LA SALUD EN TUS MANOS (12).

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en Hello Valencia. Nº 194, abril 2017.

¿Por qué es tan importante el manejo constructivo del estrés?

Fue en 1936 cuando Hans Selye en su artículo “A syndrome produced by diverse nocuous agents”, publicado en la revista British Journal Nature, acuñó el término “síndrome general de adaptación” para describir la fisiología del estrés. En sus investigaciones explicaba este proceso diciendo: “El mero hecho de poner nuestro organismo en estado de estrés es capaz de producir en los órganos internos modificaciones morfológicas y funcionales que podrían desembocar, si persisten, en estados patológicos”.

En los años setenta, Robert Ader y Nicholas Cohen (University of Rochester School of Medicine and Dentistry), observaron una disminución en la inmunidad de los astronautas que regresaron de la estación espacial SkyLab tras un viaje de 3 meses en condiciones de estrés.

Chispazo por Ángel Escudero Villanueva

No fue hasta los años noventa cuando Suzanne Felten (University of Rochester, New York), consiguió con microscopía electrónica fotografiar el contacto físico entre terminaciones nerviosas y células linfocitarias del sistema inmunológico.

Ed Blalock (University of Alabama at Birmingham), estudió el comportamiento de células inmunológicas depositadas en un cultivo donde eran activadas por virus o bacterias. Al añadir ACTH, una hormona que interviene en el estrés, las células inmunitarias se dividían más lentamente y disminuían la producción de anticuerpos. Estos estudios mostraban que el sistema nervioso y el sistema inmunológico hablan el mismo lenguaje químico.

Ronald Glaser y su esposa Janica Kiecolt-Glaser (Ohio State University), diseñaron un estudio comparando el tiempo de cicatrización de heridas producidas en un grupo de personas no sometidas a especiales condiciones de estrés y el tiempo de cicatrización en otro grupo de personas con heridas idénticas al anterior grupo, pero sometidas a estrés crónico. En este experimento vieron que las heridas producidas en el grupo de voluntarios sometidos a estrés crónico necesitaban un 24% más de tiempo para cicatrizar. Quedaba claro que el estrés crónico retrasa también los procesos de cicatrización.

En los últimos años se vienen publicando numerosos estudios que relacionan el estrés crónico con un acortamiento de los telómeros de los cromosomas. Estas estructuras a modo de capuchones en los extremos de los cromosomas se encargan de protegernos del envejecimiento celular. Con el paso del tiempo, estos telómeros van acortándose de forma natural, pero este proceso se ve acelerado por factores estresantes.

Lo que viene diciendo la ciencia en las últimas décadas es que el estrés crónico nos hace perder el equilibrio y la armonía agotando y consumiendo los mecanismos fisiológicos de compensación y adaptación al medio interno y al medio externo hasta que nos “rompemos”.

Para defenderte de los efectos nocivos del estrés crónico, sigue estas recomendaciones:

  • Cambia de mentalidad y elige una actitud activa, responsable, participativa y constructiva hacia tu salud.
  • Practica actividad física moderada, aeróbica, periódica y si la puedes realizar en contacto con la naturaleza respirando aire puro, mejor.
  • Deja de juzgarlo todo. Deja de calificarlo todo. Lo que te estresa no es el estímulo en sí, sino tu interiorización de esa circunstancia, tu interpretación y tu valoración de eso a lo que te enfrentas.
  • Deja de estorbarte con esa cascada de pensamientos inútiles y destructivos que solo producen sufrimiento y engaño, y cámbialos por pensamientos útiles, constructivos y alegres porque el ser humano tiende a convertirse en lo que piensa.
  • Practica con regularidad técnicas de concentración, de relajación y de meditación.
  • Estés donde estés, estés con quién estés y estés haciendo lo que estés haciendo, mantén la mente concentrada y en calma. De esta forma podrás vivir tu vida recuperando la paz interior.

Q.S.D. N.S.D.

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LA SALUD EN TUS MANOS (4).

 

Por: Ángel Escudero Villanueva, Médico Promotor de la Salud.

Publicado en Hello Valencia. Nº 186, agosto 2016

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Sin la filosofía no se alcanza la salud del alma y ni siquiera la del cuerpo. Para esta última bastan unos ejercicios sencillos e inteligentes. Del cuerpo hay que pasar al espíritu y concederle algún descanso. Debemos educar además la voz, para lo cual basta con adquirir una modulación suave. No obremos como los insensatos cuya vida está llena de preocupaciones por el futuro. Consideremos los bienes y el progreso ya obtenido, sin esperar de la fortuna lo que nosotros mismos podemos procurarnos cada día.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C)

Según la Organización Mundial de la Salud la buena salud no se basa únicamente en las intervenciones médicas, sino que también depende de las condiciones de vida y las opciones personales. Los determinantes de la salud son propiedades basadas en el estilo de vida condicionadas por amplias fuerzas sociales, económicas y políticas que influyen en la calidad de la salud personal.

Nuestra salud, a grandes rasgos, está determinada en un 20% por la herencia genética, es decir, por nuestro ADN; en otro 20% está determinada por el medio ambiente haciendo referencia a la calidad del aire, del agua y del suelo; la calidad del sistema sanitario determina nuestra salud en un 10% y el 50% restante depende de nuestros estilos de vida.

Con el final del verano, los últimos ecos de las vacaciones y el comienzo de un nuevo curso, podemos hacer una lista de buenos propósitos que despierte el interés por cuidar nuestra salud. El objetivo es, en la medida de nuestras posibilidades, darle prioridad a nuestra salud mediante la adquisición y el desarrollo de las debidas habilidades personales.

Si bien, esto puede resultar complicado durante la jornada laboral, una interesante opción es el explorar el “ocio saludable”, es decir, ¿qué actividades puedo realizar en mi tiempo libre que mejoren mi salud? Y el realizarlas en grupo ayuda porque contamos con el apoyo y la colaboración de otras personas para mantener un buen nivel de motivación.

En promoción de la salud la motivación es esencial. Pasar de un estado de pasividad o de resignación silenciosa a la acción requiere una buena dosis de fortaleza y determinación. Si no te crees capaz, pide ayuda porque la soledad en estos casos no es la mejor opción. Pedir ayuda y recibirla propicia un estado de mutua confianza muy enriquecedor y satisfactorio.

Conocer los efectos sobre la salud de los hábitos de vida contribuye a incrementar el nivel de motivación. Afortunadamente cada vez son más las evidencias científicas que muestran estos beneficios.

En 2013, el profesor Dean Ormish y su equipo del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva de Sausalito en California (EEUU), publicaron en la revista The Lancet Oncology un trabajo en el que concluían que un programa de hábitos saludables en el que se incluía entre otros una dieta sana, actividad física, práctica de técnicas de relajación y meditación así como actividades terapéuticas de grupo, mantenían el ADN de sus células en mejor estado.

Existe una enzima llamada telomerasa encargada de regular el tamaño de los telómeros situados en los extremos de nuestros cromosomas. El acortamiento de los telómeros se asocia al envejecimiento celular y a la deficiente protección ante diversas enfermedades incluyendo el cáncer. Unos telómeros en buen estado, proporcionan estabilidad y protección a los cromosomas.

Los autores de esta investigación concluyeron que tras este entrenamiento en hábitos saludables se detectaba un incremento en la sangre de los niveles de telomerasa y consecuentemente un aumento en la longitud de los telómeros lo que contribuye a mantener protegidas las células.

Un estudio anterior publicado en 2008 por J. A. Dusek y su equipo de la Universidad de Montreal (Canadá), asoció el estrés psicosocial con una aceleración del envejecimiento celular debido a un acortamiento de los telómeros y una baja actividad de la telomerasa. En este trabajo también mostraban que la práctica de técnicas de relajación se asociaba con cambios en la expresión de los genes que mejoraban el metabolismo celular proporcionando protección ante los procesos oxidativos celulares.

En definitiva, la promoción de la salud también actúa cuidando el ADN de nuestros genes siendo útil para mantener jóvenes y protegidas nuestras células.

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Un estilo de vida saludable puede mejorar nuestro ADN.

LOS ÁNGELES, 17 Sep. (EUROPA PRESS) –

   Un pequeño estudio piloto, publicado en la edición digital de ‘The Lancet Oncology’ Effect of comprehensive lifestyle changes on telomerase activity and telomere length in men with biopsy-proven low-risk prostate cancer: 5-year follow-up of a descriptive pilot study*, muestra por primera vez que los cambios en el estilo de vida, principalmente en la dieta, el ejercicio, la gestión del estrés y el apoyo social, pueden dar lugar a telómeros más largos, las partes de los cromosomas que afectan el envejecimiento.

   El estudio fue realizado por científicos de la Universidad de California en San Francisco y el Instituto de Investigación de Medicina Preventiva, un centro público de investigación sin fines de lucro en Sausalito, California, que investiga el efecto de la dieta y estilo de vida en la salud y la enfermedad, ambos en Estados Unidos. Los autores dicen que esperan que los resultados inspiren ensayos más amplios para probar la validez de los hallazgos.

   “Nuestros genes y nuestros telómeros, no marcan necesariamente nuestro destino”, dijo el autor principal, Dean Ornish, profesor clínico de Medicina de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), y fundador y presidente del Instituto de Investigación de Medicina Preventiva.

“Muy a menudo la gente piensa que si tiene malos genes, no hay nada que pueda hacer al respecto”, dijo Ornish. “Sin embargo, estos hallazgos indican que los telómeros pueden prolongarse en la medida en que la gente cambia la forma en la que vive. La investigación indica que los telómeros más largos se asocian con menos enfermedades y una vida más larga”, agregó.

Los telómeros son las tapas protectoras en los extremos de los cromosomas que afectan a la rapidez con que las células envejecen. Son combinaciones de ADN y proteínas que protegen los extremos de los cromosomas y ayudan a mantenerse estables, por lo que, a medida que se hacen más cortos y conforme su integridad estructural se debilita, las células envejecen y mueren más rápido.

En los últimos años, los telómeros más cortos se han asociado con una amplia gama de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, incluyendo muchas formas de cáncer, demencia,  accidente cerebrovascular, enfermedad cardiovascular, obesidad, osteoporosis y diabetes.

Durante cinco años, los investigadores siguieron a 35 hombres con cáncer de próstata localizado, en fase inicial para explorar la relación entre los cambios integrales de estilo de vida y la longitud del telómero y la actividad de la telomerasa. Todos ellos estaban bajo vigilancia activa, que consiste en seguir de cerca la patología de un paciente a través de la detección y la biopsia.

Diez de los pacientes llevaron a cabo cambios de estilo de vida que incluyen: una dieta basada en vegetales (rica en frutas, verduras y cereales no refinados y baja en grasas y carbohidratos refinados), ejercicio moderado (caminar 30 minutos al día, seis días a la semana), reducción del estrés (práctica de yoga suave basado en estiramientos, respiración y meditación), además de participar en un grupo de apoyo semanal. Se le scomparón con otros 25 participantes del estudio que no modificaron sus hábitos de vida.

El grupo que realizó los cambios de estilo de vida experimentó un aumento “significativo” en la longitud de los telómeros de aproximadamente un 10 por ciento. Además, cuantas más personas modificaron su comportamiento mediante la adhesión al programa de estilo de vida recomendado, más importante fue la mejoría de la longitud de los telómeros, según vieron los científicos.

Por el contrario, los hombres en el grupo de control tenían una longuitud de los telómeros más corta, casi un 3 por ciento más corta, al final del estudio de cinco años, ya que, por lo general, la longitud de los telómeros disminuye con el tiempo. Los investigadores dicen que los resultados pueden no estar limitados a los hombres con cáncer de próstata y es probable que sean relevantes para la población general.

“Nos fijamos en los telómeros en la sangre de los participantes, no en su tejido de la próstata”, detalló Ornish. El nuevo estudio es una continuación de una investigación similar piloto en 2008 que duró tres meses, en la que se pidió a los mismos participantes que continuaran con el mismo programa de estilo de vida y, al final del estudio, mostraron un aumento significativo de la actividad de la telomerasa, una enzima que repara y alarga los telómeros.

El nuevo estudio fue diseñado para determinar si los cambios de estilo de vida afectarían longitud de los telómeros y la actividad de la telomerasa en estos hombres durante un período de tiempo más largo. “Fue un gran hallazgo que tiene que ser confirmado por estudios más grandes -destacó el coautor Peter R. Carroll, profesor y director del Departamento de Urología de la UCSF–. El acortamiento de los telómeros aumenta el riesgo de una amplia variedad de enfermedades crónicas. Creemos que el aumento de longitud de los telómeros pueden ayudar a prevenir estas enfermedades e incluso prolongar la vida”.

*digital object identifier (DOI):10.1016/S1470-2045(13)70366-8

FUENTE: EUROPA PRESS

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Información revisada por el Consejo de Redacción de SEPIS-2010.

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