El cerebro se limpia durante el sueño.

La revista Sciencie publica un estudio dirigido por Maiken Nedergaard de la Universidad de Rochester (EEUU) donde se explica cómo el cerebro elimina residuos potencialmente neurotóxicos durante el sueño natural o inducido por anestésicos.

Según los autores de esta investigación, Dormimos para limpiar el cerebrodormir parece ser el resultado de la liquidación activa de los subproductos de la actividad neuronal que se acumulan durante la vigilia”.

Mientras dormimos el cerebro es muy activo en la eliminación de sustancias de desecho, en especial la proteína beta-amiloide responsable de la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades que afectan al sistema nervioso.

Al igual que el sistema linfático en el resto del cuerpo, el sistema glinfático, de reciente descubrimiento, se encarga de eliminar los residuos del metabolismo celular en el cerebro a través del líquido cefalorraquídeo. En este estudio, se observó que durante el sueño este proceso de limpieza es mucho más activo.

Fuente: Sleep Drives Metabolite Clearance from the Adult Brain

Science 18 October 2013: 
Vol. 342 no. 6156 pp. 373-377 
DOI: 10.1126/science.1241224

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El mito de las ocho horas de sueño.

  • Dormir poco tiempo no es malo ‘per se’, depende de las necesidades individuales.
  • Un 30% de la población sufre trastornos del sueño y el porcentaje aumenta.
  • Los expertos recomiendan practicar la siesta. Es reparadora de la fatiga del día.

Por: Xaime Méndez Baudot | Santander. Actualizado viernes 30/08/2013

Cada persona es un mundo. Una frase que se oye cada día, cada hora y para todo aunque se aceptan axiomas comunes a todos los mortales. Ahora, nos descubren que también cada uno es un mundo en la cama. A la hora de dormir, se entiende.

Gualberto Buela, presidente de la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC) y catedrático de Psicología de la Universidad de Granada, dirige estos días en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un curso sobre los trastornos del sueño y la ansiedad. Su primera parada es romper un “tópico bastante extendido e incorrecto”, como lo define: el de dormir ocho horas diarias.

“Es una media, lo que indica que las necesidades de las personas son distintas. Hay algunas que con cinco o incluso cuatro horas y media de sueño les vale y no tienen somnolencia durante el día”, ha afirmado Buela. Es decir, que dormir poco tiempo no es malo ‘per se’, sino que lo es o no en función de lo que cada individuo necesita.

Que aproximadamente un 30% de la población sufra trastornos del sueño, y el hecho de que haya aumentado el porcentaje en los últimos tiempos, guarda relación, también, con los estilos de vida. “Este índice es mayor en la población urbana que en la que vive en contacto con la naturaleza”, ha destacado el presidente de AEPC.

Durante los cursos también se están tratando patologías como la apnea del sueño. Para el director del curso, el caracter crónico de esta enfermedad (“a quien se le diagnostica apnea es para toda la vida”, ha precisado) hace difícil su tratamiento, pero sí ha incidido en ciertos aspectos que mejoran la vida del paciente y en el que colaboran psicólogos con médicos. “Si las personas no fuman, controlan el consumo de alcohol, comen menos grasas y azúcares y hacen ejercicio fisico, la apnea se reduce”, ha asegurado Buela. Además, ha valorado positivamente un programa que llevan a cabo, en el que han conseguido que personas que sufren de este mal no sólo reduzcan el número de paradas cardiorespiratorias durante el sueño, sino también el tiempo de estas paradas.

Pasos para dormir bien

El catedrático ha destacado que las personas que no saben -por suerte- lo que significan estos trastornos “cuiden su sueño para no perderlo”. En este sentido, ha mencionado algunas recomendaciones prácticas entre la que sobresale el hecho de “invertir en un buen colchón” porque, como ha remarcado, “dormir es la conducta que más practicamos los humanos”.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los ciclos del sueño duran “alrededor de 90 minutos“. Por ello, es aconsejable dormir en múltiplos de esta cifra: tres horas, cuatro y media, seis, etcétera porque “nos levantamos mejor si se cumple el ciclo completo que si lo interrumpimos”, ha precisado Gualberto Buela. Tener unos hábitos regulares para acostarse y levantarse es otra recomendación, siempre “sin llegar a la obsesión de una hora fija, pero sí una horquilla”. Es importante, además, “no estar en la cama más de las horas que necesitemos”; es decir, si con seis horas estás ‘reparado’, no estar por obligación ocho.

Una de las recomendaciones más peculiares la enuncia con cierto humor:“Debería estar prohibido tener televisión en el dormitorio“, ha afirmado para destacar que no se debe tener una actividad que ‘despierte’ al organismo como, ejemplificó, “ver un partido de fútbol donde se está implicado emocionalmente en la cama es malo. Si quieres escucharlo, hazlo en el salón”, sentencia como si fuese una obviedad de la que nadie se había percatado hasta ahora.

Otro de los factores importantes para conciliar bien el sueño es lo que él denomina “separar los problemas de día de los de noche”. Para el psicólogo, “en el momento en el que se entra en la habitación y se apaga la luz se deben acabar los problemas del día o, lo que es lo mismo, no ‘rumiar’ nuestras cosas en la cama”.

Algo difícil de lograr porque, como él mismo reconoce, “casi todos los trastornos como depresión o angustia llevan consigo trastornos del sueño”.

La siesta española

Eso sí, ha roto una lanza en favor de uno de nuestros productos más exportados y que, por desgracia, no nos reporta beneficio alguno por patente: la siesta. “La siesta está de moda, hasta en países como Suiza hay empresas que ya disponen de salas para que sus ejecutivas duerman 20 minutos, 30 máximo”. Para él, la siesta tiene dos ventajas. La primera, que “es reparadora de la fatiga del día” y la segunda, el hecho de que “ayuda a sincronizar el ritmo circadiano”.

Buela ha recordado cuando la siesta era utilizada (“sobre todo por los anglosajones”, apunta) para criticar nuestra forma de vida y afirmar que se trabaja poco en España. Ante esto, ha recordado un estudio de la Universidad de Yale que “encontró que es más frecuente en la mayoría de las culturas dormir la siesta que no dormirla”.

En esta ‘desconexión’ poscomida sí se cumple un tópico: la siesta ha de ser de media hora “como máximo”. Esto es así porque si se supera este tiempo “se reduce la presión para el sueño nocturno”.

Morfeo, dios de los sueños, atiende a lo tópicos -verdaderos o no- y ‘recetas’ del Palacio de la Magdalena. A usted, más terrenal, le deseamos felices sueños.

FUENTE: EL MUNDO SALUD

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Hábitos saludables en el hogar para reducir la obesidad infantil.

La revista JAMA Pediatrics, publica un estudio dirigido por la pediatra Elsie M. Taveras de la Harvard School of Medicine, donde se enumera una serie de recomendaciones con el objetivo de que las familias adopten hábitos y rutinas que hagan la vida en el hogar más saludable para los niños.

El estudio involucró a 121 familias con niños y niñas entre los dos y cinco años de edad. Se les dieron simples recomendaciones en cuatro rutinas:

1.- Hacer comidas en familia.

2.- Adecuada duración del sueño.

3.- Disminuir el tiempo viendo la televisión.

4.- Quitar los televisores de las habitaciones de los niños.

De este estudio de seis meses de duración, se desprende que promover rutinas saludables en el hogar, en especial aumentando las horas de sueño y disminuyendo el tiempo viendo la televisión, es un método efectivo para reducir el índice de masa corporal en los niños.

Fuente: Healthy Habits, Happy HomesRandomized Trial to Improve Household Routines for Obesity Prevention Among Preschool-Aged Children.

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Somnolencia y accidentes de tráfico.

MADRID, 5 Ago. (EUROPA PRESS) –

En el marco de una iniciativa europea enfocada a mejorar la seguridad y prevenir los accidentes relacionados con la somnolencia al volante, todas las sociedades nacionales  de medicina del sueño pertenecientes a la Sociedad Europea de Sueño (ESRS), con el apoyo de la Dirección General de Tráfico (DGT), han iniciado la elaboración del primer macro estudio europeo sobre somnolencia y accidentes de tráfico.

Según los datos de la SES, la somnolencia está relacionada directa o indirectamente con el 20 por ciento de los accidentes de tráfico que se producen en España. Por esta razón, el jefe de la Unidad de Coordinación de la Investigación de la DGT, Juan Carlos González-Luque, considera que “es esencial que los responsables de la seguridad vial trabajen conjuntamente con los médicos y con los propios conductores para reducir al máximo los accidentes causados por la somnolencia”.

 Por su parte, el jefe de la Unidad de Trastornos del Sueño del Hospital Universitario de Burgos y representante español en el comité médico que está elaborando el trabajo, Joaquín Terán-Santos, ha destacado que este estudio va a permitir “comparar las experiencias entre los conductores europeos, identificar los perfiles sintomáticos y colectivos con mayor riesgo de siniestralidad a causa de la somnolencia o conocer las épocas del año que son más propicias a estos accidentes y en las que conviene tomar medidas especiales”.

CONSEJOS PARA EVITAR ACCIDENTES DE TRÁFICO

Por todo ello, la Sociedad Española de Sueño y la DGT ofrecen los siguientes consejos médicos para evitar los accidentes debidos a la somnolencia al volante:

  • Planificar los viajes y respetar al máximo los horarios de sueño antes de salir.
  • Evitar la conducción en horario nocturno.
  • Planificar paradas cada 2 horas para descansar.
  • Detenerse de manera inmediata si empieza a tener síntomas.
  • Evitar distracciones.

De la misma forma, advierten de que “si el conductor está diagnosticado de apnea del sueño o cualquier otro trastorno del sueño y, además, realiza tratamiento médico, debe extremar el cumplimiento de su tratamiento respetando al máximo las horas de sueño”. También conviene evitar los sedantes, inductores de sueño y el alcohol en la conducción de vehículos.

FUENTE: EUROPAPRESS

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Buceando entre el sueño y el Alzheimer.

Entrevista a Ricardo Osorio.

Por: Cristina G. Lucio | Madrid 20/04/2013

Fuente: EL MUNDO SALUD

Con su título de psiquiatra bajo el brazo, Ricardo Osorio llegó a EEUU para formarse como investigador clínico. Su plan inicial era estar allí uno o dos años, aprender todo lo posible gracias a una beca concedida por Mapfre-Fundación Reina Sofía y luego regresar a España. Pero ya hace casi un lustro que esa estancia no hace más que prolongarse. En el Centro Médico de la Universidad de Nueva York, su lugar de trabajo, ha encontrado una oportunidad para adentrarse en un campo de estudio que considera apasionante: el sueño.

SLEEPING BEAUTY Dirigida por Clyde Geronimi en 1959

SLEEPING BEAUTY Dirigida por Clyde Geronimi en 1959

En concreto, este joven analiza los cambios en los patrones del sueño que se producen con el envejecimiento. “Durante años, se consideró que dormir era simplemente un estado fisiológico pasivo. Pero ahora sabemos que, en realidad, el sueño es fundamental para el cerebro. Estamos empezando a conocer sus funciones, qué aporta cada estadío del sueño, y, aunque todavía es mucho lo que no sabemos, cada vez está más claro que se trata de un factor muy importante para la memoria, el reordenamiento neuronal, la reconfiguración del cerebro para un nuevo día o el almacenaje de los datos”, explica Osorio a ELMUNDO.es desde su despacho en Nueva York.

Dormir también parece clave en áreas tan dispares como la regulación del sistema inmune, el sistema cardiovascular o el humor, subraya Osorio, quien considera que la investigación aún tiene mucho que aportar en este sentido. “Las abuelas siempre dicen eso de ‘duérmete que mañana te sentirás mejor’ y resulta que estamos viendo que tienen razón. Parece que el sueño tiene esa capacidad de ‘limpiar’. Si tú ves una escena de violencia, durante el día esa memoria se asocia a una sensación de miedo, temor o angustia. Pero durante el sueño, se elimina en cierto modo esa parte emocional. Dormir permite aliviar las emociones negativas y recordar los hechos”, señala.

Uno de sus principales proyectos consiste en profundizar, conocer a ciencia cierta qué relación existe entre el sueño y el desarrollo de patologías como la demencia. “Sabemos que tanto los cambios en el sueño como la enfermedad preclínica de Alzheimer ocurren entre 10 y 20 años antes de lo que pensamos”.

Según explica, la ciencia aún no ha podido determinar si las alteraciones propias de la edad favorecen el desarrollo de la demencia, si es el Alzheimer incipiente el que provoca un peor sueño en muchos mayores o, si de un modo u otro, esta relación es bidireccional. Pero varios trabajos han demostrado ya que existe algún tipo de asociación entre estos factores.

Esto, según los especialistas, abre un nuevo campo de acción, tanto para encontrar nuevas estrategias terapéuticas como de prevención.

De hecho, el departamento de Osorio está inmerso en la puesta en marcha de un ensayo clínico en el que pretenden “tratar las alteraciones del sueño de personas que podrían estar en un estadío preclínico del Alzheimer. Queremos ver si mejorando la forma en la que duermen se retrasa la evolución de la enfermedad”, aclara.

El investigador se muestra optimista con respecto al futuro, aunque no quiere echar las campanas al vuelo. “Creo que a medio plazo va a haber importantes avances en cuanto al Alzheimer, aunque esto no significa que el paciente vaya a notar cambios pronto”, señala.

Por ejemplo, Osorio apunta que “estamos más cerca de biomarcadores útiles” que indiquen la existencia de la enfermedad cuando aún no han comenzado los primeros signos de demencia. “Ya hay técnicas que lo pueden predecir, pero todavía falla la disponibilidad. Además, a nivel individual aún no conocemos bien cómo funcionan estos trazadores para establecer el riesgo. Pero creo que ambos problemas podrían solucionarse relativamente pronto”, indica.

Además, también podría haber novedades en cuanto al abordaje de la enfermedad. “Hay muchos tratamientos que se probaron y no funcionaron en pacientes que ya tenían un Alzheimer avanzado. Ahora, como ya se hizo con el cáncer, la idea es probar su utilidad en gente que, con la ayuda de esos biomarcadores, sepamos que está en riesgo de desarrollar la enfermedad”, añade.

“Supone todo un cambio de paradigma y puede traer muy buenas noticias. Pero además de optimista hay que ser realista y saber que hace falta tiempo y mucho trabajo”, concluye.

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¿Se puede prevenir la obesidad durmiendo mejor?

Fuente: HARVARD SCHOOL OF PUBLIC HEALTH

Cómo influye el sueño en el control del peso

Una noche de sueño reparador es una de las claves para una buena salud y también puede ser la clave para mantener un peso saludable. Existen pruebas de que las personas que duermen muy poco tienen un mayor riesgo de aumento de peso y obesidad que las personas que duermen durante siete u ocho horas  cada noche.

En este artículo se resumen los hallazgos más recientes sobre la relación entre el sueño y la obesidad en niños y adultos, y se sugiere que demasiado poco sueño puede conducir a demasiado peso.

Todo apunta a que la falta de sueño podría ser un factor importante para la actual epidemia de obesidad. (1)

Sueño y obesidad infantil

Docenas de estudios de los cinco continentes han analizado la relación entre la duración del sueño y la obesidad en los niños. La mayoría (pero no todos) han encontrado una asociación convincente entre la falta de sueño y el aumento de peso. (28) La evidencia más fuerte proviene de estudios que han estudiado los hábitos de sueño de muchos niños durante largos períodos de tiempo (estudios longitudinales), y también se han tenido en cuenta otros factores que podrían aumentar el riesgo de padecer obesidad en la infancia tales como la obesidad de los padres, el tiempo viendo la televisión, y la actividad física.

Un estudio británico, por ejemplo, que siguió a más de 8.000 niños desde el nacimiento encontró que aquellos que dormían menos de 10 horas y media de la noche a la edad de 3 años tenían un riesgo 45% mayor de ser obesos a los 7 años, en comparación con los niños que dormían más de 12 horas por la noche. (3) Del mismo modo, el Proyecto Viva, un estudio realizado en EE.UU. con 915 niños, encontraron que los niños con un promedio de menos de 12 horas de sueño al día tenían el doble de probabilidades de ser obesos a los 3 años, en comparación con aquellos que durmieron durante 12 horas o más. (6) La depresión materna durante el embarazo, la introducción de alimentos sólidos antes de los 4 meses, y ver la televisión infantil se asociaron también a una menor duración del sueño. (9)

El hábito del sueño adquirido en la infancia puede incluso tener un efecto a largo plazo sobre el peso, hasta bien entrada la edad adulta. Investigadores en Nueva Zelanda estudiaron a 1.037 niños desde el nacimiento hasta los 32 años, recopilando información recogida por los padres sobre el número medio de horas que sus hijos dormían en las edades de 5, 7, 9, y 11 añ. (8) En este estudio encontraron que cada hora de menos en la duración del sueño durante la infancia se asociaba con un riesgo 50% mayor de padecer obesidad a los 32 años.

Hay que tener en cuenta que todos estos estudios son observacionales y aunque sugieren una asociación entre el sueño y el peso, no se puede demostrar de manera concluyente que dormir lo suficiente reduzca el riesgo de padecer obesidad infantil. Las respuestas más definitivas pueden provenir de ensayos clínicos aleatorios que estudien si el dormir más horas durante la infancia reduce el riesgo de obesidad.

El primer ensayo para estudiar la influencia de la calidad del sueño en la obesidad infantil, se realizó en Australia observando a 328 niños y niñas de 7 meses de edad que ya tenían problemas de sueño. (10) El estudio buscaba comprobar si la enseñanza  de  técnicas conductuales a las madres para manejar los problemas de sueño infantil podría mejorar el sueño de los bebés y disminuir la incidencia de depresión en las madres. Los investigadores realizaron un seguimiento de más de seis años para ver si la intervención tuvo un efecto sobre la obesidad. Al año de edad, los niños del grupo de intervención tuvieron menos problemas de sueño que los recién nacidos en el grupo control, pero no hubo diferencias en la duración del sueño entre los dos grupos, y a los 2 y 6 años de edad, no hubo diferencia en los problemas del sueño o la duración del sueño entre los dos grupos.  Quizá esta fuera la razón por la que a los 6 años de edad, las tasas de obesidad fueron las mismas en ambos grupos. 

Dos grandes ensayos actualmente en curso, uno en los EE.UU. y el otro en Nueva Zelanda deberán ofrecer pruebas más concluyentes sobre la relación entre la duración del sueño y la obesidad. (1112) Ambos ensayos están probando si enseñar a los padres cómo desarrollar un buen sueño y buenos hábitos alimenticios en sus hijos recién nacidos ayuda a prevenir el desarrollo de la obesidad durante los primeros años de vida. Los primeros resultados del estudio realizado en EE.UU. han sido alentadores. (11)

Sueño y obesidad en adultos

La mayoría de los estudios que miden en un determinado momento en el tiempo (estudios transversales) los hábitos de sueño de los adultos, han encontrado una relación entre la duración corta del sueño y la obesidad.(2) Los estudios longitudinales, sin embargo, puede responder mejor  a las preguntas acerca de la causalidad. Y ​​en adultos, los resultados de estos estudios han sido menos consistentes que los realizados con niños. (13)

El estudio más grande y más largo hasta la fecha sobre los hábitos de sueño y el peso en adultos, es el Nurses’ Health Study, que estudió a 68.000 mujeres americanas de mediana edad durante 16 años. (14) En comparación con las mujeres que dormían siete horas por noche, las mujeres que dormían cinco horas o menos fueron un 15% más propensas a la obesidad durante el transcurso del estudio. Una investigación similar en el Nurses’ Health Study y en el Nurses’ Health Study II, con una cohorte de mujeres más jóvenes, analizó la relación entre los horarios rotatorios nocturnos, horarios irregulares que combinan el trabajo diurno y nocturno con unos pocos turnos de noche, sin respetar los ritmos circadianos con el riesgo de diabetes tipo 2 y la obesidad. (15) En este estudio, los investigadores encontraron que las mujeres con este tipo de turnos irregulares de trabajo nocturno y diurno, presentaban un  mayor riesgo de desarrollar diabetes y obesidad.

Otros investigadores han diseñado diferentes estudios longitudinales sobre los hábitos de sueño y el peso de los adultos en los EE.UU. y Canadá, así como en el Reino Unido y Europa. (13) Algunos han encontrado una relación entre la duración corta del sueño y la obesidad, mientras que otros no la han encontrado. Es interesante tener en cuenta que también hay algunos estudios en adultos que han informado que dormir demasiado está relacionado con un mayor riesgo de obesidad. (216) Esto es muy probablemente debido a un fenómeno que los investigadores llaman “causalidad inversa”. Es más frecuente ser obeso (sufriendo enfermedades relacionadas con esta condición como la apnea del sueño, enfermedad obstructiva pulmonar, depresión o cáncer) y que esto lleve a dormir más, que ser obeso por dormir más.

Un estudio piloto en curso puede brindar más respuestas sobre si dormir más durante la noche puede ayudar a perder peso. (17) Los investigadores están reclutando a 150 adultos obesos que duermen menos de 6,5 horas por noche y asignarlos al azar ya sea para mantener sus hábitos de sueño actuales o bien recibir entrenamiento sobre cómo prolongar su sueño todas las noches por lo menos de media hora a una hora. Los investigadores harán un seguimiento de los hábitos de sueño y del peso de los participantes en el estudio durante tres años.

¿Cómo afecta el sueño al peso corporal?

Los investigadores especulan que hay varias maneras de que la privación crónica del sueño puede conducir al aumento de peso, ya sea mediante el aumento de la cantidad de comida que la gente come o la disminución de la energía que queman. (2)

La falta de sueño puede aumentar el consumo de energía por:

  • El aumento de hambre: La falta de sueño puede alterar las hormonas que controlan el hambre. 18) Un estudio encontró que los hombres jóvenes que fueron privados de sueño tenían niveles más altos de una hormona estimulante del apetito, la grelina y niveles más bajos de la hormona que induce la saciedad, leptina, con el correspondiente aumento en el hambre y el apetito sobre todo  para los alimentos ricos en grasa y carbohidratos. (19)
  • Disponer de más tiempo para comer: Las personas que duermen menos cada noche puede comer más que las personas que duermen toda la noche simplemente porque tienen más tiempo disponible de vigilia. (20) Recientemente, un pequeño estudio de laboratorio encontró que las personas que fueron privadas de sueño y rodeadas de deliciosos aperitivos, tendían a picar más, sobre todo en las horas extras que estaban despiertas durante la noche, que cuando dormían adecuadamente. (21)
  • Elegir dietas menos saludables: Los estudios observacionales no han visto un vínculo consistente entre la calidad de sueño y la calidad de la dieta elegida. (2) Sin embargo, un estudio entre trabajadores japoneses encontró que los trabajadores que dormían menos de seis horas por noche son más propensos a comer fuera, a tener patrones irregulares de comidas y mayor tendencia a picar entre comidas que los que dormían más de seis horas. (22)

La falta de sueño puede disminuir el gasto de energía por:

  • La disminución de la actividad física: Las personas que no duermen lo suficiente están más cansadas durante el día, y como resultado pueden ver disminuida su actividad física. (14) Algunos estudios han encontrado que las personas con falta de sueño tienden a pasar más tiempo frente al televisor, menos tiempo haciendo deporte y menos tiempo realizando actividades físicas que las personas que duermen lo suficiente. Sin embargo, estas diferencias en la actividad física o ver televisión no son lo suficientemente determinantes como para explicar la asociación entre el sueño y el peso.(2)
  • La reducción de la temperatura corporal: En experimentos de laboratorio, las personas que se encuentran privadas de sueño tienden a experimentar un descenso de la temperatura corporal. (2) Esta caída, a su vez, puede conducir a la disminución del gasto energético. Sin embargo, un estudio reciente no encontró ninguna relación entre la duración del sueño y el gasto energético total. (23)

En la prevención de la obesidad, el sueño podría tener un papel prometedor.

Existen pruebas convincentes de que dormir menos de lo normal es un factor de riesgo independiente y fuerte para la obesidad, tanto en los lactantes y los niños, como en los adultos. Sin embargo, la mayor parte de las investigaciones hasta el momento, han consistido en estudios observacionales, y queda por ver si enseñar a dormir mejor por la noche a los niños o adultos puede reducir su riesgo de obesidad o ayudar a perder peso. Los ensayos clínicos aleatorios que están actualmente en marcha pronto podrían proporcionar más respuestas.

Algunos investigadores han advertido que es demasiado pronto para promover una mejor calidad del sueño para frenar la epidemia de obesidad, debido a las deficiencias entre las investigaciones realizadas hasta la fecha. (1024) Sin embargo, desde una perspectiva de salud pública, puede ser bueno el fomento de hábitos de buena calidad de sueño a través de cambios en los estilos de vida, tales como el establecimiento de un horario regular, evitar el consumo de cafeína por la tarde y reducir el uso de aparatos electrónicos en el dormitorio. (25) Los buenos hábitos de sueño tienen también otros beneficios, como aumentar el estado de alerta en la escuela o en el trabajo, mejorando el estado de ánimo, y mejorando la calidad de vida en general.

Bibliografía

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2. Patel SR, Hu FB. Short sleep duration and weight gain: a systematic review. Obesity (Silver Spring). 2008; 16:643-53.

3. Reilly JJ, Armstrong J, Dorosty AR, et al. Early life risk factors for obesity in childhood: cohort study.BMJ. 2005; 330:1357.

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20. Taheri S. The link between short sleep duration and obesity: we should recommend more sleep to prevent obesity. Arch Dis Child. 2006; 91:881-4.

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25. Twelve Simple Tips to Improve Your Sleep. 2007. Accessed June 14, 2011. 

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