No hay salud sin salud mental.

10 de octubre de 2014 — Con ocasión del Día Mundial de la Salud Mental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recuerda que la salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales. Es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. Para fortalecerla, es necesario crear las condiciones favorables de vida y del medio ambiente. Asimismo, proveer los servicios y asistencia adecuados a las personas que sufren de trastornos mentales.

Determinantes de la salud mental

La salud mental individual es determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo.

La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.

También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.

Promoción y protección de la salud mental

La promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.

El clima de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.

Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental como la incorporación de la promoción de la salud mental a las políticas y programas de los sectores gubernamental y no gubernamental. Además del sector de la salud, es esencial la participación de los sectores de la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.

La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental se pueden mencionar:

  • las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares y ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas);
  • el apoyo a los niños (por ejemplo, programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil);
  • la emancipación socioeconómica de la mujer (por ejemplo, mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos):
  • el apoyo social a las poblaciones geriátricas (por ejemplo, iniciativas para hacer amistades y centros comunitarios y de día);
  • los programas dirigidos a grupos vulnerables, y en particular a las minorías, los pueblos indígenas, los migrantes y las personas afectadas por conflictos y desastres (por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres);
  • las actividades de promoción de la salud mental en la escuela (por ejemplo, programas de apoyo a los cambios ecológicos en la escuela y escuelas amigas de los niños);
  • las intervenciones de salud mental en el trabajo (por ejemplo, programas de prevención del estrés);
  • las políticas de vivienda (por ejemplo, mejora de las viviendas);
  • los programas de prevención de la violencia (por ejemplo, la reducción de la disponibilidad del alcohol y del acceso a las armas);
  • los programas de desarrollo comunitario (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado);
  • la reducción de la pobreza y la protección social para los pobres;
  • legislación y campañas contra la discriminación;
  • promoción de los derechos, las oportunidades y la atención de las personas con trastornos mentales.

Fuente: OMS

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El estrés laboral, causante de más de la mitad de las jornadas de trabajo perdidas en la UE.

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha lanzado una campaña cuyo objetivo es prevenir y concienciar sobre los riesgos del estrés laboral, que es el segundo problema de salud ligado al trabajo más frecuente y está en el origen de entre el 50 y el 60 por ciento de las jornadas de trabajo perdidas en la UE, según los datos de Bruselas.

Madrid, 8 de abril 2014 (medicosypacientes.com)

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha lanzado una campaña cuyo objetivo es prevenir y concienciar sobre los riesgos del estrés laboral, que es el segundo problema de salud ligado al trabajo más frecuente y está en el origen de entre el 50% y el 60% de las jornadas de trabajo perdidas en la UE, según los datos de Bruselas.

La campaña tiene como objetivo ayudar a las patronales y a los sindicatos, así como a los directivos y a los trabajadores -mediante una serie de herramientas simples- a reducir el estrés y los riesgos psicológicos en el trabajo y a crear un entorno laboral más sano. En la actualidad, sólo el 30% de las compañías lo hacen. Esta actividad se prolongará a lo largo de 2014 y 2015 y llegará a 30 países, tiene un coste anual de 2 millones de euros.

La Comisión ha advertido de que los trabajadores con estrés tienen más dificultades para concentrarse, cometen más errores y son víctimas con más frecuencia de accidentes de trabajo. Una presión psicológica prolongada puede acarrear, según Bruselas, problemas graves de salud como enfermedades cardiovasculares o problemas musculares.

“Además de sus consecuencias graves para el bienestar de los trabajadores, el estrés ligado al trabajo tiene efectos negativos sobre los resultados globales de las empresas europeas”, según el comisario de Empleo, László Andor. “Existen medios de prevención y deben ponerse en marcha. Las patronales y los sindicatos deben actuar juntos para proteger mejor la salud mental de los trabajadores”, insistió Andor.

El 72% de los trabajadores considera que la reorganización en el trabajo o la inseguridad laboral es una de las principales causas del estrés laboral, según una reciente encuesta paneuropea. El 66% de los encuestados lo atribuye a las horas trabajadas o a la sobrecarga de trabajo y el 59% al acoso laboral o a comportamientos inaceptables en el lugar de trabajo.

En Francia, los costes del estrés laboral ascendieron a entre 2.000 y 3.000 millones de euros en 2007. En Reino Unido, se estima que alrededor de 9,8 millones de días laborales se perdieron entre 2009 y 2010 debido al estrés laboral, y los trabajadores se ausentaron de media 22,6 días.

La prevención del estrés y de los riesgos psicosociales es uno de los retos que será considerado en la nueva estrategia de la UE en materia de seguridad y salud en el trabajo para el periodo 2014-2020, que se publicará en junio.

Fuente: Médicos y Pacientes

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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Nutrición y salud mental.

La relación fisiopatológica entre nutrición y neurodesarrollo es muy compleja, y motivo de constante investigación. El neurodesarrollo comienza en épocas muy tempranas de la vida y se completa casi en la época adulta. . Por ello, los efectos de la nutrición en este proceso tienen una importancia fundamental. Es decir, una carencia nutricional en un momento clave del neurodesarrollo (p. ej., mielinización, establecimiento de sinapsis o quimioneurotransmisores) puede originar un problema de disfunción neurológica de carácter definitivo. Pero no sólo los déficits generan alteraciones en el neurodesarrollo: también los problemas de exceso en periodos críticos pueden conducir a graves problemas.

Algunos nutrientes, como los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (LC-PUFA) y, entre ellos, el ácido araquidónico (AA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), están involucrados doblemente en el desarrollo sensorial (sobre todo de la vista y el oído) y en el neuronal. Teniendo en cuenta las estrechas y complejas interrelaciones entre los sentidos y el cerebro, se ha llegado a decir que el principal órgano de percepción no es ni el ojo ni el oído, sino el cerebro, capaz de procesar hasta un gigabyte por segundo de la información procedente de los sentidos. De modo que, aunque éstos funcionen bien, la tarea de ordenar y procesar la información procedente de los diferentes estímulos externos es enorme para el cerebro. Luego estas carencias conllevarán problemas en el procesamiento y la percepción de estímulos.

También el déficit  de la ingesta de estos ácidos grasos se relaciona con la mayor aparición de trastornos mentales como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, el trastorno por déficit de atención  o la depresión postparto.

Otros estudios demuestran la relación entre el consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega 3 y el mejor estado cognitivo y retiniano  en adultos. También destacan la relación entre la disminución del DHA cerebral y el desarrollo del Alzheimer  o la demencia senil así como la degeneración macular asociada a la edad.

Actualmente se sospecha que la carencia de nutrientes específicos como los ácidos grasos  nombrados o micronutrientes como el hierro o el ácido fólico   tiene una repercusión realmente importante en la aparición de las enfermedades mentales.

Por ello la recomendación práctica desde la Sociedad Española para la Promoción Integral de la Salud (SEPIS 2010) para contribuir a la prevención de las enfermedades mentales desde un punto de vista nutricional sería aumentar el consumo de ácidos grasos omega 3 presentes en pescados azules, algas marinas, semillas de calabaza, sésamo, nueces… Evitar la deficiencia de hierro en individuos susceptibles (adolescentes, embarazadas, tercera edad, deportistas, mujeres perimenopáusicas,…) aumentando el consumo  de alimentos como la carne roja, las vísceras, las legumbres, los cereales enriquecidos, las espinacas,…Y por último mantener un adecuado consumo de ácido fólico que  encontraremos en vegetales de hoja verde, legumbres, espárragos, brócoli, naranja.

FUENTE: Acta Pediatr Esp. 2008; 66(8): 399-408

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Salud mental: fortalecimiento de nuestra respuesta.

Datos y cifras

  • Hay más de 450 millones de personas con trastornos mentales, y muchas más con problemas mentales.
  • La salud mental es parte integral de la salud; tanto es así que no hay salud sin salud mental.
  • La salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales.
  • La salud mental es determinada por factores socioeconómicos, biológicos y medioambientales.
  • Existen estrategias e intervenciones intersectoriales eficaces y rentables de promoción de la salud mental.

La salud mental es un componente integral y esencial de la salud. La Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice: «La salud es un estado de completo

CHOCOLAT Dirigida por Lasse Hallström en 2000

CHOCOLAT Dirigida por Lasse Hallström en 2000

bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Una importante consecuencia de esta definición es que considera la salud mental como algo más que la ausencia de trastornos o discapacidades mentales.

La salud mental es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.

Determinantes de la salud mental

La salud mental individual es determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo.

La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.

También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.

Estrategias e intervenciones

La promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.

El clima de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.

Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental. Para ello hay que incorporar la promoción de la salud mental a las políticas y programas no solo del sector de la salud, sino también de los sectores público y privado en aspectos como la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.

La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental se pueden mencionar:

  • Las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares y ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas);
  • El apoyo a los niños (por ejemplo, programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil);
  • La emancipación socioeconómica de la mujer (por ejemplo, mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos):
  • El apoyo social a las poblaciones geriátricas (por ejemplo, iniciativas para hacer amistades y centros comunitarios y de día);
  • Los programas dirigidos a grupos vulnerables, y en particular a las minorías, los pueblos indígenas, los emigrantes y las personas afectadas por conflictos y desastres (por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres);
  • Las actividades de promoción de la salud mental en la escuela (por ejemplo, programas de apoyo a los cambios ecológicos en la escuela y escuelas amigas de los niños);
  • Las intervenciones de salud mental en el trabajo (por ejemplo, programas de prevención del estrés);
  • Las políticas de vivienda (por ejemplo, mejora de las viviendas);
  • Los programas de prevención de la violencia (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana con la policía), y Los programas de desarrollo comunitario (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado).

Respuesta de la OMS

La OMS presta apoyo a los gobiernos con el fin de promover y reforzar la salud mental. La OMS ha evaluado los datos científicos para promover la salud mental y está colaborando con los gobiernos para difundir esta información e integrar las estrategias eficaces en las políticas y planes.

Más concretamente, el Programa de Acción Mundial en Salud Mental de la OMS tiene el objetivo de ampliar los servicios relacionados con los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias en los países, y en especial en los de ingresos bajos y medianos. Cuando se adopte y ponga en práctica, podrán tratarse decenas de millones de personas con depresión, esquizofrenia o epilepsia, evitándose su suicidio y permitiéndoles llevar una vida normal, incluso en situaciones de escasez de recursos.

FUENTE: Organización Mundial de la Salud

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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