CONSEJOS DE VIDA SALUDABLE (20).

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en Hello Valencia. Nº 214, diciembre 2018

“El médico, acechando el hallazgo del estreptococo o de la sífilis, pasa por alto cuando el enfermo o la enferma le cuentan que ha trabajado mucho, que ha sufrido persecuciones, que ha tenido más hijos de los que sus medios económicos le hubieran permitido, que ha vivido en una casa inclemente, que ha tenido que tomar, en fin, durante años determinadas drogas, ya por propia iniciativa, ya por prescripción de los médicos hiperterapéuticos que hoy son legión. Y, sin embargo, todas estas circunstancias, todo este sufrimiento, que se repite de unos casos a otros, provoca una misma reacción defensiva inespecífica, que al desfallecer o al exagerarse puede ocasionar las enfermedades más diversas. El que esta etiología inespecífica produzca una enfermedad u otra depende, probablemente, de la predisposición del sujeto, en el sentido de una debilidad, de una vulnerabilidad previa, constitucional del aparato locomotor o del sistema circulatorio, y quizá, también, de la distinta intensidad con que en cada caso actúan cada uno de los componentes de este factor del sufrimiento o maltrato de la vida.”

Estas palabras fueron pronunciadas por Gregorio Marañón en una de sus lecciones magistrales en el año 1950. En pleno siglo XXI su visión sobre el sufrimiento y la enfermedad, mantienen toda su vigencia.

Cuatro años después, en el año 1954, pronunciaba estas palabras en otro de sus discursos: “La desaparición del médico íntimo, amigo, cordial, ha producido como reacción el médico psicoanalista. El auge actual del psicoanálisis no se debe al genio y al esfuerzo de los psicoanalistas, sino a la angustia de muchos seres humanos que sienten la necesidad de recogimiento y de calor espiritual, para curarse no sólo de las enfermedades del espíritu, sino de muchos sufrimientos orgánicos, que el paciente sabe por instinto, desde muchos años antes de crearse la medicina que hoy se llama psicosomática, que no tienen otra causa que las agresiones sentimentales de la vida, ni otro remedio que la atención y el amor.”

Junto a los avances tecnológicos de la medicina actual, debemos poner todo nuestro esfuerzo en que las personas recuperen la paz interior, la serenidad, la esperanza, la ilusión, el sentido de su existencia y ayudarles y guiarles para que puedan generar un continuo estallido de amor en sus vidas.

Si mi vida se rige por el amor, todo lo que pueda salir bien saldrá bien.


Q.S.D. N.S.D.

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EL SECRETO DEL PSICOANÁLISIS.

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

El Dr. Gregorio Marañón en su discurso pronunciado en la “Fiesta de consagración de la Medicina”, organizada por la Orden de Médicos, de Portugal el 4 de diciembre de 1954, expuso algunos peculiares aspectos de la práctica médica que, tras el paso de los años, siguen vigentes para el análisis y la reflexión en el siglo XXI.

Gregorio Marañón

Por desgracia, el mundo actual ha hecho que casi desaparezca este tipo de médico que no equivocadamente se llama “de familia”, porque lo mejor de su eficacia dependía precisamente de actuar dentro de la familia, pero sin ser un familiar, es decir, de representar un gesto de confianza y de amor, que venía de fuera pero que llegaba hasta el fondo de la intimidad, como una brisa de madrugada que orea e ilumina una habitación oscura donde se sufre. Sería mejor llamar a este médico, médico de la intimidad, y esto es lo que no son los grandes médicos actuales: amigos de sus enfermos.

La desaparición del médico íntimo, amigo, cordial, ha producido como reacción el médico psicoanalista. El auge actual del psicoanálisis no se debe al genio y al esfuerzo de los psicoanalistas, sino a la angustia de muchos seres humanos que sienten la necesidad de recogimiento y de calor espiritual, para curarse no solo de las enfermedades del espíritu, sino de muchos sufrimientos orgánicos, que el paciente sabe por instinto, desde muchos años antes de crearse  la medicina que hoy se llama psicosomática, que no tienen otra causa que las agresiones sentimentales de la vida, ni otro remedio que la atención y el amor. El psicoanálisis es, pues, una reacción análoga a la homeopatía que nació ante el abuso de los remedios violentos y que hoy, por cierto, si seguimos por el camino que vamos, volverá a resucitar.

Pero claro es que el camino del psicoanálisis es errado también, como lo era el de la homeopatía. Me atrevo, una vez más, a decirlo, afrontando el mal humor de los queridos colegas que se dedican a psicoanalizar; y lo digo con la seguridad de que el tiempo me dará la razón. Y cuando afirmo que el psicoanálisis es errado,  me fundo en dos razones: la primera es su falta de espiritualidad. Ya sé que muchos se sonríen cuando oyen esto, pero aunque se sonrían, es verdad. Al psicoanálisis le falta levantar los ojos hacia arriba, porque, muchas veces, lo que está en el fondo de las conciencias solo se ve cuando se refleja fuera de ellas, en lo alto, en la región de la fe, en lo que no se puede comprender, en la región de la santa quimera, que no puede explicarse la razón. Y la segunda objeción al psicoanálisis es su radical indiscreción. Dijo un poeta español, mucho mejor poeta de lo que se cree ahora, que “la mitad de las cartas que se pierden se deben perder”: y yo añadiría, imitándole, que la casi totalidad de los recuerdos que olvidan los hombres, se deben olvidar, y que, por lo tanto, es insano y temerario el pretender sacar a la superficie de la actualidad esos recuerdos que se hundieron, porque tenían que hundirse, en el légamo de la conciencia.

El médico cordial, clásico, era y es, porque todavía existe, era y es fundamentalmente discreto, y gracias a su discreción era sin saberlo, un insuperable psicoanalista. Era el verdadero médico de la intimidad, porque la intimidad se basa, aunque no lo parezca, precisamente, en una infinita discreción. Solo haciéndonos los distraídos de lo que nos rodea podemos intimar con lo que nos rodea. Intimidad verdadera, radicalmente discreta, sin trasponer nunca la puerta del santo y necesario olvido: he aquí la forma maravillosa de una terapéutica eterna, anterior y superior al psicoanálisis, que está en trance de morir.

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EL SUFRIMIENTO Y LA ENFERMEDAD.

El médico, acechando el hallazgo del estreptococo o de la sífilis, pasa por alto cuando el enfermo o la enferma le cuentan que ha trabajado mucho, que ha sufrido persecuciones, que ha tenido más hijos de los que sus medios económicos le hubieran permitido, que ha vivido en una casa inclemente, que ha tenido que tomar, en fin, durante años y años determinadas drogas, ya por propia iniciativa, ya por prescripción de los médicos hiperterapéuticos que hoy son legión. Y, sin embargo, todas estas circunstancias, todo este sufrimiento, que se repite de unos casos a otros, provoca una misma reacción defensiva inespecífica, que al desfallecer o al exagerarse puede  ocasionar las enfermedades más diversas. El que esta etiología inespecífica produzca una enfermedad u otra depende, probablemente, de la predisposición del sujeto, en el sentido de una debilidad, de una vulnerabilidad previa, constitucional del aparato locomotor o del sistema circulatorio; y quizá, también, de la distinta intensidad con que en cada caso actúan cada uno de los componentes de este factor del sufrimiento o maltrato de la vida (1).

(1) Gregorio Marañón. De su lección inaugural del Curso de perfeccionamiento de Endocrinología, organizado por la Sociedad de los Médicos de los Hospitales Civiles, de Lisboa, celebrado el 3 de abril de 1950.

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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