LA SALUD EN TUS MANOS (6).

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en Hello Valencia. Nº 188, octubre 2016.

Lo más hermoso es lo más justo; lo mejor, la salud; pero lo más agradable es lograr lo que uno ama.

Inscripción del templo de Leto en Delos.

ALEF HEI VAV HEI gentileza de Elena Flamenco

ALEF HEI VAV HEI gentileza de Elena Flamenco

A lo largo de la historia el ser humano ha buscado la fuente de la eterna juventud. Es lo que actualmente conocemos como “terapias antienvejecimiento”. Si bien en un principio se asoció a mitológicos pactos con ciertas deidades, magia, alquimia o brujería, hoy en día se asocia a lujosos tratamientos.

Cuando la Ciencia se pone a investigar cómo prolongar la vida del ser humano, se hace imprescindible comprender los mecanismos del envejecimiento, y eso nos lleva a bucear en los mecanismos del deterioro celular.

Todo indica que tenemos activado una especie de reloj metabólico junto con otro reloj genético que controlan el envejecimiento, y que este complejo sistema está influenciado, entre otras cosas, por nuestro estilo de vida.

Si buscamos en los últimos trabajos publicados en revistas científicas encontramos que existe una relación entre el estrés, la falta de actividad física, las dietas hipercalóricas, sin olvidarnos de la contaminación del medio ambiente y una aceleración de los procesos del envejecimiento en los seres humanos.

En las sociedades económicamente avanzadas las personas viven bajo los efectos de una sobredosis en su dieta de sal, azúcares, proteínas de origen animal, grasas, calorías, más una sobredosis añadida de sedentarismo y estrés. Todas estas sobredosis tienen su repercusión a nivel celular creando en el interior del organismo un ambiente ácido que favorece los procesos inflamatorios dificultando la eliminación de forma efectiva de los residuos del metabolismo.

¿Cuánta sal añadida artificialmente hay en la comida dulce? ¿Cuántos tipos diferentes de azúcares añadidos artificialmente hay en la comida salada? ¿Cuánta grasa hay añadida artificialmente en los productos de bollería y en las galletas?

¡Mucha más de la que imaginas! Solo un ejemplo: te sorprendería la cantidad de sal añadida artificialmente que hay en las típicas cajas de cereales para el desayuno.

Cada vez son más los trabajos científicos que relacionan un enlentecimiento de los procesos de envejecimiento con hábitos de vida saludable, es decir, respirar aire limpio, realizar actividad física moderada, aeróbica y de forma regular, bajar el nivel de estrés, cuidar los tiempos de descanso y recuperación y llevar una alimentación sana en la que moderemos la ingesta de calorías, sal, grasas, azúcares y proteínas de origen animal.

De toda esta lista de factores que inciden en los procesos de envejecimiento y en nuestra salud, hay unos que dependen directamente de nuestras decisiones y otros que no.

La Dra. Margaret Chang, Directora General de la Organización Mundial de la Salud, en su discurso de apertura de la 8ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud celebrada en Helsinki, Finlandia en junio de 2013, resaltaba el esfuerzo del gobierno finlandés en ser el primero en usar los cambios de comportamiento de la población como estrategia para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. En este sentido destacó el esfuerzo de Finlandia en concienciar a todos los sectores gubernamentales a la hora de considerar el impacto de sus políticas en la salud dentro de la estrategia de “la salud en todas las políticas”.

“Damas y caballeros: Los desafíos a los que se enfrenta la salud pública han cambiado enormemente desde el comienzo de este siglo. En este mundo nuestro tan estrechamente interconectado, la salud en todas partes está siendo moldeada por las mismas fuerzas poderosas: envejecimiento demográfico, rápida urbanización, y la globalización de estilos de vida no saludables. Bajo la presión de estas fuerzas, las enfermedades crónicas no transmisibles han superado a las enfermedades transmisibles como la causa principal de morbilidad, discapacidad, y mortalidad.”

Proseguía su discurso señalando que los esfuerzos para prevenir las enfermedades no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, hipertensión, obesidad…) van en contra de los intereses comerciales de operadores económicos poderosos, siendo éste uno de los mayores desafíos que enfrenta la promoción de la salud.

“Ningún país ha logrado revertir la epidemia de la obesidad en todos los grupos de edad. Esto no es un fracaso de la fuerza de voluntad de los individuos. Esto es un fracaso de voluntad política para oponerle resistencia a los grandes negocios.”

El discurso de la Dra. Margaret Chang sugiere que en promoción de la salud la participación de las personas como consumidoras conscientes es esencial.

¡Tú decides!

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Las personas con mal carácter son más propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Según la SEH-LELHA, la prescripción de hábitos saludables constituye la piedra angular de los tratamientos en pacientes con riesgo de desarrollar estas dolencias.

Las personas con mal carácter o que presentan una actitud hostil, así como aquellas que se caracterizan por presentar siempre una sensación continua de desconfianza, enojo o rabia, y que tienen tendencia a mantener relaciones agresivas e inadaptadas, presentan un riesgo más elevado de desarrollarDSC_0680 enfermedades cardiovasculares, según ha informado la Sociedad Española de Hipertensión-Lida Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA).

Esta mayor propensión a desarrollar afecciones relacionadas con el corazón también se da en las personas con tendencia a experimentar emociones negativas y a inhibirse en la relación con los demás, especialmente si ya padecen una enfermedad cardiovascular, ha asegurado la sociedad médica.

Otros aspectos psicosociales también incrementan el riesgo de padecer estas enfermedades y contribuyen a su empeoramiento una vez que se sufren, como son el estatus socioeconómico bajo, carecer de apoyo social o sufrir estrés, depresión o ansiedad. La Sociedad Española de Hipertensión los identifica como obstáculos para el seguimiento de los tratamientos y para mejorar el estilo de vida.

El presidente de SEH-LELHA, Julián Segura, ha llamado la atención sobre el hecho de que “las personas con un estatus socioeconómico bajo o estrés crónico son también más propensas a la depresión, la hostilidad y el aislamiento social”. A su juicio, los hábitos también influyen en ello, de modo que “las personas con más riesgo por los factores antes mencionados son las que presentan un estilo de vida menos saludable (consumo de tabaco, alimentación poco equilibrada y menor ejercicio físico) y una peor adherencia a las recomendaciones sobre los cambios en el estilo de vida”.

“La prescripción de hábitos saludables debe ser la piedra angular de los tratamientos en pacientes con riesgo de sufrir patologías cardiovasculares. Tener una rutina saludable puede prevenir y retrasar de forma segura la aparición de hipertensión en pacientes no hipertensos y la necesidad de seguir un tratamiento farmacológico en pacientes con hipertensión de grado 1. Además, contribuye a reducir el número y la dosis de fármacos en pacientes hipertensos en tratamiento farmacológico”, ha señalado el doctor Segura.

Menos sal y más frutas y verduras

Según la SEH-LELHA, hay una serie de medidas para tener un estilo de vida saludable que han demostrado su capacidad para reducir la presión arterial. Entre ellas está la disminución del consumo de sal; el incremento de frutas, verduras y alimentos bajos en grasa y ricos en ácidos grasos insaturados; la reducción y el control del peso; la actividad física regular, el abandono del tabaco y del alcohol, y en el caso de que se beba, hacerlo de manera moderada y eligiendo bebidas fermentadas como el vino o la cerveza.

Respecto a las dietas, la organización recomienda “huir de aquellas generalizadas que cuantifican el consumo de calorías, y seguir las recomendaciones personalizadas cobre hábitos nutricionales que puede facilitar el personal sanitario. También se puede realizar un diario de comidas que incluya el sitio donde se come, los menús, horarios, si se está de viaje, etc. Por otra parte, para incrementar el nivel de actividad física que se realiza, SEH-LELHA aconseja caminar, ya que no es obligatorio correr o practicar un deporte para conseguir los efectos beneficiosos del ejercicio.

En este catálogo de recomendaciones también incluye la práctica de hobbies que requieran un cierto esfuerzo, como la fotografía o tener una mascota a la que haya que sacar de paseo, incorporar en la rutina el subir y bajar escaleras en lugar de utilizar los ascensores, o la utilización de podómetros  o  algún otro dispositivo tecnológico que contabilice el número de pasos que se dan al día para chequear el logro de los objetivos propuestos, ya que por ejemplo, si damos más de 10.000 pasos al día, dejaremos de ser sedentarios.

Fuente: JANO

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Los niveles “escandalosos” de azúcar en las bebidas de las cadenas de cafeterías.

¿Tomarías un té o un café con 25 cucharaditas de azúcar?

Muchos lo hacen y ni siquiera lo saben, de acuerdo a un estudio de la organización no gubernamental británica Action on Sugar (Acción contra el Azúcar), que alerta sobre los riesgos del consumo excesivo de este producto.

La OMS ya advirtió que gran parte del azúcar que consumimos diariamente se encuentra "oculta".

La OMS ya advirtió que gran parte del azúcar que consumimos diariamente se encuentra “oculta”.

El grupo analizó más de 100 bebidas calientes de cadenas de café populares en Reino Unido y otros países como Starbucks, Costa Coffee, KFC y Café Nero.

Y los resultados son “escandalosos”, según la ONG, que denunció niveles de azúcar “peligrosos para la salud”.

Un tercio de las bebidas analizadas contenían la misma cantidad o más azúcar que una lata de Pepsi o Coca Cola: unas nueve cucharaditas.

Pero los resultados más sorprendentes fueron los cafés con sabores agregados y crema chantilly, los tés con especias y las bebidas con sabores afrutados.

Los peores

La bebida con mayor contenido de azúcar en la lista es un té afrutado con uvas, especias, naranja y canela -conocido como Grape with Chai, Orange and Cinnamon Hot Mulled Fruit Venti- que es vendido por Starbucks y contiene el equivalente a 25 cucharaditas de azúcar. “Venti” es como Starbucks llama a uno de sus mayores tamaños de vaso y equivale a 600 ml.

Una variedad de café latte de la cadena Costa, el Chai latte-Massimo, tenía 20 cucharaditas de azúcar. Y tomarse un café mocha con chocolate blanco y crema chantilly de Starbucks (White chocolate mocha with whipped cream Venti, significa consumir nada menos que 18 cucharaditas.

En el café mocha de KFC y en el chocolate caliente Signature hot chocolate-Venti, de Starbucks, había 15 cucharaditas de azúcar y en el latte sabor caramelo de Café Nero, Caramelatte, unas 13.

Es posible consultar en internet la lista completa de bebidas analizadas en el estudio.

“Opciones light”

Kawther Hashem, una de las investigadoras de Acción contra el Azúcar, dijo que las cadenas de café deberían “reducir el azúcar en sus productos, decir claramente cuál es el contenido de azúcar en cada bebida y dejar de vender tamaños extra grandes”.

“Estas bebidas con sabores deberían ser un gusto ocasional y no algo que se consume todos los días”, agregó.

Starbucks, por su parte, dijo que está cambiando el contenido de azúcar en sus bebidas, aunque no a corto plazo.

“Este año nos comprometimos a reducir la cantidad de azúcar en algunas de nuestras bebidas en un 25% para fines de 2020. Ya ofrecemos opciones light, jarabes sin azúcar y edulcorantes. Y la información sobre el contenido nutricional de nuestras bebidas puede consultarse en las tiendas o en internet”, dijo una vocera de Starbucks citada por la agencia de noticias Press Association.

Una portavoz de Costa señaló que la cadena también establecerá en abril metas para reducir los contenidos de sal y azúcar en sus productos para 2020.

Por ahora, Hashem da un consejo muy simple a los consumidores: “Toma mejor un café o té a secas, pide que tu bebida tenga un mínimo de jarabes con sabores, preferentemente sin azúcar, y pide la taza más pequeña”.

Obesidad y diabetes

“El estudio es un ejemplo más de las cantidades escandalosas de azúcar que se agregan a nuestros alimentos. No me sorprende que Reino Unido tenga las mayores tasas de obesidad en Europa”, dijo este miércoles Graham MacGregor, presidente de Acción contra el Azúcar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que el consumo de azúcares libres o agregados (distintos a los que contienen naturalmente frutas y verduras) no debe superar el 10% o 50 gramos de la ingesta calórica total diaria.

Una cucharadita de azúcar equivale a unos cuatro gramos.

Las nuevas directrices publicadas por el organismo el año pasado también sugieren reducir el consumo de azúcar a una proporción menor al 5% con el fin de obtener beneficios adicionales. Un 5% equivale a unos 25 gramos o aproximadamente seis cucharaditas de té al día para un adulto.

Esto significa que quien ingiere una porción de torta, un helado o un vaso de gaseosa puede sobrepasar el límite.

“Hemos comprobado científicamente que reducir, a menos de 10%, el aporte de azúcar diario tendría consecuencias importantes en la obesidad, diabetes y caries”, dijo al lanzar las nuevas directrices Francesco Branca, director del departamento de nutrición y de salud de la OMS.

La organización subraya que, actualmente, gran parte del azúcar que consumimos diariamente se encuentra oculta en alimentos que no son considerados como dulces.

A título de ejemplo, la OMS señaló que una cucharada de salsa de tomate kétchup contiene cuatro gramos de azúcar y una lata de refresco dulce puede tener hasta 40 gramos de azúcar, el equivalente a diez cucharaditas de té.

Fuente: BBC

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LA DIETA MEDITERRÁNEA FAVORECE EL CRECIMIENTO DE BACTERIAS INTESTINALES BENEFICIOSAS PARA PREVENIR LA OBESIDAD.

Publicado en ‘Journal Nutrition Biochemistry’

Este patrón nutricional aumenta la proporción de microorganismos quedieta mediterránea garbanzos reducen el riesgo de padecer enfermedades derivadas del sobrepeso, según un estudio llevado a cabo por investigadores del Imibic y del Ciber.

Investigadores del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic), del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba; y del Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber), del Instituto de Salud Carlos III; han demostrado la importancia de la dieta mediterránea en el desarrollo de bacterias intestinales que reducen el riesgo de padecer obesidad.

Este modelo de alimentación aumenta la población de microorganismos beneficiosos que previenen la aparición de alteraciones derivadas del sobrepeso, en especial, la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por este motivo, los expertos consideran que la dieta mediterránea puede ser una herramienta útil para tratar o corregir los desequilibrios propios de la obesidad y sus consecuencias, ha indicado la Fundación Descubre en una nota.

La flora bacteriana del intestino o microbiota está formada por miles de especies de microorganismos. La mayoría de ellos son beneficiosos aunque también los hay perjudiciales. Con el paso de los años, la variedad de microbios saludables se pierde por diversas causas, entre ellas, cambios en la dieta o el uso de antibióticos.

Según constatan diversos estudios clínicos, este desequilibrio en la composición microbiana puede desencadenar problemas cardiovasculares y enfermedades como la obesidad y sus consecuencias. Entre éstas, destaca el denominado ‘síndrome metabólico’, un conjunto de patologías como hipertensión, aumento de triglicéridos, niveles bajos de colesterol bueno o HDL y diabetes.

Los investigadores han demostrado que esta población bacteriana se mejora a través del modelo nutricional mediterráneo. “El consumo de esta dieta, a largo plazo, puede corregir la alteración de la flora intestinal, ya que aumenta los microbios beneficiosos”, explica el responsable de este proyecto, Francisco Pérez-Jiménez, del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica.

El experto considera que la posibilidad de modificar la microbiota es “útil” para prevenir las alteraciones derivadas de la obesidad. “Las personas que sufren síndrome metabólico, por su desequilibrio bacteriano, ganan peso en mayor proporción de lo que se espera por el consumo de calorías”, asevera el investigador, quien apunta que, en esta situación, la dieta mediterránea se convierte en “un mecanismo que puede reducir el riesgo de padecer esas enfermedades”.

LA ‘BATALLA’ DE LAS DIETAS

Para alcanzar estas conclusiones, que se recogen en el artículo ‘The gut microbial community in metabolic syndrome patients is modified by diet’, publicado en la revista Journal Nutrition Biochemistry, los científicos han realizado un estudio con un total de 239 pacientes con enfermedad coronaria. De ellos, 128 padecen síndrome metabólico mientras que el resto –101–, no presenta dicha patología.

Durante dos años, ambos grupos se han sometido a dos dietas saludables. Por un lado, la mediterránea y, por otro, la recomendada por la Sociedad Americana de Cardiología y la mayoría de países anglosajones, que se diferencia de la primera por su menor contenido en grasa.

Después de 24 meses, las personas con síndrome metabólico que han seguido el modelo mediterráneo han mostrado un crecimiento de las bacterias beneficiosas y una reducción de las dañinas, situación que no se ha producido en los pacientes alimentados según el patrón anglosajón.

El estudio también ha confirmado que los enfermos con síndrome metabólico presentan un desequilibrio en la proporción de bacterias, con menor cantidad de población saludable.

“En estos pacientes, el consumo de la dieta mediterránea restaura los niveles de microorganismos beneficiosos que se igualan a los de las personas que no padecen estas alteraciones metabólicas”, afirma el investigador Antonio Camargo García, del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica.

ALTERNATIVA AL TRASPLANTE DE BACTERIAS

Así, los investigadores han precisado que el uso de la dieta supone, además, que la modificación de la microbiota sea “estable”, es decir, que “la sustitución de bacterias perjudiciales por las buenas no sea transitoria”.

Éste es el principal problema del trasplante de bacterias intestinales, un procedimiento que, según han demostrado estudios recientes, es “válido para adelgazar”. “Algunas investigaciones han confirmado que si ponemos bacterias de una persona delgada en otra obesa, ésta pierde peso. Sin embargo, es un efecto transitorio porque, con el tiempo, esos microorganismos desaparecen”, asegura Pérez-Jiménez.

Con la dieta mediterránea, los expertos han corroborado que la flora intestinal se mantiene “inalterable” durante dos años, por lo que, a su juicio, “puede ser una vía para mejorar la obesidad y sus complicaciones”.

A partir de este estudio, financiado por la Consejería de Economía y Conocimiento de la Junta de Andalucía, se abren nuevas líneas de investigación para analizar otros posibles mecanismos que pueden ser modificados a través de la dieta. En concreto, los expertos trabajan ya en el metabolismo de la glucosa con el objetivo de mejorar la sensibilidad a la insulina y la diabetes.

Fuente: Jano

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Placaje a la obesidad con raciones más reducidas y platos más pequeños.

Tres décadas aumentando la prevalencia de obesidad y sobrepeso y ningún país ha conseguido reducirla aún. Un estudio que acaba de publicar la revista British Medical Journal rescata del ‘olvido’ una medida que podría resultar “muy efectiva”: envases de refrescos y porciones de comida más moderadas.

Este tipo de políticas resultan polémicas. Nueva York es el ejemplo. Asíraciones saludables como en 2012 las autoridades sanitarias de dicha ciudad aprobaron una normativa que prohibía los refrescos azucarados en vasos de más de 0,464 litros, dos años después y tras varios recursos interpuestos, el Tribunal del Estado rechazó definitivamente la entrada en vigor de la medida. De haber seguido adelante este proyecto, no se habrían podido vender refrescos o bebidas energéticas de gran tamaño y alto contenido calórico en restaurantes, cadenas de comida rápida, carritos callejeros, estadios, salas de conciertos, etc. Quedaban exentas de la regulación las grandes cadenas y supermercados, puesto que se rigenpor la normativa estatal.

El objetivo del que era alcalde de Nueva York en 2012, Michael Bloomberg, era combatir la obesidad y la diabetes tipo 2 entre los neoyorkinos, pero finalmente no pudo ser.

Ahora, un equipo de investigadores de Reino Unido publica un informe en el que realizan algunas sugerencias para reducir las tasas de obesidad en el mundo que pasan por tomar la medida a las raciones de los alimentos y las bebidas azucaradas. Aunque las causas de la obesidad son complejas, se sabe que “comer más de lo que corresponde es un gran determinante y el tamaño de los envases resulta clave en esta tendencia“, argumenta Theresa Marteau, una de las firmantes del artículo y profesora de Comportamiento y Salud en la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

Según la experta, en los últimos 50 años, el tamaño de las porciones, de los envases y de la vajilla ha ido aumentando. En 1950, por ejemplo, las hamburguesas suponían 3,9 onzas (una onza equivale a 28,70 gramos), las de ahora, 12 onzas. La bebidas han pasado de 7 a 42 onzas y las patatas, de 2,4 a 6,7. En cuanto a las raciones de filetes que se sirven en los restaurantes, el informe señala un aumento del 50% (de 160 gramos y 425 kcal. a 240 gramos y 640 kcal.).

Una revisión reciente de The Cochrane Library, la publicación de la Colaboración Cochrane (una organización internacional que revisa la evidencia científica), en la que también participaba Marteau como investigadora, señalaba que cuando se ofrecen raciones mayores, la gente consume más. Una regla sencilla que sugiere el efecto contrario. Tal y como apuntaba dicha revisión, eliminar las raciones grandes de la dieta podría reducir la media de energía diaria consumida entre un 12% y un 16% en la población adulta de Reino Unido, y entre un 22% y un 29% en los adultos estadounidenses.

Estos datos proponen la reducción del tamaño de las raciones, de los envases de las bebidas azucaradas y de la vajilla que se utiliza en la mesa como medida para que la tasa de obesidad descienda. El tamaño de las porciones importa, sobre todo en establecimientos como las confiterías y con alimentos industriales como pasteles, bollos y patatas fritas. Los envases de las bebidas azucaradas y energéticas también deben restringirse. Y, por supuesto, “limitar las ofertas que venden porciones más grandes a un precio más asequible que las raciones menores”, señalan los autores del artículo. Convendría también “eliminar de los anuncios con envases grandes”.

Tanto en las cafeterías como en los restaurantes y en casa, los expertos recomiendan utilizar siempre platos, vasos y cubiertos más pequeños. Este tipo de intervenciones, asegura Marteau, son relativamente más fáciles de implantar en organizaciones del sector público, tales como escuelas, hospitales, bases militares y prisiones. Tales cambios “plantean grandes desafíos” en otros escenarios relacionados con la industria culinaria.

Según los investigadores, la reducción de las porciones y los envases deberían alcanzar los tamaños que tenían en 1950, lo que conllevaría en muchos casos reducciones de más del 50%, especialmente en productos energéticos densos.“Esto es mucho más que el 5% ofrecido y negociado por la industria alimentaria en Reino Unido“, subraya Marteau. También ayudarías otras medidas como las sanciones por no participar en acuerdos voluntarios de este tipo. En todo este trabajo, la responsabilidad política está compartida con la de la industria alimentaria.

Otro estudio publicado esta semana en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology advierte que la dieta mundial es cada vez más dulce, sobre todo cuando se trata de bebidas. Según los expertos, el consumo de alimentos y bebidas con edulcorantes calóricos añadido está vinculado a un mayor riesgo de aumento de peso, enfermedades del corazón, diabetes y accidentes cerebrovasculares. Actualmente, el 68% de los alimentos y las bebidas envasadas en EEUU contienen edulcorantes calóricos y apenas el 5% se hacen sólo con los edulcorantes bajos en calorías. Establecer medidas para reducir el tamaño de las raciones ayudará a que tanto la obesidad como el resto de riesgos desciendan.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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La epidemia mundial de obesidad: relato de un fracaso.

“A pesar de algunas áreas aisladas de mejora, ningún país ha sido capaz de revertir la epidemia de obesidad hasta la fecha”. Con este tono marcadamente pesimista arranca el primero de los seis artículos que la revista The Lancet dedica a describir el avance del sobrepeso en el mundo y el ritmo “inaceptablemente lento” de las medidas desplegadas para combatir la pandemia de obesidad. Los investigadores que han participado en el contundente despliegue que la revista científica dedica a este tema plantean la necesidad de aplicar políticas dirigidas a fomentar el consumo de alimentos saludables -por ejemplo, a través de los impuestos a la comida basura o vales para comprar fruta y verduras a familias con pocos recursos- pero como parte de una amplia estrategia que debe incluir no solo a los Gobiernos, sino el compromiso de la industria, la presión de la sociedad y el cambio de los comportamientos individuales.

Parte de los artículos se dedican a diseccionar la magnitud del problema. Por ejemplo, a exponer que hay 2.100 millones de personas con sobrepeso en el mundo y que el 37 % de los hombres y el 38 % de las mujeres tienen un índice de masa corporal (IMC, resultado de dividir el peso por la estatura al cuadrado) cuyo resultado es mayor de 25, lo que les sitúa por encima del límite recomendado. O que desde 1980 este valor ha aumentado un 28 % en la población adulta y un 47 % en la infantil.

A este ritmo, y con las medidas actualmente en vigor, los especialistas cuestionan que se pueda alcanzar el objetivo que se marcó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su plan para el control de las enfermedades no transmisibles de mantener la incidencia de la obesidad en 2025 en los mismos niveles de 2010. “Es necesario un urgente replanteamiento de las causas, los impedimentos y las claves que nos pueden ayudar a cambiar la tendencia respecto a la pandemia global de la obesidad”, reclaman Sabine Kleinert y Richard Horton, miembros del comité editorial de la revista, en un comentario a los seis artículos.

Uno de los aspectos sobre los que se centra el foco es la obesidad infantil, cómo se ha disparado drásticamente “en menos de una generación” y el impacto de este fenómeno en la edad adulta.

Entre los países desarrollados, los especialistas ponen de ejemplo a Estados Unidos, donde los niños pesan una media de 5 kilos más que hace 30 años y uno de cada tres tiene un IMC superior al recomendado. Pero en los países en desarrollo el sobrepeso también avanza rápidamente, con la paradoja añadida de que, en muchos casos, va acompañado con desnutrición por el abuso de alimentos ricos en calorías y pobres en nutrientes (la fórmula mágica de la comida basura).

Al replicar un modelo que empleó hace décadas la industria del tabaco, el sector de la alimentación tiene un especial interés en dirigir sus mensajes hacia los menores para crear hábitos que puedan mantener en el futuro, según se plasma en uno de los análisis que publica la revista científica. “La repetida exposición a alimentos procesados y bebidas azucaradas crea preferencias de sabores y gusto”, ya sea con el consumo de papillas preparadas, cereales azucarados, bollería industrial, o aperitivos (como patatas fritas). “Los niños gordos son una inversión de ventas futuras”, destaca Tim Lobstein, de la Federación Mundial de Obesidad.

El mercado global de comida infantil procesada crecerá este año hasta los 19.000 millones de dólares (16.600 millones de euros), comparado con los 13.700 millones (12.000 millones de euros) de 2007. Frente a ello,”los Gobiernos apenas han tomado medidas para proteger a la infancia y la mayor parte de ellos confían en las iniciativas voluntarias de la industria que no son suficientes para abordar esta tarea”, reflexionan los investigadores.

Ante este escenario, la solución es abordar el problema desde un nuevo enfoque. “Nuestra comprensión de la obesidad debe de ser completamente reformulada si deseamos parar y reducir esta epidemia global”, plantea Christina Roberto, de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard. “Debemos reconocer que los individuos son responsables de su salud, aunque también que desde el ámbito de la alimentación se explotan las vulnerabilidades biológicas (la innata preferencia por los alimentos dulces), psicológicas (a través de las técnicas demarketing) y socioeconómicas (el coste de los productos), lo que hace más sencillo la extensión de la alimentación poco saludable”, añade.

La parcela reservada a los Gobiernos consistirá en tomar medidas preventivas, entre las que los especialistas en salud pública y obesidad destacan, por ejemplo, desarrollar un código internacional sobre el marketing de alimentos para proteger la salud de los niños, aplicar programas educativos para enseñar buenas prácticas nutritivas en los colegios, aplicar impuestos a productos como las bebidas azucaradas o ayudas para familias con pocos recursos destinadas a comprar frutas o verduras frescas. Pero la responsabilidad de reducir la prevalencia de la obesidad debe ir más allá del ámbito gubernamental, a juicio de los especialistas. Y ello debe implicar no solo a la industria, sino de forma destacada a los propios ciudadanos, a través de la movilización social.

Un ejemplo de éxito es México y la Alianza por la Salud Alimentaria, una asociación integrada por entidades sociales movilizadas contra el sobrepeso. Como consecuencia de sus esfuerzos, este país aprobó en 2014 un impuesto a las bebidas azucaradas que lo situó en la primera línea de la batalla contra la obesidad en este tipo de iniciativas.

Turquía y Grecia: la mejor dieta

Los griegos y los turcos, así como los ciudadanos de Chad o Mali seVIVE BIO encuentran entre los que tienen una dieta más saludable de todo el mundo. Los dos primeros, por la influencia de las buenas costumbres alimentarias del Mediterráneo. Los países africanos, probablemente influidos por la falta de acceso a alimentos preparados y comida basura.

El despliegue de The Lancet y sus seis artículos sobre el avance de la obesidad se acompaña de otro trabajo, publicado en una revista del mismo grupo editorial, The Lancet Global Health, que analiza la evolución de la calidad de la dieta en 187 países entre 1990 y 2010.

Entre los que presentan una alimentación menos sana se encuentran algunas de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética como Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán.

En términos generales, el consumo de comida saludable se ha incrementado en todo el mundo en el periodo analizado, aunque esta mejora ha quedado eclipsada por el aumento aún mayor de la extensión de la comida basura, fundamentalmente las carnes procesadas y las bebidas azucaradas. La excepción son China e India, donde no se han observado cambios en estos 20 años.

Las dietas con una calidad nutricional más pobres se concentran en EE UU, Canadá, Europa Occidental, Australia y Nueva Zelanda. 

Fuente: EL PAÍS

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La obesidad y sedentarismo son el origen de muchas enfermedades.

Gran parte de las enfermedades actuales se debe a un hábito de vida inadecuado y al alejamiento de la dieta mediterránea, según Jara Valtueña, del Grupo de Investigación en Nutrición, Ejercicio y Estilo de Vida Saludable (Imfine) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Jara Valtueña.

La investigadora asegura que unos hábitos de vida inapropiados nos llevan a un «incremento desmesurado del sobrepeso, la obesidad y sus patologías asociadas». A su juicio, la gente debe dar el «salto al cambio de mentalidad: del tratamiento de enfermedades a la prevención».

Para la experta, la base está en unos buenos modelos de prevención, tanto en la aparición de enfermedades como en la prevención de recidivas en caso de tenerlas, y para ello, «los esfuerzos deben centrarse en fomentar hábitos de vida saludables donde la actividad física y la nutrición cumplen un papel fundamental».

De esta manera, es necesario «transmitir y hacer consciente a la población de la importancia de cuidarse uno mismo diariamente con una alimentación variada, equilibrada y moderada realizando actividad física diaria -explica Valtueña-. Como el organismo va cambiando y las demandas no son las mismas, cada grupo de edad necesita cuidarse atendiendo a factores distintos».

Vitamina D

De esta manera, en el niño es importante aumentar la ingesta de determinados nutrientes como las proteínas, el hierro o el calcio, «tan importantes para su crecimiento y desarrollo». Asimismo, les viene bien hacer ejercicio durante 60 minutos diarios, ya que favorece muchos sistemas fisiológicos, como el aumento de la masa muscular y con ello un mayor consumo energético. Por su parte, las niñas, con la menstruación, sufren pérdidas de hierro y el riesgo de osteoporosis se incrementa, por lo que «es necesaria una adecuada ingesta de hierro, calcio y vitamina D», señala .

En los adultos, en cambio, el metabolismo disminuye y se recomienda que se realice diariamente actividad física al menos 30 minutos. Respecto a las personas mayores, «es fundamental vigilar que come», ya que están en riesgo de carencias nutricionales por una baja ingesta, pérdida de apetito, etc. «También hay que educarles para que adquieran el hábito de hidratación constante sin sed», añade la investigadora.

Además, y esto recomendado a todas las franjas de edad, «unos adecuados niveles de vitamina D son necesarios para la formación del hueso, contracción muscular, regular el sistema inmunológico, también participa a nivel neurológico regulando el estrés, la depresión, y se ha relacionado con la prevención del cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares».
En varios estudios llevados a cabo en Imfine a nivel europeo se ha encontrado una «deficiencia de vitamina D en torno a un 80 por ciento entre los adolescentes», incluyéndose los españoles, por lo que «aumentar la ingesta por ejemplo de pescado azul a dos veces por semana y tomar el sol diariamente al menos 15 minutos sin protección solar es recomendable para optimizar su estado», apunta Valtueña.
Fuente: ABC SALUD
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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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