LA SALUD EN TUS MANOS (4).

 

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en Hello Valencia. Nº 186, agosto 2016

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Sin la filosofía no se alcanza la salud del alma y ni siquiera la del cuerpo. Para esta última bastan unos ejercicios sencillos e inteligentes. Del cuerpo hay que pasar al espíritu y concederle algún descanso. Debemos educar además la voz, para lo cual basta con adquirir una modulación suave. No obremos como los insensatos cuya vida está llena de preocupaciones por el futuro. Consideremos los bienes y el progreso ya obtenido, sin esperar de la fortuna lo que nosotros mismos podemos procurarnos cada día.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C)

Según la Organización Mundial de la Salud la buena salud no se basa únicamente en las intervenciones médicas, sino que también depende de las condiciones de vida y las opciones personales. Los determinantes de la salud son propiedades basadas en el estilo de vida condicionadas por amplias fuerzas sociales, económicas y políticas que influyen en la calidad de la salud personal.

Nuestra salud, a grandes rasgos, está determinada en un 20% por la herencia genética, es decir, por nuestro ADN; en otro 20% está determinada por el medio ambiente haciendo referencia a la calidad del aire, del agua y del suelo; la calidad del sistema sanitario determina nuestra salud en un 10% y el 50% restante depende de nuestros estilos de vida.

Con el final del verano, los últimos ecos de las vacaciones y el comienzo de un nuevo curso, podemos hacer una lista de buenos propósitos que despierte el interés por cuidar nuestra salud. El objetivo es, en la medida de nuestras posibilidades, darle prioridad a nuestra salud mediante la adquisición y el desarrollo de las debidas habilidades personales.

Si bien, esto puede resultar complicado durante la jornada laboral, una interesante opción es el explorar el “ocio saludable”, es decir, ¿qué actividades puedo realizar en mi tiempo libre que mejoren mi salud? Y el realizarlas en grupo ayuda porque contamos con el apoyo y la colaboración de otras personas para mantener un buen nivel de motivación.

En promoción de la salud la motivación es esencial. Pasar de un estado de pasividad o de resignación silenciosa a la acción requiere una buena dosis de fortaleza y determinación. Si no te crees capaz, pide ayuda porque la soledad en estos casos no es la mejor opción. Pedir ayuda y recibirla propicia un estado de mutua confianza muy enriquecedor y satisfactorio.

Conocer los efectos sobre la salud de los hábitos de vida contribuye a incrementar el nivel de motivación. Afortunadamente cada vez son más las evidencias científicas que muestran estos beneficios.

En 2013, el profesor Dean Ormish y su equipo del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva de Sausalito en California (EEUU), publicaron en la revista The Lancet Oncology un trabajo en el que concluían que un programa de hábitos saludables en el que se incluía entre otros una dieta sana, actividad física, práctica de técnicas de relajación y meditación así como actividades terapéuticas de grupo, mantenían el ADN de sus células en mejor estado.

Existe una enzima llamada telomerasa encargada de regular el tamaño de los telómeros situados en los extremos de nuestros cromosomas. El acortamiento de los telómeros se asocia al envejecimiento celular y a la deficiente protección ante diversas enfermedades incluyendo el cáncer. Unos telómeros en buen estado, proporcionan estabilidad y protección a los cromosomas.

Los autores de esta investigación concluyeron que tras este entrenamiento en hábitos saludables se detectaba un incremento en la sangre de los niveles de telomerasa y consecuentemente un aumento en la longitud de los telómeros lo que contribuye a mantener protegidas las células.

Un estudio anterior publicado en 2008 por J. A. Dusek y su equipo de la Universidad de Montreal (Canadá), asoció el estrés psicosocial con una aceleración del envejecimiento celular debido a un acortamiento de los telómeros y una baja actividad de la telomerasa. En este trabajo también mostraban que la práctica de técnicas de relajación se asociaba con cambios en la expresión de los genes que mejoraban el metabolismo celular proporcionando protección ante los procesos oxidativos celulares.

En definitiva, la promoción de la salud también actúa cuidando el ADN de nuestros genes siendo útil para mantener jóvenes y protegidas nuestras células.

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La dieta mediterránea puede reducir el riesgo de depresión.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) insiste en el papel clave de la nutrición para  la prevención primaria de la depresión y aboga por el patrón de dieta mediterránea como el más recomendable ya que puede reducir hasta en un 50% el riesgo de depresión

Madrid, 11 octubre de 2013 (medicosypacientes.com)

En la sociedad actual, la obesidad mantiene una peligrosa relación con la depresión, ya que está demostrado que el exceso de peso se asocia con un mayor riesgo de sufrir cuadros depresivos y, a su vez, éstos se relacionan con una mayor probabilidad de desarrollar obesidad. Por ello, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) destaca el papel clave que juega la nutrición en la prevención primaria de la depresión y aboga por el patrón de dieta mediterránea como el más recomendable.

“La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión y abre una vía importante al conocimiento, con el objetivo de anticiparse a este grave problema de salud pública”, asegura el doctor Miguel Ángel Martínez-González, miembro de la SEEDO que acaba de publicar un artículo en la revista médica BMC Medicine bajo el título “Dieta, ¿una nueva forma de prevenir la depresión?”.

Un estudio reciente dirigido por el Dr. Martínez-González ha revelado que la dieta mediterránea no sólo protege de las enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer, sino que, además, puede reducir el riesgo de depresión entre un 40% y un 50% con alimentos como frutas, cereales, legumbres, frutos secos, pescado y verduras.

“Mientras que el consumo de ácidos grasos trans, la comida rápida y los productos de bollería industrial se asocian con un mayor riesgo de depresión, el de ácidos grasos omega-3 (procedentes del pescado) y el de aceite de oliva, por ejemplo, muestra asociaciones inversas, influyendo en la estructura de las membranas de las células nerviosas y mejorando el funcionamiento de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión”, explica el especialista de la SEEDO.

De los 10.000 voluntarios que participaron en esta investigación, en aquéllos que más se ajustaron al modelo alimentario tradicional del sur de Europa la incidencia de depresión tras cuatro años de seguimiento resultó considerablemente menor que en el resto, lo que sin duda redundó en su felicidad, ya que Martínez-González recuerda que los cuadros depresivos son una de las principales causas de suicidio.

Depresión y obesidad

El riesgo de padecer depresión es un 55% mayor en las personas obesas, mientras que el riesgo de obesidad aumenta un 58% entre quienes tienen depresión. Teniendo en cuenta que el exceso de peso no es un trastorno psiquiátrico, muchos de los episodios depresivos que sufren las personas con obesidad se deben al hecho de que estar obesos les deprime. Esto es, la depresión es consecuencia de la obesidad, muchas veces debido a la presión social y casi siempre más profunda en el caso de las mujeres.

Por su parte, las personas deprimidas sufren ansiedad, lo que a menudo causa un trastorno por atracón que se traduce en una necesidad imperiosa de comer hasta que el cuerpo no puede más. De hecho, está comprobado que algunas personas pueden ingerir más de 5.000 calorías en un atracón. Cuando ocurre esto las personas lo que buscan es sentirse saciadas, por lo que comen muchos hidratos de carbono, dándose en algunos casos una auténtica adicción a la comida con el fin de calmar la ansiedad, pudiendo derivar en obesidad.

Nutrición como prevención

En este punto el especialista de la SEEDO recuerda que la depresión “puede conducir a hábitos dietéticos más pobres”, lo que también está demostrado que acaba derivando en un exceso de peso. De hecho, varios estudios indican que la incidencia de la obesidad es mayor en las clases más desfavorecidas porque comen menos carne y pescado, comen más grasas poco saludables y realizan menos deporte.

Por ello, afirman que es fundamental mejorar la educación en los hábitos alimentarios, ya que prevenir a tiempo es el mejor tratamiento. De hecho, la psicoterapia cognitivo-conductual indicada para las personas obesas que sufren depresión se centra precisamente en aprender pautas alimenticias, además de en mejorar la autoestima, desarrollar habilidades sociales, favorecer la motivación para bajar de peso y adquirir pautas para hacer ejercicio.

Por último, la SEEDO avala diferentes investigaciones previas sobre la existencia de un componente genético común a los trastornos del estado de ánimo y a la obesidad. Así, una de las más recientes, realizada por la Universidad de Granada, sostiene que el gen responsable del exceso de peso, el FTO, también es el responsable de la depresión.

Este trabajo, pionero a nivel mundial, indica que la depresión modifica el efecto del FTO sobre el índice de masa corporal de un individuo. Los resultados han sido confirmados en dos muestras independientes, una de ellas de unas 18.000 personas procedentes de 21 países de todo el mundo y de diferentes grupos étnicos.

En este punto, el Dr. Martínez-González destaca en su artículo que varios estudios también sugieren que la depresión parece compartir mecanismos comunes no sólo con la obesidad, sino también con las enfermedades cardiovasculares. “De hecho, hay varios factores de riesgo cardiovascular que son más frecuentes entre los pacientes con depresión”, explica.

FUENTE: MÉDICOS Y PACIENTES

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