La epidemia mundial de obesidad: relato de un fracaso.

“A pesar de algunas áreas aisladas de mejora, ningún país ha sido capaz de revertir la epidemia de obesidad hasta la fecha”. Con este tono marcadamente pesimista arranca el primero de los seis artículos que la revista The Lancet dedica a describir el avance del sobrepeso en el mundo y el ritmo “inaceptablemente lento” de las medidas desplegadas para combatir la pandemia de obesidad. Los investigadores que han participado en el contundente despliegue que la revista científica dedica a este tema plantean la necesidad de aplicar políticas dirigidas a fomentar el consumo de alimentos saludables -por ejemplo, a través de los impuestos a la comida basura o vales para comprar fruta y verduras a familias con pocos recursos- pero como parte de una amplia estrategia que debe incluir no solo a los Gobiernos, sino el compromiso de la industria, la presión de la sociedad y el cambio de los comportamientos individuales.

Parte de los artículos se dedican a diseccionar la magnitud del problema. Por ejemplo, a exponer que hay 2.100 millones de personas con sobrepeso en el mundo y que el 37 % de los hombres y el 38 % de las mujeres tienen un índice de masa corporal (IMC, resultado de dividir el peso por la estatura al cuadrado) cuyo resultado es mayor de 25, lo que les sitúa por encima del límite recomendado. O que desde 1980 este valor ha aumentado un 28 % en la población adulta y un 47 % en la infantil.

A este ritmo, y con las medidas actualmente en vigor, los especialistas cuestionan que se pueda alcanzar el objetivo que se marcó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su plan para el control de las enfermedades no transmisibles de mantener la incidencia de la obesidad en 2025 en los mismos niveles de 2010. “Es necesario un urgente replanteamiento de las causas, los impedimentos y las claves que nos pueden ayudar a cambiar la tendencia respecto a la pandemia global de la obesidad”, reclaman Sabine Kleinert y Richard Horton, miembros del comité editorial de la revista, en un comentario a los seis artículos.

Uno de los aspectos sobre los que se centra el foco es la obesidad infantil, cómo se ha disparado drásticamente “en menos de una generación” y el impacto de este fenómeno en la edad adulta.

Entre los países desarrollados, los especialistas ponen de ejemplo a Estados Unidos, donde los niños pesan una media de 5 kilos más que hace 30 años y uno de cada tres tiene un IMC superior al recomendado. Pero en los países en desarrollo el sobrepeso también avanza rápidamente, con la paradoja añadida de que, en muchos casos, va acompañado con desnutrición por el abuso de alimentos ricos en calorías y pobres en nutrientes (la fórmula mágica de la comida basura).

Al replicar un modelo que empleó hace décadas la industria del tabaco, el sector de la alimentación tiene un especial interés en dirigir sus mensajes hacia los menores para crear hábitos que puedan mantener en el futuro, según se plasma en uno de los análisis que publica la revista científica. “La repetida exposición a alimentos procesados y bebidas azucaradas crea preferencias de sabores y gusto”, ya sea con el consumo de papillas preparadas, cereales azucarados, bollería industrial, o aperitivos (como patatas fritas). “Los niños gordos son una inversión de ventas futuras”, destaca Tim Lobstein, de la Federación Mundial de Obesidad.

El mercado global de comida infantil procesada crecerá este año hasta los 19.000 millones de dólares (16.600 millones de euros), comparado con los 13.700 millones (12.000 millones de euros) de 2007. Frente a ello,”los Gobiernos apenas han tomado medidas para proteger a la infancia y la mayor parte de ellos confían en las iniciativas voluntarias de la industria que no son suficientes para abordar esta tarea”, reflexionan los investigadores.

Ante este escenario, la solución es abordar el problema desde un nuevo enfoque. “Nuestra comprensión de la obesidad debe de ser completamente reformulada si deseamos parar y reducir esta epidemia global”, plantea Christina Roberto, de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard. “Debemos reconocer que los individuos son responsables de su salud, aunque también que desde el ámbito de la alimentación se explotan las vulnerabilidades biológicas (la innata preferencia por los alimentos dulces), psicológicas (a través de las técnicas demarketing) y socioeconómicas (el coste de los productos), lo que hace más sencillo la extensión de la alimentación poco saludable”, añade.

La parcela reservada a los Gobiernos consistirá en tomar medidas preventivas, entre las que los especialistas en salud pública y obesidad destacan, por ejemplo, desarrollar un código internacional sobre el marketing de alimentos para proteger la salud de los niños, aplicar programas educativos para enseñar buenas prácticas nutritivas en los colegios, aplicar impuestos a productos como las bebidas azucaradas o ayudas para familias con pocos recursos destinadas a comprar frutas o verduras frescas. Pero la responsabilidad de reducir la prevalencia de la obesidad debe ir más allá del ámbito gubernamental, a juicio de los especialistas. Y ello debe implicar no solo a la industria, sino de forma destacada a los propios ciudadanos, a través de la movilización social.

Un ejemplo de éxito es México y la Alianza por la Salud Alimentaria, una asociación integrada por entidades sociales movilizadas contra el sobrepeso. Como consecuencia de sus esfuerzos, este país aprobó en 2014 un impuesto a las bebidas azucaradas que lo situó en la primera línea de la batalla contra la obesidad en este tipo de iniciativas.

Turquía y Grecia: la mejor dieta

Los griegos y los turcos, así como los ciudadanos de Chad o Mali seVIVE BIO encuentran entre los que tienen una dieta más saludable de todo el mundo. Los dos primeros, por la influencia de las buenas costumbres alimentarias del Mediterráneo. Los países africanos, probablemente influidos por la falta de acceso a alimentos preparados y comida basura.

El despliegue de The Lancet y sus seis artículos sobre el avance de la obesidad se acompaña de otro trabajo, publicado en una revista del mismo grupo editorial, The Lancet Global Health, que analiza la evolución de la calidad de la dieta en 187 países entre 1990 y 2010.

Entre los que presentan una alimentación menos sana se encuentran algunas de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética como Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán.

En términos generales, el consumo de comida saludable se ha incrementado en todo el mundo en el periodo analizado, aunque esta mejora ha quedado eclipsada por el aumento aún mayor de la extensión de la comida basura, fundamentalmente las carnes procesadas y las bebidas azucaradas. La excepción son China e India, donde no se han observado cambios en estos 20 años.

Las dietas con una calidad nutricional más pobres se concentran en EE UU, Canadá, Europa Occidental, Australia y Nueva Zelanda. 

Fuente: EL PAÍS

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Surcando océanos de plástico.

Por Javier Rico

El 70% de la basura que hay en los océanos son plásticos, en su

OCÉANOS DE PLÁSTICO Foto: CSIC

OCÉANOS DE PLÁSTICO
Foto: CSIC

inmensa mayoría procedente de tierra firme. Casi un millón de aves marinas y 100.000 tortugas y mamíferos marinos mueren cada año tras ingerir o enredarse con este tipo de residuos. Analizamos por qué decenas de acuerdos internacionales no logran detener la progresiva contaminación marina.

Hasta dieciocho acuerdos o convenios internacionales velan por la buena salud de los mares y océanos del planeta. Por poner ejemplos cercanos, España está concernida directamente por el Convenio para la Protección del Mar Mediterráneo contra la Contaminación (Convenio de Barcelona) y por el Convenio para la Protección del Medio Marino del Atlántico Nordeste (Convenio Ospar, acrónimo de las ciudades desde donde se impulsó: Oslo y París). Todos están englobados en el proyecto de Mares Regionales del Programa de las Naciones Unidas del Medio Ambiente (PNUMA), que, a su vez, tiene una iniciativa «paraguas» denominada Programa de Acción Mundial para la Protección del Medio Marino frente a las Actividades Realizadas en Tierra.

Hay más: la Organización Marítima Internacional (OMI), organismo que también depende de la ONU, impulsó el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación desde Buques (Convenio Marpol, acrónimo de polución marina), que regula el vertido de todo tipo de residuos sólidos, líquidos y gaseosos y que actualmente han suscrito 152 Estados.

A toda esta prolija sucesión de acuerdos internacionales de obligado cumplimiento por los países firmantes, se podría unir otra no menos prolija normativa que en cada país protege sus costas y mares. ¿Protege? A tenor de las conclusiones sacadas del XVI Foro sobre Mares Regionales y Planes de Acción que se celebró en Atenas a comienzos del mes de octubre bajo el auspicio precisamente del PNUMA, tanto esfuerzo legislativo no se corresponde con la situación real de la superficie marina. 

Mette Løyche Wilkie, directora de la División de Implementación de Política Ambiental del PNUMA, reconoce que «cada año se arrojan entre 10 y 20 millones de toneladas de residuos plásticos que constituyen una grave amenaza para la vida marina». Además del daño a la biodiversidad, Wilkie dio a conocer el coste económico anual que supone esta carga contaminante: 13.000 millones de dólares. Y solo hablamos del plástico y, advierten desde el PNUMA, con estimaciones conservadoras.

Labores de investigación y denuncia continua no faltan. El propio PNUMA, ONG especializadas en el medio marino y la National Academy of Sciences de Estados Unidos arrojan estudios en los que sostienen que el 80% de la basura procede de tierra firme, que entre el 60% y el 80% son plásticos y que cerca de un millón de aves marinas y 100.000 tortugas y mamíferos marinos mueren cada año tras ingerir o enredarse con este tipo de residuos.

Uno de los más ambiciosos proyectos de investigación sobre el estado de los mares tiene patente española. La expedición de circunnavegación Malaspina 2010, dirigida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e integrada por más de 400 científicos de todo el mundo, estudió el impacto del cambio global en el ecosistema del océano y exploró su biodiversidad. Los científicos tomaron cerca de 200.000 muestras de agua, plancton, partículas de la atmósfera y gases en 313 puntos de los océanos Índico, Pacífico y Atlántico, con profundidades de hasta 6.000 metros.

«Tres años después de que el buque Hespérides regresara a España culminando la vuelta al mundo de la expedición Malaspina, los científicos tienen una idea cada vez más clara sobre cómo funciona el océano global y cuál es su estado de salud. En concreto, la entrada de contaminantes procedentes de la atmósfera no se limita a las zonas costeras, sino que se produce también en las zonas más remotas del planeta y ya ha empezado a afectar al ecosistema oceánico». Así resumía el CSIC las primeras conclusiones previas a un congreso celebrado en Barcelona en septiembre de 2014 que ponía fin al proyecto.

Los plásticos también han estado presentes en las labores de investigación de la expedición, corroborando la presencia de grandes cantidades de fragmentos minúsculos en el giro del Atlántico Sur, una zona alejada de los continentes y donde la actividad industrial humana es casi inexistente. Los científicos temen que estos plásticos puedan llegar a interferir en la dinámica de las comunidades naturales marinas en esta zona. 

Pero el problema de los plásticos en el mar, como resaltan desde el CSIC, tiene «carácter planetario» y se asocia a términos populares como «islas de basura» o «islas de plástico». «Los investigadores han demostrado, a partir de las muestras recogidas a bordo, que existen cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto, que coinciden con los cinco grandes giros de circulación de agua superficial oceánica», se explica en la información derivada de la expedición.

Carlos Duarte, profesor de investigación del CSIC y coordinador del proyecto, aclara que «se trata de los giros subtropicales, las zonas centrales de los océanos que, a ambos lados del Ecuador (hay cinco porque no existe giro subtropical del Índico en el hemisferio Norte, al estar la zona ocupada por Asia), quedan aisladas de los grandes sistemas de corrientes que los rodean y que transportan los desechos plásticos flotantes a estas zonas; también se los conoce como los desiertos oceánicos». Un organismo denominado precisamente 5 Gyres Institute publicaba recientemente en la revista científica PLoS One un estudio que cuantifica en cinco billones los plásticos de todos los tamaños que flotan en los mares del planeta, con un peso aproximado de 270.000 toneladas.

La expedición Malaspina dará aún más que hablar, ya que faltan por publicar datos referidos a las muestras tomadas para caracterizar, «por primera vez a escala planetaria», la abundancia y el ciclo global de contaminantes orgánicos persistentes, incluyendo, entre otros, PCB, hidrocarburos policíclicos aromáticos, dioxinas, metales pesados y contaminantes fluorados. «Con estas muestras, será posible establecer las transferencias de estos compuestos de la atmósfera al agua del mar, su absorción por el plancton marino y su propagación en las cadenas tróficas del plancton oceánico», concluyen desde Malaspina.

El trabajo de esta expedición demuestra el variado cóctel tóxico que reciben las aguas marinas en todo el mundo. Oceana es una asociación volcada en el estudio y defensa de estos ecosistemas y que tiene en el punto de mira dos de los contaminantes más problemáticos estudiados por Malaspina: los hidrocarburos y el mercurio. El informe La otra cara de las mareas negras ya desvelaba que «la contaminación crónica por hidrocarburos producida por el lavado de tanques, vertido de aguas de sentinas y otros residuos oleosos supone un peligro, al menos, tres veces superior al representado por las mareas negras provocadas por los accidentes en buques petroleros».

Aves marinas, tortugas y cetáceos vuelven a ser las víctimas más evidentes de una cadena trófica afectada por este goteo continuo de vertidos. Oceana pone ejemplos: «en las aguas atlánticas de Canadá, el 62 % de las aves encontradas muertas en las playas procedían del vertido rutinario de hidrocarburos al mar; en la costa del Mar del Norte, entre el 37 % y el 46 % de las aves encontradas muertas habían sido petroleadas; un estudio sobre las tortugas capturadas en palangreros en el Mediterráneo central encontró muestras de contaminación por hidrocarburos y otras basuras flotantes en el 20 % de los especímenes muestreados».

El mercurio es uno de esos elementos químicos «viajeros» que por el aire o por vía acuática se trasladan desde puntos de emisión tierra adentro hasta el mar. En Oceana explican que «como se acumula en la flora y la fauna mediante un proceso llamado bioacumulación, los animales que se encuentran en lo alto de la cadena trófica son los que cuentan con más mercurio, como el atún y el pez espada».  Avalada por estudios científicos, en junio de 2011, la entonces Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomendaba que embarazadas y menores de tres años no consumieran pez espada, tiburón o atún rojo, y que los niños de 3 a 12 años no superasen los 50 gramos a la semana.

A pesar de la gran variedad de acuerdos, tratados y convenios que, respetados, deberían ayudar a pintar otro panorama de nuestros mares, sus aguas siguen «turbias». Ricardo Aguilar, director de Investigación y Proyectos de Oceana en Europa, señala que «no es por falta de legislación, sino por falta de aplicación». Y pone el ejemplo del vertido rutinario, por negligencia o intencionadamente, de hidrocarburos: «el 99 % no se persigue, es como en el caso de los incendios, que la mayoría quedan impunes». Aguilar recuerda el caso del último vertido sufrido en nuestras costas, en las de El Cabrón, en Gran Canaria: «algo falla cuando son los voluntarios los que dan la voz de alarma y los primeros en recoger las manchas de fuel y no se persigue inmediatamente el rastro del vertido; por supuesto, no se detuvo a nadie».

Del XVI Foro sobre Mares Regionales y Planes de Acción celebrado en Atenas salió el compromiso, uno más, de reforzar las políticas que frenen esta degradación. Confían en que la inclusión de la meta para «conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible», que forma parte de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible que tomarán el relevo a los Objetivos del Milenio, ayude en esa dirección.

Más información:

Regional Seas Conventions and Action Plans: 

www.unep.org/regionalseas/

Global Programme of Action for the Protection of the Marine Environment from Land-based Activities:

 www.gpa.unep.org/index.php/about-gpa

Expedición Malaspina del CSIC: www.csic.es/web/guest/malaspina-2010

Oceana: www.oceana.org

Fuente: ethic

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El estrés infantil tiene efectos sobre la salud en la edad adulta.

Los traumas psicosociales de la niñez están relacionados con una peor salud en la edad adulta, según los resultados que se extraen del seguimiento durante varias décadas de miles de personas nacidas en Gran Bretaña. El estudio está liderado por una investigadora de Costa Rica que piensa en la posibilidad de trasladar esta experiencia a los países de América Latina, con realidades socioeconómicas muy diferentes. 

Una investigación publicada el 2 de febrero de 2015 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) relaciona experiencias infantiles adversas con un mayor desgaste fisiológico una vez que las personas que las han sufrido alcanzan la edad adulta. El ambiente psicosocial estresante para el niño, ocasionado por diferentes problemas familiares, guarda relación con  peores datos de salud en las siguientes décadas de su vida, según los datos de un estudio que incluye a más de 7.500 británicos nacidos en 1958.

Las experiencias adversas en la infancia es un parámetro conocido como ACE por las siglas del inglés Adverse Childhood Experiences y se construye con datos sobre las circunstancias familiares que pueden generar estrés en el niño, como la separación de sus padres por divorcio o muerte, problemas de alcoholismo de algún miembro de la familia, así como enfermedades psiquiátricas o problemas con la justicia.

Por otra parte, el estado fisiológico de estos individuos ya en su etapa adulta se midió por la carga alostática, una medida del desgaste fisiológico global que en este caso se ha construido con una serie de biomarcadores que se consideran clave para la salud, como la presión arterial, los triglicéridos o el cortisol.

Cristina Barboza Solís, investigadora de la Universidad de Costa Rica que en la actualidad trabaja en la Universidad Paul Sabatier de Toulousse (Francia), declara que la relación entre los traumas infantiles y los problemas de salud posteriores se puede explicar por tres vías: socioeconómica, comportamental y biológica.

En primer lugar, “los niños que han sufrido una adversidad tienen en promedio en su vida adulta un nivel socioeconómico y educativo más bajo”, afirma. Por otra parte, “son más propensos a adoptar comportamientos de riesgo para salud, como fumar, consumir licores o tener un índice de masa corporal superior”. Finalmente, la vía biológica aún está por esclarecer, pero es probable que el sistema fisiológico responda de algún modo al estrés.

Los investigadores han tomado los datos del National Child Development Study, un estudio que incluyó a miles de personas nacidas durante una semana de 1958 en Gran Bretaña, sobre los que se ha hecho un seguimiento a lo largo de sus vidas analizando diferentes parámetros sociales y de salud. Entre estas personas, que en 2015 cumplirán 57 años, se seleccionaron 3.782 mujeres y 3.753 hombres para este trabajo.

Entre los hombres que presentaron adversidades precozmente, las principales conductas de riesgo para la salud medidas en diferentes décadas de su vida (por ejemplo, a los 23, 33 y 44 años) han sido fumar, un bajo nivel educativo y un bajo patrimonio económico. Entre las mujeres que también atravesaron algún trauma infantil, además de estos mismos parámetros, destaca un índice de masa corporal elevado.

La infancia, un periodo crucial

Los resultados son “muy interesantes” porque animan a contar con nuevos factores a la hora de estudiar el bienestar de la población. “Incorporar el ambiente social en el que crecemos” como elemento que influye en la salud “nos llena de curiosidad científica”, asegura Cristina Barboza. En ese sentido, “reconocer la infancia como un periodo de oportunidades en términos de salud sería crucial para la creación de nuevas políticas de salud pública a nivel poblacional”, añade.

La infancia “es un periodo crítico para el desarrollo integral y óptimo de los sistemas fisiológicos y nuestro estudio aporta un granito de arena en la comprensión de los mecanismos que pueden alterar la salud de un individuo a lo largo de su vida”, asegura la investigadora costarricense.

Por eso, su equipo pretende continuar esta línea de investigación para analizar “si es posible que los padres transmitan un capital social, económico y psicosocial, a través del nivel educativo y la posición social, que proteja o altere la salud de sus hijos cuando lleguen a adultos”.

Adaptación a América Latina

Asimismo, Cristina Barboza está interesada en trasladar este tipo de investigación a Costa Rica. “Es difícil extrapolar los resultados a los países latinoamericanos, con realidades económicas, culturales, políticas e históricas tan distintas. Por ejemplo, las variables utilizadas para medir la adversidad pueden ser diferentes en contextos culturales distintos. Sin embargo, la metodología utilizada se puede adaptar y sería un estudio interesante para Latinoamérica si contáramos con las encuestas epidemiológicas adecuadas”, comenta.

De hecho, “es común en América Latina concebir políticas públicas e intervenciones en salud a nivel individual basándonos en estudios realizados en países desarrollados”. Sin embargo, “considero que es un buen momento para iniciar nuestro propio nicho de investigación para concebir políticas públicas de salud adaptadas a las realidades de nuestras poblaciones. Es un reto al que quiero contribuir al regresar”, señala. 

Referencia bibliográfica

Adverse childhood experiences and physiological wear-and-tear in midlife: Findings from the 1958 British birth cohort. Cristina Barboza Solís, Michelle Kelly-Irving, Romain Fantin, Muriel Darnaudéry , Jérôme Torrisani , Thierry Lang, and Cyrille Delpierre. PNAS, 2015. DOI: 10.1073/pnas.1417325112

Fuente: Agencia sinc

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Cada año, las enfermedades no transmisibles provocan 16 millones de defunciones prematuras.

Se requieren urgentes medidassalud global gubernamentales para alcanzar las metas mundiales fijadas con miras a reducir la carga de enfermedades no transmisibles (ENT) y prevenir los 16 millones de defunciones prematuras (antes de los 70 años) por cardiopatías y neumopatías, accidentes cerebrovasculares, cáncer y diabetes, según un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud.

«La comunidad mundial tiene la oportunidad de cambiar el curso de la epidemia de ENT», dice la Directora General de la OMS, Dra. Margaret Chan, que hoy dio a conocer el informe sobre la situación mundial de las enfermedades no transmisibles 2014. «Con una inversión de apenas US$ 1-3 por persona y año, los países pueden reducir extraordinariamente las tasas de morbilidad y mortalidad por ENT. En 2015, cada país debe fijar objetivos nacionales y aplicar medidas eficaces en relación con los costos. Si no lo hacen, tarde o temprano se seguirán perdiendo millones de vidas.»

El informe señala que la mayor parte de las defunciones prematuras por ENT son prevenibles. De los 38 millones de vidas perdidas en 2012 por ENT, 16 millones, o sea el 42%, fueron defunciones prematuras y evitables (un aumento respecto de los 14,6 millones de 2000).

Transcurridos casi cinco años desde el inicio de los esfuerzos mundiales por reducir las defunciones prematuras debidas a ENT en un 25% para 2025, el informe ofrece una nueva perspectiva sobre importantes enseñanzas adquiridas.

El número de defunciones por ENT se puede reducir significativamente mediante políticas gubernamentales orientadas a restringir el consumo de tabaco, el consumo nocivo de alcohol, las dietas malsanas y la inactividad física, y proporcionar cobertura sanitaria universal. Por ejemplo, en el Brasil, la tasa de mortalidad por ENT está disminuyendo un 1,8% por año, debido en parte a la ampliación de la atención primaria de salud.

No obstante, el informe aboga por la adopción de más medidas para frenar la epidemia, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos, en los que el número de defunciones por ENT está superando al de enfermedades infecciosas. Casi las tres cuartas partes de todas las defunciones por ENT (28 millones) y el 82% de los 16 millones de defunciones prematuras tienen lugar en países de ingresos bajos y medianos.

«Inversiones óptimas» para reducir la carga de morbilidad

El informe de la OMS proporciona datos de referencia para el seguimiento de la aplicación del Plan de acción mundial para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020 destinado a reducir el número de defunciones prematuras por esas enfermedades en un 25% para 2025. El Plan de acción presenta nueve metas mundiales voluntarias que abordan los factores de riesgo de ENT, en particular el consumo de tabaco, la ingesta de sal, la inactividad física, la hipertensión y el consumo nocivo de alcohol.

«Disponemos de los conocimientos y recursos necesarios para alcanzar las nueve metas relativas a la ENT en 2025», dice el Dr. Oleg Chestnov, Subdirector General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental. «Sería inaceptable que no se alcanzaran esas metas. Si perdemos esta oportunidad para establecer metas nacionales en 2015 y trabajar con el fin de cumplir nuestras promesas en 2025, habremos fracasado en la lucha contra uno de los principales problemas para el desarrollo en el siglo XXI.»

El informe describe «inversiones óptimas», o costoeficaces, en intervenciones recomendadas por la OMS, incluidas la prohibición de todas las formas de publicidad del tabaco, la sustitución de las grasas trans por grasas poliinsaturadas, la limitación o prohibición de la publicidad del alcohol, la prevención de los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares, la promoción de la lactancia materna y la prevención del cáncer cervicouterino mediante la realización de pruebas de detección. Muchos países ya han conseguido aplicar estas intervenciones para alcanzar las metas mundiales.

Ejemplos de «inversiones óptimas» fructíferas a escala regional y nacional presentadas en el informe:

  • Turquía fue el primer país en aplicar todas las medidas sobre «inversiones óptimas» con miras a reducir el consumo de tabaco. En 2012 el país aumentó el tamaño de las advertencias sanitarias en las etiquetas para que cubriesen el 65% de la superficie total de cada producto de tabaco. En la actualidad, los impuestos a esos productos representan hasta el 80% del precio total de venta al público y están totalmente prohibidas las actividades de publicidad, promoción y patrocinio en todo el país. En consecuencia, entre 2008 y 2012 las tasas de consumo de tabaco en Turquía registraron una disminución relativa del 13,4%.
  • Hungría aprobó una ley en virtud de la cual se gravan los ingredientes de alimentos y bebidas que entrañen un alto riesgo para la salud, por ejemplo, azúcar, sal y cafeína. Un año después, el 40% de los fabricantes cambiaron la composición de sus productos a fin de reducir los ingredientes gravables; las ventas bajaron un 27% y el público consumió un 25-35% menos de esos productos.
  • La Argentina, el Brasil, el Canadá, Chile y los Estados Unidos han fomentado la reducción de sal en los alimentos envasados y el pan. La Argentina ya ha conseguido reducir en un 25% el contenido de sal en el pan.

A través de sus actividades sobre el terreno en más de 150 países, la OMS contribuye a desarrollar e intercambiar soluciones de «inversiones óptimas» con miras a aplicarlas más ampliamente. Además, la OMS ayuda a los países a comprender los factores ajenos al sector sanitario que influyen en las ENT, tales como las políticas públicas agrícolas, la educación, la producción de alimentos, el comercio, la tributación y el desarrollo urbano.

Logro de las metas mundiales

Si bien algunos países están progresando hacia el logro de las metas mundiales relativas a las ENT, la mayoría de ellos están rezagados para alcanzarlas en 2025. A pesar de que 167 países tienen unidades operacionales para ENT en sus ministerios de salud, los progresos concernientes a otros indicadores han sido lentos, en particular en los países de ingresos bajos y medianos.

Hasta diciembre de 2013 sólo:

  • 70 países tenían al menos un plan nacional operacional relativo a ENT armonizado con el Plan de acción mundial para la prevención y el control de las ENT.
  • 56 países tenían un plan para reducir la inactividad física.
  • 60 países tenían planes nacionales para reducir las dietas malsanas.
  • 69 países tenían un plan para reducir la carga de morbilidad derivada del consumo de tabaco.
  • 66 países tenían un plan para reducir el consumo nocivo de alcohol.
  • 42 países tenían sistemas de seguimiento para informar sobre las nueve metas mundiales.

Las ENT dificultan los esfuerzos destinados a aliviar la pobreza y ponen en peligro el logro de los objetivos internacionales de desarrollo. Cuando las personas enferman y mueren en la plenitud de sus vidas, la productividad se resiente. Además, los gastos de tratamiento de las enfermedades pueden ser devastadores, tanto para las personas como para los sistemas nacionales de salud.

Según estimaciones, en condiciones de «normalidad», entre 2011 y 2025 las pérdidas económicas acumuladas debidas a las ENT en los países de ingresos bajos y medianos ascenderán a US$ 7 billones. La OMS estima que el costo de reducir la carga mundial de las ENT es de US$ 11 200 millones por año, o sea, una inversión anual de US$ 1-3 per cápita.

Las altas tasas de defunción y morbilidad, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos son un reflejo de la inversión insuficiente en intervenciones costoeficaces relacionadas con las ENT. La OMS recomienda que, a partir de 2015, todos los países pasen del compromiso a la acción mediante el establecimiento de metas nacionales y la aplicación de intervenciones que supongan «inversiones óptimas».

Las nueve metas mundiales relativas a las ENT son:

Meta 1: Reducción relativa de la mortalidad general por enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes o enfermedades respiratorias crónicas en un 25%

Meta 2: Reducción relativa del uso nocivo del alcohol en al menos un 10%, según proceda, en el contexto nacional

Meta 3: Reducción relativa de la prevalencia de actividad física insuficiente en un 10%

Meta 4: Reducción relativa de la ingesta poblacional media de sal o sodio en un 30%

Meta 5: Reducción relativa de la prevalencia del consumo actual de tabaco en un 30% en las personas de 15 años o más

Meta 6: Reducción relativa de la prevalencia de hipertensión en un 25%, o contención de la prevalencia de hipertensión, en función de las circunstancias del país

Meta 7: Detención del aumento de la diabetes y la obesidad

Meta 8: Tratamiento farmacológico y asesoramiento (incluido el control de la glucemia) de al menos un 50% de las personas que lo necesitan para prevenir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares

Meta 9: 80% de disponibilidad de tecnologías básicas y medicamentos esenciales asequibles, incluidos los genéricos, necesarios para tratar las principales ENT, en centros tanto públicos como privados

Fuente: OMS

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Seis hábitos para el año nuevo que evitan el 75% de los ataques cardiacos en mujeres.

Cada 1 de enero reaparecen las buenas intenciones. Solo con media docena de buenas costumbres para llevar un estilo de vida más saludable se puede prevenir la enfermedad cardíaca en casi 3 de cada 4 mujeres, según un nuevo estudio.

La mayoría de las personas comienza el año con una lista de nuevos propósitos para comenzar con buen pie. Un nuevo estudio, publicado en el Journal of the American College of Cardiology, pone de manifiesto la importancia de uno de los retos más típicos: llevar un estilo de vida más sano.

Los autores, investigadores de la Universidad de Indiana, la Escuela de Salud Pública de Harvard y del Brigham and Women’s Hospital, siguieron a casi 70.000 mujeres durante dos décadas (cada dos años desde 1989 a 2009) y concluyeron que podrían evitarse tres cuartas partes de los ataques cardíacos adoptando seis hábitos saludables:

1. No fumar.

2. Mantener un índice de masa corporal normal.

3. Practicar alguna actividad física al menos 2,5 horas a la semana.

4. Tomar como máximo una bebida alcohólica al día.

5. Ver menos de siete horas de televisión a la semana.

6. Llevar una dieta equilibrada y de calidad.

“Aunque la mortalidad por enfermedades del corazón en EE UU ha estado en constante disminución durante las últimas cuatro décadas, las mujeres de 35 a 44 años no han experimentado la misma reducción”, explica Andrea K. Chomistek, autora principal del artículo.

“Esta disparidad puede explicarse por estilos de vida poco saludables; por eso queríamos saber qué proporción de casos podría atribuirse a estos hábitos”, añade la científica de la Universidad de Indiana.

Durante el seguimiento, 456 mujeres tuvieron ataques cardiacos y 31.691 mujeres fueron diagnosticadas con uno o más factores de riesgo cardiovascular, como diabetes tipo 2, presión arterial alta o colesterol alto en la sangre. La edad media de las mujeres al comienzo del estudio fue 37,1 años; 50,3 años para el diagnóstico de enfermedad cardiaca y 46,8 para el diagnóstico con un factor de riesgo.

Las mujeres que se adhirieron a las seis prácticas tenían un riesgo un 92% menor de ataque al corazón y un 66% menor de desarrollar un factor de riesgo para enfermedades cardiacas.

Para los autores, este menor riesgo supondría que se podrían haber evitado tres cuartas partes de los ataques al corazón y casi la mitad de todos los factores de riesgo en las mujeres más jóvenes si todas ellas hubieran seguido estilos de vida saludables.

Alcohol: poco mejor que nada

Para las mujeres que fueron diagnosticadas con un factor de riesgo, el cumplimiento de al menos cuatro de los principios se asoció con un riesgo significativamente menor de desarrollar enfermedades del corazón.

Además, no fumar, practicar ejercicio físico, comer bien y mantener un peso adecuado se asociaron de forma independiente con un menor riesgo de enfermedad cardíaca. Sin embargo, las mujeres que consumían cantidades moderadas de alcohol –una bebida al día de media– eran las que corrían menor riesgo en comparación con las abstemias y las más bebedoras.

Tal y como concluye Chomistek, “las mujeres deben adoptar estas prácticas, sobre todo si ya están tomando medicamentos para un determinado factor de riesgo como la hipertensión o el colesterol alto. Es una manera fácil de prevenir futuros problemas de corazón”.

Fuente: Agencia sinc

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El arte busca la inspiración en la enfermedad.

Los caminos del arte son inescrutables y la amplitud de sus miras inmensas. La inspiración o el objeto para una obra o una exposición pueden llegar de los rincones menos esperados. Así lo demuestra la muestra que se exhibirá desde el 13 de enero en la Universitat Politècnica de Valencia y que plasma el diálogo entre la enfermedad y el arte a través de las piezas de 48 autores. Estos han reflejado un intercambio narrativo con los pacientes, según informó ayer la institución académica a través de un comunicado.

La inauguración de la muestra ‘Doble retorno: arte y enfermedad en diálogo’ será el martes 13 de enero de 2015, a las 20 horas, en la Sala de exposiciones del edificio del Rectorado (edificio 3A).

Comisariada por el artista visual y profesor del Departamento de Pintura UPV Pepe Miralles, la exposición es el resultado de acciones narrativas, sucesivas y casuales, entre pacientes y 48 artistas, llevadas a cabo con el propósito de generar entre ambos «espacios de intercambio de experiencias y descripciones de formas de entender la vida desde la enfermedad».

La muestra contiene 48 obras realizadas con diversas técnicas (audiovisuales, escultura o fotografía, entre otras) por artistas de diferentes universidades europeas en el marco del proyectoperspectives art, inflammation and me ‘Perspectives, Art, Inflammation and Me’. La exposición podrá visitarse con acceso libre hasta el 10 de marzo de 2015, de 11 a 14 y de 17 a 20 horas, de lunes a viernes laborables.

También cine

Paralelamente al inicio de la exposición, la Facultad de Bellas Artes UPV celebrará los días 14, 15 y 16 de enero el I Festival Internacional de Cortometrajes Arte y Enfermedades (FICAE).

Con él, a través de una mirada cinematográfica, se pretende «fomentar la sensibilización y la conciencia social sobre la enfermedad como proceso de vida, además de desestigmatizar dolencias tratables por medio de visiones positivas, como la Hepatitis C».

FICAE, que se inaugurará con el premiado documental ‘E agora? Lembra-me’ (‘¿Y ahora? Recuérdame’) del portugués Joaquim Pinto y cuya clausura incluirá una entrega de premios por categorías, permitirá a los asistentes ver cortometrajes de ficción, documentales, animaciones y diversas propuestas experimentales relacionadas con el mundo de la enfermedad.

Ambas iniciativas tienen su origen en la Cátedra Arte y Enfermedades, con sede en la Facultad de Bellas Artes UPV y formalizada mediante un convenio firmado entre la institución y la empresa AbbVie, una compañía biofarmacéutica global «comprometida con la ayuda a comunidades de personas afectadas por enfermedades de diversa índole».

Fuente: LAS PROVINCIAS

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