Tu barrio cuida de ti.

  • Vivir en zonas que invitan a caminar reduce la incidencia de diabetes y obesidad.

  • Cada vez más estudios demuestran la importancia del entorno físico en la salud humana.

Por: María Valero. > Madrid. 18/6/2014

Vivir en una zona urbana en la que es fácil salir a caminar, donde hay abundancia de comercios de barrio o se puede llevar a los niños al colegio andando o en bicicleta puede ser una buena receta para controlar la obesidad y la diabetes. Cada vez son más los estudios que demuestran la influencia del entorno urbano en nuestra salud y un nuevo trabajo presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Diabetes así lo ratifica.

Marisa Creatore y su equipo de epidemiólogos del Hospital St. Michael de Toronto (Canadá) acaban de presentar sus conclusiones en la reunión científica sobre diabetes que estos días se está celebrando en San Francisco (EEUU).

Entre otras cosas, tras analizar la cuestión durante años en varias áreas metropolitanas del sur de Ontario, Creatore y su equipo concluyen que los barrios más caminables se asocian con una reducción del 7% de la incidencia de diabetes al cabo de 10 años y una disminución de las tasas de obesidad de casi el 10% en el mismo periodo.

En contraposición, los barrios con menos facilidades para salir a caminar, la diabetes y la obesidad se incrementaron en el mismo periodo una tasa del 6% y el 13%, respectivamente.

Según han explicado en alguna ocasión, la definición de un barrio favorable al ejercicio físico integra elementos como la presencia de zonas verdes, escuelas, comercios locales (especialmente donde adquirir frutas, verduras y otros productos frescos), espacios públicos recreativos o centros de salud.

Además, como han explicado en su presentación en San Francisco, influyen otros factores como la interconectividad de las calles y la facilidad para encontrar ciertos servicios a una distancia que se pueda recorrer caminando. En su estudio, además, se tuvo en cuenta la salud de los participantes de inicio, para descartar que las personas más sanas tiendan a elegir para vivir barrios más sanos y eso hubiese podido influir en los resultados.

“El modo en que construimos nuestras ciudades importa en términos de salud”, ha señalado por su parte Gillian Booth, otro de los investigadores de este equipo. “Ésta es una pieza del puzzle en la que podemos intervenir. Como sociedad hemos desterrado la actividad física de nuestras vidas, mientras que cada oportunidad que tengamos para ir a la tienda de la esquina, llevar a los niños andando al colegio o sacar al perro a pasear puede estar influyendo en nuestro riesgo de desarrollar diabetes o sobrepeso”.

En el estudio que acaban de dar a conocer, los beneficios del entorno físico sólo se apreciaron en los grupos de edad más jóvenes, pero no en los mayores de 65 años, una cuestión a la que de momento no han dado una explicación.

Cada vez más investigaciones ahondan en esta relación entre la salud y el entorno físico en el que vivimos. Algunos estudios, por ejemplo, han demostrado que vivir cerca de áreas verdes mejora parámetros como la ansiedad, la calidad de sueño o la tasa de partos prematuros.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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Delgadez y obesidad, los dos riesgos de la balanza.

La obesidad es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Provoca enfermedades cardiovasculares, cáncer, infertilidad o problemas neurológicos , entre otra larga lista de trastornos. Por eso, desde hace décadas los especialistas en salud no dejan de advertir de lo peligroso que es acumular kilos de más.

El mensaje, que es importante, a veces obvia una realidad desconocida para muchos: que los kilos de menos también tienen sus riesgos. En ese sentido, una investigación publicada esta semana en la revista Journal of Epidemiology and Publich Health recuerda que la delgadez excesiva también se relaciona con un mayor riesgo de mortalidad.

Los extremos se tocan, subraya una vez más este trabajo coordinado por científicos del St. Michael’s Hospital de Toronto (Canadá), que revisó los datos de 51 estudios que previamente habían analizado las consecuencias de que la báscula marque unas cifras u otras.

Los resultados del análisis demostraron que las personas con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5 tenían casi dos veces más riesgo de morir que aquellos cuyo peso se encontraba dentro de los parámetros considerados normales. La probabilidad era similar a la que se asociaba a presentar exceso de peso u obesidad, señalan los investigadores.

El IMC se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por la altura al cuadrado (en metros). Se considera que un valor entre 19 y 25 es un peso normal, de 25 a 30 se relaciona con sobrepeso y por encima de 30 con obesidad.

Los investigadores sólo tuvieron en cuenta investigaciones que se hubieran prolongado durante cinco años o más, para descartar los casos en los que la delgadez se debiera a un problema puntual o a una grave enfermedad.

Según señalan, las causas más comunes de delgadez excesiva son la malnutrición, el consumo de drogas o alcohol, el tabaquismo, tener pocos recursos económicos, o tener problemas de salud mental.

Con todo, los investigadores recuerdan -como lo han hecho recientemente otros trabajosque el IMC no es la mejor herramienta disponible para catalogar a los pacientes y saber los efectos para la salud que pueden derivarse de su composición corporal.

En algunos casos, un IMC elevado no significa que haya exceso de grasa, sino “una importante cantidad de músculo y huesos”, por lo que es necesario hacer discriminaciones más certeras, señalan. Una de las claves, señalan los expertos, está en el cálculo de la grasa abdominal o el perímetro abdominal, un dato que parece tener una relación mucho más clara con el riesgo cardiovascular, entre otros trastornos.

Del mismo modo, hace pocos meses el investigador estadounidense Dariush Mozaffarian apuntaba en una entrevista con este diario que “la gente no debería tener en cuenta únicamente su peso como una manera de evaluar la calidad de su dieta”.

“Una mala alimentación influye en los problemas de corazón, en algunos tipos de cáncer, diabetes y muchas otras enfermedades… Y lo hace de manera independiente del peso”, remarcaba.

Fuente: EL MUNDO SALUD

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Las dietas poco saludables ya son más dañinas para la salud mundial que el tabaco.

servimedia / Madrid – 20-5-2014

El relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación propone gravar productos, regular los alimentos ricos en grasas saturadas, sal y azúcar y tomar medidas fuertes contra la publicidad de la comida basura.

«Las dietas poco saludables son ahora una mayor amenaza para la salud mundial que el tabaco», ha asegurado este lunes el relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, por lo que reclamó una regulación mundial en este sentido.

«Así como el mundo se unió para regular los riesgos del tabaco, debe ser aprobado ahora un convenio marco sobre las dietas adecuadas», señaló De Schutter en un comunicado, en vísperas de que Consumers International, una federación internacional de consumidores que trabaja en 120 países, lance este martes su propuesta de convención global de lucha contra la obesidad en el marco de la Asamblea Mundial de la Salud, en Ginebra (Suiza).

De Schutter indicó que, pese a las señales cada vez más preocupantes y que las acciones prioritarias están bien identificadas, la comunidad internacional sigue prestando «una insuficiente atención al empeoramiento de la epidemia de la obesidad y las dietas poco saludables».

«Han pasado dos años desde mi informe sobre la nutrición y el derecho a la alimentación, y 10 años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzara su Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud. Sin embargo, la obesidad sigue avanzando, y la diabetes, las enfermedades cardíacas y otras complicaciones de salud. Las señales de advertencia no están siendo escuchadas», explicó.

En su informe remitido en 2012 al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, De Schutter identificó cinco acciones prioritarias para afrontar los problemas de la obesidad y las dietas poco saludables, como gravar productos no saludables; regular los alimentos ricos en grasas saturadas,sal y azúcar; tomar medidas fuertes contra la publicidad de «comida basura»; revisar los equivocados subsidios agrícolas que hacen ciertos ingredientes más baratos que los demás, y apoyar la producción local para que los consumidores tengan acceso a alimentos sanos, frescos y nutritivos.

De Schutter aseguró que «los intentos de promover una alimentación sana sólo funcionarán si se arreglan los sistemas alimentarios que los sustentan», agregó, al tiempo que señaló que «los gobiernos se han centrado en el aumento de la disponibilidad de calorías, pero a menudo han sido indiferentes a qué tipo de calorías, a qué precio, cuáles se ponen a disposición y la forma en que se comercializan». Por otro lado, este experto de la ONU valoró la leche materna en la nutrición infantil y aplaudió los recientes intentos de limitar la publicidad de la leche de fórmula en Hong Kong, Filipinas y otros países.

Fuente: ABC SALUD

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Nuestro año sin azúcar – Una gran aventura familiar.

Por: Eve O. Schaub

Érase una vez una época en la que yo era sana – o al menos pensaba que lo era. 

Naturalmente me faltaba la energía suficiente para terminar el día, pero con todos los anuncios en la televisión promocionando bebidas energéticas para las masas cansadas de los Estados Unidos, siempre asumí que yo no era la única que sufría. Y, por supuesto, todo el mundo en mi familia temía las temporadas de resfriados y gripe, pero también pensé que al llegar enero, todas las personas desarrollan algún tipo de enfermedad. 

Al menos eso es lo que pensaba hasta que empece a escuchar nueva información inquietante, sobre los efectos del azúcar. Según varios expertos, el azúcar es lo que está causando que muchos estadounidenses tengan sobrepeso y enfermedades. Cuanto más pensaba en ello, esta nueva información empezó a tener sentido para mí – un montón de sentido. Uno de cada siete estadounidenses tiene síndrome metabólico. Uno de cada tres estadounidenses es obeso. La tasa de diabetes se ha disparado y las enfermedades cardiovasculares son la causa de mortalidad número uno de Estados Unidos. 

Según esta teoría, todas estas enfermedades y muchas otras se pueden asociar con la presencia de este gran tóxico en nuestra dieta … el azúcar. 

Una idea brillante 

Tomé todo este conocimiento recién descubierto y formulé una idea. Quería ver cuan difícil sería para nuestra familia – mi marido, nuestras dos hijas (de 6 y 11) y yo – pasar todo un año sin consumir alimentos con azúcar añadido. Cortamos de nuestra dieta cualquier alimento con azúcar añadido, ya fuera azúcar de mesa, miel, melaza, jarabe de maple, agave o zumo de frutas. También se excluyó cualquier cosa hecha con edulcorantes o alcoholes de azúcar. A menos que la dulzura fuese original en el alimento (por ejemplo, una pieza de fruta), no lo comeríamos. 

Una vez que empezamos a buscar, encontramos el azúcar en los lugares más increíbles: tortillas mexicanas, salchichas, caldo de pollo, ensaladas preparadas, fiambres, galletas, mayonesa, tocino, pan, e incluso en comida para bebés. ¿Por qué añadir toda esta azúcar? Para hacer estos artículos más agradables al paladar, preservar por más tiempo los alimentos, y abaratar la producción de alimentos envasados. 

Llámenme loca, pero evitar azúcares añadidos durante todo un año me parecía una gran aventura. Tenía curiosidad de lo que sucedería. Quería saber cuan difícil iba a ser y qué cosas interesantes podrían suceder. ¿Cómo iba a cambiar mi forma de cocinar y hacer compras? Después de haber realizado mi investigación estaba convencida que eliminar el azúcar nos haría a todos más saludables. Lo que no esperaba fue cómo el hecho de no comer azúcar me hizo sentir mucho mejor de una manera muy real y tangible

Un año sin azúcar más tarde… 

Era sutil, pero perceptible: cuanto más tiempo pasaba sin comer azúcar añadido, me sentía mejor y con más energía. Y por aquello de las dudas, algo que sucedió confirmó la conexión entre dejar el azúcar añadido con sentirme mejor: el cumpleaños de mi marido. 

Durante nuestro año de NO azúcar, una de las reglas era que como familia, podríamos tener al mes, un postre con contenido de azúcar y si era el cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, este lo podía elegir.Por septiembre ya notamos nuestros paladares cambiados y poco a poco, empezamos a disfrutar menos de nuestro postre mensual. 

Pero cuando nos comimos el decadente pastel de varias capas con crema de plátano que mi marido había elegido para la celebración de su cumpleaños, yo sabía que algo nuevo estaba ocurriendo. No sólo no me gustó mi trozo de pastel, sino que ni siquiera la pude terminar. Tenía un sabor extremadamente dulzón para mi paladar ahora sensible, hizo que mis dientes dolieran, mi cabeza comenzó a latir con fuerza y mi corazón empezó a acelerarse… Me sentía muy mal. 

Estuve tumbada en el sofá con la cabeza apunto de estallar, durante una hora antes de empezar a recuperarme. “Caray”, pensé “El azúcar siempre me hizo sentir mal, pero debido a que estaba en todas partes, nunca lo relacioné”. 

Después de que nuestro año sin azúcar añadido terminara, conté las ausencias de mis hijos en la escuela y las comparé con años anteriores. La diferencia fue dramática. Mi hija mayor, Greta, pasó de 15 ausencias en el año anterior, a sólo dos

Hoy en día, habiendo pasado ese año, la forma en que comemos es muy diferente. Apreciamos el azúcar en cantidades drásticamente más pequeñas, lo evitamos en los alimentos diarios (en los que no debería estar en primer lugar), y guardamos el postre para momentos muy particulares. Mi cuerpo parece estar dándome las gracias por ello. No me preocupo por quedarme sin energía. Y cuando aparece la temporada de gripe, ya no siento la necesidad de esconderme con mis hijas debajo de la cama. Si nos enfermamos sabemos que nuestros organismos están mejor equipados para luchar, nos enfermamos menos y nos recuperamos más rápidamente. Para mi sorpresa, después de nuestro año sin azúcar, todos nos sentimos más sanos y fuertes. Y eso no es nada despreciable.

Fuente: everydayhealth.com

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Los adolescentes del sur de Europa tienen una peor condición física y son más obesos que los del centro-norte.

Científicos de la Universidad de Granada, en colaboración con otros 25 grupos de investigación europeos, demuestran que los jóvenes de España, Italia y Grecia tienen una peor condición física y son más obesos

En este trabajo, publicado en la mejor revista del mundo de pediatría, Pediatrics, participaron 3.528 adolescentes de nueve países europeos

Los adolescentes del sur de Europa tienen una peor condición física (esto es, peor capacidad cardiorespiratoria, peor fuerza y peor velocidad-agilidad) que los del centro y el norte de Europa. Además, los jóvenes del sur son más obesos y presentan unos mayores niveles de grasa total y abdominal que los del centro-norte.

Éstos son algunos de los contundentes resultados de un ambicioso estudio realizado por científicos de la Universidad de Granada, desde el Departamento de Fisiología y en colaboración con otros 25 grupos de investigación europeos, en el que se compara el nivel de forma física de adolescentes que viven en países mediterráneos (España, Italia y Grecia) con adolescentes del centro y norte de Europa. Sus resultados han sido publicados en el último número de la prestigiosa revista Pediatrics, la más importante del mundo en su ámbito.

El autor principal de esta investigación es Francisco B. Ortega, actualmente Investigador Ramón y Cajal del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de Granada, quien destaca que “el nivel de condición física de los adolescentes ha demostrado ser un importante indicador de su estado de salud presente y futuro, de ahí la relevancia de las diferencias encontradas entre sur y centro-norte de Europa”.

En la investigación coordinada por la UGR participaron un total de 3.528 adolescentes del sur de Europa (habitantes de cuatro ciudades de España, Italia y Grecia) y del norte-centro del continente (de seis ciudades distintas). A todos ellos, los científicos les realizaron una serie de pruebas para medir su forma física, su grasa total y abdominal y su riesgo cardiometabólico.

Adolescentes de 9 países

La metodología empleada en estas 10 ciudades europeas, pertenecientes a 9 países distintos, fue meticulosamente estandarizada y se emplearon métodos objetivos, como es el caso de la valoración de la actividad física, para lo que se usaron unos aparatos llamados acelerómetros, que los adolescentes llevaron en la cintura durante 7 días seguidos. Estos acelerómetros facilitaron a los científicos información sobre cuánto tiempo empleaban en actividades físicas de diferente intensidad, así como en actividades sedentarias como ver la televisión.

Ortega explica que otro de los principales hallazgos de este estudio es que los adolescentes del sur de Europa también realizaban menos actividad física y más actividades sedentarias que los del norte, lo que explicaba en gran parte su peor forma física. “Estos resultados nos sugieren la importancia a nivel poblacional de realizar actividad física para tener un nivel de forma física saludable”.

Este estudio también ha puesto de manifiesto que la prevalencia de obesidad y los niveles de grasa total y abdominal son mayores en los adolescentes del sur. “No se demostró, sin embargo, que esto se debiera a la menor actividad física realizada, ni a la dieta y ni a algunos marcadores genéticos estudiados, por lo que no podemos concluir cuál podría ser el motivo de esta mayor prevalencia de obesidad”, apunta el investigador de la UGR.

El trabajo publicado en Pediatrics también analizó otros marcadores de riesgo cardiovascular, como el colesterol o la presión arterial, pero en este sentido no se encontraron diferencias consistentes entre los adolescentes del sur y los del centro-norte de Europa.

Referencia bibliográfica:

Health Inequalities in Urban Adolescents: Role of Physical Activity, Diet, and Genetics
Francisco B. Ortega, Jonatan R. Ruiz, Idoia Labayen, David Martínez-Gómez, Germán Vicente-Rodriguez, Magdalena Cuenca-García, Luis Gracia-Marco, Yannis Manios, Laurent Beghin, Dénes Molnar, Angela Polito, Kurt Widhalm, Ascensión Marcos, Marcela González-Gross, Anthony Kafatos, Christina Breidenassel, Luis A. Moreno, Michael Sjöström and Manuel J. Castillo
Pediatrics; originally published online March 17, 2014
DOI: 10.1542/peds.2013-1665

Contacto:
Francisco B. Ortega
Grupo de investigación PROFITH “PROmoting FITness and Health through Physical activity”. Dpto. Educación Física y Deportiva, Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada / Instituto Karolinska (Suecia)
Correo electrónicoortegaf@ugr.es

Fuente: Universidad de Granada

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Documento de consenso sobre obesidad y sedentarismo.

Por: Dr. Rafael Urrialde, PhD, Health and Nutrition Manager Coca-Cola Iberia 

La Universidad CEU San Pablo ha presentado el primer Documento de Consenso del mundo sobre obesidad y sedentarismo. Se trata de un acuerdo histórico sobre el abordaje multidisciplinar de la obesidad, fruto del trabajo conjunto de más de treinta de los principales profesionales de nuestro país en materia de nutrición, bioquímica y biología molecular, nutrigenómica, inmunonutrición, endocrinología, epidemiología, pediatría, atención primaria, control clínico y hospitalario, salud pública, educación, ciencias de la actividad física y del deporte y medicina del deporte. Este análisis científico, coordinado por el Prof. Gregorio Varela-Moreiras, Catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y Presidente de la Fundación Española de Nutrición, ha sido elaborado a partir de 17 ponencias debatidas por este foro científico multidisciplinar.

Adjunto el paper, versión en inglés y versión en español, que ha publicado la revista científica Nutrición Hospitalaria en un suplemento extraordinario este mes de septiembre.

Varela-Moreiras G.(Coordinator). Consensus Document and Conclusions. Obesity and Sedentarism in the 21st Century: What can be done and what must be done? Nutrición Hospitalaria. 2013;28(Supl. 5):1-12

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“FIFTY-FIFTY” un programa para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad o discapacidad en España.

PROGRAMA FIFTY-FIFTY

El Programa “Fifty-Fifty” pretende  mejorar la salud integral de las personas de 25 a 50 años, ayudándolas a controlar los principales factores de riesgo de las patologías cardiovasculares:

  • Sedentarismo
  • Obesidad
  • Hipertensión arterial
  • Tabaquismo 

Según el Dr. Valentín Fuster, “ si se capacita a los adultos en conocimientos, habilidades y actitudes sobre un estilo de vida saludable, entre iguales, mejoraran sus hábitos de salud cardiovascular y el autocontrol de los factores de riesgo. ”

El Programa Fifty-Fifty nace de la iniciativa de la Fundación SHE, promovida por el Dr. Valentín Fuster y de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en el marco de la Estrategia NAOS y del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad, con el fin de mejorar la salud de manera integral en personas adultas mediante la modificación de sus hábitos de salud.

PROGRAMA “FIFTY-FIFTY”

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