son una prueba más de las propiedades que aporta esta legumbre, esta vez disminuyendo la tensión arterial. Pero si no le gusta este alimento y su tensión está un poco descontrolada, no sufra, parece que la leche puede tener el mismo efecto positivo.

Tener una tensión arterial superior a 135/85 mm de Hg está relacionado con un mayor riesgo cardiovascular y con más probabilidad de muerte prematura. Cualquier medida que esté orientada a tener estas cifras controladas merece la pena llevarla a cabo. Hay muchos hábitos que potencian la salud cardiaca como la práctica regular de ejercicio o llevar una dieta equilibrada. Sin embargo, son muchas las personas que cada año ven cómo su médico les ‘etiqueta’ de hipertensos, de ahí que existan muchas investigaciones que evalúen diferentes dietas, hábitos o tratamientos para prevenir o tratar la tensión alta.

La última ha sido llevada a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (EEUU) en la que han evaluado el efecto de las proteínas de la soja o de la leche sobre 352 adultos, mayores de 22 años, con unas cifras de tensión arterial elevadas (algunos hipertensos y otros prehipertensos): la sistólica oscilaba entre los 120 y 159 mmHg y la diastólica estaba entre los 80 y 95 mmHg.

Los investigadores asignaron a los participantes a tres grupos de forma aleatoria. Durante ocho semanas, un grupo tomó un suplemento de 40 gramos de proteínas de soja al día, el segundo, 40 g de proteína láctea y el tercero recibió un suplemento diario de carbohidratos. Los tres suplementos tenían el mismo envase y aspecto, de tal forma que ni los participantes ni los investigadores sabían el que estaban recibiendo. Asimismo, a todos se les tomó la tensión arterial en repetidas ocasiones cada vez que acudían a la consulta.

Comparados con los carbohidratos, los suplementos de soja y de leche redujeron más la tensión arterial sistólica (la cifra más alta). En concreto, los participantes que tomaron las proteínas de soja tuvieron un descenso de 2,3 mmHg y los que ingirieron las proteínas lácteas, de 2 mmHg.

“Algunos estudios observacionales habían sugerido que comer carbohidratos o seguir una dieta rica en carbohidratos podría ayudar a reducir la tensión arterial. Sin embargo, nuestro ensayo clínico, que los compara directamente con las proteínas de la soja y de la leche, muestra que estas últimas disminuyen más la tensión que los primeros”, señala Jiang He, principal autor del estudio y epidemiólogo en la Universidad de Tulane.

Aunque la reducción de la tensión arterial no fue muy grande, los investigadores señalan que, en la población general, una disminución de 2mmHg en la sistólica “podría conducir a una reducción del 6% en la mortalidad por ictus, del 4% en la mortalidad por enfermedad cardiovascular y del 3% en la mortalidad por cualquier causa”.

Tal y como señalan los autores, éste es otro estudio más que apoya la idea de que la ingesta de proteínas vegetales puede ser una importante estrategia nutricional para prevenir la hipertensión. Sin embargo, hasta ahora no había evidencias en cuanto a las proteínas lácteas. “Este es el primer ensayo clínico que documenta que las proteínas de la leche disminuyen la tensión arterial en personas prehipertensas o hipertensas”, explica el artículo.

No obstante, debido a que el ensayo clínico se realizó con suplementos, y no con alimentos, se requieren de otros estudios que examinen el efecto de varias dietas proteicas sobre la tensión arterial para “poder recomendar un aumento de la ingesta diaria de proteínas dentro de la dieta como parte de una estrategia de intervención en la prevención y tratamiento de la hipertensión”.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/07/18/nutricion/1311005812.html

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