Nuestro año sin azúcar – Una gran aventura familiar.

Por: Eve O. Schaub

Érase una vez una época en la que yo era sana – o al menos pensaba que lo era. 

Naturalmente me faltaba la energía suficiente para terminar el día, pero con todos los anuncios en la televisión promocionando bebidas energéticas para las masas cansadas de los Estados Unidos, siempre asumí que yo no era la única que sufría. Y, por supuesto, todo el mundo en mi familia temía las temporadas de resfriados y gripe, pero también pensé que al llegar enero, todas las personas desarrollan algún tipo de enfermedad. 

Al menos eso es lo que pensaba hasta que empece a escuchar nueva información inquietante, sobre los efectos del azúcar. Según varios expertos, el azúcar es lo que está causando que muchos estadounidenses tengan sobrepeso y enfermedades. Cuanto más pensaba en ello, esta nueva información empezó a tener sentido para mí – un montón de sentido. Uno de cada siete estadounidenses tiene síndrome metabólico. Uno de cada tres estadounidenses es obeso. La tasa de diabetes se ha disparado y las enfermedades cardiovasculares son la causa de mortalidad número uno de Estados Unidos. 

Según esta teoría, todas estas enfermedades y muchas otras se pueden asociar con la presencia de este gran tóxico en nuestra dieta … el azúcar. 

Una idea brillante 

Tomé todo este conocimiento recién descubierto y formulé una idea. Quería ver cuan difícil sería para nuestra familia – mi marido, nuestras dos hijas (de 6 y 11) y yo – pasar todo un año sin consumir alimentos con azúcar añadido. Cortamos de nuestra dieta cualquier alimento con azúcar añadido, ya fuera azúcar de mesa, miel, melaza, jarabe de maple, agave o zumo de frutas. También se excluyó cualquier cosa hecha con edulcorantes o alcoholes de azúcar. A menos que la dulzura fuese original en el alimento (por ejemplo, una pieza de fruta), no lo comeríamos. 

Una vez que empezamos a buscar, encontramos el azúcar en los lugares más increíbles: tortillas mexicanas, salchichas, caldo de pollo, ensaladas preparadas, fiambres, galletas, mayonesa, tocino, pan, e incluso en comida para bebés. ¿Por qué añadir toda esta azúcar? Para hacer estos artículos más agradables al paladar, preservar por más tiempo los alimentos, y abaratar la producción de alimentos envasados. 

Llámenme loca, pero evitar azúcares añadidos durante todo un año me parecía una gran aventura. Tenía curiosidad de lo que sucedería. Quería saber cuan difícil iba a ser y qué cosas interesantes podrían suceder. ¿Cómo iba a cambiar mi forma de cocinar y hacer compras? Después de haber realizado mi investigación estaba convencida que eliminar el azúcar nos haría a todos más saludables. Lo que no esperaba fue cómo el hecho de no comer azúcar me hizo sentir mucho mejor de una manera muy real y tangible

Un año sin azúcar más tarde… 

Era sutil, pero perceptible: cuanto más tiempo pasaba sin comer azúcar añadido, me sentía mejor y con más energía. Y por aquello de las dudas, algo que sucedió confirmó la conexión entre dejar el azúcar añadido con sentirme mejor: el cumpleaños de mi marido. 

Durante nuestro año de NO azúcar, una de las reglas era que como familia, podríamos tener al mes, un postre con contenido de azúcar y si era el cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, este lo podía elegir.Por septiembre ya notamos nuestros paladares cambiados y poco a poco, empezamos a disfrutar menos de nuestro postre mensual. 

Pero cuando nos comimos el decadente pastel de varias capas con crema de plátano que mi marido había elegido para la celebración de su cumpleaños, yo sabía que algo nuevo estaba ocurriendo. No sólo no me gustó mi trozo de pastel, sino que ni siquiera la pude terminar. Tenía un sabor extremadamente dulzón para mi paladar ahora sensible, hizo que mis dientes dolieran, mi cabeza comenzó a latir con fuerza y mi corazón empezó a acelerarse… Me sentía muy mal. 

Estuve tumbada en el sofá con la cabeza apunto de estallar, durante una hora antes de empezar a recuperarme. “Caray”, pensé “El azúcar siempre me hizo sentir mal, pero debido a que estaba en todas partes, nunca lo relacioné”. 

Después de que nuestro año sin azúcar añadido terminara, conté las ausencias de mis hijos en la escuela y las comparé con años anteriores. La diferencia fue dramática. Mi hija mayor, Greta, pasó de 15 ausencias en el año anterior, a sólo dos

Hoy en día, habiendo pasado ese año, la forma en que comemos es muy diferente. Apreciamos el azúcar en cantidades drásticamente más pequeñas, lo evitamos en los alimentos diarios (en los que no debería estar en primer lugar), y guardamos el postre para momentos muy particulares. Mi cuerpo parece estar dándome las gracias por ello. No me preocupo por quedarme sin energía. Y cuando aparece la temporada de gripe, ya no siento la necesidad de esconderme con mis hijas debajo de la cama. Si nos enfermamos sabemos que nuestros organismos están mejor equipados para luchar, nos enfermamos menos y nos recuperamos más rápidamente. Para mi sorpresa, después de nuestro año sin azúcar, todos nos sentimos más sanos y fuertes. Y eso no es nada despreciable.

Fuente: everydayhealth.com

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Los adolescentes del sur de Europa tienen una peor condición física y son más obesos que los del centro-norte.

Científicos de la Universidad de Granada, en colaboración con otros 25 grupos de investigación europeos, demuestran que los jóvenes de España, Italia y Grecia tienen una peor condición física y son más obesos

En este trabajo, publicado en la mejor revista del mundo de pediatría, Pediatrics, participaron 3.528 adolescentes de nueve países europeos

Los adolescentes del sur de Europa tienen una peor condición física (esto es, peor capacidad cardiorespiratoria, peor fuerza y peor velocidad-agilidad) que los del centro y el norte de Europa. Además, los jóvenes del sur son más obesos y presentan unos mayores niveles de grasa total y abdominal que los del centro-norte.

Éstos son algunos de los contundentes resultados de un ambicioso estudio realizado por científicos de la Universidad de Granada, desde el Departamento de Fisiología y en colaboración con otros 25 grupos de investigación europeos, en el que se compara el nivel de forma física de adolescentes que viven en países mediterráneos (España, Italia y Grecia) con adolescentes del centro y norte de Europa. Sus resultados han sido publicados en el último número de la prestigiosa revista Pediatrics, la más importante del mundo en su ámbito.

El autor principal de esta investigación es Francisco B. Ortega, actualmente Investigador Ramón y Cajal del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de Granada, quien destaca que “el nivel de condición física de los adolescentes ha demostrado ser un importante indicador de su estado de salud presente y futuro, de ahí la relevancia de las diferencias encontradas entre sur y centro-norte de Europa”.

En la investigación coordinada por la UGR participaron un total de 3.528 adolescentes del sur de Europa (habitantes de cuatro ciudades de España, Italia y Grecia) y del norte-centro del continente (de seis ciudades distintas). A todos ellos, los científicos les realizaron una serie de pruebas para medir su forma física, su grasa total y abdominal y su riesgo cardiometabólico.

Adolescentes de 9 países

La metodología empleada en estas 10 ciudades europeas, pertenecientes a 9 países distintos, fue meticulosamente estandarizada y se emplearon métodos objetivos, como es el caso de la valoración de la actividad física, para lo que se usaron unos aparatos llamados acelerómetros, que los adolescentes llevaron en la cintura durante 7 días seguidos. Estos acelerómetros facilitaron a los científicos información sobre cuánto tiempo empleaban en actividades físicas de diferente intensidad, así como en actividades sedentarias como ver la televisión.

Ortega explica que otro de los principales hallazgos de este estudio es que los adolescentes del sur de Europa también realizaban menos actividad física y más actividades sedentarias que los del norte, lo que explicaba en gran parte su peor forma física. “Estos resultados nos sugieren la importancia a nivel poblacional de realizar actividad física para tener un nivel de forma física saludable”.

Este estudio también ha puesto de manifiesto que la prevalencia de obesidad y los niveles de grasa total y abdominal son mayores en los adolescentes del sur. “No se demostró, sin embargo, que esto se debiera a la menor actividad física realizada, ni a la dieta y ni a algunos marcadores genéticos estudiados, por lo que no podemos concluir cuál podría ser el motivo de esta mayor prevalencia de obesidad”, apunta el investigador de la UGR.

El trabajo publicado en Pediatrics también analizó otros marcadores de riesgo cardiovascular, como el colesterol o la presión arterial, pero en este sentido no se encontraron diferencias consistentes entre los adolescentes del sur y los del centro-norte de Europa.

Referencia bibliográfica:

Health Inequalities in Urban Adolescents: Role of Physical Activity, Diet, and Genetics
Francisco B. Ortega, Jonatan R. Ruiz, Idoia Labayen, David Martínez-Gómez, Germán Vicente-Rodriguez, Magdalena Cuenca-García, Luis Gracia-Marco, Yannis Manios, Laurent Beghin, Dénes Molnar, Angela Polito, Kurt Widhalm, Ascensión Marcos, Marcela González-Gross, Anthony Kafatos, Christina Breidenassel, Luis A. Moreno, Michael Sjöström and Manuel J. Castillo
Pediatrics; originally published online March 17, 2014
DOI: 10.1542/peds.2013-1665

Contacto:
Francisco B. Ortega
Grupo de investigación PROFITH “PROmoting FITness and Health through Physical activity”. Dpto. Educación Física y Deportiva, Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada / Instituto Karolinska (Suecia)
Correo electrónicoortegaf@ugr.es

Fuente: Universidad de Granada

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Documento de consenso sobre obesidad y sedentarismo.

Por: Dr. Rafael Urrialde, PhD, Health and Nutrition Manager Coca-Cola Iberia 

La Universidad CEU San Pablo ha presentado el primer Documento de Consenso del mundo sobre obesidad y sedentarismo. Se trata de un acuerdo histórico sobre el abordaje multidisciplinar de la obesidad, fruto del trabajo conjunto de más de treinta de los principales profesionales de nuestro país en materia de nutrición, bioquímica y biología molecular, nutrigenómica, inmunonutrición, endocrinología, epidemiología, pediatría, atención primaria, control clínico y hospitalario, salud pública, educación, ciencias de la actividad física y del deporte y medicina del deporte. Este análisis científico, coordinado por el Prof. Gregorio Varela-Moreiras, Catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad CEU San Pablo y Presidente de la Fundación Española de Nutrición, ha sido elaborado a partir de 17 ponencias debatidas por este foro científico multidisciplinar.

Adjunto el paper, versión en inglés y versión en español, que ha publicado la revista científica Nutrición Hospitalaria en un suplemento extraordinario este mes de septiembre.

Varela-Moreiras G.(Coordinator). Consensus Document and Conclusions. Obesity and Sedentarism in the 21st Century: What can be done and what must be done? Nutrición Hospitalaria. 2013;28(Supl. 5):1-12

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“FIFTY-FIFTY” un programa para prevenir las enfermedades cardiovasculares.

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad o discapacidad en España.

PROGRAMA FIFTY-FIFTY

El Programa “Fifty-Fifty” pretende  mejorar la salud integral de las personas de 25 a 50 años, ayudándolas a controlar los principales factores de riesgo de las patologías cardiovasculares:

  • Sedentarismo
  • Obesidad
  • Hipertensión arterial
  • Tabaquismo 

Según el Dr. Valentín Fuster, “ si se capacita a los adultos en conocimientos, habilidades y actitudes sobre un estilo de vida saludable, entre iguales, mejoraran sus hábitos de salud cardiovascular y el autocontrol de los factores de riesgo. ”

El Programa Fifty-Fifty nace de la iniciativa de la Fundación SHE, promovida por el Dr. Valentín Fuster y de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en el marco de la Estrategia NAOS y del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad, con el fin de mejorar la salud de manera integral en personas adultas mediante la modificación de sus hábitos de salud.

PROGRAMA “FIFTY-FIFTY”

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Las bondades de la grasa ‘bronceada’.

Por: José Mª Ordovás* | Madrid Actualizado miércoles 15/05/2013 

Fuente: EL MUNDO salud

Jano es ese dios de la mitología romana que tenía dos caras mirando en direcciones opuestas. A este dios se le han otorgado muchos atributos relacionados con la dualidad, y si echamos la vista atrás (emulando una de sus caras) a la historia de la exploración científica, deberíamos entronizarlo también como el dios de la investigación (sobre todo nutricional). ¿Qué otro dios podría respaldar que lo que ayer era bueno hoy es malo o que lo que ayer era verdad hoy ya no lo es?

Acordémonos del colesterol, que saltó a la fama con la maldición de ser el responsable máximo de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, hoy en día hablamos del colesterol ‘bueno’ y del colesterol ‘malo’. Igualmente hablábamos recientemente en esta sección de cómo las grasas alimentarias ya no tenían el estigma generalizado de antaño y que las había malas (trans), menos buenas (saturadas) y buenas (monoinsaturadas y poliinsaturadas).

En los últimos días, Jano ha amparado también otro tipo de grasa, la corporal, esa que en la sociedad actual muchos vamos acumulando de una manera excesiva e indeseada. Una grasa que en el pasado remoto de la especie humana era, por el contrario, necesaria e incluso venerada ya que podía ser la diferencia entre la supervivencia y la muerte en los tiempos de hambruna.

Esa grasa, sabemos ahora, también viene en dos ‘sabores’ o mejor diríamos ‘colores’. La menos buena, o grasa blanca, que sirve de almacén de energía; y la buena que es la grasa marrón (o parda) que consume energía. En nuestra especie, la primera es la más común y la segunda se pensaba que sólo existía en los bebés, pero más recientemente se ha demostrado que también existe en los adultos, sobre todo en la zona profunda del cuello y sus alrededores.

Por lo tanto, en esa lucha enconada contra la obesidad, la parda es nuestra aliada y la blanca, nuestra enemiga. Lo que está claro es que en los humanos las fuerzas enemigas arrasan numéricamente a las aliadas y así lo demuestra el hecho de que cada vez estamos perdiendo más y más terreno a la obesidad. Basados en estos conocimientos, existe un gran interés por ver si podemos hacer cambiar de chaqueta al enemigo y ponerlo de nuestra parte, es decir, por convertir la grasa blanca en parda y que, desde su nuevo bando, contribuya a ‘quemar’ los excesos de la primera.

En los últimos años, se han ido filtrando en la prensa científica informes positivos acerca de defecciones del campo blanco al pardo, pero en los últimos días la evidencia generada por científicos del Instituto de Alimentación, Nutrición y Salud de Zúrich, recogida en la revista ‘Nature Cell Biology’, ha sido más convincente que nunca. Aunque, como ocurre frecuentemente, el trabajo se ha llevado a cabo en ratones y su éxito en humanos se ignora por ahora.

A este respecto, ya se había observado y demostrado que los humanos (como los ratones) somos capaces de adaptarnos al frío produciendo células grasas pardas dentro del tejido adiposo blanco. Pero se pensaba que este proceso era exclusivo de unas pocas células especiales que estaban capacitadas para tal transformación y que desaparecían cuando no eran ya necesarias. Lo que estos investigadores han demostrado por primera vez es que las células grasas blancas pueden convertirse en pardas y viceversa dependiendo de la temperatura del medio ambiente. Es decir, las blancas se transforman en pardas a bajas temperaturas y éstas revierten a blancas cuando la temperatura retorna a niveles más altos.

Ante tal descubrimiento, la cura de la obesidad parece obvia: emigrar todos a los polos (ecológicamente no muy recomendable) o transformar nuestros dormitorios en neveras (poco atractivo porque no conseguiríamos el propósito buscado si nos cubrimos con múltiples mantas). Por lo que estas sugerencias tendrían un éxito similar en la lucha contra la obesidad al que han tenido otras soluciones previamente predicadas. Por lo tanto, el reto está en desvelar los mecanismos moleculares responsables de esta ‘inter-conversión’ que nos permitan descubrir recomendaciones y terapias más exitosas y llevaderas a través de la alimentación o incluso de la farmacología.

Quizá esto sea también un acicate inesperado para que nos tomemos más en serio lo del calentamiento global y así matar (con perdón) dos pájaros de un tiro. Imaginemos lo que ocurriría con las ya apocalípticas predicciones de obesidad mundial si les aplicamos la corrección al alza de unos grados más en la temperatura ambiente que, obviamente, entorpecerían cualquier interés de la grasa blanca en transformarse en parda.

En resumen, al igual que no estamos predeterminados genéticamente a ser obesos, nuestras células grasas blancas no parecen estar exclusivamente y únicamente dedicadas a almacenar energía sino que, en su momento y dado el estímulo adecuado, pueden cambiar su papel para convertirse en consumidoras de energía. El reto es conseguir esa transformación de una manera racional y controlada para contribuir a la lucha contra la obesidad con más armamento del que ya tenemos (pero no usamos) que es comer sano y movernos más.


José Mª Ordovás* es director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU), profesor de Nutrición y Genética, director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) e investigador colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid). 

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¿Se puede prevenir la obesidad durmiendo mejor?

Fuente: HARVARD SCHOOL OF PUBLIC HEALTH

Cómo influye el sueño en el control del peso

Una noche de sueño reparador es una de las claves para una buena salud y también puede ser la clave para mantener un peso saludable. Existen pruebas de que las personas que duermen muy poco tienen un mayor riesgo de aumento de peso y obesidad que las personas que duermen durante siete u ocho horas  cada noche.

En este artículo se resumen los hallazgos más recientes sobre la relación entre el sueño y la obesidad en niños y adultos, y se sugiere que demasiado poco sueño puede conducir a demasiado peso.

Todo apunta a que la falta de sueño podría ser un factor importante para la actual epidemia de obesidad. (1)

Sueño y obesidad infantil

Docenas de estudios de los cinco continentes han analizado la relación entre la duración del sueño y la obesidad en los niños. La mayoría (pero no todos) han encontrado una asociación convincente entre la falta de sueño y el aumento de peso. (28) La evidencia más fuerte proviene de estudios que han estudiado los hábitos de sueño de muchos niños durante largos períodos de tiempo (estudios longitudinales), y también se han tenido en cuenta otros factores que podrían aumentar el riesgo de padecer obesidad en la infancia tales como la obesidad de los padres, el tiempo viendo la televisión, y la actividad física.

Un estudio británico, por ejemplo, que siguió a más de 8.000 niños desde el nacimiento encontró que aquellos que dormían menos de 10 horas y media de la noche a la edad de 3 años tenían un riesgo 45% mayor de ser obesos a los 7 años, en comparación con los niños que dormían más de 12 horas por la noche. (3) Del mismo modo, el Proyecto Viva, un estudio realizado en EE.UU. con 915 niños, encontraron que los niños con un promedio de menos de 12 horas de sueño al día tenían el doble de probabilidades de ser obesos a los 3 años, en comparación con aquellos que durmieron durante 12 horas o más. (6) La depresión materna durante el embarazo, la introducción de alimentos sólidos antes de los 4 meses, y ver la televisión infantil se asociaron también a una menor duración del sueño. (9)

El hábito del sueño adquirido en la infancia puede incluso tener un efecto a largo plazo sobre el peso, hasta bien entrada la edad adulta. Investigadores en Nueva Zelanda estudiaron a 1.037 niños desde el nacimiento hasta los 32 años, recopilando información recogida por los padres sobre el número medio de horas que sus hijos dormían en las edades de 5, 7, 9, y 11 añ. (8) En este estudio encontraron que cada hora de menos en la duración del sueño durante la infancia se asociaba con un riesgo 50% mayor de padecer obesidad a los 32 años.

Hay que tener en cuenta que todos estos estudios son observacionales y aunque sugieren una asociación entre el sueño y el peso, no se puede demostrar de manera concluyente que dormir lo suficiente reduzca el riesgo de padecer obesidad infantil. Las respuestas más definitivas pueden provenir de ensayos clínicos aleatorios que estudien si el dormir más horas durante la infancia reduce el riesgo de obesidad.

El primer ensayo para estudiar la influencia de la calidad del sueño en la obesidad infantil, se realizó en Australia observando a 328 niños y niñas de 7 meses de edad que ya tenían problemas de sueño. (10) El estudio buscaba comprobar si la enseñanza  de  técnicas conductuales a las madres para manejar los problemas de sueño infantil podría mejorar el sueño de los bebés y disminuir la incidencia de depresión en las madres. Los investigadores realizaron un seguimiento de más de seis años para ver si la intervención tuvo un efecto sobre la obesidad. Al año de edad, los niños del grupo de intervención tuvieron menos problemas de sueño que los recién nacidos en el grupo control, pero no hubo diferencias en la duración del sueño entre los dos grupos, y a los 2 y 6 años de edad, no hubo diferencia en los problemas del sueño o la duración del sueño entre los dos grupos.  Quizá esta fuera la razón por la que a los 6 años de edad, las tasas de obesidad fueron las mismas en ambos grupos. 

Dos grandes ensayos actualmente en curso, uno en los EE.UU. y el otro en Nueva Zelanda deberán ofrecer pruebas más concluyentes sobre la relación entre la duración del sueño y la obesidad. (1112) Ambos ensayos están probando si enseñar a los padres cómo desarrollar un buen sueño y buenos hábitos alimenticios en sus hijos recién nacidos ayuda a prevenir el desarrollo de la obesidad durante los primeros años de vida. Los primeros resultados del estudio realizado en EE.UU. han sido alentadores. (11)

Sueño y obesidad en adultos

La mayoría de los estudios que miden en un determinado momento en el tiempo (estudios transversales) los hábitos de sueño de los adultos, han encontrado una relación entre la duración corta del sueño y la obesidad.(2) Los estudios longitudinales, sin embargo, puede responder mejor  a las preguntas acerca de la causalidad. Y ​​en adultos, los resultados de estos estudios han sido menos consistentes que los realizados con niños. (13)

El estudio más grande y más largo hasta la fecha sobre los hábitos de sueño y el peso en adultos, es el Nurses’ Health Study, que estudió a 68.000 mujeres americanas de mediana edad durante 16 años. (14) En comparación con las mujeres que dormían siete horas por noche, las mujeres que dormían cinco horas o menos fueron un 15% más propensas a la obesidad durante el transcurso del estudio. Una investigación similar en el Nurses’ Health Study y en el Nurses’ Health Study II, con una cohorte de mujeres más jóvenes, analizó la relación entre los horarios rotatorios nocturnos, horarios irregulares que combinan el trabajo diurno y nocturno con unos pocos turnos de noche, sin respetar los ritmos circadianos con el riesgo de diabetes tipo 2 y la obesidad. (15) En este estudio, los investigadores encontraron que las mujeres con este tipo de turnos irregulares de trabajo nocturno y diurno, presentaban un  mayor riesgo de desarrollar diabetes y obesidad.

Otros investigadores han diseñado diferentes estudios longitudinales sobre los hábitos de sueño y el peso de los adultos en los EE.UU. y Canadá, así como en el Reino Unido y Europa. (13) Algunos han encontrado una relación entre la duración corta del sueño y la obesidad, mientras que otros no la han encontrado. Es interesante tener en cuenta que también hay algunos estudios en adultos que han informado que dormir demasiado está relacionado con un mayor riesgo de obesidad. (216) Esto es muy probablemente debido a un fenómeno que los investigadores llaman “causalidad inversa”. Es más frecuente ser obeso (sufriendo enfermedades relacionadas con esta condición como la apnea del sueño, enfermedad obstructiva pulmonar, depresión o cáncer) y que esto lleve a dormir más, que ser obeso por dormir más.

Un estudio piloto en curso puede brindar más respuestas sobre si dormir más durante la noche puede ayudar a perder peso. (17) Los investigadores están reclutando a 150 adultos obesos que duermen menos de 6,5 horas por noche y asignarlos al azar ya sea para mantener sus hábitos de sueño actuales o bien recibir entrenamiento sobre cómo prolongar su sueño todas las noches por lo menos de media hora a una hora. Los investigadores harán un seguimiento de los hábitos de sueño y del peso de los participantes en el estudio durante tres años.

¿Cómo afecta el sueño al peso corporal?

Los investigadores especulan que hay varias maneras de que la privación crónica del sueño puede conducir al aumento de peso, ya sea mediante el aumento de la cantidad de comida que la gente come o la disminución de la energía que queman. (2)

La falta de sueño puede aumentar el consumo de energía por:

  • El aumento de hambre: La falta de sueño puede alterar las hormonas que controlan el hambre. 18) Un estudio encontró que los hombres jóvenes que fueron privados de sueño tenían niveles más altos de una hormona estimulante del apetito, la grelina y niveles más bajos de la hormona que induce la saciedad, leptina, con el correspondiente aumento en el hambre y el apetito sobre todo  para los alimentos ricos en grasa y carbohidratos. (19)
  • Disponer de más tiempo para comer: Las personas que duermen menos cada noche puede comer más que las personas que duermen toda la noche simplemente porque tienen más tiempo disponible de vigilia. (20) Recientemente, un pequeño estudio de laboratorio encontró que las personas que fueron privadas de sueño y rodeadas de deliciosos aperitivos, tendían a picar más, sobre todo en las horas extras que estaban despiertas durante la noche, que cuando dormían adecuadamente. (21)
  • Elegir dietas menos saludables: Los estudios observacionales no han visto un vínculo consistente entre la calidad de sueño y la calidad de la dieta elegida. (2) Sin embargo, un estudio entre trabajadores japoneses encontró que los trabajadores que dormían menos de seis horas por noche son más propensos a comer fuera, a tener patrones irregulares de comidas y mayor tendencia a picar entre comidas que los que dormían más de seis horas. (22)

La falta de sueño puede disminuir el gasto de energía por:

  • La disminución de la actividad física: Las personas que no duermen lo suficiente están más cansadas durante el día, y como resultado pueden ver disminuida su actividad física. (14) Algunos estudios han encontrado que las personas con falta de sueño tienden a pasar más tiempo frente al televisor, menos tiempo haciendo deporte y menos tiempo realizando actividades físicas que las personas que duermen lo suficiente. Sin embargo, estas diferencias en la actividad física o ver televisión no son lo suficientemente determinantes como para explicar la asociación entre el sueño y el peso.(2)
  • La reducción de la temperatura corporal: En experimentos de laboratorio, las personas que se encuentran privadas de sueño tienden a experimentar un descenso de la temperatura corporal. (2) Esta caída, a su vez, puede conducir a la disminución del gasto energético. Sin embargo, un estudio reciente no encontró ninguna relación entre la duración del sueño y el gasto energético total. (23)

En la prevención de la obesidad, el sueño podría tener un papel prometedor.

Existen pruebas convincentes de que dormir menos de lo normal es un factor de riesgo independiente y fuerte para la obesidad, tanto en los lactantes y los niños, como en los adultos. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones hasta el momento, han consistido en estudios observacionales, y queda por ver si enseñar a dormir mejor por la noche a los niños o adultos puede reducir su riesgo de obesidad o ayudar a perder peso. Los ensayos clínicos aleatorios que están actualmente en marcha pronto podrían proporcionar más respuestas.

Algunos investigadores han advertido que es demasiado pronto para promover una mejor calidad del sueño para frenar la epidemia de obesidad, debido a las deficiencias entre las investigaciones realizadas hasta la fecha. (1024) Sin embargo, desde una perspectiva de salud pública, puede ser bueno el fomento de hábitos de buena calidad de sueño a través de cambios en los estilos de vida, tales como el establecimiento de un horario regular, evitar el consumo de cafeína por la tarde y reducir el uso de aparatos electrónicos en el dormitorio. (25) Los buenos hábitos de sueño tienen también otros beneficios, como aumentar el estado de alerta en la escuela o en el trabajo, mejorando el estado de ánimo, y mejorando la calidad de vida en general.

Bibliografía

1. National Sleep Foundation. 2005 Sleep in America Poll. Accessed June 14, 2011.

2. Patel SR, Hu FB. Short sleep duration and weight gain: a systematic review. Obesity (Silver Spring). 2008; 16:643-53.

3. Reilly JJ, Armstrong J, Dorosty AR, et al. Early life risk factors for obesity in childhood: cohort study.BMJ. 2005; 330:1357.

4. Agras WS, Hammer LD, McNicholas F, Kraemer HC. Risk factors for childhood overweight: a prospective study from birth to 9.5 years. J Pediatr. 2004; 145:20-5.

5. Gillman MW, Rifas-Shiman SL, Kleinman K, Oken E, Rich-Edwards JW, Taveras EM. Developmental origins of childhood overweight: potential public health impact. Obesity (Silver Spring). 2008; 16:1651-6.

6. Taveras EM, Rifas-Shiman SL, Oken E, Gunderson EP, Gillman MW. Short sleep duration in infancy and risk of childhood overweight. Arch Pediatr Adolesc Med. 2008; 162:305-11.

7. Bell JF, Zimmerman FJ. Shortened nighttime sleep duration in early life and subsequent childhood obesity. Arch Pediatr Adolesc Med. 2010; 164:840-5.

8. Landhuis CE, Poulton R, Welch D, Hancox RJ. Childhood sleep time and long-term risk for obesity: a 32-year prospective birth cohort study. Pediatrics. 2008; 122:955-60.

9. Nevarez MD, Rifas-Shiman SL, Kleinman KP, Gillman MW, Taveras EM. Associations of early life risk factors with infant sleep duration. Acad Pediatr. 2010; 10:187-93.

10. Wake M, Price A, Clifford S, Ukoumunne OC, Hiscock H. Does an intervention that improves infant sleep also improve overweight at age 6? Follow-up of a randomised trial. Arch Dis Child. 2011; 96:526-32.

11. Paul IM, Savage JS, Anzman SL, et al. Preventing obesity during infancy: a pilot study. Obesity (Silver Spring). 2011; 19:353-61.

12. Prevention of Overweight in Infancy (POInz). ClinicalTrials.gov, 2009. Accessed on June 14, 2011.

13. Nielsen LS, Danielsen KV, Sorensen TI. Short sleep duration as a possible cause of obesity: critical analysis of the epidemiological evidence. Obes Rev. 2011; 12:78-92.

14. Patel SR, Malhotra A, White DP, Gottlieb DJ, Hu FB. Association between reduced sleep and weight gain in women. Am J Epidemiol. 2006; 164:947-54.

15. Pan A, Schernhammer ES, Sun Q, Hu FB. Rotating night shift work and risk of type 2 diabetes: two prospective cohort studies in women. PLoS Med. 2011; 8:e1001141. Epub 2011 Dec 6.

16. Chaput JP, Despres JP, Bouchard C, Tremblay A. The association between sleep duration and weight gain in adults: a 6-year prospective study from the Quebec Family Study. Sleep. 2008; 31:517-23.

17. Cizza G, Marincola P, Mattingly M, et al. Treatment of obesity with extension of sleep duration: a randomized, prospective, controlled trial. Clin Trials. 2010; 7:274-85.

18. Taheri S, Lin L, Austin D, Young T, Mignot E. Short sleep duration is associated with reduced leptin, elevated ghrelin, and increased body mass index. PLoS Med. 2004; 1:e62.

19. Spiegel K, Tasali E, Penev P, Van Cauter E. Brief communication: Sleep curtailment in healthy young men is associated with decreased leptin levels, elevated ghrelin levels, and increased hunger and appetite.Ann Intern Med. 2004; 141:846-50.

20. Taheri S. The link between short sleep duration and obesity: we should recommend more sleep to prevent obesity. Arch Dis Child. 2006; 91:881-4.

21. Nedeltcheva AV, Kilkus JM, Imperial J, Kasza K, Schoeller DA, Penev PD. Sleep curtailment is accompanied by increased intake of calories from snacks. Am J Clin Nutr. 2009; 89:126-33.

22. Imaki M, Hatanaka Y, Ogawa Y, Yoshida Y, Tanada S. An epidemiological study on relationship between the hours of sleep and life style factors in Japanese factory workers. J Physiol Anthropol Appl Human Sci. 2002; 21:115-20.

23. Manini TM, Everhart JE, Patel KV, et al. Daily activity energy expenditure and mortality among older adults. JAMA. 2006; 296:171-9.

24. Horne J. Obesity and short sleep: unlikely bedfellows? Obes Rev. 2011; 12:e84-94.

25. Twelve Simple Tips to Improve Your Sleep. 2007. Accessed June 14, 2011. 

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El Observatorio de Nutrición y Estudio de la Obesidad permitirá contar con datos fiables sobre el exceso de peso en la infancia.

El Gobierno ha aprobado la creación del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad que como ya os anunciábamos aquí, se pone en marcha este mismo año.

El órgano, bajo la presidencia del prestigioso cardiólogo Valentín Fuster, estará dedicado a combatir el exceso de peso, especialmente en la población infantil, analizar sus causas y poner en marcha las iniciativas que se hayan mostrado más eficaces en el ámbito nacional e internacional.

El exceso de peso es un importante problema de salud pública en España, tanto en la población adulta como entre los niños y adolescentes. En concreto, el 55% de los adultos presentan exceso de peso, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud.

En cuanto a los menores, más del 45% de los niños de entre seis y nueve años sufren obesidad o sobrepeso (según el estudio ALADINO elaborado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria –AESAN -).

El nuevo Observatorio analizará más en detalle la situación y permitirá contar con datos fiables sobre el exceso de peso. Entre sus funciones también estarán analizar otras políticas y actuaciones que se desarrollen en la promoción de una alimentación saludable y de la actividad física, destacando y divulgando las de mayor efectividad e impacto sobre la salud.

La industria alimentaria ocupará un lugar en el órgano, así como el sector de la hostelería y de la distribución y los supermercados. También participará un representante de las asociaciones de consumidores y usuarios.

La creación de este Observatorio se enmarca en el conjunto de medidas que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad está poniendo en marcha para disminuir la obesidad y concienciar a toda la población (familias, escuelas, administraciones públicas e industria), de que el exceso de peso es un problema de salud. Prevenirlo evita la aparición de enfermedades y mejora la calidad de vida.

Entre las últimas actuaciones, esta misma semana se ha firmado un convenio entre la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y la Fundación Alimentum. Gracias a este acuerdo, durante todo el año 2013, se incluirán mensajes que fomenten los hábitos de vida saludables y para combatir los problemas derivados del exceso de peso, en todas las campañas de televisión que desarrollen las empresas firmantes.

Fuente: PEQUES Y MÁS

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Recomiendan la prescripción médica de los gimnasios.

Fuente: http://www.europapress.es/salud/noticia-expertos-recomienda-prescripcion-medica-gimnasios-tratar-obesidad-20120426133522.html

MADRID, 26 Abr. (EUROPA PRESS)

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) entiende que los centros deportivos deberían ser vistos como un tipo de medicina preventivo-curativa contra el sobrepeso y la obesidad, por este motivo recomienda su prescripción facultativa.

El Programa de Nutrición y Actividad Física para el tratamiento de la obesidad (PRONAF), que fue avalado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, radica en el diseño de ejercicios a la medida de cada paciente, combinando la actividad física con la nutrición, la psicología, las valoraciones clínicas y la genética para lograr no sólo perder peso sino también aprender a no recuperarlo.

El planteamiento del proyecto se asienta sobre el principio más importante de la termodinámica: la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. De ahí que profundice en el concepto de balance energético que no es más que la diferencia entre la energía que se ha ingerido y asimilado y la que se ha consumido, valorando las peculiaridades de cada persona.

En el marco de este proyecto se pudo comprobar que el 80% de las mujeres adultas de cuarenta años prefieren perder salud a ganar peso. Una cifra alarmante teniendo en cuenta que el estudio se llevó a cabo en una muestra de población de edad no influenciable que aseguró optar por dietas milagro o extremas para estar delgadas en poco tiempo aunque ello fuese en detrimento de su salud.

Dentro de esta iniciativa se investigó si existen edades más propicias para adelgazar y concluyó que cuesta lo mismo perder peso durante toda la vida adulta, independientemente de la edad (exceptuando el período de la menopausia), mediante la combinación de ejercicios y dieta hipocalórica.

“Esta investigación también nos permitió corroborar cómo aparece la obesidad silenciosa, una patología resultado de dejar de practicar actividad física diariamente estando en balance energético. El cuerpo va sumando diariamente gramos que con el paso del tiempo se convierten en kilos de más, sin que la persona se de cuenta”, declara el doctor Pedro J. Benito Peinado de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y Del Deporte-INEF, y miembro de la sociedad.

Además pudieron comprobar que no hay alimentos que engorden más a unas personas que a otras y que las dietas puntuales son un error, siendo más efectivo perder kilos más lentamente, apostando por un 10% de peso en seis meses.

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La obesidad también mata antes de tiempo.

La obesidad es la segunda causa evitable de muertes precoces tras el tabaco.

Por: Silvia R. Taberné

Se sabe que el cigarrillo es el responsable directo o indirecto de varias enfermedades que pueden ir desde la bronquitis crónica hasta el cáncer de pulmón, siendo la principal causa evitable de muertes en todo el mundo. Así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), si siguen los actuales niveles de consumo, el tabaco mataría a ocho millones de personas en 2030. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que no fuman?

Según el estudio que publica ‘British Medical Journal’ (BMJ) aquellas mujeres que nunca han tenido entre sus manos un cigarrillo, pero sufrenproblemas de peso y pertenecen a grupos sociales de ingresos bajos son propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares e, incluso, también a morir prematuramente.

“Aunque el tabaquismo es claramente responsable de unas tasas de mortalidad muy altas, la obesidad también es un factor importante que contribuye a la mortalidad prematura”, explica el doctor Laurence Gruer, director del estudio y miembro del NHS Health Scotland.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores siguieron durante 28 años los casos de 3.600 mujeres escocesas que nunca habían fumado. Todas ellas tenían entre 45 a 64 años, por lo que muchas fallecieron durante el proceso de estudio. La mitad de las que murieron (916 mujeres, lo que representa el 51%) lo hicieron por enfermedades cardiovasculares y de circulación, mientras que un 21% perecieron por distintos tipos de cáncer.

Los resultados mostraban que las mujeres de clases sociales bajaseran más propensas a tener graves problemas de sobrepeso y se encontraban entre el primer grupo de muertes, mientras que fallecían menos por cáncer.

Una amenaza oculta

“Todo esto sugiere que las altas tasas de fumadores de hace 30 años, más los problemas que el tabaquismo acarrea, han ocultado probablemente la verdadera magnitud de la obesidad en estas mujeres; pero también se observa que la disminución de las tasas de tabaquismo en las últimas décadas puede haber contribuido al aumento del sobrepeso”, comentan los autores.

“Hay que ser conscientes de que la obesidad es la primera causa evitable de muerte tras el tabaco“, asegura a ELMUNDO.es el doctor Miguel Ángel Rubio, coordinador de la Unidad de Obesidad del Hospital Clínico de Madrid, “por lo que los resultados de este estudio era algo que desde hace unos años ya se sospechaba”, añade.

Aunque la investigación sólo se centra en mujeres adultas, el doctor Rubio asegura que estos datos son también importantes para el resto de la población: “Al estudiar a mujeres con una edad alrededor de los 50 años, es normal que hayan encontrado más problemas de sobrepeso, porque está estudiado que tras la menopausia éste es un problema común“, comenta el doctor Rubio. “Así, si nos fijamos en España, del 15% de obesos que hay en total, en la franja de 55 a 64 años, el 21% son hombres y el 34% son mujeres con este problema”.

Enfermedades asociadas

“Pero independientemente de esto, esta investigación arroja unas conclusiones bastante obvias ya que en muchas ocasiones la obesidad se relaciona con hábitos inadecuados y falta de actividad física y esto conlleva a enfermedades como la diabetes o la hipertensión, factores claves para desarrollar enfermedades cardiovasculares”, afirma el doctor Rubio.

“Por otra parte, las clases sociales con menos recursos muchas veces están peor informadas y a la hora de alimentarse, si tienen poco nivel adquisitivo, compran alimentos más baratos, que suelen estar cargados de grasa, en vez de pescado o verduras. De ahí que en incluso en España, y de una forma genérica la zona sur de la península y Galicia sean zonas con personas más obesas que en el centro del país”, explica este especialista.

Sin embargo, el profesor Johan Mackenbach, del Centro Médico Erasmus de Rotterdam señala en una editorial que acompaña al estudio que “estos datos no han de hacer olvidar que el tabaquismo sigue siendo el factor de riesgo más fuerte, puesto que a pesar de estos resultados sigue siendo más mortal que la propia obesidad”.

Una afirmación que no olvidan los especialistas, aunque también señalan a este tipo de estudios como suficientemente interesantes como para que la sanidad se fije en ellos: “Ha sido y sigue siendo necesario que se informe y se comprenda los problemas que causa el tabaco, pero tampoco está de más que se trate la obesidad, también después de dejar de fumar, puesto que por ejemplo en España no hay ningún tratamiento contra ella que lo financie el sistema público”, argumenta el doctor Rubio.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/06/28/nutricion/1309284339.html

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Recetar ejercicio físico.

Se pone en marcha un curso para concienciar al médico sobre la prescripción del ejercicio físico.

La Fundación para la Formación de la OMC (FFOMC) y el Consejo Superior de Deportes (CSD) firman un convenio para la creación y desarrollo de “Actívate, aconseja salud”, un programa de formación en prescripción de actividad física para los equipos de Atención Primaria. El objetivo de este curso es concienciar a los profesionales médicos de la importancia del papel preventivo y terapéutico del ejercicio físico moderado ante las patologías crónicas más prevalentes en España

Madrid, 28 de junio de 2011 (medicosypacientes.com)

El sedentarismo y la obesidad tienen graves consecuencias sobre la salud de la persona. En muchas enfermedades, la práctica de ejercicio forma parte del programa terapéutico para la recuperación del paciente. En esta línea, la Fundación para la Formación de la OMC (FFOMC) ha firmado un convenio para la creación y desarrollo de “Actívate, aconseja salud”, un programa de formación en prescripción de actividad física para los equipos de Atención Primaria.

La progresión epidémica del número de obesos, sedentarios y personas con patologías asociadas supone un importante problema económico y de salud pública. “La práctica de ejercicio debe incorporarse en la prescripción diaria del médico. Por ello, el objetivo de este curso es concienciar a los profesionales médicos de la importancia del papel preventivo y terapéutico del ejercicio físico moderado ante las patologías crónicas más prevalentes en España”, ha señalado el Dr. José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial.

“Desde el Consejo Superior de Deportes (CSD) se viene impulsando la implantación del Plan para la Actividad Física y el Deporte (Plan A+D), con el objetivo compartido de incrementar los niveles de práctica físico-deportiva saludable y sin riesgos de la ciudadanía. Entre las muchas acciones previstas destacan las que pretenden conseguir que la prescripción de ejercicio físico sea una práctica habitual de la sanidad pública”, ha explicado Albert Soler Sicilia, secretario de Estado-Presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD).

En este campo ya existen en España algunas experiencias y programas piloto que están dando resultados muy positivos, destaca el programa PAFES implantado en Cataluña. No obstante, pese a estas experiencias y la abundante evidencia científica respecto a la importancia de la actividad física para combatir eficazmente a los problemas derivados del sedentarismo y la obesidad, la formación sobre la utilidad del ejercicio físico, su utilización como consejo o prescripción es una de las carencias detectadas en nuestro sistema sanitario. Es por ello que precisamente en el Plan A+D se propone el desarrollo de una medida que promueva la Formación en Actividad Física y Salud para profesionales sanitarios.

Fuente: http://www.medicosypacientes.com/colegios/2011/06/11_06_28_prescripcion_ejercicio_FFOMC

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