Nobel de Medicina por descifrar el mecanismo de los relojes biológicos.

Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young han sido galardonados hoy con el Premio Nobel de Medicina por desentrañar los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano, es decir, las oscilaciones biológicas que regulan los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo. Su desajuste es responsable de trastornos como el jet lag.

Los tres científicos

Los tres científicos estadounidenses llevan tres décadas estudiando el ritmo circadiano de la mosca de la fruta.

Los organismos vivos, incluidos los humanos, tienen un reloj biológico interno que les ayuda a anticiparse y adaptarse al ritmo regular del día. Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young llevan años trabajando para descifrar su funcionamiento interno. Sus descubrimientos, que hoy le han valido el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, explican cómo las plantas, los animales y los seres humanos adaptan su ritmo biológico para que esté sincronizado con la rotación de la Tierra.

Utilizando moscas de la fruta como organismo modelo, Hall (1945, Nueva York), Rosbash (1944, Kansas) y Young (1949, Miami) aislaron un gen que controla el ritmo biológico diario normal.

Los tres expertos de instituciones estadounidenses, Hall –profesor de la Universidad de Maine–, Rosbash –en la Universidad Brandeis– y Young –investigador en la Universidad Rockefeller–, mostraron cómo este gen codifica una proteína que se acumula en la célula durante la noche, y luego se degrada durante el día.

Posteriormente, identificaron más componentes proteicos de esta maquinaria y dieron con el mecanismo que controla dicho reloj interno de la célula. En la actualidad se sabe que estos relojes biológicos funcionan de la misma forma en otros organismos multicelulares, incluyendo los humanos.

El ritmo circadiano es el encargado de regular el comportamiento, los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo. Y, de la misma forma, su desajuste es responsable de varios trastornos, como el conocido jet lag.

Un reloj autoregulable

El siguiente paso fue comprender cómo se podrían generar y mantener esas oscilaciones circadianas. Hall y Rosbash plantearon la hipótesis de que la proteína PER bloqueaba la actividad del gen descrito.

Los expertos propusieron que, mediante un circuito inhibitorio de retroalimentación, la proteína PER podría prevenir su propia síntesis y, por tanto, regular su nivel en un ritmo cíclico continuo.

Sin embargo, aún faltaban algunas piezas del rompecabezas. Hall y Rosbash habían demostrado que la proteína PER se acumulaba en el núcleo durante la noche, pero quedaba por saber cómo llegaba hasta allí.

En 1994, Young descubrió un segundo gen de este reloj biológico, que codifica la proteína TIM, necesaria para un ritmo circadiano normal. Así, demostró que cuando TIM se une a PER, las dos proteínas son capaces de entrar en el núcleo de la célula donde bloquean la actividad del gen, cerrando el circuito inhibitorio de retroalimentación.

Los hallazgos de los tres laureados establecieron principios mecánicos clave del reloj biológico. Es más, durante los años siguientes se aclararon otros componentes moleculares del mecanismo de dicho reloj, lo que explicaba su estabilidad y función.

Por ejemplo, se identificaron las proteínas adicionales requeridas para la activación del gen, así como para el mecanismo por el cual la luz puede sincronizar el reloj.

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El reloj circadiano anticipa y adapta nuestra fisiología a las diferentes fases del día: patrones de sueño, comportamiento de alimentación, liberación de hormonas, presión arterial y temperatura corporal. / Nobel Prize.

Fuente: Agencia SINC


Q.S.D. N.S.D.

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El mito de las ocho horas de sueño.

  • Dormir poco tiempo no es malo ‘per se’, depende de las necesidades individuales.
  • Un 30% de la población sufre trastornos del sueño y el porcentaje aumenta.
  • Los expertos recomiendan practicar la siesta. Es reparadora de la fatiga del día.

Por: Xaime Méndez Baudot | Santander. Actualizado viernes 30/08/2013

Cada persona es un mundo. Una frase que se oye cada día, cada hora y para todo aunque se aceptan axiomas comunes a todos los mortales. Ahora, nos descubren que también cada uno es un mundo en la cama. A la hora de dormir, se entiende.

Gualberto Buela, presidente de la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC) y catedrático de Psicología de la Universidad de Granada, dirige estos días en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un curso sobre los trastornos del sueño y la ansiedad. Su primera parada es romper un “tópico bastante extendido e incorrecto”, como lo define: el de dormir ocho horas diarias.

“Es una media, lo que indica que las necesidades de las personas son distintas. Hay algunas que con cinco o incluso cuatro horas y media de sueño les vale y no tienen somnolencia durante el día”, ha afirmado Buela. Es decir, que dormir poco tiempo no es malo ‘per se’, sino que lo es o no en función de lo que cada individuo necesita.

Que aproximadamente un 30% de la población sufra trastornos del sueño, y el hecho de que haya aumentado el porcentaje en los últimos tiempos, guarda relación, también, con los estilos de vida. “Este índice es mayor en la población urbana que en la que vive en contacto con la naturaleza”, ha destacado el presidente de AEPC.

Durante los cursos también se están tratando patologías como la apnea del sueño. Para el director del curso, el caracter crónico de esta enfermedad (“a quien se le diagnostica apnea es para toda la vida”, ha precisado) hace difícil su tratamiento, pero sí ha incidido en ciertos aspectos que mejoran la vida del paciente y en el que colaboran psicólogos con médicos. “Si las personas no fuman, controlan el consumo de alcohol, comen menos grasas y azúcares y hacen ejercicio fisico, la apnea se reduce”, ha asegurado Buela. Además, ha valorado positivamente un programa que llevan a cabo, en el que han conseguido que personas que sufren de este mal no sólo reduzcan el número de paradas cardiorespiratorias durante el sueño, sino también el tiempo de estas paradas.

Pasos para dormir bien

El catedrático ha destacado que las personas que no saben -por suerte- lo que significan estos trastornos “cuiden su sueño para no perderlo”. En este sentido, ha mencionado algunas recomendaciones prácticas entre la que sobresale el hecho de “invertir en un buen colchón” porque, como ha remarcado, “dormir es la conducta que más practicamos los humanos”.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los ciclos del sueño duran “alrededor de 90 minutos“. Por ello, es aconsejable dormir en múltiplos de esta cifra: tres horas, cuatro y media, seis, etcétera porque “nos levantamos mejor si se cumple el ciclo completo que si lo interrumpimos”, ha precisado Gualberto Buela. Tener unos hábitos regulares para acostarse y levantarse es otra recomendación, siempre “sin llegar a la obsesión de una hora fija, pero sí una horquilla”. Es importante, además, “no estar en la cama más de las horas que necesitemos”; es decir, si con seis horas estás ‘reparado’, no estar por obligación ocho.

Una de las recomendaciones más peculiares la enuncia con cierto humor:“Debería estar prohibido tener televisión en el dormitorio“, ha afirmado para destacar que no se debe tener una actividad que ‘despierte’ al organismo como, ejemplificó, “ver un partido de fútbol donde se está implicado emocionalmente en la cama es malo. Si quieres escucharlo, hazlo en el salón”, sentencia como si fuese una obviedad de la que nadie se había percatado hasta ahora.

Otro de los factores importantes para conciliar bien el sueño es lo que él denomina “separar los problemas de día de los de noche”. Para el psicólogo, “en el momento en el que se entra en la habitación y se apaga la luz se deben acabar los problemas del día o, lo que es lo mismo, no ‘rumiar’ nuestras cosas en la cama”.

Algo difícil de lograr porque, como él mismo reconoce, “casi todos los trastornos como depresión o angustia llevan consigo trastornos del sueño”.

La siesta española

Eso sí, ha roto una lanza en favor de uno de nuestros productos más exportados y que, por desgracia, no nos reporta beneficio alguno por patente: la siesta. “La siesta está de moda, hasta en países como Suiza hay empresas que ya disponen de salas para que sus ejecutivas duerman 20 minutos, 30 máximo”. Para él, la siesta tiene dos ventajas. La primera, que “es reparadora de la fatiga del día” y la segunda, el hecho de que “ayuda a sincronizar el ritmo circadiano”.

Buela ha recordado cuando la siesta era utilizada (“sobre todo por los anglosajones”, apunta) para criticar nuestra forma de vida y afirmar que se trabaja poco en España. Ante esto, ha recordado un estudio de la Universidad de Yale que “encontró que es más frecuente en la mayoría de las culturas dormir la siesta que no dormirla”.

En esta ‘desconexión’ poscomida sí se cumple un tópico: la siesta ha de ser de media hora “como máximo”. Esto es así porque si se supera este tiempo “se reduce la presión para el sueño nocturno”.

Morfeo, dios de los sueños, atiende a lo tópicos -verdaderos o no- y ‘recetas’ del Palacio de la Magdalena. A usted, más terrenal, le deseamos felices sueños.

FUENTE: EL MUNDO SALUD

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