La contaminación atmosférica sigue ocasionando daños a la salud humana en Europa.

En torno al 90 % de la población urbana de la Unión Europea (UE) está expuesta a concentraciones de alguno de los contaminantes atmosféricos más perjudiciales que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera nocivos para la salud. Así se desprende del último estudio sobre la calidad del aire en Europa, publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).

Publicado: 25/10/2013

El informe de la Agencia sobre la calidad del aire en Europa en 2013 (‘Air quality in Europe – 2013 report’) es una aportación de la AEMA a la revisión de la política sobre calidad del aire de la Comisión Europea y al «Año del Aire» de la UE.

Los automóviles, la industria, la agricultura y los hogares generan contaminación atmosférica en Europa. Pese al descenso de las emisiones y  de las concentraciones de ciertos contaminantes atmosféricos en las últimas décadas, el presente informe demuestra que el problema de la contaminación atmosférica en Europa sigue lejos de poder darse por resuelto. Dos contaminantes en concreto —las partículas y el ozono troposférico— siguen provocando problemas respiratorios y enfermedades cardiovasculares y reduciendo la esperanza de vidaNuevos datos científicos revelan que la contaminación atmosférica puede resultar nociva para la salud humana incluso en concentraciones inferiores a lo previsto.

Según Hans Bruyninckx, Director Ejecutivo de la AEMA, «la contaminación atmosférica provoca daños a la salud humana y a los ecosistemas. Una gran parte de la población vive en ambientes no saludables, si nos atenemos a los criterios en vigor. Para ser sostenible, Europa debe mostrarse ambiciosa e imponer requisitos legislativos más estrictos».

El Comisario de Medio Ambiente, Janez Potočnik, añade que «la calidad del aire es un problema esencial para muchas personas. Las encuestas demuestran que una gran mayoría de la población sabe perfectamente cómo afecta la calidad del aire a la salud y  cree que las autoridades públicas deben adoptar medidas en los ámbitos comunitario, nacional y local, incluso en época de austeridad y dificultades. Estoy dispuesto a responder a estas inquietudes a través de la revisión de la política de protección de la atmósfera que presentará próximamente la Comisión.»

Entre 2009 y 2011, hasta el  96 % de la población urbana se encontró expuesta a concentraciones de partículas finas (PM2.5) superiores a las indicadas en las directrices de la OMS y hasta el 98 % a concentraciones de ozono (O3) igualmente superiores a las directrices de la organización. El número de ciudadanos de la UE expuestos a concentraciones de estos contaminantes por encima de los límites u objetivos marcados en la legislación de la UE fue menor. En ciertos casos, estos límites u objetivos son menos estrictos que los establecidos en las directrices de la OMS. Véanse los datos de la AEMA sobre exposición a los contaminantes en la UE.

 El informe revela igualmente que la contaminación no se circunscribe únicamente a las ciudades sino que también alcanza valores elevados  en determinadas zonas rurales. Las diferencias nacionales en el seno de la UE se presentan en una serie de documentos informativos desglosados por país y que acompañan a los resultados principales.

Se han registrado resultados positivos en materia de reducción de las emisiones de contaminantes atmosféricos; por ejemplo, se han reducido las emisiones de dióxido de azufre de las centrales eléctricas, del sector industrial y del transporte a lo largo de la última década, limitándose  así el riesgo de exposición. La sustitución gradual de la gasolina con plomo también ha reducido las concentraciones de este metal, que afecta al desarrollo neurológico.

Eutrofización

Paralelamente a los riesgos para la salud, el informe destaca problemas medioambientales como la eutrofización, fenómeno ligado a un exceso de nitrógeno nutriente que provoca daños en los ecosistemas, amenazando la biodiversidad. La eutrofización sigue siendo un problema generalizado que afecta a la mayoría de los ecosistemas europeos.

Se han reducido las emisiones de algunos contaminantes nitrogenados; por ejemplo, las emisiones de óxidos de nitrógeno y amoniaco han descendido un 27 % y un 7 %, respectivamente, desde 2002. Sin embargo, la reducción de las emisiones no ha alcanzado los niveles esperados y ocho estados miembros infringen los techos legales un año después del plazo fijado para su cumplimiento. Para resolver el problema de la eutrofización, será necesario adoptar medidas adicionales de reducción de las emisiones de nitrógeno.

Fuente: Agencia Europea de Medio Ambiente

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La cultura de la salud medioambiental.

En el presente artículo de opinión, publicado en la revista Medical Economics, Honorio Bando, reflexiona sobre el aspecto humano y de las ciencias sociales y del comportamiento, que están aportando una visión más integral al ámbito de las Ciencias de la Salud.

La cultura de la salud medioambiental

Por Honorio BandoDoctor en Derecho. Vicepresidente de las Fundaciones IDEPRO y FUNDADEPS

Hasta hace no muchos años, el tema medioambiental se trataba casi exclusivamente en el campo de las Ciencias de la Naturaleza (Biología,
Geología, Química o Ecología) y se olvidaba el aspecto humano o de las ciencias sociales y del comportamiento que actualmente han empezado a aportar una visión mas integral al ámbito de las Ciencias de la Salud y de la Vida.

Se ha realizado un proceso que ha incluido la aportación de otras muchas ciencias, como la Antropología, la Sociología, la Psicología o las Ciencias de la Educación, y que permite abordar los problemas desde diferentes puntos de vista.

La calidad medioambiental es evidentemente una parte fundamental de la calidad de vida y del bienestar social. El diseño de entornos habituales dignos y satisfactorios, la conservación del medio rural, la disposición de recursos naturales suficientes y la eliminación de contaminantes, son algunas metas asumidas explícitamente en las políticas de la Unión Europea. Ciertamente las políticas que diseñan las directrices son necesarias e imprescindibles como punto de referencia.

Estos cambios se han visto reflejados en numerosos programas medioambientales, partiendo de la base de que uno de los aspectos más destacados es la educación, uno de los logros más relevantes ha sido incluir la educación medioambiental en los programas escolares; la educación medioambiental, la educación para la salud y la educación del consumidor forman parte de un triunvirato que va dando sus frutos.

Las administraciones públicas, de ámbito estatal, local y autonómico son las que diseñan las directrices políticas, a veces entrelazadas en programas concretos, como es el caso de “ciudades saludables” que se enmarcan dentro de un programa de la Unión Europea y de la OMS: “Una ciudad saludable es aquella que crea o mejora constantemente sus ambientes –social y físico– y que despliega los recursos necesarios para ayudar a los ciudadanos a desarrollar a través de la asistencia mutua todas las funciones de la vida hasta su potencial máximo”.

A nivel institucional y teniendo en cuenta el desarrollo de las fundaciones se está consiguiendo cada vez más la participación de los diferentes grupos sociales, que ganan presencia en el ámbito comunitario.

Las decisiones que se adopten para paliar el deterioro medioambiental deberán consensuarse entre las instituciones y organizaciones que trabajen en ello tratando de conseguir un enfoque multidisciplinar donde la participación ciudadana es una tarea prioritaria.

Parece evidente que en el siglo XXI la racionalidad en las decisiones se regirá por consideraciones medioambientales, por lo que será el siglo de la cultura medioambiental. La coordinación de programas educativos y programas informativos dirigidos a la población en general y que integren aspectos comunes de medioambiente, salud y consumo, hará que el resultado sea eficaz y que la relación coste-eficacia sea óptima.

Es necesario mentalizar a los ciudadanos para que exijan el cumplimiento de sus propios derechos. Paralelamente los poderes públicos deben acentuar los controles pertinentes para que se cumpla toda la normativa vigente, tarea que no solo corresponde a la Administración general del Estado sino también a las Comunidades autónomas, a las corporaciones locales y a los agentes sociales, cuya acción coordinada dará resultados positivos para ir aumentando la tutela y la promoción de la salud ambiental.

La cultura de la salud medioambiental ha de tener como objetivo poner de manifiesto la necesidad de llevar a cabo una promoción integral de la salud, coordinando los determinantes más importantes que puedan incidir en una mejora de la salud y calidad de vida para todos.

Hay que sentar la tesis de la concepción integral del medio ambiente y salud, con el objetivo de ofrecer y plantear dicha necesidad, ya que las actuaciones que se lleven a cabo condicionaran, en gran manera, el futuro del medio ambiente en el ámbito de la promoción de la salud. El medio ambiente es un factor decisivo en la protección del derecho a la salud, así como la incidencia de los hábitos de los ciudadanos lo es para un desarrollo sostenible.

La salud medioambiental debe ofrecer un proyecto positivo dentro de la cultura de la salud y es un punto de reflexión para dinamizar las actuaciones de los ciudadanos en los próximos años, ya que tienen que asumir un papel más activo y tomar una conciencia más efectiva de que la promoción de la salud medioambiental y la prevención de la enfermedad es una tarea prioritaria.

Fuente: http://www.medicosypacientes.com/noticias/2011/06/11_06_21_opinion

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